11ª de Fallas en Valencia. Cayetano portaba la moneda y la cambió, aunque no del todo, al final de un decepcionante y aburrido festejo
18.03.08 @ 21:20:31. Archivado en Toros, Crónicas
Por bajo de la excepcional calidad del sexto toro de Capea, que fue el más imponente y serio que Cayetano ha matado por ahora, sacó a relucir parte del gran estilo que lleva dentro por su triple herencia de grandes toreros, sobre todo con los pases de pecho de su más lucida faena, sorprendiendo a no pocos que la consideraron superior a lo que realmente fue aunque a todos despertó de nuevo la ilusión. Tras muy buena estocada, le dieron las dos orejas y salió a hombros ganando enteros de cara a su próxima confirmación de alternativa en Madrid, si es que por fin decide presentarse en Las Ventas, que sería donde le examinarían con bastante más rigor que ayer. Por lo demás, en la voluminosa y desigualmente armada corrida murubeña, hubo de todo. Tres toros de éxito – los muy manejables primero y cuarto, más el estupendo sexto mencionado – y otros tres mansotes y deslucidos aunque el que hizo de tercero mereció mejor trato del que se le dio. Capea hijo anduvo valiente y ya con más sitio, aunque dentro de sus horribles maneras que, inevitablemente, le son consustanciales. Alejandro Talavante pareció un naufrago perdido e inane en el océano con el peor lote. Y Cayetano con su violento y muy aquerenciado a tablas primer toro, mejor en actitud y en disposición que últimamente aunque todavía carente del imprescindible oficio y de mejor orientación por lo que mató al toro sin sacarle todo lo que llevaba dentro.
Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 18 de marzo de 2008. Undécima de feria. Tarde agradable con casi lleno. Seis toros de los Capea, muy bien presentados aunque los de la primera mitad, con mucho menos trapío que los tres últimos. Primero y cuarto, muy manejables con problemillas de menor entidad. Y el cuajadísimo y muy bien hecho sexto, realmente extraordinario para el torero. El Capea (nazareno y oro): Buena estocada, leve aunque ruidosa petición y ovación. Estocada casi entera y cuatro descabellos, ovación. Alejandro Talavante (turquesa y oro): Estocada ligeramente atravesada y tres descabellos, silencio. Pinchazo, estocada y dos descabellos, silencio. Cayetano Rivera Ordóñez (verde imperial y oro): Pinchazo, media tendida y dos descabellos, aviso y silencio. Buena estocada, dos orejas. Salió a hombros.
Hay corridas – y crónicas – que uno las despacharía con la entradilla que acostumbro a hacer antes de la ficha y de meterme en materia con más detalles y comentarios. La de ayer fue una de ellas hasta que salió el sexto toro y Cayetano lo medio aprovechó provocando un desproporcionado alboroto. Y es que, si esto no hubiera sucedido para la suerte del hijo de Paquirri y de los muchos que fuimos a verle por si, al fin, volvía a ser quien debería desde hace tiempo – su responsabilidad era muy grande por tratarse de quien se trataba – bastaría lo dicho arriba para definir sintéticamente lo que sucedió. Un tostonazo digno de siesta sin más interés que lo que nos depararía la presencia de tres más o menos jóvenes promesas. Uno, hijo de una gran figura del toreo como lo fue El Niño de la Capea. Otro, que en las pasadas Fallas armó un lío de consideración antes de formarlo también en Madrid y en la feria de Sevilla para luego perderse no sé si para siempre. Me refiero a Alejandro Talavante. Y el famosísimo Cayetano del que, para bien o para mal ya habíamos dicho todo sobre sus grandes expectativas y muchas limitaciones, contando de antemano que la tarde de ayer era para él, sobre todo para él, su primera y más difícil prueba.
A ello voy a limitar esta segunda parte de mi crónica porque decir otra vez lo que ya hemos dicho sobre Pedrito Capea, y mucho que me ha dolido hacerlo cada vez que le he visto, hoy no tengo la más mínima intención de insistir en ello. Es lo que es, torea como torea y san se acabó. Como también de Talavante a quien no entiendo ni creo que nadie sea capaz de descubrir cómo de ponto le sale el genio y, de seguido, se convierte en un fantasma a quien parece visten de luces para que mate dos toros sin que antes lo haya hecho nunca. Lo que sí quiero decir también es que cómo todavía nadie le ha dicho que, ponerse a descabellar un toro estando de espaldas a la barrera y el animal apretándole para los adentros, como hizo el animal desde que salió, es algo garrafal. Por poco le arrolla el primer toro y le mal hiere al cometer tamaña equivocación dos veces seguidas.
