4ª de feria en Jerez. José Tomás: De la cumbre al abismo
03.05.08 @ 23:36:50. Archivado en Toros, Crónicas
Tras cuajar la más redonda, la más templada y, desde luego, con mucho la mejor faena de cuantas lleva realizadas en su reaparición frente a un buen ejemplar de Núñez del Cuvillo del que cortó dos orejas con petición de rabo, terminó sufriendo dos cogidas, resultando gravemente herido en el cuello como consecuencia del segundo revolcón, inmediatamente antes de entrar a matar a otro toro opuesto al anterior por el genio y el creciente peligro que tuvo desde que salió. Durante el tremendista trasteo – que no faena – a esté quinto del que cortó otra oreja sin petición mayoritaria, el de Galapagar se mostró como si fuera un principiante, temerario, impreciso e irresoluto, estando en todo momento a merced del animal y sin saber qué recursos emplear salvo el de exponerse voluntariamente a ser cogido. Así pues, el de Galapagar pasó ayer de la cumbre al abismo en un mismo festejo. Bien presentada aunque los dos últimos toros bajaron algo con respecto a sus hermanos, la corrida de Cuvillo dio juego muy dispar. Además del ya mencionado y bueno aunque algo desrazado y finalmente rajado que correspondió a Tomás, se corrió otro muy bravo y tan fieramente encastado como franco, el cuarto, con el que no se acopló Juan José Padilla pese a su indudable empeño en logarlo. Tampoco anduvo acertado el jerezano con el muy venido a menos que abrió plaza. El lote medio aunque asimismo manejable – mansote el tercero y con una punta de genio el sexto – le correspondió al debutante local, Caro Gil, quien mostró muy especiales maneras de artista inspirado a la vez que una total carencia de oficio. Cortó la oreja del tercero y con el sexto terminó como malamente pudo.
Plaza de toros de Jerez de la Frontera (Cádiz). 3 de mayo de 2008. Cuarta de feria. Tarde ventosa con lleno total aunque la reventa se vio obligada a vender boletos a su precio e incluso a menos para deshacerse del mucho papel adquirido. Seis toros de Joaquín Núñez del Cuvillo, sobradamente presentados para esta plaza aunque los dos últimos bajaron con respecto a sus hermanos. Dieron vario juego, destacando por mejores el extraordinario para el toreo que hizo de segundo y el muy bravo y encastado cuarto. El primero se vino muy a menos. El tercero, tan noble como mansote y rajado al final. El quinto sacó genio desarrollando peligro, sobre todo por el pitón izquierdo. Y el sexto, noble aunque encastado hasta rozar el genio que desarrolló por la falta de oficio de quien lo mató. Juan José Padilla (fuscia y oro): Metisaca en el chaleco y estocada tras doblar el toro y ser levantado, silencio. Pinchazo, otro hondo y descabello, silencio. José Tomás (marino y oro): Estocada trasera, dos orejas concedidas de inmediato por sacar el presidente los dos pañuelos a la vez y petición de rabo con vuelta clamorosa. Estocada corta caída tendida y descabello, oreja sin suficiente petición. Pasó por su pie a la enfermería donde le intervinieron con anestesia local de cornada en la base izquierda del cuello de una cornada de 7-9 centímetros que había roto y disecado el músculo externocleidomastoideo y de contusión en la región esofágica. Pronostico grave. Caro Gil (verde manzana y oro): Estocada encunándose de la que salió revolcado aunque, por milagro, ileso, oreja. Varias agresiones con la espada y el descabello, aviso y silencio.
Digan lo que digan y afírmelo quien lo afirme, el toreo no es, de ninguna de las maneras con que se pretenda, dejarse coger adrede por un animal sin posibilidad alguna de embestir con la fijeza y la nobleza de los bravos. Ni, por tanto, el verdadero valor es el de quienes así lo hacen por incapaces de pensar - o de intuir – en décimas de segundo qué es lo que cabe hacer o no hacer en estos casos para que no te coja, que eso sí que es tener valor y, consecuentemente, eso sí que es torear. Evitar la cogida con la máxima firmeza y temple posibles. Es decir, dominar al bruto por encima de cualquier otra cuestión. Y, si es posible, que también se han dado y se darán casos en los que se logra una vez mejorado su avieso embestir, e incluso, ya arreglado o cambiadas las malas intenciones del toro por otras más acordes para llevar a cabo su mejor fin, conseguir que la fiera pase – de ahí los pases - hasta parecer obediente y sumisa a los engaños.
