José Tomás, "dios de una religión de exaltados"
19.06.08 @ 12:10:38. Archivado en Toros, Artículos
No son mías las palabras de éste título. Son de Alfonso Ussía que, en el diario “La Razón”, eligió hace días para definir a los apasionados incondicionales de toda clase y condición que el domingo día 15 de junio entronizaron una de las demostraciones de tremendismo más sangrientas y horripilantes que se hayan visto en Las Ventas a lo largo de la historia como propia de un “artista sublime” que “apenas tiene ya disidentes”… Pero los tiene y algunos de muy alto nivel, tanto entre los aficionados, periodistas y escritores como entre los profesionales de la Fiesta, aunque éstos últimos no digan lo mismo en sus declaraciones públicas que cuando hablan en privado. A la inmensa cantidad de crónicas y de espontáneos artículos rabiosamente encomiables y rendidos que estos días se están publicado sobre José Tomás, se han añadido otros de varios importantes líderes de opinión en distintos medios que han mostrado su disconformidad con lo sucedido y con lo escrito tan a favor. Ejemplos más destacados, el que aquí se menciona de Ussía; el de Federico Jiménez Losantos en su programa de la COPE; Carlos Herrera, gran aficionado por cierto, en el suyo de Onda Cero; Juan Ramón Romero en su animadísimo espacio de Canal Sur Radio; Antonio Burgos e Ignacio Ruíz Quintano en ABC; Raúl del Pozo, los mismísimos partidarios de Tomás y, tras lo del domingo 15, disconformes Raúl del Pozo, Javier Villán, Fernando Sánchez Dragó y Rubén Amón en El Mundo; no digamos en sus habituales suaves entre líneas el siempre moderado y prestigioso crítico, Ignacio Álvarez Vara “Barquerito”; y varios más en toda España, en Francia y en América que deberían sonrojar a cuantos, en sus mismos periódicos y emisoras, se han dejado llevar por la corriente sin reserva alguna, negándose a entrar en los matices que estaban obligados a señalar como supuestos expertos en materia taurina. Esos matices en los que con otros diestros unos entran a saco porque, o no se hacen publicidad en sus revistas “especializadas”, o porque, simplemente, son o no son, según y cómo, de su particular predilección.
Así pues, nos resulta absolutamente imposible pasar del tema del momento taurino que no es otro que las dos triunfales actuaciones en Madrid de José Tomás. A cada sitio que vayas, todo le mundo pregunta qué nos ha parecido el “suceso”. La gente llana, está espantada con las imágenes que no han cesado de pasar en todas las televisiones y que han visto en infinidad de fotografías en las portadas y en el interior de diarios nacionales y regionales. Los que se las dan de aficionados, se quedan atónitos y sin saber qué decir cuando les dices que no fue para tanto lo de la primera tarde y, no digamos, cuando afirmas que lo de la segunda fue como jugar a la ruleta rusa sentado encima de un tigre de Bengala. Muy pocos se muestran conformes con los que no admitimos tanta exageración. Mientras que, para los que nos dedicamos a escribir de toros, aún más imposible resulta permanecer ajenos a la subsiguiente polémica que han provocado las dos tardes de Tomás en Madrid, sobre todo su segunda corrida, en la que, en efecto, fue verdad que “se dejó matar” y que, por puro milagro, no sucedió la por muchos esperada y hasta ansiada tragedia aunque nadie más que el interesado sabe si eso era lo que pretendía o no. Así está la cosa.
