12ª y última de Fallas en Valencia. Ponce, del milagro al portento, acabó con el cuadro y se proclamó indiscutible triunfador de la feria
19.03.08 @ 21:44:56. Archivado en Toros, Crónicas
Tranquilísimo por fuera pero temible, inalcanzable por dentro, cuajó una milagrosa por inverosímil, templadísima y hasta larga faena a su primer toro de Juan Pedro Domecq que absolutamente nadie salvo él imaginaban fuera a ser posible dada la debilidad y lo parado que estaba el animal cuando la inició. Pero es que, con el más entero cuarto, se hizo cargo de toda su lidia, dio una magistral lección en la brega del noble aunque medidísimo animal a sus peones y a todos los toreros que había en la plaza y llevó a cabo la demostración más apabullante de lo que es el toreo de muleta, quintaesenciando una portentosa faena en la que, regodeándose consigo mismo, mostró estar mejor que nunca y que, además de cuanto lleva hecho en cuanto a destreza y maestría se refiere frente a cualquier clase de toros, también es un artista tanto o más grande, perfecto y genial como los más famosos de la historia. Pese a fallar con los aceros repetidamente, por lo que perdió el rabo, cortó una segunda oreja y salió a hombros de la plaza por trigésimo cuarta vez en su vida. Por eso fue muy difícil ayer y hasta diría que imposible dar réplica al grandioso torero valenciano. José María Manzanares, con dos toros excesivamente febles, dejó aisladas pruebas de su magno estilo y del gran concepto que tiene del toreo cual seguro continuador de la estirpe que ha heredado de su padre y de su padrino de alternativa, el ayer maravilloso Ponce. Y David Esteve, que no pintaba nada en este cartel, se estrelló con su lote y se mostró insolvente con dos reses que, en sus manos, parecieron más enrevesadas que las de sus colegas.
Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 19 de marzo de 2008. Duodécima y última corrida de feria. Tarde muy fría y, a ratos, ventosa con lleno. Seis toros de Juan Pedro Domecq, bien aunque desigualmente presentados, varios de pelo y en general nobles a más de escasos de energía y, sobre todo, de fuerza en distintos grados. De lo mejor o peor que se comportaron, mucho tuvo que ver en manos de quien cayeron los seis. De ahí que, aparentemente, el cuarto fue el mejor, como el tercero y el sexto los peores. Enrique Ponce (azul prusia y oro): Estoconazo trasero, aviso y oreja. Dos pinchazos, estocada trasera y dos descabellos, dos avisos y oreja. Salió a hombros. José María Manzanares (azul cobalto y oro): Gran estocada, ovación. Metisaca, pinchazo, buena estocada y descabello, aviso y palmas. David Esteve (blanco y plata): Pinchazo, estocada atravesada que hizo guardia y dos descabellos, aviso y silencio. Pinchazo hondo y dos descabellos, silencio.
No quiero ni pensar en que, si a raíz de lo que ha hecho Enrique Ponce en sus dos corridas de esta feria, todavía queda alguien que se atreva a compararle con cualquier otro torero incluido, cómo no, el ya requetecantado e incondicionalmente adorado José Tomás. Viendo a Ponce tanto en su primera tarde como en su segunda, no pude por menos que asombrarme por cómo ha venido de dispuesto a terminar con el estúpidamente polémico cuadro que venimos padeciendo, erre que erre, desde que el año pasado reapareció el de Galapagar. Quedó claro, pues, que las ridículas e inoportunas declaraciones que hace meses, hizo José Tomás al llegar a México, iban a encontrar la adecuada respuesta de Ponce, no con más palabras ante los medios de comunicación, sino en la plaza y frente al toro que es donde había que hablar. Pero ya que con el cara dura de José Tomás es imposible alternar dados sus remilgos ce cupletista cara y sus pretensiones e imposiciones varias y descompasadas, tenía que ser cada uno por su lado cuando llegara la inapelable contestación del valenciano. Y así ha sido en este primer capítulo de la gran temporada, en las Fallas de Valencia. ¿Imaginan ustedes qué hubiera sucedido si Tomás en vez de alternar con quien lo hizo aquí el otro día lo hubiera hecho con este Ponce tan enrabietado y molestísimo por dentro como inapelablemente pletórico – mejor que en toda su vida pese a los más de dieciocho años que lleva como matador de toros en lo más alto del toreo -, temible, inalcanzable, incomparable, colosal hasta el no va más, se le mire como se le mire? Lo más seguro es que, el despreciable e irrespetuoso sujeto de Galapagar, impotente tal y como está, se hubiera echado a llorar y decidido irse a su casa de una puñetera vez por todas.
