La sobrevaloración de José Tomás prosigue sin medida ni rigor
01.12.07 @ 08:13:18. Archivado en Toros, Artículos
Igualándole con los diestros más importantes de la historia cuando, profesionalmente, ni de lejos puede aproximarse a ninguno. Equiparando su brevísima temporada de reaparición en ruedos de menor categoría y frente a ganado insignificante con la indiscutiblemente ejemplar que ha protagonizado El Juli dando la cara en todas las plazas y ante toda clase de ganado: Aduciendo inexplicables y misteriosos resortes técnicos que la inmensa mayoría del público no logra distinguir salvo sus más pertinaces panegiristas porque, si le cogen tanto los toros, es porque torea mejor nadie, una barbaridad que, además, supone el injusto desprecio de otras tauromaquias y un pésimo ejemplo para los toreros jóvenes. Afirmando que es más meritorio torear poco que mucho, que eso carece de importancia y que los más grandes toreros siempre torearon pocas corridas, lo que es absolutamente falso. ¿Qué no dirían si toreara 100 corridas en todas partes al menos una vez?
Igualando en desmedidos elogios sus tardes mejores con las peores que fueron la mayoría pese a los muchos trofeos que le regalaron sus incondicionales. Ignorando o adulterando su palmarés y su comportamiento profesional. Y argumentando su excepcionalidad artística mediante extravagantes interpretaciones, poco o nada claras, sobre sus maneras de hacer el toreo. Aunque nada cabe objetar a esto último ni, por supuesto, a su exclusiva personalidad porque cada cual puede opinar como prefiera sobre estilos y maneras, sí cabe poner serios reparos a la categoría de las plazas donde actuó y al ganado que eligió, que es lo que define la capacidad, el profesionalismo y el sentido de la responsabilidad de cada cual. Circunstancias que de ninguna manera se deben obviar so pena de mentir descaradamente. A la espera de lo que haga o no José Tomás la próxima temporada, muchos aficionados permanecemos atónitos ante tal cantidad de de inventos, subterfugios literarios e imprecisiones que vienen esgrimiéndose para magnificarle y defenderle, por supuesto que a todos nos gustaría que lo que se escribe y se habla de José Tomás se materializara con hechos, no solo con dichos. En definitiva, que fuera verdad.
Como Gallito, como Juan Belmonte, como Manolete, como Luís Miguel Dominguín, como Antonio Ordóñez, incluso como si José Tomás fuera un compendio de todos ellos a la vez, siempre que se escribe de estos grandiosos toreros para igualarles con quien profesionalmente no les llega a la suela de las zapatillas, da vergüenza leerlo. Porque, vamos a ver, eso de que torear más de 100 corridas al año es pura filfa o simple colección de records, ¿no fue lo que precisamente distinguió a las máximas figuras de todos los tiempos que pudieron hacerlo? Quien no lo hizo fue porque no pudo y punto. Lo mismo que en la actualidad. Porque lograrlo es mucho más difícil de lo que, torvamente, se intenta demostrar. ¿O es que si José Tomás fuera capaz de llevarlo a cabo no lo haría? ¡Pues claro que lo haría¡. La mayoría nunca no lo consiguió por manifiesta incapacidad. Algunos, como Antonio Ordóñez por impedirlo sus largas convalecencias tras sus muchas y muy graves cornadas de esas que se tardan dos meses o más en reponerse. Y los restantes porque, aunque lo pretendieron y lo pretenderán, no pudieron por el escaso interés que despertaron en la mayoría del público que es el que manda para bien o para mal.
Gallito toreó más de 100 corridas tres temporadas seguidas. Juan Belmonte estaba orgulloso de haber podido torear 109 en un solo año que al final fueron 110 porque quedó sin contar una especial que se organizó para él en Sevilla. Tanto presumía de ello que, cuando pasado el tiempo, Carlos Arruza pudo sobrepasarle, se frenó por respeto al trianero con “solo” 108 corridas en España. No pocos hasta se atreven a comparar a Tomás con Juan Belmonte que, por cierto, también se fue, reapareció y varias veces. En su último regreso en 1934 con 42 años de edad, compareció en Sevilla, en Madrid y en Valencia con todas sus consecuencias. ¿Lo ha hecho este año en esas mismas plazas José Tomás con 10 años menos que Juan?
