10ª de Fallas en Valencia. Indestronable faenón de Ponce
17.03.08 @ 22:26:05. Archivado en Toros, Crónicas
Aunque se premió con una sola oreja tras fuerte petición de la segunda por lo que, increíblemente, el palco la igualó en premio con otra faena anterior de Cesar Jiménez quien, con el único buen toro de la malísima corrida de Las Ramblas, anduvo más ilusionado, más firme y con mayor desparpajo que le vimos en Castellón aunque por bajo de la calidad de su oponente, esta nueva obra maestra del gran torero valenciano aunó como nunca su académica ciencia y su arte más sublime frente a un imponente animal con muchísimos problemas que resolver. Ponce, no solo resolvió todos y cada uno como solo él sabe y puede hacerlo, magistralmente, sino que lo cuajó sobre ambas manos en creciente inspiración y temple excepcional hasta matarlo por arriba de una meritísima estocada que recetó a la voz porque el bicho no se fijaba en la muleta. Una inapelable demostración de por qué es el torero más importante de la historia. Ponce anduvo tan fácil como tibio aunque demasiado tiempo con el muy flojo y sosísimo primer toro. El Cid cerró su feria sin ninguna suerte ni apenas aciertos que lo compensaran con el más posible segundo, cortando por lo sano con el imposible quinto. Y Jiménez se estrelló impotente con el otro pésimo marrajo que cerró la tarde.
Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 17 de marzo de 2008. Décima de feria. Tarde nublada con sol intermitente, muy fresca y con rachitas de viento en su primera mitad. Seis toros de Las Ramblas incluido el sobrero que reemplazó al segundo, devuelto una vez más tardíamente en esta feria – en pleno tercio de banderillas - por su extrema debilidad. Muy justos de trapío los tres primeros y bastante más cuajados y serios los tres siguientes, sobre todo el cuarto que fue, entre los manejables, el que presentó más dificultades por su aviesa y altiva mirada, al parecer estaba algo reparado de la vista, y su incierto embestir aunque rompió gracias a quien lo toreó. El primero, tan débil como soso. El sobrero que hizo de segundo, más entero que el anterior pero desigualmente protestón. El tercero, con mucho el más fuerte y el único con clase del envío. Y los dos últimos, imposibles por su endemoniado genio. Enrique Ponce (carmelita y oro): Pinchazo, otro hondito y dos descabellos, dos avisos y silencio. Gran estocada, aviso y oreja con petición de otra, vuelta clamorosa y posterior bronca a la presidencia. El Cid (musgo y oro): Media estocada tendida, aviso y silencio. Buena estocada, silencio. Cesar Jiménez (azul pavo y oro): Pinchazo y media tendida desprendida, oreja tras petición menor. Dos pinchazos, estocada y tres descabellos, silencio. Ponce brindó el toro de su gran faena al Infante de España, Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón, que ocupaba una barrera junto a su padre y a su hermana Victoria Federica. Bien en la braga Mariano de la Viña, y en palos los hermanos Tejero, Manuel Montoya y Jesús Arruga.
Decíamos ayer algo sobre lo difícil que era ser figura del toreo y mucho más difícil mantenerse arriba durante muchos años seguidos. Y poníamos los ejemplos de Enrique Ponce y de El Juli para ilustrar nuestro comentario al respecto de lo que está sucediendo en estas Fallas y, mira por donde, el gran torero valenciano llegó a su primera cita de este año en Valencia para demostrarlo inapelablemente frente a un toro que ningún otro torero de la actualidad ni casi ninguno de los que le han precedido a lo largo de la historia hubiera sido capaz de cuajarle – porque lo cuajó y de qué modo – una faena tan extraordinariamente peculiar, tan serenamente valiente, a la vez científica y artística, que nos compensó de todo lo malo que llevamos visto en Fallas y de la funesta corrida de Las Ramblas en la que lo malo y lo malísimo predominó. Tan sólo un buen toro, el tercero, porque los demás fueron, por unas razones o por otras – demasiado blandos o imposibles - de los de mírame y no me toques.
