16ª de feria en Sevilla. Aunque no triunfó, El Fandi se adueñó de la tarde y resolvió la corrida en banderillas
12.04.08 @ 22:55:44. Archivado en Toros, Crónicas
De la muy hermosa corrida de Torrestrella, sólo el cuarto toro pareció resultar noble y fácil en la muleta pero lo desaprovechó Manuel Díaz “El Cordobés”. De los demás, sobre todo los tres últimos, nos quedamos con las ganas de saber a ciencia cierta como fueron en la muuleta. ¿Si hubieran caído en otras manos...? Aburrido El Cordobés en su casi parado primero, tampoco Rivera Ordóñez se halló nada a gusto con los dos toros de su lote, por lo que todo el interés del festejo recayó en El Fandi quien, tanto con el capote y en la lidia como en banderillas y con su estocada al tercero - ofreció dos espectaculares conciertos con los garapullos que pusieron La Maestranza boca abajo – nos compensó del general aburrimiento, resolvió su papeleta y la gente salió de la plaza encantada con el granadino. Y deseando voler a verle.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 12 de abril de 2008. Decimosexta de feria. Tarde fresca con lleno total. Seis toros de Torrestrella muy bien presentados en variedad de capas. Los dos primeros se vinieron muy abajo en la muleta. E igualmente el tercero aunque éste tuvo bastante más alegre salida que sus hermanos y mejor comportamiento en los dos primeros tercios aunque también gracias a la medida lidia que recibió y a lo poco que se le castigó en varas. Muy noble el cuarto, sobre todo por el lado derecho. Informal y hasta el final indefinido el quinto que tan pronto tomó los engaños franco y suave como bruscamente y sin apenas recorrido. El sexto, también gracias a ser poco castigado en varas, pareció que iba a resistir, pero en la muleta llegó sin entregarse nunca porque, tras meter la cara y, una vez mediados los viajes, se frenó y revolvió sobre las manos poniendo en apuros a su matador. Manuel Díaz El Cordobés (tabaco y oro): Media estocada, silencio. Pinchazo y estocada, silencio. Francisco Rivera Ordóñez (marino y oro): Más de media estocada, silencio. Estoconazo desprendido, silencio tras algunos pitos. David Fandila El Fandi (gris perla y oro): Gran estocada algo trasera, petición insuficiente y gran ovación. Pinchazo saliendo rebotado, estoconazo desprendido y descabello, ovación que le acompañó hasta abandonar el ruedo. Muy aplaudidos los picadores de El Fandi, sobre todo Juan de Dios Quinta tras medir bien el castigo al tercer toro. Un buen par de Joselito Gutiérrez.
El Fandi se erigió ayer en el único y gran protagonista de la corrida por su indeclinable disposición, por lo eficaz y brillantemente que lidió a sus dos toros que no fueron ni peores ni mejores que la mayoría de los que les correspondieron a sus dos colegas, por la excepcionalidad de su caso en el tercio de banderillas, por su entrega al entrar a matar y, especialmente, por sus dos largas, densas, variadas, alegres e indiscutiblemente portentosas intervenciones en el segundo tercio en las que armó un verdadero alboroto. Y que no me vengan los listos de siempre diciendo que eso no es banderillear como lo hicieron los grandes maestros de la antigüedad em tal especialidad. Aquellos grandes maestros, solo banderilleaban a los buenos toros y en los demás se quitaban de en medio dejando el tercio en manos de sus respectivos peones.