Y para quienes tanto comparan a Tomás con Manolete, no será en el aspecto profesional. Sepan que el monstruo de Córdoba mató en su corta vida profesional 16 toros de Miura – el último de ellos le mató en Linares-, 19 de Pablo Romero, 28 de Saltillo del hierro de Félix Moreno, 38 de Escudero Calvo (actualmente los famosos “victorinos” que Tomás no ha matado una sola vez, y 54 del Conde de la Corte. Ningún aficionado que se precie puede siquiera imaginar que Juan Belmonte se quitara de una corrida con Joselito arguyendo un extraño parte facultativo, tal y como hizo José Tomás quitándose de un corridón de Atanasio en Bilbao en 1998 que iba a torear con Enrique Ponce, aduciendo una lesión que al día siguiente no le impidió torear en Málaga y ¡con Ponce¡ frente a ganado ostensiblemente menor. Y un año después otro tanto en Pamplona, también con Ponce en el cartel, de otro corridón murubeño de Capea para otra vez reaparecer a los cuatro días en Barcelona y de nuevo junto a Ponce. ¡Pero, qué manera de competir es esta, señores¡ Y eso cuando aún disfrutaba de su mejor momento y de la incondicionalidad del público. ¿Alguien se imagina a Belmonte haciendo lo mismo con Gallito? ¿Qué hubieran dicho de Belmonte los críticos de su época? Tampoco a nadie se le ocurriría pensar que Manolete no hubiera querido matar dos toros como José Tomás hizo en Salamanca y, un año después en Madrid, cuando se aturdió con otro muy malo de su pariente Adolfo Martín que, por cierto, fue uno de los seis elegidos por el propio torero tras rechazar los que había separado el ganadero. ¿Cómo habrían puesto a Manolete de haber hecho algo parecido? Un poco más de rigor y, sobre todo, más respeto, por favor.
También se acaba de escribir del regreso de Luís Miguel Dominguín para compararlo imprecisamente con el de José Tomás. Luís Miguel volvió a España en 1957 después de torear solamente en América desde 1953 y, aunque solo toreó en 22 corridas, compareció en Las Ventas y en la Feria del Pilar en la temible Zaragoza de aquellos años. Y, ¿qué me dicen los que también le comparan con Antonio Ordóñez?. Una locura. El rondeño reapareció tras dos años ausente desde su primera retirada en Lima y lo hizo actuando en 40 corridas. Entre ellas, la última de aquel San Isidro en Madrid con una de Pablo Romero llevándose todos los premios en lid, dos en la feria de Julio en Valencia también con toros de Pablo Romero en la primera, y con reses de Juan Pedro Domecq en la segunda obteniendo un triunfo histórico Y en Bilbao con toros de Samuel Flores, tarde en la que salió a hombros y los del Bocho como locos con su torero predilecto. Luego de esa temporada del 65 que protagonizó compitiendo con las más jóvenes figuras de entonces salvo con El Cordobés por no avenirse en toros ni en el dinero que pidió el rondeño (Diego Puerta, Paco Camino y El Viti pueden dar fe de quien fue el maestro y con qué toros se enfrentó). Concretamente, en 1968 con las que precisamente Manuel Benítez no se atrevió provocando un monumental escándalo la tarde que, en plena faena, se le tiró de espontáneo Miguelín para demostrar la inofensividad de animalucho con el que Benítez estaba armando el taco, que guillotinó con su luego multado gesto. Ahí quedó para mayor contraste el ejemplo del triunfo absoluto de Ordóñez en esta feria San Isidro con tres corridones de Urquijo, Conde de la Corte y el Marqués de Domecq.
Quizá la temporada de Ordóñez de 1970 se acercó a de de Tomás de este año por su escaso números de corridas – 27 – forzosamente reducida por el grave accidente que sufrió en Linares donde un toro le rompió el dedo índice de la mano izquierda al derrotar en tablas contra la mano del maestro. Sin embargo, hubo enormes diferencias respecto al toro y a las plazas. Ordóñez se encontraba algo falto de forma y por eso empezó en junio para evitar las Fallas, Sevilla y Madrid. Pero luego fue a Pamplona donde triunfó con toros del Conde de la Corte junto a Camino y El Viti - y muchas veces con Diego Puerta - con quienes siempre compitió sin pasarles ni una. También a Valencia en julio y en agosto en San Sebastián donde triunfó rotundamente. Inolvidables fueron asimismo sus mano a mano con Paco Camino en Burgos y en Almería donde Ordóñez cuajó para la historia un toro de Sánchez Fabrés del que cortó el rabo.