Pues bien, esto que acabo de decir, en absoluto fue lo que ayer le llevó a José Tomás hasta el abismo más cercano a la muerte con su muy peligroso segundo toro. Sino que, llevado de su manera de ser y de hacer ante un animal tan declaradamente inconveniente, intentó hacer el toreo como si el toro fuera bueno. Lo mismo que había hecho antes, solo que con el muy procilve toro que le correspondió en su primer lugar, el que le condujo al triunfo unánimemente apreciado después de hacer el toreo auténtico. O sea, precisamente todo lo que al final de su mejor primera época empezó a ocurrirle y le llevó a perder el extraordinario sitio que con tanta aunque con tan efímera gloria había disfrutado y, por ende, terminó por obligarle a retirarse en plena juventud – la que ya no tiene - porque su permanencia era ya tan tempranamente imposible como insoportablemente costosa.
Y mira por donde, antes de que pudiéramos imaginar que sucediera, en una misma corrida y en dos actos consecutivos, pudimos ver nítidamente – reconozco que unos con alborozado gozo y otros con disgusto y sufrimiento – el alfa y el omega de tan singular intérprete. El alfa de una faena que, sin llegar a ser como las más grandes que logró aquellos años, fue sin duda alguna la mejor con mucho de las que lleva realizadas hasta el momento presente en sus dos campañas de reaparición. ¡Por fin le vimos como debería haber sido en su reaparición¡. ¡Arriba los corazones y que por siempre viva este mejor José Tomás¡.
A mi no se me caen los anillos en reconocerlo aunque no pocos creían y quizá aún sigan creyendo - no hay más que leer algunos comentarios que acompañan mis crínicas en este blog - que yo no iba a ser capaz de alegrarme por tan feliz reencuentro. Ni lo que muchos piensan sobre la supuesta intransigencia que dicen mantengo contra José Tomás me hace renegar ni poner pegas a cuanto de bueno y hasta de excelente le hizo al segundo toro de Cuvillo desde que salió hasta que lo mató en su, por cierto, muy larga obra. Todo lo contrario. Pues afirmo que, tanto en sus muy templadas, cadentes y rítmicas verónicas del recibo en las que fue ganándole terreno al toro, como en las ajustadas y preciosas chicuelinas que siguieron, y luego del valiente quite por seudo gaoneras – seudo porque esos lances de infinito aguante no son torear de frente por detrás porque lo que hace no es llevar al toro sino dejar impávido que pase por su barriga -, llevó a cabo una faena de muleta que inició improvisando unos sensacionales estatuarios al venírsele repentinamente el toro hasta donde estaba dispuesto para brindarlo al público, y terminó con las manoletinas más bonitas y limpias que le he visto pegar en mucho tiempo que enlazó girando sobre sus talones sin abandonar el sitio donde dio la primera con lo que puso la plaza boca abajo.
Y en medio ambas, muy bien por bastante templados redondos, soberbios de pecho o perfumados de trinchera y, sobre todo, sus magníficas tandas al natural que en esta ocasión ligó en creciente acierto y temple porque, si en el primer pase de cada ronda el toro se abrió por desrazado – defecto que acomodó mejor al arista porque le confió más – y en los que Tomás también condujo hacia fuera al animal, en cada uno de los pases que siguieron, empalmados sin abandonar el sitio donde los recetó, fue cosiéndolos quintaesenciando su trazo hasta curvarlo de arriba abajo hacia su cadera contraria y de ahí su indudable excelencia como, asimismo, el ramillete por inspiradas trincherillas al paso del ya rajado animal hacia las tablas con que enjoyó todo lo anterior, provocando la explosión jubilosa que aquello produjo con toda razón.
Pero, ¿cómo no me va a gustar a mi todo esto? ¡Pues claro que me gustó y hasta me entusiasmó¡. Aunque, nada más verlo en un vídeo pocas horas después de que terminara la corrida, ya no me gustó tanto como en la plaza, con lo que descubrí – otra vez más – por qué a José Tomás no puede aguantar verse por televisión. Y es que, cinematográficamente, su toreo pierde mucha por no decir toda la emoción que provoca en la plaza donde, inevitablemente, unos más y otros menos, quedamos contagiados por el alucinante ambiente – yo también – que nos hace ver las cosas como si fueran infinitamente mejor de cómo realmente fueron.
