6ª de San Isidro en Madrid . Diego Urdiales pareció Dios al lado de Fernando Cruz y de El Capea
13.05.08 @ 22:19:31. Archivado en Toros, Crónicas
Sin apenas corridas en su haber pese a su larguísima travesía de un desierto que va ya para diez años, el todavía joven espada riojano - que sustituyó al aún convaleciente Serafín Marín - anduvo bien aunque por bajo del primer toro de Carmen Segovia, el mejor de la corrida, y realmente estupendo con el enorme y también noble cuarto con el que triunfó muy merecidamente cortando una oreja de ley. Un desfondado y, para lo que acostumbra, extrañamente afligido Fernando Cruz, pegó un sainete junto a su desastrosa cuadrilla frente al lote menos propicio. Y El Capea, tal y como suele, desastroso con su peor toro e increíblemente prudente e insolvente con el sexto que, pese a su marcada querencia a tablas, fue un toro para cortarle al menos un trofeo por incapaz de aprovecharlo como mereció. De todo hubo en el imponente aunque desigual encierro procedente de Torrestrella en una jornada que transcurrió en un continuo abrir y cerrar de paraguas por la llovizna intermitente que apenas molestó.
Madrid. Plaza Monumental de Las Ventas. Martes y 13 de mayo de 2008. Sexta de feria. Tarde nublada, algo ventosa, muy fresca y con llovizna intermitente. Más de tres cuartos de entrada. Seis toros de Carmen Segovia (precedencia Torestrella). Superpresentados con dos galafates de más de 600 kilos de peso que se corrieron en cuarto y sexto lugares y que, junto al que abrió plaza, de extraordinario juego para la muleta, fueron los mejores del envió. Los otros tres, mansotes y muy deslucidos aunque los que se corrieron en tercer y en quinto lugares, al menos resultaron manejables. Diego Urdiales (grana y oro): Tres pinchazos y estocada, aviso y ovación con saludos. Buena estocada, oreja. Fernando Cruz (tabaco y oro): Cinco pinchazos y cinco descabellos, silencio tras algunos pitos. Estocada caída de efectos fulminantes, silencio. El Capea (musgo y oro): Dos feos pinchazos, estocada y descabello, silencio. Estocada trasera y seis descabellos, aviso y silencio. Muy bien en la brega El Ruso quien también se lució en palos junto a Manuel Zamorano.
A cuantos nunca habían visto torear a Diego Urdiales les debieron sorprender la disposición y las maneras del espada riojano. Incluso su inequívoca e inconfundible pinta de torero, que también para ejercer esta dificilísima profesión no solo basta con serlo, hay que parecerlo, y Urdiales es de los que hasta vestido de paisano se siente y anda en torero. Enfundado en un precioso terno grana y oro, la verdad es que dio gusto verle manejar los engaños con tanta naturalidad y desparpajo. Además, no salió a triunfar como fuera, sino con el imprescindible sentido común que debe presidir la lidia y el toreo. Sin embargo, la imponencia del toro que abrió plaza y las condiciones que presentó en el primer tercio – embistió de salida sin humillar una sola vez y echando arriba la cara, manseando, y acusando el castigo que sufrió en un largo y demasiado trasero primer puyazo, así como lo inconveniente que pareció embestir el hermoso animal cuando le embistió cruzado y cortando terreno a uno de sus peones al intentar banderillearle, casi nadie salvo al matador previó que, para la muleta, iba a ser el toro que finalmente fue. Un toro que, indudablemente, se vino arriba en palos, resultó tener superior clase por el pitón derecho y nobleza por el izquierdo aunque no tan definida. Y, encima, pronto en su embestir a poco que se le provocara.
Por eso se le vino el toro tan rápido a su muleta tras brindarlo al público, señal de las ganas que traía Diego Urdiales y de la fe que le animaba en triunfar desde que el toro salió al ruedo. Diego había entrado en el cartel de la sexta corrida de la feria isidril para sustituir al todavía convaleciente Serafín Marín y como se dio de bruces con la gran oportunidad que había soñado desde hacía mucho tiempo, la aprovechó a tope. Yo diría que con tantas ganas de hacer y de ser que, en su muy larga faena, se pasó en la cantidad de muletazos que pegó y en el tiempo que echó en lograr su propósito. De ahí que su obra muletera resultara algo amontonada y no del todo bien estructurada.