¿Qué dirían los furibundos tomasistas si este año su torero hubiera hecho una campaña similar? ¿Y qué los críticos de entonces de haberle visto ahora? Los más duros de la segunda época de Ordóñez, concretamente Vicente Zabala padre y, no digamos, Alfonso Navalón, no cesaron de poner a parir al rondeño restando importancia a su irregular campaña. Ahí están sus crónicas y artículos en las hemerotecas para comprobarlo. Muchos se echarían las manos a la cabeza al leerlas. Solo les faltó pedir la crucifixión de Ordóñez en el patíbulo aunque lo que sí le dijeron muchas veces es que se fuera cuando la suerte no le acompañaba. Recuerdo una crónica terrible de Navalón que se titulaba “Si no puedes, vete”. Ganas de hacer el ridículo porque, pocos días después, se la tuvo que envainar. Y así muchas tardes. No cabe duda, pues, que el nivel de exigencia de la crítica ha bajado muchísimo con respecto a la actual. Y mucho más con José Tomás. Hasta grados inimaginables por los de entonces.
Varias de las faenas de Ordóñez en aquella temporada con los mejores toros fueron sencilla y llanamente imperiales por concepto, inspirada estructura, naturalidad expresiva, majestuosidad, temple impoluto, total hondura y en nada dramáticas ni asustantes como las de José Tomás, sino tan suaves como la seda china. Con esa difícil facilidad propia de los elegidos que tanto desdén provoca ahora hacia los que la tienen. Ese año, además, los públicos también se lo pusieron más difícil que nunca al maestro de Ronda. Su proverbial orgullo y la arrogancia con que siempre se comportó, le enemistaban con mucha gente cada tarde y tantos desaires se lo hacían pagar muy caro desde los tendidos cuando estaba mal. Pero Ordóñez solía resolver tanta enemiga poniendo las plazas boca abajo, incluso después de haber recibido broncazos tremendos que parecían un tornado. Solo a Ordóñez y a cuñado Luís Miguel les vimos volcar la tortilla por completo tantas veces después de pegar petardos a drede. A los dos les complacía hacerlo y, como podían permitirse el lujo, lo hicieron en trances tan francamente difíciles que parecían imposibles de arreglar. ¿Qué tiene que ver todo esto con la preconcebida entrega del público hacia José Tomás, lidie los toros que lidia y haga lo que haga? Absolutamente nada.
DOS MANERAS DE TIRAR DEL CARRO Y DE TEMPLAR
Este manido dicho, también se acaba de aducir sobre cómo respectivamente lo hicieron la pasada temporada El Juli y José Tomás para intentar igualarles en tal mérito. Algo inaudito e imposible por mucho que se quiera adoctrinar a los incautos. Dos maneras de tirar del carro ciertamente diferentes y en verdad distantes porque, si uno lo consiguió desde a A a la Z en una campaña irreprochable y ejemplar, el otro desde la máxima comodidad posible en su programación, diseñada como explicable rodaje en su caso, tras varios años ausente de los ruedos pese a su juventud para no agravar las consecuencias de haberlo hecho en serio que es lo que deseaban en el fondo de su alma los aficionados por cuánto esperaban del torero de Galapagar en su vuelta: Que lo hiciera como en sus mejores tiempos que tanta fama y bien ganado prestigio le dieron aunque, después de tres años dando la cara pero no en todas partes, ni culminando sus campañas hasta la última feria, fue declinando su ánimo, evitando muchas plazas difíciles, gran parte del público le volvió la espalda, se le empezó a exigir como a cualquier figura - lo que no resistió - y comenzó a desfallecer irremisiblemente hasta su repentina aunque por no pocos presentida retirada un día después de fracasar estrepitosamente en la feria de Murcia en donde alternó con Enrique Ponce y con El Fandi, que esa tarde cortó un rabo el denostado espada granadino, y fuertemente abroncado el diestro de Galapagar.