La gran faena de Enrique Ponce sucedió tras otra de bastante menos calado y mérito aunque con ella me pareció ver despertar de su bache a Cesar Jiménez, lo que celebré en la plaza y celebro en esta crónica como muchos, de inmediato; y a otras dos del mismo Ponce y de El Cid que apenas tuvieron historia ni eco en los tendidos, si bien la de Manuel Jesús contó tales o cuales pasajes aisladamente estimables. La tarde iba, por tanto, en tono muy menor y muchos hasta haciéndonos ya a la idea de que terminaría en petardo por el mal juego que habían dado los primeros toros, incluido el rechazado por un nefasto presidente que, luego, cuando se negó cerrilmente a dar la segunda oreja que el público pidió con frenesí para el más grande Enrique que hayamos visto en Valencia - y mira que llevamos tiempo viéndole triunfar por todo lo alto en esta plaza - ratificó su absoluta insolvencia como aficionado y como agente de la autoridad. Lo mejor es que dimita o que, hoy mismo, le destituyan sin contemplaciones porque negar la puerta grande y tan meritísimo triunfo en la mismísima Valencia al más grande torero que ha dado esta tierra a lo largo de la historia, es como si los valencianos se hubieran negado a visitar la maravillosa exposición que estos días se exhibe aquí de los impresionantes cuadros que pintó el genial Sorolla para decorar la sede de la Hispanic Society of América en la ciudad de New York. Cuadros que, por cierto, yo ya había admirado hace tres años en el propio Manhattan y que, al verlos de nuevo en España, me volvieron a llenar de emoción. Toda España en su rica variedad de paisajes y festejos o quehaceres más tradicionales en una sola y excepcional tacada, aquí magníficamente montados e iluminados, es algo de lo que todos los españoles y, sobre todo, los valencianos deberíamos sentirnos orgullosos.
Y al igual con Enrique Ponce, artista universal que viene paseando en triunfo el nombre de Valencia por todos los confines del mundo cual embajador irrepetible desde el reinado taurino más brillante y persistente de todos los tiempos. Y, además, ayer con el gesto que, a tono con su obra maestra, tuvo al brindársela al hijo mayor de nuestra Infanta de España, Doña Elena, el todavía niño Felipe Juan Froilán de todos los Santos que estaba sentada junto a su hermana Victoria Federica en unas barreras de sombra y a quienes su padre ha traído este año para que descubran y disfruten por primera vez en su vida de esta inigualable fiesta de Fallas y de sus corridas de toros, dando ejemplo a todos los padres, aficionados o no, pues, como nietos del Rey, verles a tan tierna edad en una barrera de una plaza de toros fue todo un honor y una enorme satisfacción.
Yo no sé lo que pensaría el augusto niño cuando Ponce le arrojó su montera, aunque imagino el temblor y la emoción que debió sentir inmediatamente después, cuando vio que quien le había brindado era capaz de hacer algo verdaderamente inolvidable e indestronable por mucho que un señor de un palco, allá arriba, tratara de negarlo. Tratara de destronar a Enrique. Porque fue el caso que Ponce hizo su faena como si se hubiera levantado del trono que ocupa cual rey del toreo, para enseñarnos a todos por qué reina en la Fiesta desde hace más de quince años.
El resultado de haberse asolerado por completo como hombre, como torero y como arista. Y es que la acumulación de tantas experiencias frente a ya casi tres mil toros lidiados en todas las plazas habidas y por haber, han obrado el portento de que una persona tan absolutamente normal como lo es Enrique, sea capaz de resolver problemas para otros irresolubles como si tal cosa y, al mismo tiempo, ir creando belleza mediante una faena que empezó sin que creyésemos posible que se desarrollara ni que terminara como terminó.