Ante tal estado de la opinión, no pocos colegas de la prensa especializada hemos discrepado al respecto con inaguantable contundencia en algunos casos como el mío, cosa por otra parte habitual en parecidos casos – recuerdo perfectamente los primeros años de El Cordobés – y aunque, sólo cuando alguien triunfa verdaderamente, surge la más absoluta unanimidad de pareceres, ahora no ha habido modo ni manera de coincidir. Cosa que, por cierto, ocurrió varias veces con José Tomás y para bien en las tres mejores temporadas de su primera época, pero casi nunca en las corridas que lleva toreadas en su reaparición porque, para algunos de los que le hemos visto en casi todas sus actuaciones, éste José Tomás del siglo XXI, aunque mantiene su descomunal valor y su exclusiva personalidad - que eso nadie le discute - una vez recuperarlas durante varios años de retiro tras haberlas perdido poco a poco en su declinante estrellato anterior - que no por otra cosa fue por lo que decidió quitarse de en medio -, no tiene que ver con el que entonces todos disfrutamos y celebramos. Ni siquiera con el toreo más parecido a su mejor versión de la primera corrida del 5 de junio en Las Ventas tal y como hemos visto ya varias veces, detenidamente, en el magnífico y, por fin, oportuno reportaje que, ignoro con qué buena o mala intención, montó Manuel Molés al reproducir las mejores faenas que en Madrid hizo José Tomás en sus años más dorados con sus cinco salidas a hombros y, de seguido, las dos de las cuatro orejas del día 5 de junio, evidentemente peores pese a ser las mejores que lleva hasta el momento y con toros serios.
Sin embargo, sobre lo que José Tomás hizo o no hizo, supo o no supo, pudo o no pudo hacer con sus dos toros del 15 de junio, es tal la diferencia en valorarlo de unos y otros – reconozco que la inmensa mayoría de los que han escrito sobre tan debatida cuestión lo han hecho elogiando lo acontecido hasta límites inimaginables por su paroxismo -, que cuantos están defendiendo a capa y espada la actitud del torero irritados porque unos pocos hemos osado contradecirles, no han tenido más remedio que reconocerlo aunque dedicándonos toda clase de epítetos malsonantes y desprecios como es decir que “no importa que su bilis sea mucha como nulos sus argumentos” y que “quizá por eso”, por la “baja catadura” de mis “descalificaciones”, me veo “recluido en el periodismo marginal de los blogs”. Un día que, espero será próximo, tendrán cumplida respuesta estas afirmaciones.
Pues bien, les resulta insoportable leer y escuchar que torear no es eso y que basar la primacía de este torero en el gran triunfo que ha logrado en Madrid, no basta para elevarle a los altares ni para proclamarle, si no el torero más grande e importante de la historia, sí y a mucha distancia el mejor de la actual baraja de figuras entre las que, mira por donde y a ver quien se atreve a demostrarlo no con dichos más o menos bien escritos, sino con datos reales y pruebas documentales, que ahora mismo por lo menos hay seis matadores de toros que, profesionalmente, son infinitamente más diestros que el de Galapagar aunque ninguno de ellos levante tantas pasiones. Entre otras razones por tres: Porque dos de ellos llevan muchos años toreando y triunfando con tanta profusión como gran facilidad que les distingue como indiscutibles maestros del toreo en todas las plazas del mundo; porque su digamos normalidad en llevarlo a cabo, apenas sugiere ya controversia alguna; y porque, consecuentemente a lo anterior, a la mayoría de los medios que, querámoslo o no, son ahora los que crean los mitos y los deciden quien vende más, solo les interesan dos toreros por puro afán comercial en rentabilizar sus productos: José Tomás sobre todo, y luego, Cayetano. Ninguno más. Los percances de ambos se magnifican hasta considerarlos de gravedad mortal sin partes facultativos que lo acrediten. Y sus éxitos, como hazañas incomparables e históricas. ¿O no?
Concretándonos en lo de José Tomás, por mucho que digan y seguro que seguirán diciendo, no vale tanta retórica sobre cuanto dicen logró porque una cosa son los dichos escritos o hablados, y otra los hechos que, ahí están, plasmados en los vídeos que, inevitablemente, han sido y son los que han dejado las cosas en su sitio. Y es que en el toreo continúan vigentes una reglas que nadie puede violar so pena de ser arrollado, revolcado y hasta muy gravemente herido en el peor de los casos. De que tales errores o equivocaciones se cometan por desconocimiento o no, depende su distinta consideración por la crítica competente. Porque, si quien no lo sabe suele ser calificado de inexperto, quienes sí lo saben solo puede ser por despiste, por falta de valor que les impide pensar delante de la cara de los toros, o por voluntaria decisión de triunfar a costa de lo que sea aunque el trance resulte tan sucio como profesionalmente inadmisible. Y esto va a misa, señores.