Circunscribiéndonos a la realidad, no cabe duda que José Tomás animó el cotarro este año más de lo que ya estaba mucho antes del 26 de junio, fechas en las que la olla del toreo cocía al rojo vivo y, consecuentemente, se enardecía la afición por los éxitos de las figuras consagradas y de las nuevas en franca competencia que, además, tuvo lugar en las plazas más importantes y ante ganado serio. El faenón de El Juli en Madrid había sido de campeonato; la incombustible y creciente maestría de Enrique Ponce, primero con mala suerte en los sorteos e inmediatamente después con más fortuna y progresiva perfección hasta lograr las faenas más sublimes de su vida; la consolidación como figura de El Cid con un alfa importantísima en Sevilla y una histórica omega en su encerrona de Bilbao, ambas con toros de Victorino; las grandes obras de arte de Morante en varias plazas, inigualables por sentimiento e inspiración; el gran arranque de Sebastián Castella que fue declarado gran triunfador en Madrid (un impresionante Miguel Ángel Perera se incorporaría a la primera fila mediada la temporada); y por los más sorpresivos aunque, desde luego, también esperados grandes triunfos de otros diestros mucho más jóvenes que rompieron por todo lo alto como fueron José María Manzanares en casi todas las plazas donde actuó hasta tener que cortar por padecer una enfermedad tropical, y Alejandro Talavante aunque éste con bastante menos regularidad que el alicantino tras sus enormes éxitos en Madrid, Fallas y Sevilla. También ellos tiraron del carro como cada vez que alguien triunfa contundentemente en las plazas más señeras y es contratado en todas partes. ¿Cómo comparar tan grandes y nutridos compromisos con los evidentemente menores de José Tomás con 11 de sus 16 corridas de sus ganaderías predilectas, Cuvillo, Garcigrande y El pilar y las cinco restantes de lo más suave del encaste Domecq?.
Fue cierto que, en su regreso, el de Galapagar abarrotó las plazas donde compareció y que su tirón fue espectacular. Pero en muy pocas ocasiones, casi todas en ruedos de segunda y ante ganado con trapío de tercera – solo medio se tapó en este aspecto dos tardes en Barcelona y una con reparos en San Sebastián –, y, salvo con la espada, que en esta suerte se superó a sí mismo este año salvo en la última corrida en Barcelona, todavía impreciso en su empeño por lo que resultó demasiadas veces tropezado o cogido, más por torpe que por otras razones que sus cantautores no aciertan a explicarnos con meridiana claridad. Así ocurrió en casi todas las corridas que participó y en algunas desgraciadamente herido aunque sin demasiada gravedad. Razón más grosera del desproporcionado morbo que levantó ayudado por la infinidad de reportajes que protagonizó en todos los medios, muchos de ellos ignorantes de lo más esencial del hecho taurino y la mayoría llevados por el escandaloso relumbrón de la sangre, cuando no por los tremebundos anuncios de que José Tomás hasta podría morir porque con su manera de torear era lo que buscaba. Eso no se lo ha creído nadie que sepa mínimamente de toros y, mucho menos, él. ¿Hasta donde se podía llegar? A todo lo que se pueda imaginar y más.
“Mártir viviente”. “El hombre que asusta a la propia muerte”. “Quinto evangelista del toreo”. “Manolete redivivo”. “Que con lo que torea es con el alma y no con el cuerpo como los demás”. Y qué sé yo cuantas sandeces y exageraciones se escribieron del tenido por “mesías”. Reconozcamos que esa es una especialísima manera de tirar de ese carro del que llevaban tirando en serio y sin propagandas de ninguna especie, sin pausas ni desmayos y en todas las plazas del mundo tanto Enrique Ponce, desde hace 16 años con diez consecutivos matando más de 100 corridas – para algunos una minucia sin importancia -, y El Juli desde que tomó la alternativa el 18 de septiembre de 1998 siendo todavía un niño, con 16 años de edad. Y tantas temporadas seguidas de ambas figuras tirando verdaderamente del carro para que luego venga uno que solo ha toreado 16 festejos de chicha y nabo tras cinco años tumbado a la bartola mientras Ponce y El Juli sostenían económica y triunfalmente el espectáculo taurino para tener luego que leer u oír, sin duda estupefactos, que hay otra manera de hacerlo sin apenas torear, la de José Tomás. Y en el caso de Ponce que si este año había triunfado más contundentemente al final que al principio de su campaña era porque le habían motivado los inenarrables triunfos del de Galapagar.