In crescendo, cual las óperas de Rossini, ese toro tan alto de cruz que le miraba a Enrique por encima de la esclavina de su capote y que, cuando acudía a cada cite en la faena, lo hizo sin fijarse en la muleta sino en el cuerpo del torero, y sin que éste dejara de estar pendiente de tan aviesa y desigual mirada, aprovechara al milímetro la más mínima intención de quererle coger para, adelantándole mucho el engaño y echándoselo al hocico muy por bajo, lo enganchara para llevarlo, llevarlo, llevarlo elegantemente, lentamente subyugado y, desde el tercer toque con los que inició su portentosa faena, dócilmente sometido en todos y cada uno de los muletazos que le dio, tanto con la izquierda por naturales sobrenaturales como por sensacionales y aterciopelados redondos que duraban una eternidad que ligó a soberanísimos de pecho, o a mecidas trincheras, o a cambios de mano solucionados con preciosos pases de la firma, o a ese leve paseo a compás tan característico del gran maestro para salir y entrar de sus escenas principales. Y, todo ello, sencillamente gracias a la exacta colocación de Ponce en los cites de cada tanda, al inenarrable sentido de su templar exquisitamente desde el arranque hasta el final de cada pase, a la tranquila y en nada apresurada estructuración de la obra mientras el torero se sentía a placer y nos lo hacía sentir a nosotros, provocando el éxtasis de los que tuvimos la suerte de verlo.
Pero es que, llegado el momento supremo de entrar a matar, quien tantas otras grandes faenas ensució pinchando, esta vez hizo acopio de su portentosa inteligencia, de su armoniosa técnica y de de su tan escondido aunque enorme valor, y como el toro no se fijaba nunca en la muleta, que es la que verdaderamente mata cuando se quiere matar, Enrique lo provocó con su voz y el toro se comió el engaño y se tragó la espada hasta las cintas. Y así mató al toro Ponce, cantando él mismo la eclosión y, con ese grito preciso, su victoria final sobre el bruto que no había dejado de querer herirle desde que salió.
Comentarios:
Se imaginan entrar en este blog y discutir solo de aspectos taurinos,sin ataques personales,lo dificil que les resultaria a algunos.Seria casi de obligado cumplimiento ,antes de que esto se parezca a un novelón venezolano con dimes y diretes.Además taurinamente nos enriqueceriamos más.En cuanto a fracasado y pobrecito,la trayectoria de José A.está y no se puede borrar,aunque estuviese jubilado y sin un duro-que me consta no es el caso-no en vano se apellida Perez_Cortina por rama materna ,y de Cortina no sólo tiene el apellido,sino algo de patrimonio que le permite llevar un estilo de vida,que ya muchos periquitos querriamos
ESTOS TIOS SON ILUSOS, O PEOR TONTOS. Creeran que van a engañar a alguien. Pues, si denominado aficionado, somos muchos los que entramos a este blogs, muchos más que los que entran a burladero.es y toda la parafernalia tomasista. A fastidiarse y a cogersela con papel de fumar
Villan deberia por lo menos hacer referencia al cabreo que produce igualar en apendices otras faenitas anteriores.La perla de villan es esta"Y en estos momentos(el toro)sentia la amargura de no ser matado por El Cid,torero grande.Hubiese preferido,sin embargo,a Enrique Ponce,que en esto de los toros febles y derrengados es un maestro".Sin palabras.
Mientras esto, los de la "tequila conexion" en la portada de este mismo PD ponen como noticia destacada del dia: "Alberto Lamelas deberà estar hospitalizado un minimo de tres dias tras el percance de Carranque".......
Increible!
Menos màl que nos queda Del Moral!
Enorme su critica Jose Antonio.El video es una extension de lo que primero lei.Las orejas son despojos pero sin duda a Ponce le robaron un despojo.
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José Antonio del Moral
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