Porque, vamos a ver: La primera cogida de las cuatro que sufrió José Tomás el pasado
domingo -la que marcó el inicio de su dramática actuación -, fue porque no supo o no fue capaz de recordar que a un toro incuestionablemente manso y sin fijeza que aprieta tanto para dentro – hacia las tablas - como lo fue su primer toro de Puerto de San Lorenzo, no se le debe y, como sucedió, no se le puede citar estando el torero por dentro de espaldas a la barrera y el toro por fuera perpendicular a la misma. Razón por la que resulta más conveniente abrirlo y citarlo en línea con las tablas, tal y como hacen los maestros. Y como esa es una de las reglas de inexcusable aplicación para estos casos, quien no la cumple, suele ser alcanzado, cogido y posiblemente herido. Y esto también va a misa, os pongáis como queráis.
Y de ahí que, si Tomás no hubiera cometido tan garrafal error, este manso declarado como tantos otros de procedencia Atanasio, podría haber seguido metiendo la cara por el pitón izquierdo – como lo hizo en los capotazos de la anterior brega - tan noblemente como la metió por el pitón derecho – como asimismo mostró en la brega – en cuanto se fuera al refugio que quería – tal y como se marchó - a los terrenos donde seguramente embestiría más claro, que fue en los que, precisamente, logró José Tomás y muy bien, por cierto, muletear con hondura, ajuste y temple por redondos. Pero como después volvió a querer torear por naturales y, el toro, ya avisado por su culpa, se negó a obedecer a la muleta, volvió a cogerle. Pinchazo, estocada trasera y oreja al canto. Eso mismo lo hace cualquier otra figura y no le hacen ni caso en Madrid o incluso le pitan. Cualquier lector puede imaginar a quines me refiero porque estos dos, Enrique Ponce y El Juli, jamás habrían hecho lo mismo y hasta, posiblemente, hubieran cuajado una limpia y hermosa faena con un toro de iguales o parecidas características. ¿O es que no se las hemos visto y varias veces con reses aún peores sin que nadie se rompa las camisas tras el portento?
Y con el segundo toro, el manejable aunque sin ninguna clase sobrero de Salvador Domecq, más de lo mismo y otros errores después de un señorial arranque de faena por soberbios doblones que admitió pese a lo mucho que enganchó el capote de Tomás en el recibo de capa y durante la brega. Hasta parece mentira que algunos de los que se tienen como sumos sacerdotes de la crítica, ignoren que cada vez que un toro engancha las telas con que se torea, pierde al menos un nada despreciable porcentaje de su posible recorrido, incluso los mejores y, no digamos, los que ya salen con problemas. No dejarse enganchar es fun-da-men-tal por mucho que los de Tomás afirman continuamente que pisar esos terrenos que dicen pisa por empecinado en permanecer siempre quieto, compensa de todo lo que pueda mal hacer y mal pasar. Y esto ni lo admito yo, ni lo puede admitir nadie que verdaderamente sepa de toros y de toreo.
Como tampoco que, al no colocarse cruzado tras un primer cite, sino quedarse inevitablemente descruzado para dar el segundo y sucesivos por no ganarle nunca al toro uno o dos pasos tras cada pase, cual hizo Tomás con el de Salvador Domecq - casi siempre así lo hace ahora sean como sean los toros y, sobre todo, con los que tardean como a mitad de faena empezó a tardear el de Salvador Domecq -, dejó abierta la “ventana” entre su cuerpo y el del toro, lo citó sin “tocarle” con determinación – “tocar” sin “tocar” solo vale con los muy buenos por fijos y repetidores – y volvió a sufrir otra cogida. La tercera tras la del intolerable quite que hizo al toro de El Fundi para reventarle una posible faena lucida.
