Las víctimas de José Tomás (otro artículo de Ignacio Ruíz Quintano publicado en ABC)
17.06.08 @ 07:47:20. Archivado en Toros, Artículos
Por su interés, reproducimos el siguiente artículo.
LAS VÍCTIMAS DE JOSÉ TOMÁS
Si usted quiere saber cómo está España, vaya a los toros.
El perro de San Roque tiene rabo porque José Tomás no se lo ha cortado, a pesar de su público y su presidente, pues Tomás es torero de «groupies», como los Pecos, y de presidente, como Carla Bruni.
El buen público de toros siempre fue la clase alta o la clase baja, pero el público del segundo Tomás es la clase media, demócrata y futbolera, que pide orejas como si fueran goles y va a la plaza con la consigna «¡Por la Séptima!». Fue Pedro Caba, en «Lo mágico en el toreo», el primero en separar al hincha futbolero del aficionado taurino:
-El aficionado a toros, en vez de estimular y excitar para triunfar, como hace el hincha, hace crítica. El buen aficionado va a los toros a juzgar, a actuar como juez, e incluso juzga al presidente de la corrida.
El presidente de Tomás, en vez de «desoír la algarada incivil» (Joaquín Vidal) del público de Tomás, le echa orejas como a los perros huesos, y únicamente ahíto de orejas ese público se queda tranquilo. Ni capotes, ni muletas, ni espadas. Orejas.
-Es que el sitio de Tomás...
El sitio de Tomás es ofrecer el muslo al toro con la desfachatez con que ofrece la espalda al Rey. Es el sitio del baturro emborricado que en mitad de la vía le decía al tren: «Chifla, chifla, que como no te apartes tú...» Esta actitud antitaurina de Tomás recibe el nombre de torpeza, pero la perversión interesada del lenguaje la hace llamar valor, y con eso se vuelve loco al público de Tomás. ¿Pero qué clase de figura del toreo puede ser nadie cuya tauromaquia consiste en estar a merced del toro?
Las víctimas de Tomás son el toro y la literatura. Toros malvas y capachos en Las Ventas. Toros «degollaos», sin morrillo ni badana, sin pecho ni culata. En cuanto a la literatura, por Las Ventas se dejaron ver Semprún, capitán de los ciento cincuenta novelistas de Carmen Romero, y Dragó, capitán de los ciento cincuenta intelectuales de Esperanza Aguirre, que acudió a la inmolación en zapatos de serpiente, aprovechando la ausencia de gitanos en el cartel. ¿Por qué hay veinticuatro mil personas que por juntarse a jugar el juego de la inmolación de un señor de Galapagar con cara de comandante de puesto creen salvar a la tauromaquia? Pues porque hay once millones de personas que por votar a Zapatero creen formar parte de un plan cósmico que salvará a la humanidad.
El Nobel Joseph Stiglitz dice que Zapatero es «el pensador más influyente del movimiento» como Dragó dice que Tomás es el Quinto Evangelista, aunque todos sospechamos que Zapatero, siempre a merced de los acontecimientos, es a la democracia lo que Tomás, siempre a merced del toro, es a la tauromaquia. Zapateril, desde luego, fue su gesto, repetido, de no sacar a saludar a sus compañeros (trato de comparsas), y más zapateril todavía fue el inacabable quite por «enganchinas» al toro de El Fundi, que no tuvo coraje, ay, para tirarle una montera. También se negó Tomás a lavarse la sangre de toro de la cara (en su día, a Pepín Liria ese descuido le costó una oreja), pero porque formará parte del «show» de la inmolación que vimos por TV, en el bar, tomando copas de balde con Dragó, que para eso es habilitado. Menos mal que la inmolación quedó otra vez en un disparate de cornadas y puntazos.
