Feria de Sevilla. Tercera y bochornosa suspensión
10.04.08 @ 20:59:34. Archivado en Toros, Crónicas
El supuesto gran prestigio de la plaza de la Real Maestranza de Sevilla quedó enterrado ayer muy por bajo del embarrado albero y quizá para siempre si no se toman prontas y radicales medidas. Y muchos culpables: En primer lugar, la propia institución maestrante, propietaria y arrendadora del histórico inmueble que, en vez de pagar una barbaridad de dinero cada año a pintores sin un átomo de sensibilidad taurina para que ensucien lienzos de pésimo gusto como el que ésta temporada ha enviado Barceló con más cara que espalda y mandado imprimir y colocar los que lo encargaron para su mayor vergüenza, deberían gastarlo de una vez por todas en obrar la necesaria infraestructura para que el drenaje del ruedo sea definitivamente efectivo y a prueba de intensos aguaceros. En segundo lugar, la empresa Canorea y sus socios que debieron suspender la feria en tanto en cuanto el ruedo pudiera estar completamente reparado después de dos días seguidos de aguacero y, sobre todo, haberlo decidido así en la mañana de ayer, tal y como hizo con las dos corridas anteriores, en vez de echar para delante el 14º espectáculo a la hora del sorteo porque el cartel era mucho más barato que los ya suspendidos definitivamente y el dinero a ganar altísimo sin entrar en otras consideraciones. Y en tercer lugar, la presidencia. O sea, el representante de la autoridad gubernativa de la Junta de Andalucía – esto es, del régimen dictatorial del inefable Chaves que ya va para más de 20 años gobernando estas benditas aunque por su culpa todavía desgraciadas tierras – que, utilizando in-extremis el artículo del nuevo Reglamento Taurino Andaluz que da potestad a los presidentes en turno para decidir en caso de conflictos, ordenó suspender el festejo por su cuenta y riesgo, negándose cerrilmente a atender la inquebrantable opinión de los tres matadores anunciados pese a mostrarse dispuestos a torear, lo que iba en contra de la tradición y del sentido común porque en el momento de tomar la última decisión, cesó el último chaparrón, salió el sol y no volvió a llover más mientras la mayoría de los espectadores permanecían en sus localidades esperando que pasara la media hora que anunciaron para que la corrida se celebrase en mejores condiciones.
José Antonio del Moral
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