Y este es mi argumento, señores, dicho sea con el respeto que a mí desde hace tiempo no me tiene nunca quien tanto desprendido afecto, amistad y cariño mereció de mí y de mi familia durante muchos años. No los argumentos que han empleado para “tapar” las deficiencias técnicas y los errores que cometió José Tomás – don Luís María Ansón y don José Carlos Arévalo – cuando han escrito, respectivamente, que los dos toros del 15 de junio que le tocaron a Tomás fueron “ilidiables” o “asesinos”. Algo que, por evidente desconocimiento del ilustrísimo académico y por mentira descarada de quien está obligado a no mentir, no debería publicarse. Que lo digan quienes entran en los blogs para comentar, unos con buena y otros con muy mala fe y las peores intenciones, me trae al fresco. Pero que lo digan personas que, al menos de uno, sé lo que sabe de toros porque, además, yo mismo fui quien le enseñó muchos de los “secretos” de la lidia y del toreo, no me parece lógico ni razonable por emplear las mejores palabras al respecto.
Para qué hablar de tres de las cuatro estocadas que, pese a lo incorrectas o defectuosas que resultaron, no importaron nada mientras sí importan para las demás figuras y mucho. No importaron a la mayoría del público ni al ya tristemente famoso señor Muñoz Infante para que José Tomás conquistara las también ya famosas siete orejas que, de haber hecho lo mismo otras figuras, posiblemente solo le habrían dado dos. Una y una del primer y del segundo toros del primer día. El argumento de haber cortado 14 orejas más, y un rabo, en Castellón, Valencia, Málaga, Barcelona, Aguascalientes, Jerez, Granada y Córdoba, como salvo las de Aguascalientes, Málaga y Granada, pude ver a José Tomás en las demás corridas, nadie me puede convencer y menos mentir sobre lo que en realidad pasó. Lógico que, si de estas actuaciones se dijo lo que no estaba en los escritos, de las de Madrid, con toros imponentes e íntegros por primera vez en la reaparición, los panegirista se hayan saltado todo lo saltable.
No quiero dejar de escribir sobre algo que a mí me repugna, como a muchos, sobre lo efectista del sucio proceder de José Tomás cada vez que un toro le coge y resulta ensangrentado, sea por la sangre del toro o por la suya. Si fuera por la suya, podría entender que, tras sufrir una cogida continúe manchado. Pero salir rebozado, cara y cuerpo, por la sangre del toro mezclada con la arena del ruedo y no lavarse al menos la cara y las manos antes de proseguir la faena, es de tal mal gusto como impropio de quien cree ser dios del toreo.
Consciente o inconscientemente, todos sabemos del efectismo que depara la sangre. La sangre – y eso lo sabe mejor que nadie José Tomás y por eso le gusta tanto torear ensangrentado – multiplica por millones la sensación de miedo en quienes la ven correr por la cara del protagonista y, aunque muchos lo rechacen, no solo surge el terror colectivo. También el fervor por quien en ese momento parece un “pelele” a total merced de una fiera. Y hasta el reconocimiento y la admiración incontenibles por algo tan impresionante como ver tan desvalido y vulnerable a quien, al fin y al cabo, es un semejante. Un ser humano. Jugar con esto no solo puede dar mucho juego en los medios visuales y en las portadas de los periódicos de papel. El que está dando para vergüenza de todo el mundo. Pero, mucho cuidado con esto. Puede que, de tanto repetirlo cada vez que haya ocasión – como antes exactamente igual en las corridas de Jerez y Córdoba con dos toros malos tras torear más limpiamente y mucho mejor a dos buenos –, termine en una verdadera tragedia el día menos esperado. Y eso sería una terrible desgracia que ocurriera, aunque estoy seguro que, de ocurrir, - Dios no lo quiera – la noticia, lejos de ser beneficiosa para la Fiesta – no lo es lo de Madrid aunque muchos crean los contrario – les valdría de mayor y quizá definitivo argumento a los que, por el salvajismo de que nos acusan y en verdad salvaje fue lo del domingo 15 en Las Ventas, quieren acabar con las corridas de toros para siempre.