Entre las otras muchas cosas que, como digo, se han escrito, se están plasmando negro sobre blanco e imagino continuarán diciéndose y escribiéndose por tanto inasequible al desaliento sobre el torero de Galapagar, confieso que me sorprendió hasta el divertimento lo que en la revista que más pertinaz y enfervorizadamente teoriza audazmente sobre el subsodicho espada – “6 Toros 6” – cuando, a propósito de las respectivas temporadas que estaban haciendo El Juli y José Tomás, afirmaron en portada y reafirmaron en trabajos interiores que ambos competían a distancia. ¿Cómo que a distancia? ¿A qué clase de distancia? Tanta, que hasta nos pareció mentira que alguien se atreviera a decirlo cuando la campaña de Tomás ni por asomo fue parecida a la que acaba de protagonizar Julián López. Muy frescas están ambas en nuestra memoria y no es cosa de aburrir a los lectores con números ni con precisiones respecto a los escenarios ni a las reses que definieron las campañas de los dos.
Para colmo, solo actuaron juntos una sola vez, en la famosa corrida de Ávila, acontecimiento ciertamente curioso y prefabricado ex profeso para que, so pretexto de organizarse como acto en “!!Defensa de la Fiesta¡¡”, actuaran ambos mano a mano con una impresentable corrida de Zalduendo en la que, por cierto, El Juli pegó un baño oceánico a su ilustre partenaire que salió tan escaldado del amable encontronazo como sus partidarios del supuesto duelo en tan pequeña “cumbre” hasta el punto de que, esa misma tarde, Tomás decidió que el encierro de este mismo hierro, ya previsto, para su última corrida en Barcelona donde actuaría con Enrique Ponce, no sería el anunciado en vista del mal juego que habían dado sus toros de Ávila, no fuera a ocurrir que las reses elegidas – bastante más grandes y con mucho más trapío – salieran igual o peor, y que, para más inri, Ponce le pegara otro baño. Lo que no sucedió, porque el valenciano, que ni siquiera fue consultado, no admitió el cambio de ganado que, finalmente, fue de Núñez del Cuvillo, material desde luego más fiable para el “genio” que ya había comprobado las excelentes embestidas que esta temporada estaban propiciando las reses de este hierro en la mayoría de las plazas donde se lidiaron.
Pero es que, en el intento de igualar como fuera las campañas de El Juli y de José Tomás, las comparaciones no acabaron ahí, sino que incluso se llegó a equiparar el sentido del temple de ambos diestros – imposible aproximarlos – aduciendo que el de Tomás era deslizado y el de El Juli forjado y átenme ustedes esa mosca por el rabo. ¿Deslizado pese los consabidos y habituales enganchones se define el temple del “genio” majarín?, ¿forjado el impoluto y limpio el de El Juli, que es el verdadero y, desde luego, el más conveniente? O sea, el temple que surge cuando los engaños se mueven a imperceptible y milimétrica mayor velocidad con la que embiste cada toro sin permitir que los pitones enganchen las telas ni se desentiendan de ellas de modo que, no acontezcan desacoples, ni arrugamientos de los engaños, ni desarmes y, aún menos, los tropiezos o las cogidas, que tan inexcusable virtud es el arma fundamental para que los buenos toros sigan siéndolo, para que incluso mejoren, para que los flojos no se caigan, para que los demasiado fuertes se atemperen, y para que los malos o con genio vayan convirtiéndose en más proclives y hasta en fantásticos.
Porque hay muchos toros que, si se les hacen las cosas bien, poco a poco van reduciendo su velocidad inicial hasta ralentizarse. Como los que se quedan cortos o derrotan terminen yendo largo y hasta humillen obedientes. Algo que, con embestidas dulces y fijas, es relativa y aparentemente fácil de lograr para los que tienen esa habilidad digamos congénita, pero jamás lo es con embestidas descompuestas, altas, sin fijeza, ni frenadas, en no pocas ocasiones repentinamente ¿O no? Porque para templar esta mala clase de embestidas hace falta mucho, muchísimo valor – el verdadero, el consciente – permaneciendo no solamente quietos o impávidos, sino a la vez lúcidos y, por ello, siempre atentos a los pitones y a los ojos del toro mientras pasa por delante del torero y dura cada lance o cada muletazo.
