Hogueras de San Juan en Alicante. Ponce y Manzanares, en la Gloria. Conde, en los Infiernos
21.06.08 @ 22:41:51. Archivado en Toros, Crónicas
Con lleno de no hay billetes y el ambiente por las nubes, tanto el alicantino como el valenciano triunfaron a golpe cantado, como suelen. Ponce, gracias a su ciencia infusa con su difícil primer toro del que cortó una valiosa oreja, y a su divinamente administrado arte con el feble y rajado cuarto aunque, por fallar con los aceros tras bordar la faena de la tarde, no pudo acompañar a Manzanares en su salida a hombros por dos soberbias faenas magníficamente rematadas con la espada en las que, si pecó de algo, fue pasarse en su desbordante entrega y en sus ganas de comerse el mundo, lo que limitó su proverbial por calmosa naturalidad y le impidió torear con elegante relajo. Por el contrario y a pesar de que a Javier Conde le correspondió el toro con mayor motor y más bravo del muy desigual envío de Zalduendo, ni fue capaz con éste y, aún menos, con el sobrero cuajadísimo del mismo hierro al que no quiso ni ver, pegando un sainete de campeonato.
Plaza de toros de Alicante. 21de junio de 2008. Novena de feria. Tarde veraniega con esporádicas rachas de viento que molestó durante la primera parte del festejo y lleno de no hay billetes. Siete toros de Zalduendo, muy desigualmente presentados aunque todos aceptables para esta plaza. Por más bravo, fuerte y encastado, destacó el tercero. El primero, con inicial genio, no pasó hasta que su matador le obligó a hacerlo. El segundo resultó muy completo y bueno. El cuarto, noble aunque limitado de fuerza y muy rajado. El sobrero que reemplazó al devuelto por descoordinado titular, un muy serio ejemplar que por demasiado brusco en su salida, recibió excesivo castigo en varas y llegó complicado a la muleta aunque para, tal comportamiento empeorara, fue responsabilidad de quien tuvo que matarlo. Y el sexto, brutote y con muy poca clase aunque se dejó por ambos lados, sobre todo con inicial dulzura por el izquierdo aunque luego tampoco por ese pitón. Enrique Ponce (amapola y oro): Estocada trasera, oreja. Pinchazo, corta muy tendida y descabello, aviso y petición con vuelta clamorosa y bronca al palco por no conceder el trofeo. Javier Conde (horchata y azabache): Dos pinchazos huyendo, media perpendicular ladeada atravesada y descabello, aviso y bronca tras ovación al toro en su arrastre. Seis pinchazos huyendo y casi entera, dos avisos y gran bronca. José María Manzanares (añil y oro): Pinchazo y gran estocada, oreja. Pinchazo y estoconazo, oreja. Salió a hombros. Bien a caballo Manuel Quinta. Y en la brega, Mariano de la Viña y Curro Javier quien destacó también en algún par, lo mismo que los hermanos Tejero y Juan José Trujillo.
La Fiesta está recobrando su normalidad en esta feria alicantina de las famosas Hogueras de San Juan. Resulta que, anteayer, casi se puso el no hay billetes y un nuevo torero extremeño que a la mayoría no le parece tan revolucionario como el que más lo haya sido, Miguel Ángel Perera, ya torea como solo lo consiguen los elegidos. Con tanta entrega y purera como sobrada destreza y facilidad aunque, como mortal que es, comete errores y, por cometerlos llevado de su celoso empecinamiento, resultó herido, afortunadamente menos grave de lo que pareció cuando los médicos reservaron su opinión sobre la cornada que había sufrido en su ingle izquierda. Y ayer, aquí mismo, se agotaron totalmente las entradas gracias a un tal Enrique Ponce – nadería de torero para algunos - y al varón mayor del eterno José María Manzanares, todavía casi un niño que va para maestro – “ya lo es”, me dijo su padre el año pasado en México cuando yo le comenté en el burladero que compartíamos en La Monumental de Insurgentes que “¿no te parece que este niño puede llegar a ser un gran torero?” – y de quien dijo el otro día Antoñete durante una retransimisón de la pasada feria de San Isidro que, “si no le ocurre algo grave, en un par de temporadas más se convierte en la próxima figura de época que estamos esperando”. Será mientras el tal Ponce no se da por aludido y persiste en seguir siendo dueño y señor de la suya que va ya para 20 años seguidos. Pero todo esto, para no pocos supuestos entendidos, carece de importancia.