Los pases se sucedieron con notable intensidad en muchas tandas, sobre todo en las que pegó con la mano derecha que fue el lado de lujo que tuvo el toro y por donde Urdiales consiguió muchos redondos con indudable traza y ritmo aunque en otros no pudo torear con la enjundia ni con el relajo que hubiera sido necesario mantener para que la faena se hubiera convertido en todo lo grande que el animal mereció le cuajaran. A Urdiales parecía no bastarle todo lo que hizo y se pasó de faena, no sé si porque quería exprimir totalmente a su espléndido colaborador o porque el propio torero no estaba totalmente conforme ni convencido interiormente de lo que estaba haciendo. Por eso creo que, en cierta manera, a muchos nos pareció que el toro podría írsele cuando prolongó demasiado el trasteo. Y así fue, sobre todo cuando se dispuso para entrarlo a matar porque pinchó dos veces antes de lograr la estocada definitiva con el animal ya descolgado de cuello. Una pena porque, aunque le habrían pedido la oreja y seguro que se la hubieran concedido si hubiera matado a la primera, tuvo que contentarse con una sola aunque sostenida ovación, y el toro había sido de dos.
Pero estaba de Dios que esta muy gris y, a ratos, lluviosa tarde iba a seguir siendo proclive para el diestro riojano. La salida del cuarto, con nada menos que 645 kilos sobre sus anchos lomos, fue esperada por el público con mucha expectación dada su anunciada y norme romana. Y aunque los primeros síntomas que el galafate transmitió al salir tan abanto e incluso pegando oleadas, no fueron nada buenos, dando la impresión de que iba a ser un mansurrón ingobernable – movió mucho su tremenda cabeza en el primer encuentro con los montados para romanear espectacularmente de inmediato e irse de naja acto seguido, volver sobre sus pasos después y repetir la ida y la venida hacia el caballo finalmente antes de que Fernando Cruz no fuera capaz de templarse en un quite por mantazos, tampoco casi nadie creyó en ese momento que el torazo le iba a servir a Urdiales para que consiguiera lo que consiguió: plantarle cara con incuestionable firmeza, doblarse muy torero y templado en los primeros compases de la faena, seguir por redondos consintiéndole mucho y llevándolo para hacerle embestir largo, continuar templándole una barbaridad con la mano derecha, cuajarle una tanda de enorme y clamorosa intensidad – siete muletazos seguidos y ligados al de pecho nada menos – y lograr que la plaza estallara como solo ocurre cuando alguien lograr hacerlo algo así. Como un volcán de incandescente y entusiasta lava que bañó el ambiente y lo calentó como hasta ese momento ni Urdiales ni mucho menos sus colegas – que estaban pegando un petardo de tomo y lomo – habían sido capaces de lograr.
Momento mágico, pues, de esos que nunca se olvidan y que valen millones porque fue entonces cuando Diego Urdiales se adueñó totalmente de la situación aunque todavía no del todo porque cuando se echó la muleta a la izquierda, por ahí el bicho no fue el que había sido por el otro pitón. Menos mal que Diego volvió a los redondos y, aunque el toro ya había perdido fuelle y no repitió, los muletazos que, uno a uno, pegó cruzándose al pitón contrario antes de rematar con el de pecho, volvieron a provocar la sensación ya vivida y celebrada por todos los presentes. Este fue el segundo momento mágico de la faena de Urdiales. Y su valentísima, su certera y eficaz estocada, el instante de dar rienda a la pasión. La oreja que le concedieron luego tras unánime petición - ésta sí que fue la primera de oro de ley en esta feria para un matador de toros y ¡qué pedazos de toros¡, señores - valió por dos. Diego la paseó como un emperador.
Pero aún tuvo otra ocasión Diego Urdiales para demostrar quien había estado allí, como si fuera un dios torero si comparamos su actuación con las de sus dos compañeros de cartel, cuando hizo un quite tan corto como brillante por solo dos chicuelinas barrocamente ceñidas y cosidas a una preciosa media al también enorme sexto toro, descubriéndole a El Capea cómo debería haberle toreado después y no como lo hizo el salmantino en la enésima demostración de que no está dotado para ser quien quiere y ya sin ninguna razón que le asista para seguir insistiendo en ser lo que nunca podrá, porque lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible.
Apenas claro el tercer toro de la tarde, manso y tardón aunque con viajes posibles, no tuvo opción Capea para relajarse aunque sí para intentarlo con la compostura que, desgraciadamente, no tiene ni nunca tendrá. Pero bueno, tampoco fue éste un toro fácil y menos para el salmantino. Pero el sexto, sí, pese a su marcada querencia a tablas. Y con éste, lo mismo que el año pasado, fue con el que Capea firmó su espero sea última sentencia en Madrid. Aterido por dentro aunque intentó hacernos creer por fuera que quería, tampoco pudo en una sucesión de pases – que no muletazos – recetados por las afueras, escondido detrás de la mata como se suele decir, metiendo pico y pala sin ni siquiera disimular su voluntario como horrible ventajismo, con la pierna contraria retrasada, eternizándose en pausas antes de cada primer cite para luego abochornarnos con banderazo tras banderazo ayunos de armonía y del más mínimo encanto, poniendo tierra de por medio al menor inconveniente… En fin, que sigo sin explicarme cómo a este muchacho no le quitan de en medio de una vez por todas.