En mi larga vida de aficionado, solamente he conocido a uno capaz de quintaesenciar el sentido del temple por su insólita habilidad técnica (llevar el lance hecho muy por delante el capote y aguantar, esperar bamboleando lentamente el engaño llevando al toro toreado desde su lejana primera arrancada hasta el embroque y, desde ahí, lentamente hasta rematar la suerte) para reducir casi en su mitad la casi siempre impetuosa velocidad del toro de salida, como solía Antonio Ordóñez en los recibos con su inigualable y añorado toreo a la verónica que prodigó ante cualquier clase de embestidas. Y es que con los toros dóciles que ya salen templados, se templan casi todos. Por cierto, José Tomás maravillosamente. Como antes también desde sus respectivos estilos, Curro Romero y Rafael de Paula. Pero con los toros de peor clase, casi ninguno. Tampoco José Tomás. De modo que, menos cuentos chinos porque quien se deja enganchar tanto el capote y la muleta, de ninguna manera puede ser considerado como un virtuoso del temple.
A veces se acercó al mejor templar y hasta lo exhibió José Tomás para general encanto y admiración durante sus primeros y más gloriosos años de matador aunque no en todas sus faenas de entonces. Como también en su reciente reaparición, sobre todo con el capote a la verónica, como también aunque esporádicamente al natural de verdadero ensueño como las dos tandas de este año en Málaga, aunque con aún menor frecuencia, quedando ciertamente cumbre en la suerte fundamental de capa, según se dice de cómo toreó a la verónica en reciente su regreso a La México. El recuerdo de aquello y de las muy pocas veces de este año, perdurará siempre.
No hay duda alguna de que cada revuelta que se produce en los ruedos tiene su razón de ser. Porque este y no otro es el motivo más originario y legítimo del revuelo que acompaña al de Galapagar cada vez que aparece en las puertas de cuadrillas vestido de luces en medio del ferviente deseo de que lo que hizo, incuso frente a toros imponentes en sus primeros años, vuelva a repetirlo. De ahí el desbordado carácter onírico del fenómeno – una verdadera psicosis colectiva - que despierta este torero, pues a la mayoría de sus muchísimos partidarios les basta soñar con lo que en su día vieron, y lo mismo a cuantos se lo han contado exagerando como los cazadores, aunque solo sea por algo apuntado o parecido, que casi nunca ocurre lo de su mejor versión, hasta llegar a creer en unas ilusiones que casi nunca se materializan. Ya había pasado lo mismo o similar con el Curro Romero de sus últimos años que, por cierto, fueron muchos con el mito viviente y ¡en activo¡ pese ano ser capaz de dar dos pases completos y seguidos por su avanzada edad.
No hay cosa peor ni más dañina que creer en las mentiras propias y en las ilusiones vanas para fabricar elogios basados en pura y ampulosa retórica, que no en hechos contantes y sonantes que son los que hacen creíble la historia. Los hay que se las creen y hasta las difunden sin medida ni rubor, confundiendo tanto a los que pretenden ser buenos aficionados que les leen anonadados, como perjudicando al torero a medio y largo plazo. Basta esperar para comprobarlo. Y es que, desgraciadamente, como quien ha sido capaz de hacer algo magnífico, aunque sea de vez en cuando, hasta ahora nunca pudo sostenerlo más de dos temporadas completas y seguidas, de una manera u otra el supuesto héroe siempre terminó bajándose del pedestal.
Aunque dada la trayectoria profesional de José Tomás lo vemos muy difícil, deseamos sincera y fervientemente que el año que viene logre por fin convertir en realidad los sueños de sus más fieles y que no acabe cayéndose otra vez. Como aficionado absolutamente desinteresado que soy, aunque muchos no lo crean, aseguro no tener ni un solo motivo para desear lo contrario. Así lo reconoceré si acontece pese a la incredulidad de mis pacientes enemigos que tanto me desprecian y difaman. Pero es que los insultos no me afectan lo más mínimo porque me he acostumbrado a recibirlos durante toda mi vida como precio a ser siempre muy claro y a seguir diciendo lo que pienso. Y ya que para mí no quiero ningún homenaje, lo que, al menos, sí pido, es más respeto para los demás grandes toreros, tanto del pasado como del presente. Y también más rigor histórico y más fidelidad a los hechos por parte de la crítica contemporánea que debería ver las corridas con mayor atención y estudiar mucho más. Claro que, para eso, hay que ser aficionado de hueso colorado, como dicen en México. Un pura sangre a costa de lo que sea.
