1ª de la Feria del Caballo. Hermoso de Mendoza ocupa su trono en el Ascot de Jerez
01.05.08 @ 00:15:20. Archivado en Toros, Crónicas
Frente a una excelente corrida para rejones de Fermín Bohórquez, el gran jinete navarro volvió clamorosamente por sus fueros y dictó dos lecciones magistrales. Cortó tres orejas que pudieron ser cuatro y un rabo si no hubiera fallado con el rejón de muerte en el cuarto, un toro que fue aplaudido hasta por su matador. Intentando epatar al ayer intratable Pablo Hermoso, Diego Ventura no estuvo a la altura del estupendo tercero del que cortó una oreja y, más a su modo que nunca, la armó con el sexto pese a venirse abajo por la costosísima lidia que recibió, logrando otros dos apéndices. Ambos salieron a hombros. Por su parte, Fermín Bohórquez hijo, solo anduvo discreto con el más deslucido primero y eficazmente templado además de elegante frente al cuarto del que cortó una oreja pese perder toda la fuerza con que salió.
Plaza de toros de Jerez de la Frontera (Cádiz). 30 de abril de 2008. Primera de feria. Tarde muy fresca con más de tres cuartos de entrada. Seis toros para rejones de Fermín Bohórquez, bien presentados en el tipo de su procedencia murubeña. Nobles en distintos grados de fuerza y de bravura. Los mejores fueron el tercero y, sobre todo, el quinto que fue de vacas. El que abrió plaza fue el más corriente y progresivamente e menos. Bueno el segundo, muy a menos el cuarto tras sufrir una extraña caída nada más salir brioso e imparable - quizá sufrió una posible conmoción -, y parado a media faena el sexto tras la costosa lidia que recibió. Fermín Bohórquez (de corto con chaquetilla azul marino): Dos pinchazos y descabello pie a tierra, silencio. Rejonazo trasero contrario, oreja. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla gris): Rejonazo fulminante, dos orejas. Dos pinchazos y rejonazo, oreja y petición de otra. Diego Ventura (de corto con chaquetilla de terciopelo granate adornada con pasamanería negra): Medio rejonazo muy contrario y descabello pie a tierra, oreja. Rejonazo, dos orejas. Hermoso y Ventura salieron a hombros.
Tarde gentleman. Ya lo dije alguna vez, "¡quien no ha visto una corrida de rejones en Jerez… no sabe lo que es la lidia a caballo en el ambiente más selecto que se pueda imaginar¡" Y como en esta plaza da gusto vestir bien, para esta ocasión yo también lo hice para no desentonar con la elegancia de la clientela. Quizá me pasé sin saber donde me sentarían. Desde muy joven, aquí solían darme siempre un pase para acceder al callejón. Pero hace dos años me subieron al tendido de sombra. Y ayer, a una grada, la localidad más alta que nunca tuve en esta plaza aunque, menos mal, también de sombra. Mientras subía las escaleras pensando en las razones del mal trato empresarial, llegué a creer que como uno ya no es quien fue, desde luego cada día más viejo y más feo, enseguida me di cuenta de mi presunto error. Allí estaban también los colegas de la bellísima ciudad jerezana, casi toda la prensa de Sevilla, y todos quejándonos por lo mismo. Sobre todo los que tienen que escribir las crónicas en un ordenador sobre sus propias rodillas. “La culpa es del gran éxito del abono que se ha vendido casi entero gracias a José Tomás”, dijo alguien. Es lo que nos faltaba para detestarle aún más. “A ver cuando se va de una vez por todas y volvemos al callejón”, contesté yo.
Pero enseguida la corrida tomó pulso. Fue en el segundo toro. Porque mientras Fermincito pareció andar algo adormilado con el primero, nos entretuvimos en acomodarnos en la última fila del graderío cubierto para respaldarnos en la pared y, al menos, verlo todo sin dolor. Y desde esta atalaya, la verdad es que fuimos testigos del encarnizado duelo que protagonizaron Pablo Hermoso de Mendoza y su avasallador contrincante, Diego Ventura. Pocas veces habremos asistido a una lucha tan feroz entre dos rejoneadores aunque, por lo que a la ferocidad de ambos se refiere, la del navarro fue la de un gran señor que solo al final de la lidia del segundo toro perdió un poco los papeles cuando, tras hacer el desplante llamado del teléfono, se agarró a los cuernos del animal y miró al tendido en busca de palmas sin necesidad alguna de hacerlo porque los tendidos ya estaban echando humo desde hacía tiempo y la gente en pie. Pablo, más gentleman que nunca, acababa de dar una lección. La que tantísimas otras veces dio en todas las plazas del mundo, solo que sin apenas llevar a ninguno de sus caballos de costado por delante del toro para conducirlo con excepcional temple de un lado a otro de la plaza, o para colocarlo para una farpa, o para un par de banderillas, que fue su mejor y más vistoso hallazgo como jinete hasta que casi todos sus más jóvenes colegas empezaron a imitarle.