Como también la careció para los mismos que a este “niño” - Jose Mari, le llaman en su casa - el año pasado en esta misma plaza de la ciudad donde nació, le pegaron una grave cornada justo al final de la grandiosa faena de muleta con la que cerró su comparecencia en esta misma feria. Fue su bautismo de sangre que, mira por donde y por tal circunstancia, el joven herido por primera vez en su vida, celebró como si hubiera sido un regalo de Reyes haberla experimentado en la tierra que le vio nacer. Pero eso, para los de siempre, también careció de importancia. Como, por lo leído últimamente a muchos, también parece habérseles olvidado que, hace tres años, aquí mismo, en esta feria de Hogueras, al tal Ponce le pegaron un tabacazo de tanta gravedad que le obligó a cortar su temporada hasta mediado el mes de agosto. O sea, casi dos meses ¿Recuerdan los aludidos cómo y en donde reapareció? Pues yo se lo voy a decir: En Málaga cuajando una de las mejores faenas de su vida a un bravísimo ejemplar de Santiago Domecq y, ¡oigan¡, tras armar otro lío en Xátiva con un enorme torazo de Nazario Ibáñez, al día siguiente en la plaza de Vista Alegre de Bilbao en donde, nada más hacer el primer paseíllo, los aficionados le obligaron a saludar para agradecerle el gesto – ¡una nadería” – que tuvo al no esperar que pasara esta feria en la que alguno no quiere verse anunciado ni en pintura. Ponce mató ese año en El Bocho dos corridones de toros de Torrestrella y de su amigo Samuel.
Y esto es lo que yo llamo "normalidad" del toreo y de La Fiesta que, por fortuna, también puede seguir viviendo y muy bien, por cierto, de “los demás”. Y en esta Fiesta de la normalidad, ayer gozamos con el natural magisterio del tal Ponce quien, cuando tomó con su capote al primer Zalduendo, pareció era un buen toro, mientras que en el de su peón Antonio Tejero, acababa de parecer como lo fue en realidad, un toro que, de ninguna manera quería pasar. Creo que se sabe por qué se llaman “pases” a los muletazos que configuran una faena. Se llaman así porque el toro “pasa” y, si no “pasa”, no hay “pases” que valgan. Pero el tal Ponce, quiso que este toro pasara y, valiéndose de la ciencia infusa que le sobra y de la paciencia que hace gala cada tarde, terminó obligándole a pasar una vez elegidos los terrenos de sol donde menos molestaba el viento que sopló a rachas durante toda la corrida. Pero obligándole Enrique de la única manera posible para conseguirlo en precisa y creciente durabilidad para que la obra fuera considerada como propiamente dicha. Sin molestarle al principio y, así, poco a poco, ir metiéndolo en la muleta para ir haciéndole bueno hasta, finalmente, atacarlo con rotundo poderío y majestad. Pero, claro, esto también debió carecer de importancia. Estocada arriba trasera hasta las cintas y una oreja. Si lo hace quien yo me sé, seguro que le habrían pedido y hasta quizás dado el rabo. Que eso es, precisamente, lo que y llamo a-nor-ma-li-dad.
Por si falta algo y después de que Javier Conde desistiera enseguida en torear como, sin duda, quiso y no pudo al más fuerte, bravo y noblemente encastado de la corrida de Zalduendo
– gran toro, don Fernando Domecq – tras demostrar - el propio Conde - que era estupendo cuando se estiró agitanado y fiel a su personalidad en los preciosos lances del recibo; y después de que el joven maestro Manzanares le cuajara al tercero una soberbia faena sobre ambas manos aunque, por las excesivas ganas de triunfar que tenía, un tanto acelerado e incluso excesivamente amontonado para cómo suele torear de elegante, relajado y lentamente mecido este delfín excepcional a quien por pinchar antes de agarrar una gran estocada de las suyas le dieron otra solitaria oreja, el tal Enrique Ponce, con el muy noble aunque feble y rápidamente rajado cuarto, se aplicó en extremar la paciencia, la ciencia y la excelencia en componer otra ligera “nadería”, según el siguiente trato. Saber elegir y estructurar los terrenos precisos, las distancias adecuadas, los espacios requeridos y los tiempos exactamente imprescindibles, de modo que, gracias, claro está, al dichoso temple y sin dejar por tanto que le toro le tropezara una sola vez la pañosa, la faena fuera creciendo y creciendo cual obra de preciosa orfebrería en vez de la que, en manos de la mayoría de los mortales toreros, al menor enganchón o latigazo, el toro se habría acabado nada más empezar.
Aunque no pocos contemplaron en pie el final de esta increíblemente larga y profusa faena, dadas las inconvenientes características del toro para que durara como duró, mientras Ponce se iba andando al compás de la ya irremediable huída del bicho hacia las tablas intercalando con ritmo y elegantísima parsimonia ayudados, cambiados, pases de la firma y remates de pecho cual mágico postrero, pinchó como en tantas otras grandes ocasiones, repitió dejando una honda muy tendida, liquidó por fin al burel con descabello “imperial”, y la presidencia negó
– en mi opinión con razón porque la suerte suprema debe seguir siéndolo – concederle otra oreja que debieron ser dos si Ponce hubiera matado a este toro como al primero. Sin embargo y como los alicantinos – aquí todos somos “artistas” les dijo el otro día el joven Manazanares en su Pregón desde la balconada del Ayuntamiento – habían disfrutado tanto con la creación poncista, le obligaron a dar una clamorosa vuelta al ruedo en la que el valenciano devolvió un sin fin de prendas, sombreros, flores, puros y abanicos que desde los tendidos le tiraron a su lento y satisfecho paso.
