Artículos de Raúl del Pozo, Antonio Burgos y Alfonso Ussía
18.06.08 @ 10:43:51. Archivado en Toros, Artículos
En los diarios El Mundo y ABC han aparecido sucesivamente dos artículos sobre José Tomás referentes a su última y dramática actuación en Madrid que, por la importancia de los dos columnistas que discrepan en parte o en todo de los que sobre esta corrida dijeron los críticos titulares de ambos periódicos, pasamos a reproducir.
LA CERA (Raúl del Pozo)
A veces parece que los aficionados van buscando para José Tomás espigas de cera y juncos. Me conmuevo ante su valor escalofriante, pero desprecio esa costumbre de ir a sus corridas como a un rito funerario, sabiendo casi seguro que el toro le va a rebañar la femoral o la yugular. Qué cono va a ser eso arte: eso es sadismo. Creía que los españoles ya habían superado la costumbre de la sangre, y al verlo como salió de Las Ventas el domingo sospecho que, inconscientemente, aguardan la fatalidad.
Escribe Javier Villán, primer crítico de España, que la muleta de Tomás es una poética. Sin embargo, resulta grotesco que Las Ventas, ese templo del rabo y del paquete, haya entronizado a Tomás como máxima figura del toreo sin advertir sus errores.
A lo largo de mi vida he conocido cinco o seis figuras máximas del toreo, he visto cómo las mujeres acercaban a sus niños para que los bendijeran o los tocaran cuando los diestros se apeaban de los coches de cuadrillas. De todos los toreros, Tomás es el que más se acerca a la leyenda, pero me atreví, en pleno seísmo de entusiasmo, a escribir, junto a otros, que el matador parecía a merced del toro. Escribe 500 palabras y ya te haremos colgar.
Recordé a Pedro Romero, un carpintero que mató 5.600 toros, a la mayoría de una estocada hasta la bola, sin apenas sufrir rasguños. El rondeño dejó dicho que la cogida es siempre falta de maestría. Es verdad que Tomás ha acortado aún más los terrenos que ya achicaron Belmente, Manolete o El Cordobés, pero sale a enfermería diaria. Tiene muchas de las características del héroe.
Ya está aureolado por la pasión del público, aunque los héroes no se juegan solo la vida por 400.000 euros; esperemos que tenga más altas motivaciones, porque a mí ese heroísmo de (levarás luto por mí me parece de la época de aquellos españoles de Sabina con sabañones, aceite de ricino, gasógeno y zapatos topolino cuando la tuberculosis aún se curaba con caldo de gallina. Tomás está dispuesto a morir antes que a rectificar. Que le den la Laureada. Hasta Villán reconoce que cuando el matador sale con el corbatín de torniquete es que ha sido cogido y la cogida es el supremo desorden del arte de torear. Ya está bien de la costumbre de la sangre, por limpieza o porque con ella la letra entra o por el viejo honor. Abajo los velones de Blanquet, aquel rehiletero, peón de brega de Jose-lito, que dijo a sus compañeros en el paseíllo de Talavera:
-Qué raro me huele todo a cera.
Ni siquiera en la guerra está la mayor gloria, en contar muchas heridas. El toreo sigue siendo el arte de dar un quiebro a la tragedia. Hasta los cristianos dicen que no sea tanta la cera que arda la iglesia. La cera para depilar o para que los rateros hagan los moldes de las llaves.
FERNANDO ALONSO EN LAS VENTAS (Antonio Burgos)
Menos mal que ni Montmelón, o como se escriba, ni Montecarlo, ni ninguno de los circuitos de Fórmula 1 que empiezan por Mon está en la Mon...umental de Las Ventas. Porque en ese caso no le arrendaba yo las ganancias traumatológicas a Fernando Alonso. A Fernando Alonso lo admiran los que entienden por lo que corre, y los que no entendemos, por lo bien que sabe el tío elegir el taller donde llevar a arreglar el coche en plena carrera. Que llega, plas, y siempre hay siete tíos con un mono celeste clarito dispuestos a cambiarle la rueda, y no como nosotros, que cuando llevamos el coche al taller, el uno está en la media hora de bocadillo, y el otro está de baja, y el de más allá hablando por teléfono con un pesado, total, que la media hora no nos la quita nadie...para que nos atiendan siquiera. Otra cosa es que nos arreglen el coche. Por eso me maravilla Fernando Alonso: llega a boxes y, zas, como las balas le arreglan lo que sea, nunca le dicen:
-Deje usted el coche aquí, don Fernando, que esa pieza no la tenemos en stock, hay que pedirla a Barcelona y lo menos hasta la semana que viene no llegará. Pero no se preocupe, que le vamos a dejar un coche de cortesía.