Lógico fue también, entonces, que quien ayer presidió sacara raudo los dos pañuelos a la vez para concederle las orejas que se solicitaban con unánime pasión aunque, ya en frió y una vez concedidas, se negó con razón a darle el rabo. Y es que la faena fue estupenda. Pero de rabo, no.
Pero vayamos con la omega del abismo que, desgraciadamente, José Tomás vivió también ayer hasta protagonizar la sinrazón de querer el imposible: Que aquél pésimo y peligroso animal pasara por donde de ninguna manera podía pasar, razón por la que la cogida resultó tan absolutamente cantada como inevitable. Desde el principio fue evidente que el peor lado del quinto toro fue el izquierdo. ¿Por qué empezó Tomás al natural y no con la más posible derecha, a sabiendas – o es que no lo supo ver – de que por ahí no sería posible conseguirlo? Porque ante tal tesitura, este torero parece incapaz de resolver ni de pensar. Y, ¿por qué después, a muy duras penas, aguantó admirable para dar varios banderazos – que no pases – con la mano diestra y, a muy pocos instantes de entrar a matar cerca de la tablas, se le ocurrió dar, y en qué hora, un ayudado por alto estando el torero por fuera, el toro por dentro y ya aquerenciado a las tablas con lo que les cuesta embestir así y, encima, por el lado peor, por el izquierdo?. Pues por lo mismo. Porque este torero es una calamidad desde el punto de vista profesional.
Por eso le llegó la segunda cogida, también ya adverida, y la cornada en el cuello de la que por puro milagro se salvó de perder la vida aunque la herida fue luego calificada de simplemente grave y ya veremos si se cura pronto – lo que sinceramente espero y deseo – o no. Pero bueno, así es este torero, como así es el público que, haga lo que haga para bien o para mal, todo lo que sale o no sale de sus manos les parece excepcional. Por supuesto que tuvo enorme mérito seguir ante el toro sin mirarse ni dolerse hasta matarlo estando como estaba herido, maltrecho y echo un cristo recién descolgado de la cruz, envuelto en polvo y en sangre, desmadejado y como un trapo. Pero, ¿qué quieren que les diga más? Que a mi no me gusta ni me atrae ni me interesa nada ver a quien pasa por gran figura del toreo en tal situación y hasta este grado de voluntaria indefensión, a merced de la cornada, a merced de la muerte, a merced del abismo buscado tremendistamente. Por esto mismo, ví y entendí, que alrededor de cada uno de quienes pidieron la oreja, hubo al menos diez que no la solicitaron. No me expliqué, por ello, que el mismo presidente que se había negado a darle el rabo del segundo toro, accediera después a conceder el despojo lastimero que le regaló.
Como tampoco entiendo la falta de responsabilidad profesional que ayer cometió José Tomás al dejarse coger por un toro para él imposible después del gran triunfo que había conseguido, a sabiendas de los compromisos que le aguardan el próximo jueves en Nimes y los siguientes de Granada, Córdoba y Madrid. Imagino la preocupación de las empresas y de los revendedores que ayer, por cierto y a última hora, tuvieron que soltar mucho papel a bajo precio y hasta alguno se quedó con entradas en sus bolsillos. Y a esto no tenía derecho José Tomás. A esto, no.
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Comentarios:
Algún mal intencionado anda por aquí confundiendo arrojo y valor sin tener ni puta idea de lo que es una cosa y la otra.
Se tiene valor porque se conoce el peligro y aún así se desprecia o se ignora, a sabiendas de que el precio a pagar puede ser muy alto. La osadía, la intrepidez o el arrojo connotan desconocimiento del peligro al que te enfrentas, arrojado lo será un espontáneo que se tira al ruedo, un torero cabal nunca será arrojado.
Saludos y gracias.
Y coincido totalmente en que las dos orejas en el primero de sus toros fueron justo premio (no olvidemos que fue desarmado antes de entrar a matar y para mi eso imposibilitaba la concesión del rabo), e...
VIVA EL VALOR DE JOSÉ TOMÁS Y DE QUIEN LO TENGA.
Y SU SOBERBIO TOREO.
Por favor, sean ustedes definitivamente tan valientes como dicen que es José Tomás y den la cara de una vez firmando con sus nombres y apellidos propios, añadiendo sus respectivas y auténticas direcciones. Me encanataría conocerles y, con usted más concretamente, don Alejandro, charlar distendido sobre lo que descrepamos.
J A del Moral.
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José Antonio del Moral
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