No así El Fandi que en todas y cada una sus actuaciones y sean como sean los toros – prontos, tardos, bravos, mansos, reservones, fuertes, flojos, distraídos, aquerenciados a tablas o a cualquier otra parte, suaves, violentos, humillen o no y, en definitiva, sean como las madre que les parió y les venga en gana – les encuentra en todas partes, los coloca donde prefiere de modo brillantísimo con inusitadas facultades físicas, clava en cualquier terreno y, tras hacerlo como sabe y puede en todas las versiones posibles – de poder a poder, cuarteando, quebrando, andado para detrás o de lado, a afuera a deonto o de adentro afuera, arrancando desde el estribo o de rodillas, al llamado violiín e incluso llevando dos pares en las manos, rápido o lento, fuerte o suave y, siempre templado - se complace en correr de espaladas delante de ellos hasta pararlos por completo. Si yo fuera El Fandi y ya se lo he dicho muchas veces, cada vez que me saliera un toro que no viera claro, en vez de colocarle tres o cuatro pares, les pondría ocho y hasta diez, y le entraría a matar de inmediato. No tendría sitio con capacidad suficiente para guardar la cantidad de orejas que me darían.
Sus dos tercios de ayer en el marco incomparable de la Maestranza, fueron divinamente amenizados por dos preciosos pasodobles y, una vez requerido el silencio de la plaza y consumado el recogimiento de los graderíos, cuando puso manos a la obra, entusiasmó y hasta extasió a los presentes que incluso le pidieron pusiera un cuarto par el sexto toro. La gente, en pié, se volcó con el granadino como antes le aplaudieron a rabiar por su imparable llenar de hallazgos capoteros todos los pasajes de la lidia en el primer tercio y en el de varas. Recibos variados, templados, vistosísimos; galleos para llevar el toro al caballo, quites de diferente factura, bonitos y oportunos recortes para colocar a sus dos toros y adornos muy toreros. Hasta el instante sonar los clarines anunciadores del inicio de último tercio, un portento y la gente como loca. Y que no me digan que esto no es verdad. ¿O es que no lo vieron así los que estaban delante del televisor?. Y de qué modo, tras padecer las aburridas e insolventescuando no irresolutas intervenciones de El Cordobés y de Rivera Ordóñez quienes aunque no tuvieron suerte – Manuel Díaz sí y mucha con el mejor toro de la tarde, el cuarto –, tampoco aciertos.
Por eso hoy le dedico la crónica entera a El Fandi aunque no triunfara en el sentido de cortar orejas se refiere. Y es que si por una faena inspirada de los llamados artistas, casi siempre compuestas por no más de veinte muletazos que en su totalidad hasta el momento de entrar a matar no pasa de durar ocho minutos, le dan una o incluso dos orejas, ¿qué no tendrían que dar en justicia a quien se bate el cobre tan brillante y espectacularmente en la mayor parte del tiempo que dura una lidia completa?.
Pues una estruendosa ovación con casi todo el mundo puesto en pie una vez concluido el segundo tercio y luego, nada, ni caso hasta que, una vez arrastrado el toro, le vuelvan a aplaudir. Como ayer y otras tantas veces aunque, en honor a la verdad, ninguno de los dos toros de El Fandi fueron buenos para la muleta. Sin embargo, ya se ha hecho tópico decir algo que no es correcto. Que El Fandi no sabe torear como se debe, que es muy corriente y que nunca para a los toros, ni los templa, ni los manda. Pues no señor, que yo le he visto hacerlo muchas veces aunque sin esa clase que otros tienen y él no, por desgracia, porque, si la tuviera, ¡ay si encima de todo, la tuviera…¡. Ayer, como digo, le resultaron ambos toros imposibles de lucir al final dadas sus escasas o torcidas condiciones, y como le llegaron practicamente dominados al último tercio, apenas tuvo El Fandi ocasión de torear como casi todos los demás toreros que, generalmente, limitan sus intervenciones a la faena de muleta.
Y con la espada – la llamada suerte suprema –, casi siempre un cañón como ayer en el tercero. Bueno, dejemos la cosa tal y como como fue en su conjunto. Que la corrida, salvo por El Fandi, fue otro petardo más de los muchos que estamos viviendo en feria. Ya veremos lo que pasa hoy con los Miuras.
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José Antonio del Moral
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