11ª de feria en Sevilla. Majestuoso diluvio torero de Manzanares bajo un diluvio universal
07.04.08 @ 23:31:18. Archivado en Toros, Crónicas
Por segunda vez consecutiva en esta feria, conmocionó La Maestranza con otra gran faena y, ésta de ayer, redonda de principio a fin, incluyendo la excelente estocada con que la remató, cortando las dos orejas del sexto toro de Juan Pedro Domecq, el mejor de una corrida desastrosa y, en algunos momentos, escandalosa por lo anovillados de varios toros que, además, resultaron tan flojos como faltos de casta. Aunque Sebastián Castella no pudo resolver triunfalmente su feria, se ganó el respeto del público al jugarse la vida con el quinto – un animal avacado y cornalón - de la muy ventosa y por ello casi imposible tarde, en una angustiosa faena muy de su corte que, desgraciadamente, pinchó. Por lo demás y antes de que tanto el francés como el alicantino apenas pudieron lograr nada con sus otros toros, quien iba de figurón en el cartel, Enrique Ponce, pagó los platos rotos por haber venido con una corrida tan mal presentada. Aunque la faena a su primero fue un dechado de inteligencia, de limpieza y de gracia toreras e incluso matando tan bien como mató, no fue tomada en cuenta por el público por la insignificancia de su oponente. Luego el echaron para tras por flojo el bastante más hecho y bonito cuarto, y como el sobrero de Parladé tuvo tan poca fuerza como el devuelto, a Ponce no le cupo más opción que abreviar y matarlo, otra vez pronto y bien, por cierto.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 7 de abril de 2008. Undécima de feria. Tarde ventosísima hasta rozar el imposible e intermitentemente amenazante con gran e incesante diluvio durante la lidia del sexto toro. Lleno total. Se lidiaron cinco de Juan Pedro Domecq, muy desigualmente presentados en inapropiada escalera dada la categoría de la plaza y entre los que cupo de todo, desde el anovillado primero al grandote sin apenas pitones segundo, al avacado y destartalado quinto. Los demás, normalitos sin pasarse con la excepción del más serio y bien hecho cuarto que, desgraciadamente, fue devuelto por su extrema debilidad. Para sustituirle, se lidio un sobrero de Parladé tan débil como el devuelto que no dio juego. Enrique Ponce (borgoña y oro): Buena estocada, gran ovación. Estocada, silencio. Sebastián Castella (de halowen y azabache): Buena estocada, silencio. Pinchazo y casi entera desprendida, gran ovación. José María Manzanares (añil y oro): Pinchazo hondo sin soltar y buena estocada, silencio. Gran estocada, dos orejas. Bien a caballo, José Antonio Barroso y Chocolate. En la brega, Mariano de la Viña, Curro Molina y Curro Javier quienes, además, destacaron en banderillas como, igualmente, Juan José Trujillo.
Aún en medio de las peores circunstancias ambientales y climatológicas que se pueda imaginar, el dios de los toros suele iluminar a los que van para grandes, justo en el momento en que más necesitan su ayuda. Tal el caso de ayer con José María Manzanares quien, al final de una corrida en su mayor parte desastrosa y a pesar del impresionante e imparable aguacero que cayó durante la lidia del sexto toro, volvió a cuajar por segunda vez en esta feria otra gran y majestuosa faena de muleta y, ésta de ayer, absolutamente redonda de principio a fin, e incluso rematada de gran estocada de la que rodó el toro de inmediato, volviendo más loco al público de lo que ya estaba mientras duró la hermosísima obra. Faena in-crescendo, como las más gloriosas que en la historia han sido, Manzanares acertó de lleno en no atacar demasiado en el inicio de su faena al buen Juan Pedro y como, además, tuvo la paciencia – y el gran valor, claro – de esperarle a que le llegara una y otra vez a la muleta que, en principio, tomó al paso, poco a poco fue aumentando en calidad y en densidad todo cuanto hizo sobre ambas manos hasta desembocar en un inenarrable broche por ayudados bajos tan lentos e inspirados que parecieron no tener fin. Un fin del todo glorioso mientras seguía diluviando a cántaros sin que ello le importara nada al joven gran torero, ensimismado, extasiado con su propia creación artística, a la vez que los espectadores, asimismo extasiados y rendidos, enronquecíamos cantando olés al tiempo que nos protegíamos como buena o malamente pudimos del tremendo aguacero.