Se suele escuchar cada vez que torea Ponce que le basta que se muevan solo un poquito los toros para que los meta en la muleta y los pueda torear. Pues bien, ayer empezó su tarde con un milagro porque, dado que este año coinciden Las Fallas con la Semana Santa, es lo que correspondía hacer siendo Enrique tan creyente y piadoso como es. Fue salir el primer Juan Pedro y todos, absolutamente todos los que estábamos en la plaza, creímos que la presidencia tendría que devolverlo de inmediato, no solo por su invalidez, sino por su nula embestida. Frenado de inmediato y cabeceante por arriba, solamente Ponce debió intuir sus escondidísimas y nobles posibilidades y, cuando ya había sido cubierto el innecesario trámite con los caballos y la bronca crecía y hasta arreciaba, el gran torero salió a los medios con su capote y le hizo dos quites seguidos, se conoce que para probar si el animal tenía un resquicio por donde meterle mano y, de paso, para intentar aplacar la galerna que se estaba formando en los tendidos.
Hecho y dicho lo cual y todavía entre no pocas protestas, dio comienzo Ponce a su faena y, ¡oh misterio indescifrable¡, el toro que parecía un muerto empezó a resucitar. “!Lázaro, levántate y anda¡”, pareció decir Ponce a la ruina. Y este “Lázaro” que es como deberían haber bautizado a este animal, se levantó y empezó a embestir cada vez más largo y mejor hasta que se acallaron los gritos que, poco a poco, fueron trocándose en olés; arrancó la callada música; restallaron cada vez con más fuerza las ovaciones; y hasta se demandó y concedió la oreja tras la fenomenal estocada con que Enrique remató al antes moribundo que acababa de dar vida mediante una faena tan increíblemente bien templada, tan exacta por su cabal colocación, tan paciente como dicen era el Santo Job, tan firme, cercana y reunida en un palmo de terreno, que tuvimos que darnos codazos con nuestros vecinos de localidad para cerciorarnos de que lo que acaba de suceder era cierto, que había sido de verdad. Especialmente al natural, lo bordó Ponce. Y, desde este primer prodigio, se hizo el amo de la tarde, de la feria y de todo lo demás. Juan Posada, que estaba muy cerca de mí gritó: “!!Esto lo hace quien yo me sé y sacan a todos los Santos que haya en las iglesias de España en procesión¡¡".
Ya he apuntado lo que Ponce hizo después para que nadie pusiera en duda lo que se había propuesto demostrar. Mejor el cuarto toro, un precioso jabonero sucio, más entero y bravo aunque sin pasarse en cuanto a energía, enseguida vio Enrique que a este sí que le podría amar un lío de los grandes. Y para que nadie se lo estropeara, se aplicó a bregarlo muy personalmente dando una clarísima lección a cuantos toreros había presentes, sobre todo a su peón Antonio Tejero quien pudo comprobar como, durante el escaso tiempo que tuvo la ocasión de hacerlo él, el toro pareció en sus manos mucho peor que en las de su maestro. Como así aconteció, solo que al revés, cuando Ponce volvió a encargarse de la brega. ¡Qué cosa más maravillosa, Dios mío¡. ¡Qué lección magistral tuvimos la suerte de presenciar en esos momentos que nunca olvidaremos¡.