Comentarios:
Si la fiesta ha tenido este año tan expectaciòn esto se lo debe a Josè Tomàs sobretodo, y no torea en plazas menores, porquè Malaga, Nimes, Salamanca no son plazitas!
Soy verdaderamente deslucido de leer criticas que no son costructivas si no DESTRUCTIVAS.
Tambièn el grande D. Antonio Ordoñez opinaba de la inmensa grandeza de Josè Tomàs.
Esto porquè no lo dice?
Propongo un cartel con una corrida dura:
El Juli
José Tomás
Castella
A ver cual de los tres se raja.
!Qué asco de tia¡. Hacen muy bien con no dejar que sus escupitajos aparezcan aquí.
1º) Te registras con tu nombre, seudónimo,un nombre inventado....
http://www.lamiradapositiva.com/user/register
2º) Te llega a tu correo un mensaje, activas tu registro. El mensaje te llega en segundos.
3º) Te vas directamente a éste enlace, votas y haces un comentario,
http://www.lamiradapositiva.com/reconocimiento-de-la-tauromaquia-como-manifestacion-popular-y-cultural-de-primer-orden-en-espana
Son !! 2 Minutos !!.¿ Seremos capaces de movilizarnos los aficionados por una vez ?¿ No nos vamos a juntar 500-1000-2000 aficionados ?. !! Vamos a ponernos a trabajar !!.
IMPORTANTE: PASA ÉSTE MENSAJE A TODOS TUS AMIGOS, CONOCIDOS Y CONTACTOS TAURINOS PARA QUE HAGAN LO MISMO.
www.javi-eltoreo.blogspot.com
Pues bien, es hora de que los aficionados, peñas, circulos, asociaciones,medios, periodistas....ect taurinos nos pongamos a trabajar. Y por lo tanto un GRUPO DE AFICIONADOS, con independencia a nuestra ideología, y nuestra sensibilidad taurina, hemos inicado una campaña para VOTAR en favor de que se reconozcan los derechos de los aficionados y se otorgue a la Tauromaquia su verdadera importancia.
Para ello se ha abierto en la web del PSOE una propuesta en favor de la Tauromaquia para que sea votada por todos nosotros. Independientemente de que estemos más o menos de acuerdo con lo que se dice allí. Lo importante es que sepamos contrarrestar la corriente antitaurina y se rconozcan los derechos de los aficionados.
¿ Cómo lo hacemos ?. Es muy fácil, sigue éste enlace, te registras con tu nombre o con un seudómino y votas a favor
http://www.lamiradapositiva.com/user/register
Los grandes partidos han puesto su maquinaria a trabajar, con respecto a las elecciones de Marzo. Y éste año, han incorporado como principal herramienta INTERNET, que es donde se están celebrando los grandes debates sociales. Pues bien, el PSOE ha propuesto que se voten distintas propuestas para incorporarlas en su programa electoral.
Una de las propuestas más votadas es la ABOLICIÓN DE LAS CORRIDAS DE TOROS. Lógicamente los antitaurinos han puesto su maquinaria a funcionar. Si finalmente ésa idea es de las más votadas, el PSOE se compromete públicamente a debatirla y a estudiarla para su incorporación.
Todos sabemos que el PSOE no va a prohibir los toros en la próxima legislatura, ni lo va a llevar a su programa electoral. Pero sí que va a recoger la corriente antitaurina que se están imponiendo en gran parte de la sociedad, y por lo tanto....NO VA A MOVER UN DEDO EN FAVOR DE LA FIESTA, E INTENTARÁ ARRINCONARLA. SON UNSO MIERDAS.
DE AFICIONADA. ADEMAS, MAL HABLADA Y GROSERA.
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José Antonio del Moral
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