1ª escapada de la Feria de San Isidro. Sencillamente exquisito Manzanares y otra vez importante El Cid en el 88 aniversario de la muerte de Joselito en Talavera.
17.05.08 @ 09:14:27. Archivado en Toros, Crónicas
Pensé que, inmediatamente después de haber sido testigo directo de la histórica faena de El Cid en Madrid y, a la vista de lo que se anunciaba en las Ventas para celebrar el 88 aniversario de la muerte de Joselito, lo más sensato era ir a la corrida de Talavera y acerté de lleno. Era el momento adecuado de hacerlo para poder respirar del siempre angustioso ambiente venteño y, además, hacerlo con la para mí perfecta compañía. Con uno de mis mejores amigos, el gran aficionado inglés, Michael Wigram. Muchos aficionados asiduos en el abono madrileño debieron pensar lo mismo porque les vimos y saludamos en la preciosa e histórica plaza, sita junto al romántico parque llamado de la Virgen del Prado. Y entre ellos, otro de mis amigos más queridos, Javier Aresti, quien entre las miles de obras que colecciona en la impresionante biblioteca que tiene en su casa de Bilbao, está la colección encuadernada de todas las crónicas que llevo escritas en los sucesivos portales de Internet donde vienen publicándose desde que me echaron de los periódicos del entonces llamado Grupo Correo. Pero si he dicho que acertamos de lleno, es porque en Talavera pudimos ver lidiar una corrida mucho más seria y agresiva que la que nadie podría imaginar para esta plaza de tercera categoría, y porque José María Manzanares bordó el toreo con la gran clase que atesora – cortó las dos orejas del quinto toro de Osborne y salió a hombros – y por El Cid, que anduvo otra vez muy importante con el encastado cuarto del que cortó una oreja de mucho peso. Por desgracia, Cayetano, no tuvo tanta suerte ni apenas aciertos en una preocupante actuación de cara a su próxima confirmación de alternativa.
No voy a escribir crónicas formales de las corridas que, a partir de la que ayer vimos en Talavera de la Reina, aparecerán sucesivamente aquí desde Granada el día 20 de mayo, Toledo el 24, Córdoba el 25, el 28 y el 28, y Aranjuéz el día 1 de junio que será la última escapada que haré de la Feria de San Isidro. Pero sí comentarios sobre lo que suceda en los festejos que veamos en estas ciudades. En Talavera disfrutamos mucho y no solo por lo que pasó en la plaza porque, antes de que la corrida comenzara, nos sentamos durante un largo rato en uno de los sombríos bancos del Parque de la Virgen de Prado y, mientras rememoramos las muchas grandes cosas que habíamos visto en la histórica plaza que se alza junto al parque y a la iglesia de ésta misma Virgen – la mejor faena que, yo al menos, haya visto a Paco Camino con un toro de Buendía, otras fenomenales de Ordóñez y de El Viti y, más recientemente, varias de Joselito Arroyo, de Enrique Ponce y de José Tomás “el bueno” cuando torearon juntos. Un enjambre de pájaros y golondrinas empezaron a volar y a piar sobre nosotros y no dejaron de hacerlo hasta que, dos horas y media después, finalizaba triunfalmente la corrida bajo un precioso cielo velazqueño en el que, además de las aves que revoloteaban sobre el ruedo, las nubes se fueron tiñendo de rosa; el fondo, de danubio celestial; la Luna, cada vez más brillante en su cuarto creciente; y José María Manzanares, a cada paso y en cada pase más sublime y relajado en su preciosa faena de muleta frente al quinto toro de los Herederos de José Luís Osborne.