De Gitanillo de América, inmortalizado literariamente por la pluma de Alberto Salcedo Ramos, se dice, por las muchas marcas que le ha dejado el toreo, que parece «un sobrado de tigre». Al jactarse Gitanillo de la adultez que testimoniaban sus cicatrices, el matador Roberto Domínguez le explicó que tantas cornadas demostraban más torpeza que coraje. Gitanillo celebró el apunte a carcajadas, pero al quedarse solo exclamó:
-¡Coño, lo que me pasa por no haber estudiado!
Desde entonces, escribe Salcedo Ramos, Gitanillo aprendió que las heridas, que algunos utilizan como certificados de heroísmo y otros para hacerse perdonar los errores, no deben exhibirse como trofeos.
Comentarios:
Carlos sememurió "el canario"
No soy partidario de Tomás,. Lo defiendo por su honradez y valor. ¿Vas a negar esa evidencia?. No creo, pero...
Supongo que no lo dirá por lo del 5J.
A los valientes los quiero ver con toros dificultosos; con los buenos hay que torear no pintar la mona del valor...
"... siete orejas en cuatro toros y en dos corridas seguidas. No sé si habrá precedentes.". Pues sí, sñor Ansón. Manuel Benítez El Cordobés, llegó a cortar ocho orejas en dos tardes seguidas en una misma feria de San Isidro y no se armó tanto jaleo como ahora, ni nadie le dió tantos premios. Siento que el suyo, el que usted se ha sacdo de la manga, llamado Paquiro, después de pegar un portazo al de Maite donde usted fue jurado muchos años porque no le dejaron poner de Presidente a su amigo Fragalde tras ser vergonzosamente oligado a dimitir de este mismo cargo a Rafael Campos de España (q e p d), haya tenido tan mal comienzo con los dos premios que leva otorgados. El primero, se lo dieron el año pasado a Sebastián Castella y, nada más recibirlo, entró en un bache del que le está costando mucho salir. Y el segundo, a José Tomás, y casi le matan pocos días antes de recibirlo. En fin, que ojalá el próximo le dé más suerte a quien se lo concedan.
En su columna que titula "José Tomás, la sangre derramada", arrima el ascua a su sardina para apoyar al que llama "el más prestigioso premio de España" sin darse cuenta de que él mismo demuestra no tenerlo en materia taurina por lo que dice de la úlima y trágica tarde del torero en Madrid. Nada menos que la siguiente barbaridad: "los toros fueron dos marrajos ilidiables, el segundo, además, manso navajero según la expresión de Zabala
-su ñiño-. "Javier Villán, el crítico sabio", - más bien buen escritor pero de sabiduría taurina tampoco, aunque algo más que usted, sí - (los entreguiones son míos) "...ha expuesto muy bien en este periódico la escasa calidad arística de las dos faenas. José Tomás sabía que no se podía hacer nada con los zambombos". - ¿Cómo que nada? - "Sabía también que, llevando el riesgo al límite, enardecería a los espectadores y triunfaría. Siete orejas en cuatro toros y en dos corridas. No sé si habrá precedentes". Pues bien, señor Ansón, ninguno de los dos toros fueron iliables. Lo que pasó es que José Tomás no supo lidiarlos para mejorar sus embestidas y aprovecharlos como corespondía hacer a un gran torero. Cualquiera de las otras actuales figuras y empezando por los más jóvenes, Perera y Manzanares, siguiendo por Castella y El Cid, y terminando por El Juli y Ponce, les hubieran sacado partido bastante más brillante sin necesidad de sufrir tantos percances, ni el público pasar tanto miedo. Aunque, supongo que, a cualquiera de ellos, no le habrían dado más que una oreja por tarde y, a lo mejor, ninguna, dado lo mucho que les "quieren" en Madrid. El toreo, señor Ansón, también es, y fundamentalmente, lidiar a favor del toro, no a la contra. Porque con tantos errores, enganchones y cogidas, los toros siempre se ponen peor de lo que son y hasta los muy buenos se estropean.
Al Rey, que cada uno le ofrezca lo que quiera. Tú, ofrécele tu boquita. O tu pluma de mala tinta.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
José Antonio del Moral
autor
Contacto


