Feria de San Pedro en Burgos. El Juli, magistral. Perera, soberbio. Pero Ramos les ganó a orejas y salió a hombros
04.07.08 @ 08:50:59. Archivado en Toros, Crónicas
Y, por fin, una corrida de toros. Muy desigualmente presentada y sin apenas calidad, pero una corrida de toros del ganadero burgalés, Antonio Bañuelos. El Juli, muy por encima de su lote, cortó la oreja del segundo y pinchó al quinto, perdiendo otra. Miguel Ángel Perera, valentísimo con el pésimo primero al que pinchó, y cumbre aunque pasado de faena con el mejor sexto que, muy rajado al final, le impidió matarlo a la primera por lo que perdió tres trofeos. Y muy por bajo de los suyos, sobre todo del estupendo quinto, el local José Ignacio Ramos que cortó una oreja a cada uno, ganando la partida a sus ilustres compañeros.
Burgos. Plaza del Plantío. Miércoles 3 de julio de 2008. Quinta de feria. Tarde soleada y fresca con más de tres cuartos de entrada aunque menos gente que en las anteriores festejos pese al más importante cartel. Seis toros de Antonio Bañuelos, bien aunque muy desigualmente presentados y de juego asimismo desigual. Los mejores con mucho, cuarto y sexto aunque éste, por la intensidad del toreo que le impuso su matador, se rajó al final de la faena poniéndose muy difícil para entrarlo a matar. Segundo y quinto, manejables aunque con problemas. El tercero fue muy noble de salida pero cambió a mucho peor e incluso a peligroso en la faena. José Ignacio Ramos (salmón y plata): Grandiosa estocada, oreja. Estocadón levemente desprendido, oreja. Salió a hombros. El Juli (lirio y oro): Estocada, oreja. Tres pinchazos y estocada trasera desprendida, silencio injusto. Miguel Ángel Perera (rosa y oro): Pinchazo y estocada trasera, aviso y gran ovación. Tres pinchazos y estocada, gran ovación.
Aunque por distintos motivos, la espada les jugó ayer muy mala pasada a El Juli, que anduvo sencillamente magistral, y a Miguel Ángel Perera que, también en Burgos, demostró por qué es ahora mismo quien, entre las más jóvenes figuras, es el que con más velocidad camina, tarde a tarde y feria a feria, hacia la cima más alta de la tauromaquia contemporánea. De haber matado pronto y bien a sus dos toros, Perera habría cortado al menos tres orejas, hubiera sido proclamado triunfador de la feria y, claro está, salido a hombros con José Ignacio Ramos quien, precisamente gracias a su asombrosa infalibilidad en la suerte suprema, que no a lo que hizo antes con los dos toros que le correspondieron en sendas aunque empeñosas demostraciones de vulgaridad y evidente decadencia, fue el único que pudo ser aupado a hombros al final de la corrida y hoy aparecer en los medios locales como “¡protagonista de la tarde¡”. Pero, hombre, por Dios, ¿cómo que protagonista de la tarde? Así está ahora la crítica.
Los grandes protagonistas de la quinta y para mí última de esta feria, fueron El Juli, Miguel Ángel Perera y el ganadero de esta tierra, Antonio Bañuelos, aunque éste no por el juego que dieron sus toros - solo dos de los seis resultaron buenos y no del todo - sino por ser la suya la única corrida de toros en serio que llevamos vistas este año en El Plantío. ¡Qué alegría¡, y ¡qué tranquilidad¡ más grande sentimos al ver salir por los chiqueros uno a uno aunque no fueran iguales en cuanto a presencia, que todo hay que decirlo, porque esta corrida fue lo que se dice una “escalera” en la que hasta hubo tres cinqueños. Para más señas, segundo, tercero y cuarto que fue el más enrazado del envío y, mira por donde, el peor aprovechado de los dos mejores porque Ramos solo fue capaz de darle tantas de uno o dos pases y el de pecho, poniendo siempre tierra de por medio entre una y otra aunque, eso sí, intentando vender por fuera a sus paisanos las muchas ganas que tenía de triunfar, pero no por dentro porque ni siquiera en banderillas anduvo como en sus mejores tiempos cuando todavía era joven y le sobraban la fuerza y la incondicional disposición.
El Juli arregló los problemas que tuvieron sus dos toros como siempre lo hacen los grandes maestros del toreo, con natural soltura, absoluta seguridad, sin apenas darse importancia y personificando la solvencia. Al segundo que, por blandear, embistió echando la cara arriba al final de los viajes y terminó completamente rajado yéndose a tablas, empezó ganándole terreno con el capote a la verónica, galleando al paso por para llevarlo al caballo, quitando por salerosas y apretadas chicuelinas y metiéndose enseguida en harina con la muleta para que el toro humillara a base de bajarle la mano con firmeza y templanza. Y una vez, conseguido, jugar con el animal yéndose al paso de su ya inevitable huída a los tableros mediante sensacionales muletazos cambiados entre los que destacó una dosantina inacabable. Y, además, a este lo mató pronto y casi bien. Pero como El Juli no es de Burgos y es quien es, máxima figura del toreo desde que tomó la alternativa, Muriel solo le dio una oreja. Aunque, ¿qué más da una que ochenta en su caso?
Lo que sí fue de lamentar es que al quinto, con el que El Juli anduvo aún mejor por lo que fue crecientemente acoplándose a su decreciente embestir porque este toro empezó embistiendo bien por el lado izquierdo aunque a medida que avanzaba la faena fue a menos hasta venirse completamente abajo, fallara tan estrepitosamente al entrarlo a matar porque en las tres agresiones que antecedieron a la estocada, El Juli siempre perdió un tiempo y, en vez de meter el brazo por delante, lo hizo con la muleta y pinchó como no podía ser de otra manera atacando como atacó.
Los fallos con la espada de Miguel Ángel Perera, no se produjeron por lo mismo que los de El Juli con su segundo toro, sino por pasarse de faena con los dos toros, razón por la que le llegaron inconvenientemente descolgados a la suerte suprema. Suerte, no se olvide, que sigue siendo suprema, fundamental e imprescindible para contabilizar los triunfos. De ahí que pinchara una vez al tercero y tres veces al sexto. Una pena, porque si con el peor anduvo heroico tras ver como el animal primero embistió sedoso al templadísimo capote de Miguel Ángel, como después obediente a los pases cambiados con que, en los medios, inició clamorosamente su primera faena de muleta y cambiar repentinamente a peligroso hasta ponerse imposible, con el mucho mejor sexto, por no conformarse cuando ya le había cuajado una faena monumental y, en vez de entrar a matar a su debido tiempo, siguió y siguió toreando ya sin razón ni más motivos que prolongar aquello como fuera. En fin, que a Perera se le escapó así todo lo que podría haber conseguido ayer en Burgos aunque no constatar que estamos ante lo que yo ayer dije en la tertulia radiada de Pedro Javier Cáceres, que estamos ante la perfección concentrada y sublimada de todas las revoluciones que el toreo han sido.
Y, adiós. Adiós con el corazón y hasta el año que viene que me voy a velar los inminentes Sanfermines. A ver si cuando vuelva a Burgos no tenemos que decir como casi siempre. Que lo mejor de la feria no fueron los toros ni los toreros, sino el cordero asado de la Casa Ojeda. Un fuerte abrazo a todos.
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José Antonio del Moral
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