Magnífico, elegante, valiente, sabio y con esa clase que tiene para dar y tomar anduvo el alicantino y no solo en su maravillosa faena del quinto. Porque, con el peligroso segundo que terminó hiriendo gravemente a su peón Luís Blázquez cuando intentaba apuntillarlo – al toro le duraron sus criminales intenciones hasta en su agonía pese al estocadón que le había propinado José Mari – el joven Manzanares mostró no solo el valor sereno sobre el que reposan sus muchas otras cualidades y virtudes, también la paciencia y la ciencia de los elegidos. Y todo ello con pasmosa naturalidad. También José María estuvo a poco de que este animal se lo llevara por delante. Pero su destreza y sus reflejos lo evitaron. Que eso es el toreo, no que te cojan los toros. ¿O no? Para algunos, no. Para algunos, es lo contrario y ya me entienden. En fin…
El Cid, casi nada pudo hacer con el primero de la tarde, el único del envío sin ningún trapío ni posibilidad alguna por su escasísima fuerza. Pero con el bastante más cuajado y agresivo de pitones que hizo de cuarto – cinco de los seis toros, incluido este muy feo y alto sobrero que reemplazó al muy débil anunciado, mostraron cabezas insólitamente abundantes y astifinas –el de Salteras se mostró de nuevo importante y poderoso. Primero, cuajando notables tandas sobre la mano derecha en las que supo sostener un difícil ritmo pese a la mucha y violenta casta del animal que, además, nunca humilló. Y después de recrearse con abundancia en ello a pesar de que en los de pecho de cada remate el toro le protestó y se revolvió airado, se echó finalmente la muleta a su prodigiosa mano izquierda y nos regaló un importantísimo ramillete de pases naturales. Pasaje y versión que, por cierto, era lo que más le solicitó parte del público en su ansiosa espera de que repitiera lo del día anterior en Madrid. Un pinchazo y un descabello tras la estocada impidió que le dieran la segunda oreja.
Ninguna pudo cortar Cayetano que ayer solo escuchó olés de las muchas mujeres que fueron a verle, como siempre entregaditas de antemano, y ninguno de los hombres. Pero como sus dos toros no fueron fáciles de torear, el primero por su mucho escarbar y tardear, y el imponente y quizá para él inesperado sexto de pelo ensabanado casi por lo mismo aunque a éste lo molieron en el excesivo puyazo que tomó – de ahí que protestara tanto al final de cada viaje y terminara sin pasar – por lo que Cayetano no se mostró a gusto, ni seguro, ni acertado aunque sí apuesto en sus cites y andares. Algo que le sigue adornando pero no compensando su manifiesta incapacidad en lo que los profesionales llaman “resolver”. Esto es, triunfar a golpe cantado como lo consiguieron El Cid Y Manzanares, cual figuras que son.
Y es que a Cayetano, cada vez que le vemos últimamente, le notamos menos en forma - hasta se le ha caído la masa muscular – e incluso en demasía amanerado en su inútil propósito de tapar artificiosamente la creciente pérdida de su natural apostura y empaque, ayer limitados a las exageradas maneras de citar tratando de parecerse lo más posible a cómo lo hacía su abuelo, pero nunca en cómo toreaba, mostrándose el nieto tan vulgar como uno más y, para colmo, fatal con la espada porque atravesó a sus dos toros y, al primero, asomándole el estoque. Sus fans, se fueron de la plaza cabizbajos, disgustados y más que preocupados.
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Comentarios:
Que bonito hoy ver al sr. Bono con su consuegra la Condesa, como hemos progresado, lo mismito que el rsto de los españoles, cada día más pobres y más desamparados.
"Lo que tendría que hacer Zabala hijo, ya que está en plan de reprodicir crónicas de otros críticos, es hacerlo con la crónica entera de José Antonio del Moral sobre la memorable actuación de El Cid, leérsela detenidamente, y comprobar cuan por bajo de tan extraordinaria obra estuvo él en lo que escribió. En su crónica, se le fue el toro de los críticos incapaces de escribir a la altura de los grandes acontecimientos cuando se producen".
Y de Fern´ndez Romás, para que decir. Ahora está en la Tv Manchega ¿ Por qué será? Imaginénselo. Pura mierda de escribidores, que no son ni periodistas.
Luego, Joaquín Vidal, les bautizó ingénuamente como la "verdadera afición de Las Ventas" en El País. Nada menos. Y ahora Molés desde su Canal Plus, para mayor vergüennza de quienes legitiman todas las barbaridades que dice o deja decir el ínclito a sus invitados desde el palquito de la casa. El "pobre" Antoñete y el "atrevido" Emlio Muñoz, que venden a un embaucador su dignidad y su honor toreros por 3.000 Euros diarios cada uno por cada corrida que comentan. Unos 300.000 por temporada. Pero lo peor de todo, es que muchas tardes parecen y hasta son el dóberman de los que, muy trajeados, encorbatados, enclavelados y repeinados, desde la sombra y en los comedores de lujo de Madrid afirman sin ruborizarse que el 7 es necesario.
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José Antonio del Moral
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