Bien aventurados sean mis imitadores porque de ellos serán mis defectos. Nunca mejor empleada la sentencia cuando, con el tercer y estupendo tercer toro, Diego Ventura abusó tanto de llevar al toro de costado con cualquier pretexto o sin ninguno, que nos hartó. Y ello para desmerecer lo que, sin que él todavía se de cuenta, le bastaría para mejor reconocer su innegable valor, su admirable entusiasmo y la buena ejecución de muchas suertes, sin contar la excelente doma de sus caballos que, en ésto, ahora mismo sí que es el más afortunado del escalafón.
Fue por su desmesura, por su proverbial inelegancia, por su nulo sentido de la armonía, y por desconocer totalmente lo que es hacer las cosas equilibradamente por lo que los mejores aficionados de Jerez, que aquí son mayoría, no tragaron – y yo menos - pese a que no pocos asistentes en sol batían palmas sin cesar y gritaban ensordecedores, “!campeón!”. Eso por no mencionar las histéricas reacciones de sus correligionarios y seguidores ante todas y cada una de las ocasiones en las que, su ya famoso paisano, se dirigió a ellos con las melenas al viento y la sonrisa grosera y desafiante, tal y como Zapatero hace en el Congreso de los Diputados cuando se pone en plan anuncio del “Profidén” y, muy cínico, sonríe fatalmente a los escaños de la izquierda después de haber “galanteado” brutalmente a los de la derecha. Vamos, como si Ventura ya se supiera de memoria la impuesta asignatura “Educación Para la Ciudadanía” que, ayer mismo, por cierto, fue casi liquidada por la más alta magistratura judicial de Andalucía.
Y en el intermedio, la paz con Fermín Bohórquez hijo frente al cuarto toro que debió sufrir un infarto de tanto como corrió hasta que, de pronto, se cansó de hacerlo, se tumbó, y la gente empezó a protestar pidiendo que lo cambiaran por el sobrero. Lo evitó Fermín como el amante que mima a su desmayada pareja en pleno ardor amoroso. Dulce, suavemente y tan despacio que más de uno tuvo que frotarse los ojos para creer lo que estaba viendo. Magnífico por templadísimo y, en su tierra, elegante, como correspondía hacer en esta cita anual que solo en Jerez nos es dado vivir y disfrutar.
Y final a cara de perro. Otra vez la contienda al rojo vivo entre un Hermoso de Mendoza más hermoso que nunca o, mejor dicho y para que los lectores se hagan una idea, como en sus actuaciones premiadas con los rabos de los toros que cortó en Sevilla, en Madrid, en Pamplona, en México... Sencilla y llanamente colosal frente al extraordinario quinto de Bohórquez. Pedazo de toro y pedazo de rejoneador. Se notó a las claras que Pablo quería dejar las cosas en su sitio. Se vio y, ¡de qué modo¡, que el impar navarro quería volver a sentarse en el trono que el avasallador y nuevo centauro de la Puebla del Río quiso arrebatarle en la Maestranza durante la pasada de Feria de Sevilla. Y lo consiguió. !Vaya que lo consiguió¡. A pesar incluso de su doble fallo con el rejón de muerte antes de agarrar el definitivo. Porque si llega a matar a la primera, el rabo de este quinto se lo hubiera llevado en el esportón.
A por todas salió Ventura en el sexto al que castigó con un rejón citando a porta gayola. Impresionante. Pero el rejón debió quedar tan profundamente clavado, que el toro, poco a poco, lo acusó. Como también acusó el desesperado ardor con que siguió clavando Ventura después, y el frenético y desbocado ritmo que, llevado de su herida raza, imprimió otra vez desmedido y de nuevo más atento a sus ansias de triunfar que a cualquier otra cuestión.
Casi parado el animal, tuvo indudable mérito conseguir clavar las rosas, incluso a dos manos, en un par de ocasiones aunque en la primera falló. Como también que lograra matar en el primer acoso. Esperemos que, aparte de cortar las dos orejas a éste sexto, Diego Ventura vaya poco a poco aprendiendo la lección. Quizá cuando se asiente más y cuando se modere, podríamos admirar y disfrutar con otro grandioso rejoneador. Por el momento, no.
Comparte esta información
Comentarios:
http://hardtimesnews.wordpress.com/
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
José Antonio del Moral
autor
Contacto