Se veía venir, entonces, lo que llegó después de que Ponce brindara su faena, primero al público, y luego a un venerable anciano que estaba sentado en un tendido de sombra. Imagino tembloroso al pobre señor porque yo mismo terminé temblado de emoción viendo lo que vimos. Cómo Ponce se fue complaciendo más consigo mismo que nunca y mejor que nunca en torear como los propios ángeles de la Corte Celestial. Regodeándose, relamiéndose, sintiéndose en cada tanda, en cada muletazo, en cada salida y entrada, en cada cite, en cada toque, en cada volver a empezar mientras duró, que duró muchísimo el portento porque no escatimó tiempos ni espacios, tanto en las suertes contrarias como en la naturales que, imborrables, fueron quedando esparcidas por el ruedo cual bajorrelieves dignos de adornar el limbo del mismísimo Partenón de la Acrópolis ateniense en Grecia. Hasta que, ya borrachos con tanto placer de Ponce como del nuestro que compartimos hasta caer en el éxtasis, Enrique nos regaló como postre dos versiones seguidas de un pase que, por lo que me cuentan, acaba de inventar. Una dosantina semigenuflexo cosida a otra cambiada que, al repetirlas tan lenta como sorprendentemente, pusieron los tendidos boca abajo. Sonó un aviso y la gente le dedicó una bronca al presidente por ordenarlo en pleno orgasmo artístico por lo que Ponce, sin inmutarse, siguió toreando lo que, para finalizar, hizo por fantásticos ayudados bajos, cambios y sublimes pectorales. Tenía ya cortado el rabo pero, como tantas otras veces, pinchó al primer envite. Pero para preparar al toro y antes de entrar a matar otra vez, otro ramillete más de ayudados y de trincherillas al paso que cosió al de pecho.
Continuábamos guardando como un tesoro en nuestra memoria todo a aquello – ¡qué manera de torear al natural a pies juntos, qué cambios de mano, qué redondos, qué desdenes, con qué inimitable sutileza cargó la suerte en cada uno de los primeros muletazos, qué maravilla de las maravillas toda la filigrana que supuso la obra en su más pura concepción y sentimiento, qué despacio y cómo espació todo, adrede, para que el animal no se cansara ni acusara la más mínima molestia, qué banquetazo impresionantemente servido sobre manteles de seda y oro, qué vinos dignos de las Bodas de Caná en Galilea, y qué postres señores…¡ - y cuando volvió a pinchar e incluso a descabellar dos veces tras la estocada que, en su tercera agresión, enterró arriba, hasta sonó un segundo aviso. Pero, ¿qué más daba ya?.
Cuando Ponce paseó la oreja que, sumada a la otra, le iba a permitir salir a hombros por trigésimo cuarta vez en su vida por la puerta grande de su plaza, se le vio tan tan satisfecho con lo que acababa de hacer, que a todos se nos olvidaron los pinchazos solo con verle tan feliz.
¡Consumatum est¡. Y ¡aleluya¡, señores y amigos aficionados de todo el mundo que como yo militáis en el poncismo y a mucha honra. Cautivo y desarmado el enemigo y de qué modo, ya hemos ganado la primera batalla de la última guerra¡
Y que me perdone mi gran y admirado amigo Jose Mari. Hoy no es día para que esta crónica termine con nadie más que con Enrique. Y así lo firmo y lo rubrico para que conste en los anales de la taromaquia.
Comentarios:
un abrazo
jordi.
He estado de vacaciones y no he oído ni visto nada, pero me gustaría que alguien me contestara: "¿Se inventó el toro?"
Ademas aprovecho para decir que burladero es de lo poco independiente que queda por el mundo del periodismo, o es que no lo ven. Su querido Ponce esta el primero de su lista de principales, porque ha estado bien en Valencia y lo han cantado. Un saludo y espero una explicacion algo mas razonable, gracias.
....Tampoco verán en Dax a José Tomás por parecidas razones que Castella - el muchísimo dinero que ha pedido - pese que en la feria del pasado agosto logró cuajar en Dax la mejor faena de su reaparición frente a un toro muy noble de Bañuelos. Continúa, pues, Tomás su racha de desacuardos con las empresas. Tampoco estará en Bayona ni en Mont de Marsan porque Los Chopera no le han contratado para ninguna de sus plazas.
De otra parte, la noticia taurina de este Viernes Santo es que Ponce y El Cid cortaron una oreja cada uno ante muy serios aunque malos toros de Samuél en tarde de mucho viento y con tres cuartos de plaza, no con solo dos tercios como dicen en Burladero. Joselito Adame se estrelló con su lote y Ponce perdió otra oreja con la espada.
