5ª y terrible última del Aniversario. Un artículo que, quizá, ya no publicaría su autor y otro que tiene plena actualidad
08.06.08 @ 19:02:45. Archivado en Toros, Artículos
Como la última corrida de la llamada feria del Aniversario fue un desastre insoportable que ni siquiera lograron salvar los muy dispuestos Uceda Leal, Miguel Abellán y, sobre todo, Matías Tejela al que debieron dar una oreja tras jugársela admirablemente con el último torazo de la dificil y blanda manasada de Santiago Domecq, un tremebundo sobrero de José Luís Pereda que la remendaron junto a otro también infumable de Ana María Bohórquez, preferimos hoy entretener al personal reproduciendo dos artículos aparecidos hace tiempo en la revista, entonces prestigiosa, "6 TOROS 6". Su director y su entonces editor, el gran aficionado ingles, Michael Wigram, respectivamente, publicaron sendos y magníficos trabajos que, ahora mismo, pienso no sería posible leer en la citada revista, tal como va su nueva línea editorial e informativa. El primero se publicó en agosto de 1997. Y el segundo, dos años después, en el mismo més de 1999. No se los pierdan porque ambos trabajos son muy buenos y, desde luego, interesantes.
ENRIQUE
Hace dos años hablé de toros con Enrique Ponce y me sorprendió la clarividente sabiduría de sus juicios, algo inusual en alguien tan joven a pesar de la maestría con que torea. Comprobé que Enrique no solo lleve el don innato del toreo sino que lo ha profundizado como muy pocos maestros, incluidos muchos de larga historia y avanzada edad.
Me dijo, entonces, que hay una forma global de enjuiciar al toro, la del ganadero, y otra más subjetiva y funcional, la del torero. Y al hablarme de esta última argumentaba que el toro se define por cinco virtudes, o por cinco defectos: las antítesis de dichas virtudes. De modo que el toro puede ofrecer al torero: fijeza ( o probaturas, lo que indica sentido y falta de entrega), recorrido (o cortas embestidas, con cabezazos o parones en el centro de la suerte, o simplemente corto recorrido), fuerza ( o debilidad que le impide emplearse, lo que se traduce en defensa con las manos altas), humillar (o agresiones con la cara alta, lo que evidencia menos bravura y entrega), repetición (o embestidas discontinuas e interrumpidas, lo que entorpece el temple y la continuidad cadenciosa del toreo).
Pero lo más interesante de esta clasificación poncista es que no pretendía ser conceptual ni completa, sino un análisis eficaz para la práctica del toreo. Y aseguraba que uno de los placeres del bien torear reside en valorar qué virtudes y qué defectos presenta cada toro, pues raro es el animal que únicamente aúna las cinco virtudes o los cinco defectos. En su opinión, la maestría del torero reside, durante la lidia, en saber trabajar las virtudes que ofrece el toro, tirar de ellas de tal manera que, imperceptiblemente, las virtudes expresadas sean capaces de ir puliendo los defectos hasta terminar por convertir los en virtudes.
Visto así, el arte de torear se presenta como una taumaturgia capaz de metamorfosear los comportamientos del toro, como una acción de placer y ciencia, de estética y técnica, cuyo objetivo final reside en un acto de aparente magia, pues obra la maravilla de hacer bueno lo malo, cadencioso lo violento, brava la mansedumbre y noble el resabio.
Me decía Ponce aquella noche -acababa de dar una charla en Casa Patas para los aficionados universitarios de Madrid- que un torero medio ha de saber torear a un toro con dos defectos y tres virtudes, que un buen torero ha de hacer bueno al toro con tres defectos y dos virtudes, que un gran torero ha de torear al toro con cuatro defectos y una sola virtud y que es imposible torear a un toro que sólo tiene defectos. No tenía razón. Al menos cuando de él se trata. Y me remito a la tarde de su reciente mano a mano con Joselito, en Vitoria, donde a tres toros que, a mi modo de ver, presentaban un largo catálogo de defectos, con la única -pero inservible- virtud de una irregular nobleza, apenas dicha alguna vez e inmediatamente contradicha, le suministraron material suficiente para imponerles tres grandes faenas.
