5ª de Fallas en Valencia. Un rayo de luz para Abellán en medio de un inaguantable e interminable tormento
12.03.08 @ 21:01:04. Archivado en Toros, Crónicas
Ni siquiera la buena faena que Miguel Abellán estropeó con la espada frente al muy noble quinto toro de Los Bayones logró compensar el insufrible desfile de seis animales de puro saldo por destartalados y en su mayoría podridos que, para colmo, fueron tardíamente remendados por una incompetente presidencia con dos cuajados e imponentes aunque infames sobreros de Algarra que no hubo por donde meterles mano. Tal desastre ganadero, sumado a la escasa destreza e insuficiente entrega de Curro Díaz y de Antón Cortés, convirtieron al festejo en un deplorable espectáculo.
Valencia. Coso de la calle Xátiva. 12 de marzo de 2008. Quinta de feria. Tarde agradable aunque progresivamente fresca con algo más de un tercio de entrada. Cuatro toros de Los Bayones, muy armados y en su mayoría astifinos pero en su mayoría feos e inválidos. Por más noble, destacó el quinto que rememoró la clase de su estirpe Atanasio Fernández. Como también el sexto aunque éste no fue suficientemente entendido por su matador por remiso al embestir tras ser excesivamente castigado en varas. Los otros dos y los sobreros de Algarra – por cierto, muy cuajados – que reemplazaron a los muy tardíamente devueltos, segundo y tercero, napenas ofrecieron posibilidades para el lucimiento. Curro Díaz (salmón y oro): Estocada corta y dos descabellos, silencio. Cuatro pinchazos y descabello, silencio. Miguel Abellán (blanco y azabache): Dos pinchazos y estocada trasera caída, silencio. Estocada baja, petición insuficiente y vuelta al ruedo. Antón Cortés (negro y oro): Estocada baja, silencio. Pinchazo y estocada caída, silencio. El Chano destacó al parear al segundo.
Hoy procede abreviar porque, si la quinta de Fallas fue tan insufrible como interminable, nos negamos a que los lectores sufran lo mismo que los que tuvimos la desdicha de presenciar esta corrida sin apenas perchas donde agarrarnos. Cómo sería la cosa que, cuando saltó al ruedo el cuarto toro, tuvimos la sensación de haber visto ocho… Y es que habían soltado cinco entre los tres titulares y los dos que fueron devueltos demasiado tarde – uno tras ser picado y otro en pleno tercio de banderillas – por una presidencia absolutamente inoportuna e incompetente. Y tanta espera para soltar dos sobreros de Algarra que, desgraciadamente, resultaron aún más deslucidos y, desde luego, más peligrosos que los anunciados.
En la primera mitad de la corrida, para colmo, ninguno de los tres espadas consiguió dar pie con bola. Curro Díaz, que debutaba en Valencia, intentó estirarse muy en artista con la mano izquierda pero citando por las afueras y sin dar el paso adelante como era de rigor para configurar algo en serio. A Miguel Abellán casi le degüella el primer sobrero en su intención de pasarlo lancearlo confiado por no haberse percibido de su incierta bravuconería sin que el horripilante revolcón le afectara, de momento, porque reaccionó raudo aunque terminó estrellándose por lo gazapón y mirón que se puso tan difícil oponente. Tampoco Antón Cortés fue a mayores ni a menores-, empeñado en su versión agitanada del toreo con tan buenas como movidas intenciones frente a otro imponente sobrero de Algarra que manseó con genio.
Absolutamente inválido el cuarto – otro más de Los Bayones – nadie protestó para que lo devolvieran porque todos los presentes estábamos hasta las mismísimas narices del supuesto festejo. A Curro Díaz no le cupo más oportunidad que matarlo y, encima, muy mal. Por pura fortuna, el quinto – asimismo sin fuerza aunque más enterito que sus hermanos – resultó muy noble y, como Miguel Abellán lo descubió enseguida – seguro que el toro tenía buena nota e infalible nombre, “Cubatisto” –, durante los escasos minutos que duró su templada faena de muleta pudimos respirar y hasta acordarnos de que el buen toreo existe. Un rayo de luz como el de la famosa cinta "Milagro en Milán" iluminó la plaza toreramente hablando y al menos por breves momentos porque Miguel lo toreó muy bien y hasta consiguió la única faena propiamente dicha de la tarde aunque, desgraciadamente, la ensució con un espadazo muy caído. Podría haber cortado una oreja con fuerza, pero tuvo que contentarse con una merecida vuelta al ruedo.
Finalmente, el sexto también salió con mayor energía y empuje pero, como le picaron demasiado, terminó mostrándose remiso en la muleta, lo que empañó su hasta entonces escondida nobleza al embestir. Tardíamente descubierta por Antón Cortés, mal colocado y pegando tironazos y trapazos entre algún pasaje que otro limpios, el de Albacete no pudo arreglar su particular fiasco y aún menos una corrida que fue de esas que se olvidan para siempre en cuanto sales de la plaza y a los toreros apenas ler sirvió para entrenarse.
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José Antonio del Moral
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