14.03.08 @ 00:42:01. Archivado en Toros, Crónicas
La reaparición del torero de Galapagar en Valencia fue la menos seria y la más pobre de las que, por ahora, va sumando muy poco a poco en plazas de primera categoría. Y terminó en medio de la desolación y el desencanto de gran parte de sus partidarios pese a la solitaria oreja que cortó de su facilísimo primer toro. Un regalo que ni por lo más remoto le hubieran dado a cualquier otra figura. Con la plaza aparentemente llena de un público en su mayoría incondicional y enfervorizado, mató los dos toros con menos trapío de la por todo mínima, blandorra y bobalicona corrida de su ganadería predilecta – Núñez del Cuvillo – estando muy por bajo del que hizo de segundo en una desigual y premiosa faena, y rozó el ridículo con el quinto intentando que la gente se asustara en su encimista final ante un moribundo e inofensivo animal que salió al ruedo como si ya hubiera sido picado y que apenas podía moverse en plena “heroicidad”. De cualquier modo y a pesar de eternizarse hasta escuchar dos avisos – deberían haberle enviado tres y el toro al corral -, si un puntillero no hubiera levantado al toro por dos veces, Tomás podría haber cortado otro regalito y hasta haber salido a hombros. Menos mal. En el papel de meros comparsas, aunque favorecidos por el ambiente triunfalista que dominó la tarde, actuaron un decadente aunque formalmente fiel a su concepto hierático del toreo, Vicente Barrera, que anduvo muy soso con el también sosísimo animal que mató en primer lugar y cortó otra inmerecida oreja tras tardar demasiado tiempo en ligar un par de tandas después de recetar infinidad de inconexos unipases, salvo una buena ronda de naturales a pies juntos, lo mejor con mucho de la tarde, frente a un feble y dócil animal que mató de infamante bajonazo, enfadándose el propio diestro con el palco por no concederle la segunda que demandaron sus paisanos, mientras el casi desconocido y también local, Tomás Sánchez, que se marcó una vuelta al ruedo por su cuenta en el tercer toro, dio un recital de vulgaridad y de incompetencia profesional.
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