Nunca he visto a Alonso pegando vueltas por el circuito en un coche de cortesía mientras le arreglan el suyo. Siempre va con el propio, puesto a punto sobre la marcha. Claro que eso ocurre porque el circuito no está en Las Ventas, ni Alonso tiene entregado al enfervorizado público, aquejado de sus endémicos ataques de histeria colectiva. Porque si Alonso compitiera en Las Ventas, lo de menos era si corría mucho o poco, si frenaba bien o mal, si tomaba las curvas como Dios manda o derrapaba, y si batía el récord del circuito. Si Alonso corriera en Las Ventas, de momento ir a verlo costaba de cuarenta mil duros para arriba en la reventa. No por nada, sino porque si no estabas allí, precisamente allí, aquel día, socialmente no eras nadie, eras la más exacta representación de una mierda pinchada en un palo. Y de televisar la carrera, nati, Nati Mistral y Nati Abascal. Aquí no se televisa nada, Alonso no quiere que se televise nada suyo, ni que fuera Chumácher ése, que es un chufla al que le televisan todas las carreras.
Yo, como socialmente soy una catalina enhebrada en un palo, no tengo cuarenta mil duros para comprarme una tribuna en la reventa, no lo dan por televisión y además me importa un pito no ir a pintar la mona cuando Fernando Alonso corre en Las Ventas, me hubiera tenido que conformar con la narración entusiasmada, a punto de nieve de la levitación, que me harían los autocalificados de aficionados al motor:
-Chico, te lo perdiste. Fue algo histórico. Mejor que la carrera anterior, más emocionante. Este Fernando Alonso es que se juega la vida en cada curva, yo no he visto a nadie pisar así el acelerador, ¡qué desprecio por el peligro! Mira, en la primera carrera, el coche se le salió de la pista y se pegó una voltereta para matarse, se le rompió el mono, se le abolló el casco... Pero él, nada, impasible, todo ensangrentado, como si no fuera con él, cogió, se montó otra vez en el coche, y ¡hala!, más cerca de la muerte todavía que se puso. El coche, claro, como cumple con su obligación de ser coche, no le respondió, y le pegó tres vueltas de campana para matarse. Y allá que fue otra vez Fernando Alonso por los aires, a tomar por saco, hecho un ecce homo, y el público en pie aplaudiendo y venga a aplaudir, gritándole: «¡Piloto, piloto, piloto¡» Se lo llevaron a la enfermería, con la botella de champán en la mano, y creíamos que no iba a salir a la segunda manga de la carrera, pero, ¡qué va!, qué arte tiene, salió, y fue ya el acabóse: el coche le derrapó, se le encabritó, le rompió la frente, le echó abajo la cara, le desolló un brazo, no le dejó ni rastro del mono de piloto. El coche quedó para el desguace y él, para la Clínica de la Fraternidad. ¡Emocionante, chico! Todos sobrecogidos. ¡Qué manera de dominar los coches! ¿Que si dominara los coches de verdad no tendría tantos accidentes, dices? ¿Tú qué sabes de coches, si aún sigues siendo partidario de Fitipaldi, que no valía un duro? ¡Cállate la boca, ignorante! Fernando Alonso tiene tantos accidentes porque es el mejor piloto de todos los tiempos, y ademas porque lo decimos nosotros, que somos los que más entendemos de coches de carrera, más que Don Ferrari y Don Mac Laren juntos, ¿passsssa algo?
Comentarios:
Señor Burgos de Sevilla,hay que tener mucha desfachatez para criticar al Sumo Pontifice Jose Tomas por sus faenas en la Plaza Vaticana de Madrid, cuando Vd. estaba repicando.
Ahora resulta que los publicistas saben de toros ¡A la vejez, viruelas!
El domingo fui a los toros: impresionante la versatilidad de José Tomás en sus cuatro toros de la que dicen "feria histórica", sobre todo aquellos que viajan más que leen y creen que la condición de aficionado o crítico la refrenda un carné por puntos que se acumulan con etiquetas del momento.