Del cabezazo defensivo obtuvo recorrido largo; del toro que desparramaba la vista, fijeza; del que empezó cayéndose, fuerza; del que agredía a trompicones, cadencia y continuidad; al que se rajaba buscando querencia, determinación y permanecer en el sitio; del que se defendía con la cara alta y echando las manos por delante, humillación y entrega. Su tarde fue un prodigio. La elección de los terrenos, la distancia de los cites, la dimensión de los pases, la colocación -cruzada o al hilo-, la altura de los engaños (al principio la demandada por el toro; después, la que él quería) fueron el andamiaje secreto, la técnica pudorosamente oculta que sostuvo la belleza plástica de su toreo. Un toreo de gran calado, pleno de sustancia, poderoso de argumento -ningún pase era gratuito, todos cumplían al unísono una función técnica y estética- que produjo la impresión de lo milagroso, como si el toreo obrara mágicamente sobre las condiciones del toro. Y en verdad, resultaba inconcebible tal rapidez y profundidad de pensamiento taurino. A cada pregunta, a cada acoso, a cada renovado problema del toro, la respuesta exacta e inmediata. Incluso la respuesta adivinatoria, la que preveía lo que ni el toro sabía que iba a hacer. Memorable. Una lección memorable, una sinfonía del toreo. Y las estocadas, exactas. Planteadas a la distancia que se había toreado, con el temple que se había toreado y, en algún caso, previendo la posible inhibición del toro, ayudando a la suerte con un pequeño salto.
Son muchas las conclusiones que se pueden extraer de la pletórica tauromaquia de Enrique. Pero he de mencionar una virtud torera oculta por su deslumbrante capacidad. Nadie puede torear con tal entrega, tan olvidado de sí, tan lúcido, si su valor no raya con lo irreal. Es posible que el valor de Ponce tenga un componente doble, el valor que le brota naturalmente y el que granjea su monstruoso conocimiento del toro. Fantástica paradoja: un valor tan grande que no se ve.
Rindámonos a Enrique, un torero al que ya no hacen falta referentes. Su paradigma es el mismo Ponce.
JOSE CARLOS ARÉVALO. 6T6/ Nº 163/ AGOSTO 1997.
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LAS HUÍDAS DE JOSÉ TOMÁS
después de la huida de Pamplona, toda la campaña de propaganda de José Tomás y sus mentores está en ruina. Ahora nadie va a creer su triste papel de víctima y mucho menos sus declaraciones de que Enrique Ponce le tiene miedo. Tuvo lo que pidió. Una cita con Ponce en una feria de gran importancia, con una seria corrida de Capea en los chiqueros y aficionados de todo el norte en los tendidos; y se cayó del cartel.
La misma mañana de la corrida se publicó la fotocopia del certificado médico en un periódico de Navarra, que decía que se había hecho daño en un dedo. Como buen inglés yo creo en los certificados, en mi país esas cosas son muy serias. No dudo que le doliera el dedo. Pero está clarísimo, después de sus fanfarronadas José Tomás tenía la obligación de aparecer en Pamplona, el pasado 14 de julio aunque le doliera el brazo entero.
Pero lo peor de todo, lo inadmisible, fue su reaparición en Barcelona, tres días después, como si no hubiera pasado nada. Repitiendo su hazaña del año pasado, cuando evitó otra cita con Ponce aquella vez en Bilbao con imponentes toros de Atanasio para reaparecer al día siguiente en Málaga. La razón oficial era la misma. La próxima vez debería tener la decencia de esperar algo más.
Mirando su estrategia para esta temporada, su ausencia en Pamplona es consecuente con otras ausencias. No apareció en Valencia, ni en Fallas, ni en la Feria de Julio, echando la culpa a Ponce. Tampoco aceptó una corrida en Zaragoza con Rivera Ordóñez y Morante. Se negó a torear en la feria de Bilbao con la excusa de la televisión. Menuda excusa, ¿no fueron televisadas las ferias de Sevilla, Madrid y Pamplona?. Según las últimas noticias, el año que viene se van a televisar ferias importantes. Qué hará este torero entonces?. ¿Limitar sus contratos a aplazas como Leganés y Puerto Banús?
Existe una gran contradicción entre la declarada ambición de José Tomás para salir triunfador de toda la temporada 1999 y no solamente de San Isidro, y sus ausencias de esas ferias claves. ¿Cual es la explicación?. Me parece sencilla, es una tácita aceptación de sus limitaciones técnicas.
He visto a José Tomás 72 veces en los últimos tres años, que son casi 150 toros. Con un toro bueno, preferiblemente del encaste Domecq, es un torero admirable. Pero con un toro complicado, todavía tiene mucho que aprender. Eso lo vimos todos en San Isidro. Sorteó tres toros buenos y tres malos. Con los buenos tuvo triunfos clamorosos. Con los malos, el toro de El Sierro y el del Conde de la Corte, no se le ocurrió otra solución que jugar a la ruleta rusa. Se salvó de una cornada grave de chiripa. Diez puntos por su valor y cero por su capacidad como lidiador.