Respecto a Cayetano, ayer le vimos más dispuesto y con mejor actitud que en Castellón y, pocos días después, en Ubrique de cuya corrida no escribí una sola línea porque, de haberlo hecho, hubiera sido peor. Frente a su primer toro de Capea, tercero de la tarde, anduvo valiente y apuntando buenas cosas con el capote aunque sin rematar. Tampoco entiendo como nadie de los que le acompañan le sugirió que, dada la marcadísima querencia del animal hacia las tablas, lo mejor hubiera abrirlo un poco. Increíble, por ello, que insistiera tanto en quedarse cerrado entre el toro y la barrera por lo que, pese a su valor, no pudo domeñar la violencia del por otra parte franco animal, hasta el punto de no poder más y decidir cortar la larga porfía cuando el toro tenía la boca todavía cerrada y con mucho que torear. En fin, que Cayetano me enfadó otra vez más a la espera de lo que vendría al final.
Un gran toro por todos los conceptos. Por presencia, esencia e ideal potencia tras dejárselo a modo sus picadores. En principio pareció excesivo el castigo que recibió, pero el equivocado en esta cuestión fui yo porque enseguida nos dimos cuenta todos y primero el torero, de que el toro había quedado ideal para la muleta. A pedir de boca, vamos. Y como tantas veces digo en estos casos, para cantarlo en latín.
Y bien, ¿cómo lo cantó Cayetano? Pues más por fandangos y alegrías que por soleares y me explico. Empacado y con ese punto agitanado que lleva dentro en los estatuarios iniciales. Bien. Demasiado por las afueras al recetar los redondos y los naturales. O sea, regular aunque con la proporcionada hermosura de su planta y la compostura natural que le son propias, estos muletazos le llagaron muchísimo a la gente pero no, imagino, a los fotógrafos. Pregúntenles a ellos si tienen alguna de esas placas que, al verlas, nadie se puede aguantar de gritar olé. Y sensacional en los pases de pecho que tanto recuerdan a los que daba su inolvidable abuelo, Antonio Ordóñez.
Y mira Cayetano: Aún mejor y más cómodo, no tan acelerado, más a gusto y desde luego más relajado hubieras toreado – que de relajo no hubo casi nada en la forzosamente tensa faena que lógicamente hilvanaste bajo una gran presión - si a este toro te lo hubieras llevado inmediatamente hasta el platillo de la plaza para iniciarla allí ¿O no?. Por eso, precisamente por eso, cuando finalizaste con un circular invertido, ya demasiado cerca de las tablas, el trazo curvo del largo pase y el remate con los de pecho perdieron limpieza y la obra se ensució porque el toro te apretó de nuevo para dentro como no podía ser de otra manera.
¿Entonces? Pues que con un toro como ese hay que estar todavía mejor. Y que no te engañen las dos orejas que te dieron porque con una hubiera sido suficiente aunque, por supuesto, fue merecida. Por esta misma faena, si sigues para adelante y con ese toro u otro parecido, los mismos que pidieron los dos cartílagos, dentro de un par de años solo pedirán uno. Y, dos años más tarde, veríamos si uno solo si ya fueras, como así espero y deseo, una verdadera figura del toreo.
Termino contando una anécdota de tu padre con don José Flores Camará en unos Sanfermines de Pamplona. Cortó ese día Paquirri nada menos que cuatro orejas a un par de torazos de Urquijo
– la misma estirpe de los tuyos de ayer – y, cuando el entonces todavía muy joven gran torero gaditano llegó a su habitación del hotel Yoldi más contento que unas pascuas, Camará le espetó más seco que un palo y tan ápero como un matojo de ortigas: “Si al quinto le hubieras pegado dos tantas más con la izquierda, le habrías cortado el rabo”. Y tu padre se pescó un terrible cabreo, se encerró solo en el cuarto, y ni siquiera quiso venirse a cenar con los amigos que le estábamos esperando.
Comentarios:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
José Antonio del Moral
autor
Contacto