Comentarios:
Ya se sabe, el primer paso de la ignorancia es presumir de saber!
El cartel del año es el 10 de Agosto en El Puerto.
Yo no me fui en el quinto toro, salí de mi tendido al comienzo de la faena del sexto para ver lo demás hasta el final en los pasillos por el circuito cerrado de televisón y tomar rápidamente el metro, tal y como hago muchas tardes en Las Ventas, dado lo tarde que terminan las corridas, para escribir mi crónica y para que luego gentes como usted me pongan a parir en este blog sin dar la cara como la doy yo en este blog. Por lo menos, tenga la decencia de firmar su comentario con su nombre y apellidos y, si quiere, déme el número de su teléfono. Y, al menos, pórtese usted conmigo con el mismo rspeto que yo tuve con usted mientras no cesaba de gritarme e increparme durante la corrida. Que le aproveche "su" cartel del año. J A del Moral.
Saludos
Tampoco se de dónde saca que, en el segundo, se quedaba descruzado después del primer cite y que no ganaba pasos. Repase el video, por favor.¡Y qué curioso!: esa forma de torear que describe como defecto en José Tomás es lo que hace Ponce tarde tras tarde
Club de Fans de Tamara, Leonardo Dantés, Chikilicuatre y El PoZí
domingo -la que marcó el inicio de su dramática actuación -, fue porque no supo o no fue capaz de recordar que a un toro incuestionablemente manso y sin fijeza que aprieta tanto para dentro – hacia las tablas - como lo fue su primer toro de Puerto de San Lorenzo, no se le debe y, como sucedió, no se le puede citar estando el torero por dentro de espaldas a la barrera y el toro por fuera perpendicular a la misma. Razón por la que resulta más conveniente abrirlo y citarlo en línea con las tablas, tal y como hacen los maestros. Y como esa es una de las reglas de inexcusable aplicación para estos casos, quien no la cumple, suele ser alcanzado, cogido y posiblemente herido". Ni un solo comentario porque NO tiene ni PU..IDEA
Pilar (Santander)
Padre Teófilo Sáez
José Tomás cuando tiene un toro que se deja torear torea como nadie, y cuando no lo tiene, pues echa valor y se pone a luchar para conseguir el triunfo. Es lo que pasó el día 5 y luego el día 15, las 2 caras de un mismo torero, una cara luminosa y una cara oscura, pero esto es el toreo. A lo mejor, esto no lo hace su queridisimo Ponce y por eso le duele tanto a Vd, pero un critico de toros decente no puede negar la dimensión de un torero como josé Tomás, y tanta mala fé, lo único que hace es perjudicarle a Vd. Por supuesto que caben todas las opiniones, siempre y cuando se haga con honradez intelectual, pero si su postura es estar en contra de la mayoría y sobre todo en contra de JT porque le está haciendo sombra a su torero del alma Ponce, pues eso no conduce a nada, solo al ridiculo. Y si el día ...
El Aclarante
Nicanor Ussía de Hontores.
Pues perdonen el error, si no fue con su abuelo paterno ni con el materno, quizá fue con otro abuelo... Yo soy así, me invento las cosas sin rubor. Gracias por leerme (¡uno de verdad!) y un saludo. JA! Del Moral
Lucía Higuaín. Lima (Perú)
Vete a correr maratones y a tocar el violín con El Fandi... ese sí que es figura! jajaja...
Menudo crítico. Tremendo lo tuyo.
TOMÁS
La cornada siempre es posible, pero sin buscarla con ahínco para enaltecer la sed de emoción y sangre del público religioso.