En mis primeros años como aficionado, Antonio Bienvenida era el torero de Madrid y era considerado como el epítome del clasicismo. Se decía de don Antonio que era capaz de matar seis toroso, de muy distintas condiciones, sin despeinarse ni mancharse. Cuando veo a José Tomás, el nuevo ídolo de las Ventas, empapado de sangre, con la taleguilla destrozada y oigo a los tomasistas proclamando el paradigma del clasicismo y de la pureza, pienso que alguien ha cambiado las reglas del juego.
El problema de la ruleta rusa es que, más pronto o más tarde, se acaba perdiendo. Entonces la táctica de reducir el número de ocasiones en las que correr ese riesgo pudiera ser necesaria. Es puro sentido común. En este momento, la única feria de primera que le queda es San Sebastián. Aunque presumiblemente si las cosas no le van bien toreará en Zaragoza.
La propaganda es un arma de doble filo, y la propaganda a favor de José Tomás ha sido excesiva. Incluso se ha llegado a decir que es mas perfecto que Antonio Ordóñez, que a mi, como seguidor que fui del rondeño, me parece nada menos que una blasfemia. Esas extravagancias son malas, por un lado aumentaron el nivel de expectación del publico a grados muy altos; y por otro se le puede subir a la cabeza.
Hay indicios de que José Tomás y su entorno están empezando a creer en su propia propaganda. Parece ser que después de la espantada de San Fermín, su apoderado habló en términos despectivos nada menos que de Espartaco, en un programa radiofónico. ¡Hombre, por a favor!. Espartaco ha tenido más éxitos en Pamplona que cualquier figura en los últimos veinte años. Su torero tiene un largo y duro camino por recorrer antes de que su historia se pueda comparar a la del maestro de Espartinas.
En una entrevista muy reciente, José Tomás declaró que su competencia era consigo mismo y con los grandes toreros del pasado como Manolete, Ordóñez, Camino y El Viti. Como si sus rivales en la actualidad no existieran, como si él hubiera sido el número uno indiscutible durante al menos una década. La culpa de esa actitud la tienen sus aduladores. Alguien debiera explicarle que si de verdad quiere compararse con Camino o El Viti o con Espartaco y Enrique Ponce, tiene que dar la cara en todas las ferias importantes durante muchos años. También deberían decirle que olvidarse de Julián López, El Juli, es seguramente un craso error.
6T6/ Nº 266/ 3 de agosto de 1999
Comentarios:
Me da pena, en realidad. Estamos hablando de una grave enfermedad mental.
juan a. ramirez
Claro que le pagan,no sé quien ..sino de donde vive el moral..tan bien y además inquietando y obligando a entrar en su blog a personas como tú..¡vaya por Dios,verte obligado a entrar en el blog de este pobre señor¡oye no serás tú Del Moral?¿no?
juan a. ramirez
Claro que le pagan,no sé quien ..sino de donde vive el moral..tan bien y además inquietando y obligando a entrar en su blog a personas como tú..¡vaya por Dios,verte obligado a entrar en el blog de este pobre señor¡oye no serás tú Del Moral?¿no?
juan a. ramirez
¿De verdad hay que desprestigiar e insultar a un profesional incuestionable o a otros aficionados para "revalidar" la valía o no de un torero? Sólo por no estar de acuerdo con la mayoría. O no tan mayoría, pero sí más ruidosos. Yo me remito a lo ya dicho. No hay más que ver los vídeos. El otro día, en el vídeo colgado en el País, la locutora hablaba del "maestro del temple" justo cuando en las imágenes se veía a JT dar enganchón tras enganchón. Seamos serios, por favor. Nadie le quita el mérito que tiene, pero tampoco veo normal el agigantar tanto lo que hace.
En cualquier caso,ambas engloban el mediocre comportamiento del Españolito de a pie que adora la novedad aun sin entenderla y que no respeta a los que se han ganado un sitio en la historia.A mi solo me falta una cosa para meter a Tomas en el olimpo.El dia que lo vea extraerle dos tandas sometiendo a un toro como el mencionado anteriormente y no a merced de el,me levantarà del as...
Nunca es indiferente lo que dice y escribe para nadie sobre todo en el toreo y entre todos los compañeros de la prensa y de los aficionados taurinos.
Como en el Quijote"ladran luego cabalgamos".animo y mis felicitaciones.José Antonio
El Fandi toreará en alguna plaza (ahora no sé cual), vete a verlo, este año esta muy bien, sigue haciendo lo del violin y eso...
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José Antonio del Moral
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