2ª de San isidro en Madrid. Media corrida interesante y otra media insoportable
09.05.08 @ 22:45:42. Archivado en Toros, Crónicas
El desconcertante juego por la bravuconería de los dos primeros toros de Baltasar Ibán y la blanda e intermitente nobleza del tercero, depararon el interés de los aficionados capaces de observar los cambios que pegaron y lo acertados o desacertados que anduvieron los toreros en función de su mayor o menor capacidad en acoplarse a tanta desigualdad. Pero, mediada la tarde, empezó a soplar el viento, a enfriarse el ambiente hasta convertirse en invernal y como los demás toros - incluido el infame sobrero de Navalrosal que reemplazó al sustituto de Valdeolivas tras ser devuelto en pleno tercio de banderillas por su progresiva debilidad - acusaron muchas más dificultades que los anteriores, la jornada perdió el relativo encanto inicial y muchos espectadores empezaron a abandonar los tendidos aburridos y ateridos. El Fundi anduvo por bajo del primero pese a vender bien lo que le hizo y lo que no, a medias con el cuarto al que banderilleó sobrado, y mató muy decidido a los dos por lo que escuchó las únicas ovaciones del festejo. Domingo López Chaves se entendió mucho mejor con el segundo que con el quinto que a él le resultó imposible. Y Cesar Jiménez anduvo muy dispuesto con los dos de su lote y, con el más dócil tercero, hasta podría haber triunfado si el toro no hubiera carecido tanto de fuerza y lo hubiera matado mejor.
Madrid. Plaza Monumental de Las Ventas. 9 de mayo de 2008. Segunda de feria. Tarde progresivamente nublada y amenazante con viento muy frío en su segunda mitad. Lleno. Cinco toros de Baltasar Ibán, desigualmente presentados por su variado cuajo – estrechos los dos primeros - aunque todos con imponentes cabezas. Los tres primeros, bravucones de libro aunque en diferentes y cambiantes formas de embestir, destacando por su franca fiereza el que abrió plaza pese a lo mucho que escarbó y tardeó. Y los corridos en cuarto y sexto lugares, bastante más definidos por malos en sus respectivas dificultades. Por la devolución inconvenientemente tardía del muy flojo sustituto de Valdeolivas que hizo de quinto, se corrió un imponente e infame por amoruchado sobrero de Navalrosal. El Fundi (tabaco y oro): Buena estocada contraria, ovación. Estocada trasera de valiente ejecución, aviso y ovación. Domingo López Chaves (verde botella y oro): Pinchazo, otro hondo atravesado y dos descabellos, silencio. Estocada trasera desprendida, silencio. Cesar Jiménez (palo de rosa y oro): Dos pinchazos y casi entera trasera caída, silencio. Estocada trasera caída, silencio. Bien en palos, Víctor Hugo Pirri y Jesús Arruga.
Las señales para identificar la llamada bravuconería, son aquellas en las que los toros que así llamamos alternan o combinan las que definen la bravura con las que manifiestan la mansedumbre. Es decir, bravos que a veces parecen mansos o mansos que a veces parecen bravos. De ahí que a no pocos espectadores e incluso a muchos aficionados les confundan. Cuestión que se presta, desde luego, a la sorpresa y hasta al desconcierto. De la mayor o menor capacidad de los toreros en darse cuenta de estas variables condiciones y de su rapidez en resolverlas, dependen el éxito o el fracaso con esta clase de reses aunque mejor sería decir el acierto o el desacierto en lograr que embistan lo mejor posible y, en el mejor de los casos, como si fueran bravos.