Faltaba el broche final de Manzanares porque, nada pudimos esperar y aún menos ver de Javier Conde con el muy cuajado y fuerte sobrero que le cupo en quinto lugar. Un sainete celebrado con broncazo infernal y, de seguido, el gran "delfín" otra vez a la gloria en la que ya estaba Ponce tan a gusto y en busca de la Puerta Grande porque, de eso se trataba en su caso ya que, sobre el alicantino, había recaído la responsabilidad de ser base de esta feria y no podía permitirse el lujo de dejárselo escapar. Mal toro el sexto, o al menos nada proclive y, con éste, aún menos apto el relajo, salvo en un breve ramillete al natural, que no sé por qué Jose Mari volvió a preferir la mano diestra y el poder por encima de cualquier otra cuestión
– con este toro hubiera sido mucho más difícil sentirse y menos mecerse como las olas del mar –, por lo que su faena fue más de tormenta que de calma anticiclónica como la segunda de Ponce. Aunque, a Dios gracias, otra colosal estocada, puso de acuerdo a todo el mundo y al más joven de los maestros se lo llevaron en volandas en loor de multitudes.
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Comentarios:
Yo soy morantista más que cualquier otra cosa, pero eso no me impide admirar a José Tomás y darle todo el mérito que tiene, que es mucho. Para mi, hoy, hay tres toreros muy por encimadel resto: Morante, José Tomás Y el Cid. Sería una gozada tenerles a los tres juntos en alguna corrida de la feria de Otoño ¿ Se imaginan? El 10 de agosto tenemos un mano a mano Morante-José Tomásque puede ser histórico.
Todos los demás: Julis, Pereras, Castellas, etc, están a años luz, con la excepción de Manzanares hjo y Cayetano, que pueden llegar a ser primerísimas figuras.
Eso sí, respeto enormemente a aquellos que creen que el Juli y Cia son los figurones. Siempre hubo gente que prefirió a los pizos gomez o a los makeleles que a los Zidanes.
Tomás, al margen de sus cualidades taurinas y anímicas, ha prestado un enorme favor a la Fiesta. Es el revulsivo capaz de frenar su monótona derrota. Llena las plazas y ha revalorizado la admiración, algo descolorida, que el pueblo ha sentido siempre por los toreros.
Desde principios del siglo XX, sólo cuatro diestros pusieron el toreo boca abajo: Belmonte, Manolete, El Cordobés y él. Los compañeros ganaron: subieron los sueldos. Los toros bajaron en fiereza. La gente aceptó el «nuevo cariz» del espectáculo. ¿Bueno, malo? Cualquiera sabe...
Posada debe saber algo de esto...
Perdone, amigo. Aquí, en Alicante, como en muchos sitios, todas las noches tengo cenas muy largas y me acuesto tardísimo. Esa es la razón. Queda complacido y muchas gracias por su atención y regañina que acepto encantado. De aquí en adelante, procuraré que no faltan las fichas en mis crónicas aunque, nunca se sabe qué me retendrá ocasionalmente. J A del Moral.
Y muchos otros aunque quizá uno solo con distintos seudónimos, lo mismo conmigo y afirmando que yo he dicho algo que no diría nunca. Como estaba o estaban repetidamente advertidos, acabo de borralos todos menos los auténticos. J A del Moral.
"...La técnica está para burlar las embestidas y si cuela, a los públicos también. ¿A qué viene ahora José Tomás? ¿A prestar oídos a los viejos aficionados, a los profesionales de los cincuenta y dorados sesenta, que hablan aún de cómo se salía a Madrid entonces y de cómo el Sanatorio de Toreros se llenaba hasta la bandera por mayo? Y, para colmo, con el muslo como un colador, se perfila y se tira a matar o morir. ¡Coño! ¿Qué necesidad había? ¿No ha presenciado San Isidro? Unos pinchazos desde la M-30, un sartenazo y a correr. Si hoy dijeran que vino a llevárselo calentito, ¿qué más da? Jodó, qué tío más tonto.
"No queda otra que sumarse a la lluvia de columnas afiladas contra José Tomás. Yo no pienso quedarme fuera de juego y quiero aportar mi columnita, una cagadita a la sombra de las grandes firmas: José Tomás es, por encima de todo lo escrito, tonto. Mira, chaval, lo que debías haber hecho el 15 de junio con el manso navajero de Puerto de San Lorenzo es una faena de aliño como correspondía, un macheteo por la cara, que con cuatro orejas en el bolsillo, una tarde histórica como la del 5J en la talega, preñada de toreo puro, no se le ocurre a nadie volver a Las Ventas para jugarse la vida así. Qué tío más tonto. ¡Y no va y le pone la izquierda al bastísimo sobrero y se lleva tres cornadas! ¿Pero no ha visto este muchacho de Galapagar que por las ferias de Castellón, Valencia, Sevilla y Madrid ni una sola figura ha osado pisar una enfermería? La técnica está para burlar las embes...
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José Antonio del Moral
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