La primera tarde compareció un torero cabal, de buen corte y disposición en su primero, con limitaciones técnicas suplidas por apasionada entrega y depurada estrategia y un gran torero con un gran toro capaz de controlar el cerebro, dosificar gran valor evitando angustias innecesarias en el público para inyectarles en vena la emoción que produce torear templado y ligado, perfectamente compatible con la tensión producida por la sensación de riesgo al pasárselo tremendamente ajustado.
El domingo me encontré, en el primer toro, con una grandiosa figura que, por encima de hacer el toreo 'bueno' -el mansote refugiado en tableros y querencia no lo permitía con sus arreones-, derrochó un tornado de vergüenza torera soportado por un valor controlado y consciente que se la estaba jugando; apostó a todo o todo con cuatro orejas en el esportón y un toro en los chiqueros. De grandiosa figura a "perrear -Chikilicuatre, dixit" - como novillero rabioso desde la inconsciencia y las máximas limitaciones que envuelven a los que empiezan, cuanto más torpes más, y con toro asequible en nobleza y fuerza aunque sin clase. Hubo un detalle, un matiz, que hasta ahora era axioma en tauromaquia más que para definir, deslindar la sequedad del valor natural mandado desde el cerebro a la osadía ensoberbecida de un ser fuera de sí en su sobrenaturalidad: cuando sufrió la cornada grave, por descubrirse y colocación inadecuada, nada que ver con "el sito, punto G" que sirve de tópico a los ignorantes (cite con la izquierda y cornada en el muslo derecho, que no es la pierna de salida), no volvió a citar por dicho pitón para seguir llevando el "uy" y el "ay" sobrecogedores en instantáneas casi trágicas que incrementaban el olor a cloroformo, para culminar, como hizo en su primero, matando como lo hacía el difunto Antonio José Galán, pero con la muleta. La heroicidad valió una oreja y la "ruleta rusa" -frustrada en grado de tentativa- cotizó por dos. Así está el toreo.
La primera tarde, volví a vibrar en ese crisol de conceptos que lo definió en su primera época: cosas de Camino, de Ordóñez; a veces de Ojeda y me sorprendió gratamente, viceversa del domingo, como su gran faena la remató con una estocada habilidosa, quitándose, a toro arrancado. Su ambición de figura grande en el primer toro del domingo, por no ser prolijo y sin ánimo de hacer comparaciones, me recordó a Capea con un toro de Manolo González o a Dámaso con un astado de Miura, o Rincón y "Bastonito" - entre otros toros del colombiano - por no "ofender" con hechos similares, salvando las distancias, vividos en esta feria o en los últimos veinte años con figuras contemporáneas de José Tomás y todavía en activo.
Ni en la primera etapa, ni en ésta más convulsa y agresiva, he encontrado a Manolete por ningún lado taurino ni tauromáquico, sí en la personalidad. Si, acaso, Mondeño y mucho, no tengo ánimo de ofender, de El Cordobés y el coraje - menos intempestivo en las formas - de Diego Puerta. Pero, obvio, a Manolete no le vi. Lo que me ha llevado a leer y asimilar en un ejercicio en el que, apasionado del tema, y con los hechos recientes de tinte dramático e históricamente cuantitativos me obligaba, una vez orillado "el Califa", a encontrar el hilo para darme de bruces con Chicuelo II, el de Albacete, para el que hoy quiero tener, sin ninguna preconcepción más que la admiración, un recuerdo.
En el libro, magnífico, de Paco Aguado "se narra como en su segunda comparecencia en Las Ventas como novillero y habiéndose ganado la repetición en una valentísima tarde de presentación cortó sus primeras cuatro orejas; corría el año 53 y empezaba una meteórica carrera entre volteretas y cornadas, asustando al miedo que sería muy contestada por afición y crítica de la época bajo la acepción del 'tremendismo' pero que llenaba plazas y cotizaba al máximo. El año siguiente confirmó alternativa en tarde que cortó cuatro orejas precediendo las tres de su segunda comparecencia y la grave cornada que impidió crecer su marcador en la corrida de la Beneficencia en la que cobró, dicen, 300.000 pesetas, de las de entonces, según el tomo II de Historias del Toreo de Carlos Abella que titula su glosa: "Chicuelo II, nueva y trágica apuesta tremendista”. Apura el 55 en cabeza del escalafón sumando porrazos y cogidas, para ser más selectivo en el 56 y 57, año en que en 48 horas corta otras cuatro orejas y crece en dos Puertas Grandes más. Graves cornadas en Zaragoza y Abarán provocan su anuncio de retirada. Reapareció en el 59 y no pisó Madrid, tanteando.
