1ª de San Isidro en Madrid. La primera, en la frente
09.05.08 @ 09:11:05. Archivado en Toros, Crónicas
De la muy blanda y en su mayoría descastada corrida de Martelilla, dos toros y, apurando, tres fueron muy aprovechables y, dos de ellos, de triunfo: Cuarto, quinto y sexto. Con éste último, que fue muy protestado por bonito, Santiago Ambél Posada hizo lo mejor de la tarde aunque sin romperse por demasiado fácil y empeñarse en torear en el tercio cuando, evidentemente aquerenciado a tablas, pidió los medios desde el inicio de faena; además, el de Badajoz fue continuamente molestado por el sector intransigente en donde, por lo visto, continúan caprichosamente inaguantables. Eduardo Gallo, muy espeso ayer y sin mostrarse tan recuperado como la pasada temporada, no dio nunca el paso con el quinto. Y al mejor con mucho de los tres, el cuarto, lo dejó escapar Antón Cortés por incapaz. Con los otros tres, los primeros, incluido el enorme, altivo y, como casi todos, blandísimo sobrero de Albarreal que sustituyó al devuelto tercero, la terna naufragó irremisiblemente.
Madrid. Plaza de Las Ventas. 8 de mayo de 2008. Primera de feria. Tarde nublada y fresca con más de tres cuartos de entrada muy repartidos. Cinco toros de Martelilla muy bien aunque desigualmente presentados con el denominador común de su falta de fuerza y de casta en distintos grados. Por más enteros, los tres últimos, sobre todo el que hizo de cuarto que resultó excelente, fueron más aprovechables que los dos primeros. Por devolución del muy blando tercero, se corrió un cuajado y muy alto de agujas de Albarreal que tras sembrar el desconcierto en varas por su mansedumbre, se vino completamente abajo como consecuencia de un cuarto y demoledor puyazo. Antón Cortés (burdeos y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Dos pinchazos y estocada, aviso y silencio. Eduardo Gallo (encarnado y oro): Pinchazo y más de media tendida, silencio. Pinchazo y estocada, silencio. Santiago Ambél Posada (grana y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Estocada, palmas.
A la vista de la gran calidad de la mayoría de los carteles de esta importantísima y larguísima feria, hasta anteayer mismo meditaba yo en el precioso jardín de mi casa de Córdoba si trasladarme a Madrid o quedarme allí para mejor disfrutar bajo los árboles y oliendo a rosas y a jazmín con los festejos venteños a través de la televisión hasta que, bien entrado junio, llegaran los llamados de La Comunidad que, ¿quién sabe si serán más divertidos o más aburridos que los primeros? Nadie podría afirmarlo con total seguridad aunque, estos últimos, sobre el papel se muestran inequívocamente esperanzadores y hasta apasionantes por la presencia de esos dos toreros que no paran de llenar páginas y espacios en los medios pese a que ninguno de ellos se han puesto todavía delante de reses tan temibles como las que echan en Las Ventas. Como podrán imaginar, me refiero a José Tomás y a Cayetano, máximas y rutilantes estrellas de la actualidad en contraste con esas figuritas de pitiminí que, por lo visto y leído, ya no interesan a nadie como por deleznable ejemplo son Enrique Ponce, El Juli, los más modernos Cid y Sebastián Castella, y los todavía retoños José María Manzanares y Miguel Ángel Perera que, muy claro parece, apenas han merecido la atención de los santones de la crítica como pudimos comprobar ayer en los suplementos especiales de los periódicos que cayeron en las manos de todos los que asistimos a la primera corrida temiendo que la lluvia mañanera que cayó sobre la Villa y Corte se prolongara hasta la noche.
Hace años que me pasa lo mismo cada vez que llegan las corridas isidriles, pero como nunca se sabe qué puede ocurrir porque el toro y el toreo van acompañados por la incertidumbre – su mayor atractivo -, siempre termino por marcharme a la ciudad en la que he vivido casi toda mi ya larga vida. Una ciudad que, no lo dude nadie, es la más divertida del mundo, incluso más que la mismísima de New York. Y es que, la verdad, temo el día que mi otro yo y sus circunstancias me obliguen a no asistir a la Feria de San Isidro aunque, cuando llegue este momento, los que saldrían ganando serán mis lectores porque, además de escribir sobre lo que vea en la ya no tan pequeña pantalla, lo haré sobre lo que oiga a los comentaristas, seguro que muchas veces más divertido que lo que sucede sobre la arena en esta terrible y al parecer irremediable plaza.