Fue como un milagro de la naturaleza. Pues nada más comenzar Manzanares su sinfónica faena, se calmó el terrible vendaval que había soplado durante toda la corrida, se calmaron los ánimos encrespados del gentío ante la presencia y el comportamiento de la mayoría de los toros que fueron saliendo por los chiqueros, salvó el honor de Juan Pedro Domecq al librarle de un fracaso inapelable, salvó la tarde entera del desastre, y se ganó un sello que le dará crédito más que sobrado para figurar en los mejores carteles de las ferias de Sevilla que vendrán durante más de quince o veinte años seguidos. Y es que, como vengo afirmando desde hace dos años, este felizmente nuevo Jose Mari Manzanares va para figura de los que hacen época si él continúa con ganas de serlo y no le ocurre algo irreparable.
Del resto de lo acontecido en la corrida y como casi todo lo que pasó está ya escrito en la síntesis de la acostumbrada entradilla y en la ficha de resultados, solo merece destacar lo ocurrido con otros dos toros. El primero y el quinto. El torillo que abrió plaza, no sé ni cómo ni por qué fue aprobado en el reconocimiento. Absolutamente anovillado pero noble aunque no para tirar cohetes, sin apenas fuerza y, además, soso, Enrique Ponce lo lidió con exactas precauciones para que no se le viniera abajo antes de lo debido y, entre la raya interior y los tableros – fuera de la exterior el viento no permitía hacer nada limpio so pena de resultar descubierto o incluso cogido -, le hizo una faena marca de la casa y, en cada tramo, en cada suerte, siempre apropiada a sus condiciones que los tendidos de la Maestranza respetaron pero no jalearon ni aplaudieron en ningún pasaje pese a su fácil excelencia.
Una vez muerto el toro, los aficionados obligaron a saludar a Ponce. Pero antes, ni caso, como si no hubiera sido él quien allí estaba. Tan justo comportamiento del público de la Maestranza por respetuoso con el gran torero en una situación tan poco respetable y después reconocerdor de su maestría, debería servir de lección al valenciano porque, aunque Enrique ya está desde hace años por encima del bien, del mal y, consecuentemente, en un perpetuo estado de gracia que se ha ganado con sobradas creces, le tengo dicho varias veces desde que empezó su carrera, que hay plazas y ferias en las que, un figurón del toreo como es él, debe ocuparse muy personalmente de elegir o rechazar cuando corresponda el ganado que prefiera o le busquen. En total son cinco o seis plazas en España, tres en Francia y otras tres en América. No creo que sea la cosa como para negarse a hacerlo y más Ponce, que lleva casi toda su vida matando corridones de campeonato. ¿A qué viene, entonces, caer en lo de ayer nada menos que en el escenario más prestigioso del toreo en todo el mundo?
Respecto a Sebastián Castella, que cerró su particular feria desgraciadamente sin poder triunfar y, por tanto, un poquito “tocado”, al menos la terminó siendo fiel a sus principios toreros, al darse por entero, y con el respeto y la admiración del público. Primero frente al imposible segundo, que fue un brutal demonio aún más endemoniado por el viento que se desató con alocada fuerza mientras intentaba pasarlo de muleta. Irrazonable la cabezonería del torero al plantear la faena donde más soplaba el vendaval. E impresionante aunque de nuevo alocada su decisión de irse a los medios en idénticas circunstancias que las anteriores con el avacado y cornalón quinto que, menos mal, obedeció a los inverosímiles toques de su muleta porque, si no, seguro que hubiera sufrido un serio percance.
