10ª de feria en Sevilla. Maravillosa mañana, tarde deprimente
06.04.08 @ 22:51:49. Archivado en Toros, Crónicas
En compañía de dos grandes aficionados y mejores amigos italianos del Club Taurino de Milán, Sandro Marangoni y Paolo Mosole, y de los ganaderos mexicanos de Xajay, mas otros invitados por Álvaro Domecq, pasamos una mañana deliciosa en Los Alburejos donde se acaba de estrenar un teatro campero fastuoso que muy pronto se hará famoso en todo el mundo. Escenario y decorado, la espléndida naturaleza del lugar que solo termina donde la vista alcanza el horizonte. Actores, el toro bravo en libertad, un lote de vacas con el semental y sus becerros, una parada de cabestros en su habitual trabajo de guías, yeguas con sus potros, y jinetes y caballos trabajando en doma vaquera o en alta escuela a la española. Y todo ello, sucesiva y ordenadamente mostrado y amenizado por una maravillosa selección musical, y por los comentarios dulcemente expresados de un experto políglota, mientras la belleza de la dehesa lo inunda todo en medio del rugir de las reses, el olor y el aroma del campo, la caricia del viento y el gusto del mejor vino de Jerez. Cuando cunda la noticia de este singular espectáculo, nadie querrá perderselo.
Y después de almorzar junto a toda la familia, enseguida hacia Sevilla para ver la décima corrida de la feria, todavía impresionados con el imborrable recuerdo de la tarde anterior. Pero ocurrió lo de tantas veces: Tarde deprimente con toros y toreros deprimidos, pues ni las reses de Parladé, ni Finito de Córdoba, ni apenas Morante salvo en breves destellos, ni menos aún Salvador Cortés, lograron levantar el ánimo de cuantos asistimos y llenamos la plaza.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 6 de abril de 2008. Décima de feria. Tarde progresivamente nublada y fresca con lleno total. Siete toros de Parladé, incluido el sobrero que reemplazó al primero, devuelto por completamente derrengado. Desigualmente presentados y algunos muy voluminosos aunque, en su mayoría, tan faltos de trapío como de casta y de fuerza. Prácticamente inútiles para el toreo salvo el segundo y el cuarto que se mantuvieron a medio gas en la muleta, porque el resto, ni eso. Finito de Córdoba (terciopelo carmín y oro): Cinco pinchazos echándose fuera y dos descabellos, aviso y algunos pitos. Tres pinchazos y dos descabellos, aviso y silencio tras algunas protestas. Morante de la Puebla (negro y pasamanería blanca): Seis pinchazos y descabello, dos avisos y ovación de sus admiradores más fieles. Estocada caída trasera, más palmas de sus incondicionales. Sebastián Cortés (celeste y oro): Buena estocada, palmas. Estocada trasera caída, silencio. Destaco en la brega Juan Montiel. Y en banderillas, el mismo Montiel, Paco Peña, Jaime Padilla y Luís Mariscal.
¡Cuán presto se va el placer...¡. Este famoso verso de Jorge Manrique es el que mejor puede encajar con el creciente y hasta desesperante desánimo que sentimos ayer en La Maestranza. Y es que eso es exactamente lo que sentimos ayer tarde después de vivir y gozar con la la maravillosa excursión mañanera que hicimos a la finca Los Alburejos, el santuario ganadero que perteneció al inolvidable don Álvaro Domecq y que ahora sigue siendo solaz y marco de trabajo para su entrañable familia. Hijos, nietos y biznietos en amor y compañía de los muchos amigos que siempre les rodean. Unos de ellos, quien aquí firma y que, por cierto, no había vuelto a esta casa desde el mismo día en que murió el sin par ganadero e histórico jinete. A parte de disfrutar primero con el espectáculo que he comentado en la entradilla y del posterior almuerzo, nadie de los que allí estuvimos dejamos de comentar hasta la saciedad lo acontecido en la anterior corrida de la Feria de Sevilla con El Juli, Manzanares y Perera.
Pero como decía al principio, ¡cuán presto se fue el placer¡ como mal pudimos comprobar pocas horas después. Desesperante, deprimente la corrida casi al completo. Un festejo sin apenas momentos lucidos que recordar. Primero por la pobre presencia del ganado aunque esto hubiera sido lo de menos si los toros de Parladé hubiera dado juego. No digo malo ni bueno porque, la verdad fue que no dieron ninguno, salvo un poquito el segundo y algo más el cuarto. Pareció que alguien contrario a que la tarde se diera como todos esperábamos, echó el freno a los seis toros después de medio cumplir con los caballos.
Y ante tan general frenazo, la desdicha de ver a Finito que quiso con el capote y medio quiso con su muleta que manejó con aparentes ganas técnicamente hablando pero en absoluto mental y corporalmente por la sencilla razón de que, don Juan Serrano Pineda utilizó sus brazos para intentar que sus toros le pasaran por delante, pero casi nunca sus piernas para ganar esos pasos necesarios e imprescindibles para que, adelantados con determinación, los toros acudieran más prestos a cada cite. Y para colmo, con la espada, dos sainetes.
La mayor esperanza caía en Morante de la Puebla y a fe que José Antonio quiso y hasta se esforzó tanto de capa como en sus dos faenas. Pero la primera duró un suspiro en forma de un par de tandas con la mano derecha con el cante que le caracteria y escasísimos apuntes al natural asimismo sembrados, tras lo cual se eternizó con los aceros. Y la segunda faena, menos todavía porque el quinto toro no es que se frenara, es que se paró en seco nada más iniciar Morante su trasteo. Menos mal que, con el capote en el recibo de este quinto, pudo recetar un ramillete de verónicas genuflexas y en pie seguidas de una media que parecieron ser propias de un artífice decimonónico.
Lo necesitado que estaba y sigue estando de triunfar Salvador Cortés, añadió más lamentos al frustrado acontecimiento porque este joven matador, aunque quiso mucho, no es de los que les acompañan mayores virtudes que su vulgar aunque inequívoca disposición, como quedó palpablemente demostrado con la espada que manejó con más decisión y fortuna que sus compañeros. Una pena, un tormento casi todo, un interminable tostón, además, porque cuando Finito se disponía para entrar a matar al cuarto toro, ya llevábamos una hora y tres cuartos de corrida. Dicen que hoy va a diluviar sobre Sevilla. Muy ben por el campo. Pero mal para la corrida de Juan Pedro que espero y deseo pueda darse y dé mejor juego que la de su hijo para que al menos Castella pueda sacarse la espina, Manzanares vuelva a deleitarnos - hay que ver, por cierto, la cantidad de bobos que ya están ninguneando su nagna faena de anteayer -, y para que Enrique Ponce pueda decir su aquí estoy yo como en las pasadas Fallas cuando triunfó ianpelablemente con una corrida del mismo hierro que el que hoy lidiará si la lluvia y Dios no lo impiden.
Comentarios:
La corrida del pasado sábado 5 de abril, hubiera sido imposible de dar en Madrid. Habrían medido, si el toro cabalgaba como un caballo jerezano, o había perdido las manos al seguno puyazo, que si Perera ha puesto aqui el pie o alli, que si Manzanares no se qué. Lo dicho en Madrid hubiera sido una decepción. Por eso es la plaza más aburrida del mundo... y la más cateta.
Me gustaría que usted la viese otra vez por TV y después me dijera.No se puede estar mejor, con menos toro.
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José Antonio del Moral
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