Muy preocupante lo de Fernando Cruz a quien, otra vez más sin suerte, ayer vimos más victima que nunca de su sino fatalista. Y es que no se puede tener peor destino ni ser menos favorecido en esta vida. Tanto, que a Fernando le vimos esta vez como desfondado y, para lo que en él suele por lo que al valor se refiere, extrañamente afligido, asustado, desesperado, harto – imagino – de tener que soportar desgracia tras desgracia. Como ayer la de una cuadrilla desastrosa que ni a caballo, ni a pie, ni en la brega, ni en banderillas hicieron otra cosa que eternizarse mientras empeoraban las ya de por si pésimas condiciones de los toros que le correspondieron a su matador. ¿No es como para tirarse por un barranco?
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Comentarios:
-Es bueno?Si .pedazo de profesional?Si.¿Entonces?No sé.
juan ramade
Paco Aguado,te puedes hacer un master de psicoanalisis,para que empieces a manejar la ciencia con cierta propiedad¡ Ah,ya se te pasó la edad de decir tacos infantiles-caca,almorranas,pedos,etc...
javier Arquet
Paco Aguado se puede apuntar a un curso de Psicopatologia en la complutense,para maejar un poco mejor los términos cientificos.y de camino se podria dar un repasito para los nervios.El diván es recomendable,siempre,sobre todo si uno está obsesionado con acontecimientos traúmaticos o personas concretas.
juan Ramade
paco martin
Le recomiendo a las personas que se obsesionan y presentan sintomas de trastornos delirantes que en Madrid hay muchos y buenos psicoanalistas.
En el articulo se vé que le obsesiona mucho,muchisimo lo que dice y escribe Del Moral.Tio ,hay que ser agradecido pero sobre todo elegante.Oye y además recurrir a tanta terminologia pseudocientifica para explicar la Tomatofobia,no es de recibo.Porque con ese articulo más que una revista especializada de toros,parece un VADEMECUM,escrito por Lola Montero,la de la velas negras.
Paco,que para agredir a Del Moral es mejor a las claras.O mejor reproducir sus crónicas junto con las vuestras y que el lector elabore su propia opinión.
saludos a todos
josé moreno
Un comité de eminentes siquiatras y neurólogos —hay quien dice que subvencionados por Zapatero, Sabina y otros rojos conspiradores— emprende ahora un detallado y prolijo estudio de esta tomasofobia, una enfermedad mucho más real que la que pretendidamente la ha provocado y que ha calado muy hondamente en algunos individuos que sufren ya el más característico e irreversible de sus efectos: la falta de visión de la realidad y la negación
El constante desasosiego que sufren las víctimas. sólo similar a la desazón de los afectados por enfermedades de la piel, como la sama, o del recto, como las hemorroides, se ve incluso aumentado cuando la “tomatosis”.va conquistando un nuevo recinto, lo que les impide ver el proceso de “infección” con una mínima tranquilidad desde su asiento, del que se levantan entre sudores y con airados aspavientos de indignación. Pero una vez consumada la conquista del virus, y como contraprestación a las grandes cantidades de adrenalina que segregan durante diez minutos, las endorfinas impiden que su organismo entre en estado crítico, evitando los más que probables infartos o shocks que sufrirían de continuar el despliegue “tomatósico.
En las plazas de toros, los afectados por la tomasofobia son fácilmente identificables entre la masa, de la que intentan distanciarse con gran gestualidad y a la que agreden con insultos e imprecaciones a viva voz, o a la que desprecian con miradas de hipertenso desde sus alejados puestos de vigilancia.". "Sus reacciones más desmesuradas se producen con la visión de la sangre torera, a la que apenas están acostumbrados, pues, no obstante, el tomasofóbico tipo también padece la manía de la asepsia y la pulcritud, prácticas secundarias de las que h...
!Enhorabuena¡
Tomastofobia:Dicese del que por justificados motivos,unas veces objetivo y otros subjetivo,no encuentran méritos suficientes a un torero para tenerle"rendida admiración".
Cobarde:Dicese de aparente hombre caval,que en lugar de dar la cara,como hace su adversario,escondese en un anonimato o intenta agredir de palabra a otro no atreviendose a nombrarle.
Valiente:Dicese del caballero que dice las cosas por su nombre-sin dañar reputaciones ni opinar de las vidas privadas-.Ejemplo de Valiente:José Antonio del Moral.
josé Martin
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José Antonio del Moral
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