En tan irrazonable tesitura y, a Dios gracias, Sebastián también fue ayudado por el Cielo y no le pasó nada malo salvo a la hora de matar por pinchar una emocionantísima faena que iba para oreja por su valor y por tanto como aguantó – lo inaguantable – aunque, en mi opinión, el hecho de aguantar por mucho que se aguante, no siempre es torear como se debe. En fin, que Castella dejó Sevilla haciendo tablas y que queda pendiente hasta que le examinen en Madrid donde tendrá que sacar nota alta si no quiere tener más de un disgusto con los empresarios que, no lo dude, han tomado nota.
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Yo tendría muy claro donde meter publicidad.
m.andrade
Y al señor viejo o antiguo decirle que aquellas figuras mataban el toro que había en aquella época, pero diga también que los crónistas de cualquier época siempre han achacado a la figura de turno que buscase alivio; sin ir mas lejos a guerrita que mataba veraguas, jose y juan murubes, manolete galachitos, y ordóñez y camino urquijos y atanasios. Y con públicos quizás fuesen mas iracundos. Y el caso es que unos también mataban de Colmenar, otros Miuras y Palhas, y los mas modernos, santacolomas, pablorromeros y miuras. Y no hace f...
PD:Me pueden explicar porque aparecen comentarios de del Moral poniendose por las nubes a él mismo. Es solo curiosidad.
Por otra parte,hace unos dias Zabala le daba un pequeño tiron de orejas a Tomas por no ir a Madrid.En esa cronica dijo que el cree que "jose tomas torea como Dios".Y yo digo,como Dios toreaba Antonio Ordoñez y si alguien ha heredado ese toreo,ese alguien es Manzanares.
Si se hubiese anunciado en el cartel Jose Tomás me imagino el tipo de comentarios que habría hoy en el blog, y ya quedamos en Valencia que este año íbamos a exigir el toro íntegro torease o no Jose Tomás.
Por cierto, durante la devolución del cuarto toro se produjo un espectáculo que no cuenta la crónica y que a mi me pareció muy significativo de hacia adonde camina la Feria de Sevilla y la Maestranza, según Jose Antonio del Moral el coso más majestuoso del mundo.
Como la manada de bueyes no conseguía rodear al toro, de repente saltó a la arena un "espontáneo" que luego identificamos como "Florito" (mayoral-veedor de Las Ventas) corriendo en pantalones VAQUEROS y camisa, cuando el mayoral (éste vestido de corto) de la Maestranza ya estaba en el ruedo. Como los mansos no hacían ni caso del toro, se busca una solución de emergencia y "ambos mayorales" le ...
- creo que manzanares es mejor torero que su padre: no que toree mejor sino mejor torero
- por poner algún pero a la gran faena de manzanares me supo a poco una sola tanda con la izquierda, después de dos naturales antológicos me sorprendió que volviese a la diestra
- el "exquisito" público de mi tierra siempre condescendiente cuando entramos en farolillos pero cada vez mas cicatero con Ponce, magistral en su 1º. Sevilla, junto con Logroño, nunca le ha perdonado sus 19 años arriba
- o, mejor, mal dice - José Ángel de la Mora sobre Manzanares en su comentario. Pero, tenga o no razón, la base del fundamento torero del joven alicantino creo que es más consistente que la de su señor padre quien , por cierto, fue una de las figuras que más tiempo se mantuvo presente en las grandes ferias pese a sus largos periodos de desgana o a los inevitables baches que padecen todos los toreros salvo escasísimas excepciones como la de Ponce, por cierto. Claro que la técnica de Jose Mari es la que, sin duda, le enseñó su padre. Una técnica que al hijo le permite desenvolverse con la natural apostura que posee y, en su caso, llevarla a cabo con mayor profundidad y empaque. Habrá que esperar la evolución que tendrá Jose Mari y comprobar si con no tanta suerte, será capaz o no de resolver reses complicadas. Yo le he visto hacerlo algunas veces. Y, sinceramente, en lo que más se diferencia el hijo del padre es en que, personalmente, no tiene...
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José Antonio del Moral
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