A mi siempre me interesa ver la lidia de esta clase de reses y por eso ayer volvió a interesarme y mucho lo que El Fundi, Domingo López Chaves y Cesar Jiménez hicieron para bien o para mal con los tres primeros toros de Baltasar Ibán, independientemente de que lograran triunfar o no que de eso hablaremos después. Lo interesante del toro que abrió plaza, por ejemplo, fue como después de escarbar una barbaridad y de tardear tanto como tardeó, pareció querer ir al copote en vez de al caballo para después cambiar y embestir fieramente, acudiendo veloz al equino, tomando el puyazo con el empuje y la fijeza propia de los bravos. Como en la faena quiso comerse el engaño inmediatamente después de hacer lo mismo que antes, cosas de manso. También fue muy interesante observar lo que hizo el segundo: quedarse corto y embestir con la cara muy alta en el recibo de capote y después irse como una exhalación al caballo sin ni siquiera haber sido debidamente colocado y, además, derribarlo. Tomar un segundo puyazo con inequívocas señales de bravura y, luego, en banderillas, dolerse mucho del primer par, acto seguido galopar para el segundo, y echar la cara muy arriba en el tercero. ¿Desconcertante, verdad? Sobre todo para quienes tuvieron que ponerse delante y que, por encima de cualquier otra cuestión, tendrían que haber templado siempre cualquier embestida para conseguir corregir defectos y domeñar aquellos vendavales.
Pero El Fundi, con bien ganada fama de ducho en estas lídes, se dejó enganchar la muleta en los primeros pases con la derecha – su mejor pitón - y el toro lo acusó enseguida desarrollando genio por lo que no supo o no pudo domeñar y menos acomodarse a la franca fiereza del animal aunque sí matarlo con notoria entrega y evidente decisión. Lo mismo que la estocada con que liquidó al cuarto con el que anduvo mucho mejor con el capote en el recibo y en banderillas que colocó sobrado, pero no en la muleta por lo mucho que empezó a blandear el animal y por el molestísimo viento que surgió en ese preciso momento. El Fundi, con este, llegó a ponerse pesado.
Domingo López Chaves sí que se acopló con la muleta en el segundo cuando eligió y se templó con la mano derecha, su mejor pitón. Pero eso fue después de dejarse enganchar dos veces en los primeros muletazos en redondo. Alertado o quizá decepcionado, cambió de plan enseguida con la mano zurda, pero por citar fuera de cacho, tampoco logró lo que se proponía. Y otra vez con la mano diestra se colocó mejor, cruzado como correspondía, por lo que consiguió un par de cortas rondas aunque, en el remate con el de pecho y por no cambiarse la muleta de mano, volvió a dejar que los pitones engancharan el engaño. Más centrado después, volvió a templarse por redondos, pero por pecar de lo mismo que antes, no acertó a templar al toro en los de pecho. En definitiva, que no terminó de apoderarse del animal. Lástima que lo matara tarde y mal.
Al muy blando y rajado quinto de Valdeolivas que Domingo recibió con larga de rodillas, lo lidiaron como pudieron hasta iniciado el tercio de banderillas y el presidente ordenó su devolución demasiado tarde por lo que, entre el frío que hacía y lo poco que los espectadores esperaban ya de la corrida, empezaron a desertar de los tendidos. También, por dentro, López Chaves pese a su inútil empeño ante el gazapón amoruchado de Valdeolivas que le cupo después y al que, para comlmo, banderillearon y bregaron fatalmente. Los banderazos que logró el salmantino sobre la mano derecha, no llegaron a ser pases, y el viento puso todo lo demás para lo peor con la tarde ya hundida y sin remedio en vista de tan inclemente situación.
En ese momento, yo me pregunté con qué clase de paciencia estaría esperando Cesar Jiménez su segundo y último turno. Admirable que permaneciera ilusionado por triunfar con aquel "pavo" que nunca humilló y resultó incertísimo, estando a poco de coger al más joven de los de Fuenlabrada que incluso llegó a jugársela con la mano izquierda mientras el público apenas le prestaba atención.
Sin embargo, con el más noble tercero, el de mejor fondo para el toreo de la corrida, sí que logró Cesar varios pasajes limpios y hasta dulces, tanto con el capote como con la muleta. Pero lo muy blando de patas del animal impidió que repitiera su embestir para que las tandas pudieran completarse debidamente. Un tanto desequilibrado el animal y, por ello, nada fácil de sostener, Jiménez se lo brindó a su paisano Fundi y, aunque la faena tomó cierto vuelo con la derecha, no con la zurda. Una pena, porque este torero tiene que resurgir y, tal como le vimos ayer, puede resurgir y volver a ocupar el lugar que debería a poco que la suerte le acompañe, lo que deseamos vivamente.
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Comentarios:
Juan Ramade
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José Antonio del Moral
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