El 21 de enero del 60 un accidente de aviación fue la bala en el 'tambor' que acabó con su vida después de sortear durante cinco temporadas como matador de toros la "ruleta rusa" de cada tarde vestido de luces. Ingratitudes del destino, al menos Manolete, nada tremendista, sí murió en la plaza. Chicuelo volaba de Nueva York a Bogotá y regresaba de adquirir piezas para su "Cadillac" azul, sin duda signo externo poco permitido para cualquier común de la época.
Néstor Luján dijo: "era un monstruo de valor, parecía invulnerable ante los toros e inasequible a cualquier técnica que no se basara en la más trágica espectacularidad", mientras Zabala opinaba "fue un torero valiente - rayando en lo temerario -, pundonoroso y con particular concepción de la lidia".
Cuenta Paco Aguado que "Chicuelo fue un torero de masas cuya entrega ante los toros le costaba tantas volteretas como beneficios le producía. Porque su toreo tenía la desmedida emoción del valor desnudo, del que enerva a los públicos, del que lleva la tauromaquia hasta los delicados límites entre la gloria y la tragedia, entre el "ole" y el "ay". Apuró el tremendismo hasta sus últimas consecuencias, pisando terrenos muy comprometidos, e indagando, también, en los nuevos espacios del toreo de espaldas, con el toro encastado, cuajado y astifino de su década. La sensación de drama que tenía su impasible puesta en escena se acentuaba aún más por su reducida estatura y por los cientos de percances que se derivaban de su temeraria osadía, tras los que volvía a ponerse en el mismo lugar aún más enrazado y dispuesto".
"El controvertido envoltorio de su valor no frenó su ascensión hasta la cima y la riqueza, apoyado en la pasión de unos públicos rendidos a su tremendo valor, proclives siempre a encumbrar, sin necesidad de análisis alguno, a quienes les hacen vivir las sensaciones más fuertes". Inobjetable, ¡punto en boca!
PD.- No busquen en "el Cossío", porque no hay un solo dato de sus triunfos constantes y seguidos, ni en Madrid ni alguna otra parte. Sólo datos de biografía y conceptos, con tinte sesgado peyorativo. Al menos en sus ediciones resumidas de "casi" bolsillo de dos volúmenes, tanto en la básica como la de medio lujo.
Que si, que si, que muy buenos profesionales, que mucha técnica, que mucho mando, pero, amigo, con eso no llega...Las musas son caprichosas.
Cuando le preguntan que es "ser máxima figura del toreo", Perera dice que es "elegir la corrida, el día, el cartel, el dinero y, sobre todo, ser capaz de levantar expectación y admiración entre el público". Él ejemplo para él de eso es actualmente José Tomás. "Es muy difícil alcanzar la fuerza que él tiene", apostilla.
En ningún momento dice que le parezca el mejor torero, ni que sea su referente en lo que a tauromaquia se refiere.
José Antonio, la entrevista a Miguel Ángel Perera en 6TOROS6 es la que es.
No hay nada que interpretar. La pregunta está ahí. Y la respuesta también. Publicado, a la venta, para todo el que lo quiera leer.
"El canario", dice...
Si el tema es que se le dieron orejas de más¿ Qué culpa tiene el torero?
¿Por qué esa inquina y ese resentimiento?
Y si pone artículos que usted considera que avalan su tesis ¿Por qué no poner alguno que avale la tesis contraria en aras de la objetividad?
Además hay una notable diferencia entre los artículos que usted nos trae por aquí y los suyos, porque los primeros están hechos desde el respeto e incluso la admiración al torero y los suyos desde el resentimiento,la mala leche y la falta de respeto absoluto.
...como dice Miguel Ángel Perera cuando le preguntan qué es ser máxima figura del toreo: "Pues,quizá...ser José Tomas".
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Para ser el mejor crítico, tan siquiera crítico, es necesario saber del tema. Y ese que tu ponderas no sabe ni papa.
Burgos,cursi, tampoco sabes lo que es un pase natural.CALLATE.
Insisto en lo que dije en mi anterior comentario.A otros por lo mismo no les han hecho ni P**O caso,no digamos darle dos orejas.Ha habido tios que se han jugado la vida sin trampa ni carton y no los han dejado ni intentar dar la vuelta al ruedo.¿Es que no hay memoria?
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José Antonio del Moral
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