Siento recordarlo, pero fui de los primeros en escribir que José Tomás haría época en el toreo. Antonio Ordóñez, en Ronda, en su última Goyesca, poco después de una tanda de quimioterapia, nos dijo a sus invitados, en el Recreo de San Cayetano, que José Tomás sería la referencia del siglo XXI en el toreo. He visto triunfar a José Tomás en las tres plazas españolas que sobrevuelan al resto. Las Ventas y las Reales Maestranzas de Sevilla y Ronda. Y lo he visto triunfar toreando como los elegidos, es decir, naciendo un arte supremo desde la embestida del toro, mandando sobre él, obligándolo a colaborar con la cadencia por él impuesta sin esconder el riesgo de la verdad, que no es lo mismo que regalarlo. Aparte de todo ello, su peculiar manera de ser y su personalidad lo han elevado a mito, a dios casi de una religión multitudinaria y un tanto fanática, que en ocasiones se convierte en histerismo colectivo.
La emoción se siente en la plaza. El toreo enlatado en la grabación o la película no produce pasmo. El arte y la muerte, sumados a la inmediatez, hacen vibrar a los espectadores. Pero la grabación de una gran faena sirva para ver lo que el entusiasmo ciega. He visto la gran faena de José Tomás al segundo toro del 5 de junio en Las Ventas, y junto a momentos prodigiosos he advertido bastantes deficiencias que no habrían sido perdonadas a otro maestro por un público excesivamente áspero con algunos y profundamente entregado con él. Eso que escribía antes, la religión. Pero en aquel segundo toro, que muchos dicen que ha sido lo más grande que han visto en su vida, con sus defectos y carencias, José Tomás cumplió a rajatabla con el arte de torear, que tiene una norma fundamental, siempre que al arte se le puedan aplicar normas. Hacer del toro un colaborador del arte, no un compañero de la tragedia. La cornada siempre es posible, pero sin buscarla con ahínco para enaltecer la sed de emoción y sangre del público religioso. Si Ponce torea como Tomás, nadie hubiese pedido para él la segunda oreja.
Y el pasado domingo, José Tomás no toreó. Se jugó la vida, simplemente. Honradísimo y tremendo, pero no valorable en los espacios del arte. Cuatro veces se dejó prender por los toros, y ello trae de la mano a la épica, pero no al arte, no al dominio, no al sometimiento del toro al poder del torero. Y un público, más de circo romano que taurino, enloquecido por el sacrificio, que no por la armonía. Estuvo hecho un héroe, pero no fue el torero que es, ni el artista que es, ni la referencia indiscutible que es. Hay algo místico, etéreo en la figura de José Tomás, que Curro Romero compara con la de Manolete. «Da su junco a la media luna fiera y a la muerte, su gracia, de rodillas», escribió Rafael Alberti. José Tomás lleva la elegancia corporal con la naturalidad del que es elegante, como Manolete, o como Antonio Ordóñez, al que mi inolvidable Vicente Zabala, bienvenidista total, quería marginar a la posesión del empaque. Hasta que el propio Antonio Bienvenida le dijo a Zabala que el empaque, precisamente, era la majestad. Pero me voy por otros vientos.
José Tomás tiene que torear, mejor o peor, porque es uno de los grandes. Y ofrecerle al toro el riesgo, sin regalárselo. Y dejarse influir más en las actitudes personales. La cortesía es propia de los grandes toreros. Pero no dejarse empitonar por mantener una religión de exaltados. Con lo bien que torea y lo diferente que lo hace.
Jonathan Swift
Pedro Muñoz Seca fue fusilado por orden de Santiago Carrillo en Paracuellos del Jarama. Por ello, es imposible que pudiera ver torear a Antonio Ordóñez
Si es como usted dice, lleva razón. Quitemos al abuelo Pedro Muñoz Seca, pues, que para el caso es lo mismo. Debió ser el otro abuelo quien llevaba a Ussía a ver a Ordóñez. Muchas gracias por la advertencia. J A del Moral
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José Antonio del Moral
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