Caminito de Jerez: Festival en Aracena y novillada en La Maestranza
27.04.08 @ 21:44:40. Archivado en Toros, Crónicas
Ver, oler, sentir como explota la primavera en los campos de la sierra que adorna la provincia Sevilla hasta adentrarse en Huelva, es una de las cosas más satisfactorias que se pueden hacer cada año en España. Por eso y antes de llegar a Jerez para cubrir su feria, en vez de asistir a las corridas concurso de Zaragoza y de San Sebastián, preferí pasar este fin de semana en Aracena, el sábado, y en la capital bética, el domingo, pasa asistir a la despedida novilleril de Agustín de Espartinas, que cortó una oreja, después de contemplar el inenarrable traslado de Jesús del Gran poder desde su templo, que estará varios meses en obras, hasta el Convento de Santa Rosalía. Mientras el idolatrado Cristo pasaba lentísimo y como podía entre una inmensa y apretujada multitud por la calles cercanas las plazas de San Lorenzo y de La Gavidia, todavía me relamía yo con el recuerdo del toreo de gran clase que había desparramado Manzanares en el festival de Aracena muy pocas horas antes, y del ostensible disgusto de El Juli cuando su mejor novillo de Zalduendo se pegó una voltereta y se lastimó irremisiblemente, impidiendo que el maestro madrileño se explayara a placer. Señores: ¡Qué figurón va a ser José María Manzanares y qué afición, qué amor propio más grande mantiene quien lo viene siendo desde hace ya 10 años¡.
También anduvieron muy a gusto en Aracena, Pepín Liria, aunque por fallar a espadas perdió al menos una oreja, y El Litri quien, aunque ya perdida su cintura veinte añera, se ciñó con no poco sentimiento al lancear en el recibo de capa y en su faena de muleta. Pero aparte de comprobar una vez más la enorme afición que mantiene El Juli que, como he dicho, se enfadó como un niño pequeño cuando su novillo de Zalduendo se pegó una voltereta y se partió los riñones siéndole imposible embestir con la gran clase que tenía, del festival nos llevamos muy guardados los lances y los muletazos de José María Manzanares que llegó vestido e corto como un príncipe del Renacimiento y salió de la plaza como un joven monarca envuelto en su propio aroma de torero fuera de cualquier serie.
El resto del festival resultó muy aburrido. Pero como los toros son el mejor pretexto que existe en esta vida para vivir bien, y como, además, lo llevamos a la práctica desde media mañana hasta la hora del festejo en un aperitivo tan largo como solemne y en un formidable almuerzo en la terraza y, sucesivamente, en el comedor de la idílica Posada de Valdezufre, a 6 o 7 kilómetros antes de llegar al bellísimo pueblo de Aracena, la jornana salió a pedir boca. Un hotelito, por cierto, como para quedarse extasiado durante varias jornadas porque en pocos sitios se puede estar más a gusto y más relajados. Dulcísima miel sobre cualquier amarga hojuela. No nos importó como saldría luego el festival. Así nos ocurrió tanto a mí como a quienes me acompañaron en las inolvidables horas que compartimos regodeándonos como pocas veces lo hayamos hecho. ¿Verdad José María de la Rosa, José Antonio Ramírez, verdad Alvarito – mi sobrino – y su maravillosa novia, Marta Fernández de Córdoba y Parladé? Después del festival, no tuvimos más remedio que volver – otra vez encantados - con Gabriel Molina que se añadió al grupo para tomar unos gin-tonics divinamente preparados. Hasta que, bien entrada la noche, la atmósfera se tornó fresca y aún más perfumada de lo que ya estaba por las flores que de día habíamos contemplado iluminadas por el sol. Se pueden imaginar lo que nos costó abandonar el singular hotel para regresar a Sevilla a la que llegamos maravillosamente agotados.
OREJA PARA AGUSTÍN DE ESPARTINAS DEL ÚNICO NOVILLO QUE EMBISTIÓ EN SU DESPEDIDA.
Salvo el cuarto que tuvo clase para dar y tomar, malísimos los demás novillos de Salvador Guardiola – cuatro- y los dos del Conde de la Maza, primero y quinto. Sobre todo los tres primeros que resultaron absolutamente imposibles. Y eso con casi tres cuartos de entrada en la Maestranza. Una pena porque, salvo la alegría del cuarto ejemplar mencionado con el que Agustín pudo mostrase y hasta recrearse cadencioso y muy templado como yo, al menos, nunca le había visto, tanto su primer oponente – el de más genio – como los restantes, solo permitieron que el público descubriera la determinante tenacidad de los que debutaron en la real plaza. Así, Fernando del Toro y Abel Valls quien, además, sufrió dos serias volteretas en su valentísimo trasteo al sexto. Pero, lamentablemente, ninguno de los dos pudo sacar ni la décima parte de lo que llevan dentro. Ambos, por eso, merecen otra oportunidad porque, aunque no triunfaron, se la ganaron sobradamente.
Comentarios:
CERTERO
juan recalme
jose antonio polo
Los artistas perciben la realidad de otra manera ,diferente al resto de los humanos,¡por eso sois artistas¡ y creo que a mi y a otros lectores nos interesa que comparta con nosotros su guia de viajero.gracias.
juan ramade
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José Antonio del Moral
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