También, que en Dax ganó la izquierda en las elecciones locales y que Jean Pierre Junqua Lamarque ha tenido que abandonar la gestión de la plaza aunque dejando hecha la campaña 2008 en la que Castella no figura quizá por sus altos honorarios tras el petardo que pegó el año pasado en su mano a mano con El Juli. Tampoo irá José ...
PLATAFORMA PARA DEFENSA DE CLIENTES
Los periodistas taurinos, en sus diferentes cualidades, forman un grupo de seres enrevesados que pretenden manejar los pormenores de la Fiesta en donde, realmente, el pormenor no existe.
En un plano han dibujado, la para muchos incómoda crítica de José Antonio del Moral, profeta actual de las letras taurinas, modelo de periodismo que ya quisieran seguir los discípulos becarios más atrevidos. En otro extremo, los dueños de Burladero.com, sus directores y la fuerza que ejercen con sus negocios, con sus aliados mercantiles y con su clientela pagana: Luis Corrales, Israel Vicete y su “plataforma para la defensa”... ¿de qué?. Mas Burladero.com. O sea, promotores, publicistas, diseñadores de la imagen de las Plazas de Toros de la Empresa Balañá (la casa Matilla, inmaculada y autosuficiente en tiempo no muy lejano, con un importante elenco de matadores del Grupo especial del escal. Y por simpatía, los empresarios de la Asociación a que pertenecen (A.N.O.E.T.) con un secretario general carente de estrella taurina. Y, sobre todo, el concepto “limpia, proyecta y da esplendor” del reaparecido y cósmico matador, José Tomás. Una alianza terrible para la salud de la Fiesta y para la de todos los implicados.
José Antonio del Moral, osado y brillante comentarista taurino que no repara en poner a cada matador o a cada ganadero en el sitio que le coloca su calidad y en cada festejo oportuno, y que, además, lo hace desde el corazón de la corrupta Troya, Periodistas Digital.
Los lectores hemos adivinado la trama de acoso y derribo hacia el crítico, tratando de que dulcifique las crónicas de las actuaciones de José Tomás, cosa salvífica e imposible de conseguir, excepto, no autorizando sus comentarios en su Blog, lo que intentan a cualquier precio, incluso con el propio descrédito.
Como el altruismo de los Luis Corrales, Israel Vicente y su “Plataforma...” ha pasado de ser de plena dedicación, les permite el intento de dominar el negocio desde dentro del sector, en sus diferentes frentes más interventoras: Colaboración de Asociaciones Profesionales, La Federación (Real) de Peñas, Agrupaciones de Abonados... previo pago limosnero aunque de importancia económica. Organizan, como empresa, un festival para arrimar fondos, y ¡ya son empresarios!. Crean el portal Burladero con su gabinete de publicidad. Dirigen las campañas de la Plazas de Toros de Balañá. Predican la redención taurina por devoción a su gran patrón, José Tomás...Ya solo les falta apoderar a toreros, cosa que está en la bandeja de “pendiente” y cualquier día de estos nos encontramos con la noticia.
Cada uno de los depredadores es peligroso en su individualidad; pero juntos, forman un enjambre en el que se comerán unos a otros y, si alguno continúa en su ambicioso proyecto, los aficionados le obligaremos a esconderse en lo más oscuro de su cueva.
Joselito
P.D. Sigo pensando que lo de Valencia del otro día fue lamentab...
Admirado profesor:
Hace tiempo que se rumorea que está meditando seriamente abandonar la docencia. Desconozco sus motivos, aunque imagino el desgaste que debe suponer permanecer dos décadas impartiendo lecciones casi a diario, seduciendo aulas y auditorios con su particular modo de explicar, de manera práctica y didáctica, la Ciencia de la Tauromaquia. Cada curso que empieza amenaza con ser el último, pero cuando llega marzo se deja ver en el túnel de cuadrillas enjuto y sereno, embutido en su toga de luces, montera abirretada en mano, con las puñetas y la muceta a juego, dispuesto a enloquecer a la cámara con una nueva disertación, y la esperanza de que no sea la última, nos sirve de alimento para seguir adelante"
Un saludo
Un abrazo.
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José Antonio del Moral
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