Una plaza que ayer, pese a la amenaza de lluvia y a los huecos que dejaron libres los abonados que no asistieron temiendo mojarse, me pareció más bonita que nunca gracias a la enorme cantidad de banderas españolas que la adornan. Tantas, que por un momento creí estar en un coso francés. Pero bueno, dejándonos de bromas, ya estamos aquí para meternos de lleno en este fregado anual del que, por puro y duro masoquismo, al fin y al cabo tenemos la obligación profesional de dar cuenta de lo que pase cada tarde aunque anuncio que en determinados días y para desengrasar o para evitarme caer en mortal depresión, yo me iré a otros sitios, como a Talavera, a Toledo, a Granada, tres tardes a “mi” Córdoba y, cómo no, al palaciego y rivereño Aranjuez.
Pero oiga, me dirán algunos lectores, ¿qué pasó ayer? Pues que, como supongo vieron la mayoría por televisión, casi nada que merezca la pena relatar. Pero, algo ocurriría, ¿no? Pues que como casi siempre sucede en Las Ventas, la ovación más grande fue la que recibió Florito tras la exhibición y el habilidosísimo manejo de sus bueyes cuando devolvieron a los corrales al tercer toro de Martelilla. Así, como suena. Y es que no hubo más batir de palmas en toda la función. Devolución oportuna aunque se podría haber evitado si a este bonito y noble animal que fue protestado desde que apareció en el ruedo- ya veremos si se protestan tanto los que les echen a Cayetano y a José Tomás que, de seguro, no serán mayores – no le hubieran molido en el cuarto puyazo que tomó tras haber sembrado no poco barullo cuando, en su manso huir, derribó dos veces a los equinos y a los montados con que se tropezó.
Hasta ese momento, sin duda solanesco, ni Antón Cortés, ni Eduardo Gallo, ni Ambel Posada dieron ocasión a que se les atendiera lo más mínimo salvo constatar sus procelosas, por cierto irresolutas y vulgares andanzas en pos de remediar el fiasco de tener que enfrentarse a las tres imponentes ruinas que les cayeron en desgracia.
Ruinas que se trocaron en francas posibilidades de sacarse la espina con los tres toros que saltaron al ruedo después y que, por unas razones o por otras, ninguno de los tres supieron aprovechar para levantar la corrida y, de paso, para salvarse ellos de la quema que, finalmente, sufrieron. Calamitoso por incapaz Antón Cortés con el estupendo cuarto que hasta embistió con clase. No se puso delante del toro ni una sola vez, contentándose con pasarlo desde las afueras en posturas antípodas a las requeridas. Espeso y vulgarísimo además de chillón Eduardo Gallo en su incesante citar a voz en grito al quinto, en vez de dar ese paso imprescindible para que repitiera su embestir – el salmantino ya se había perdido con el también posible segundo con el que no supo bajarle la mano en los instantes que lo pedía y se la bajó en los más inconvenientes -. Y más animoso que con el sobrero Ambél Posada que fue quien mejor anduvo de la terna en su faena de muleta al nobilísimo aunque débil sexto auque sin romperse ni, por tanto, romper.
Este toro – como su anterior tercero – fue muy protestado por los del 7 nada más salir, no sé si por lo bonitos y lo bien hechos que estaban o porque los sujetos que llevaban la batuta de la “orquesta” quisieron reventar al nieto de su abuelo. Mal, porque Ambél era de los tres alternantes el que con más arte y sentimiento podría haber toreado y la tormenta de protestas le debió afectar. La impaciencia del sector intransigente se corrió a otros tendidos en cuanto el sexto toro empezó a doblar las manos y aunque Ambél lo llevó templado en no pocos muletazos de excelente aunque fría factura, cuanto le hizo apenas llegó ni obtuvo eco en los tendidos. Me hubiera gustado más como creo que hubiera sido más procedente que, en vez de empezar citando desde el tercio al toro evidentemente aquerenciado a tablas, de entrada lo hubiera sacado a los medios. Seguro que en ese sitio lo habría podido torear a mayor placer suyo y al de los que hasta entonces le habían tratado displicentemente. Y en fin, que al menos lo mató pronto y bien. Como por cierto, aunque no tan pronto, mataron los tres a los demás aliviando por ello esta tarde que no pocos ni pocas pasaron conversando sobre temas ajenos a la lidia o atendiendo a voces a sus teléfonos celulares, mientras los demás se entretuvieron haciendo chistes con el indumento o vestimenta digna de camarero de esos salones Hiroshima para bodas que se enfundó el encargado de llevar el cartel anunciante de los nombres, pesos y edades de las reses, cuando no con el despiste de los jóvenes que han sido contratados por los nuevos servicios de los bares, pues todavía no deben saber que, durante la lidia, no se puede ni se debe atender a los sedientos. Imagino lo que pueda pasar cuando llegue el calor.
Comparte esta información
Comentarios:
Lo de Joselito es muy acertado porque lo recuerdo perfectamente. En fin, los terroristas del 7 que son abominables.
Que pena de Feria que se ha confeccionado; UNA VERGUENZA.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
José Antonio del Moral
autor
Contacto








