4ª de San Mateo en Logroño. La feria se va repentinamente arriba aunque con desmadre
19.09.07 @ 21:43:30. Archivado en Toros, Crónicas
Nada menos que siete orejas se cortaron en la corrida mixta. Tres Hermoso de Mendoza, dos con petición de rabo El Juli que estuvo cumbre con su primer toro y otras dos Eduardo Gallo del último de la tarde. Sobraron las segundas del primer toro de rejones y la del sexto. Pero como embistieron los toros – tanto los despuntados de Bohórquez como tres de los cuatro de Zalduendo – el precioso segundo resultó extraordinario – y los toreros se aplicaron sin reservas, el público que llenó la plaza lo pasó en grande.
Logroño. Plaza de la Ribera. 19 de septiembre de 2007. Cuarta de feria. Tarde agradable con lleno total. Dos toros despuntados para rejones de Fermín Bohórquez, bien presentados y francamente manejables en distintos grados de fuerza. Cuatro de Zalduendo de justa presencia con un segundo de menor cuajo que sus hermanos que fue el mejor del encierro pese a blandear en el primer tercio. El también noble tercero se vino abajo a mitad de faena. El que hizo de quinto manseó y sacó genio en la muleta. Y el sexto, noble aunque escaso de fuerza por lo que se defendió sin mayores problemas. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla azul acero): Pinchazo y rejonazo, dos orejas. Pinchazo hondo sin soltar y rejonazo, oreja. El Juli (encarnado y oro): Gran estocada, dos orejas y petición de rabo. Estocada ligeramente atravesada y descabello, silencio. Eduardo Gallo (lirio y oro con adornos verdes): Pinchazo y estocada caída, silencio. Estoconazo desprendido, dos orejas. Los tres espadas salieron a hombros. Álvaro Oliver fue ovacionado en banderillas.
El gran acierto de sustituir a Ponce por El Juli y la suerte que éste tuvo con el segundo toro, primero de los de Zalduendo, resolvieron por primera vez esta feria que venía resistiéndose demasiado con tantas ausencias y otra tantas sustituciones que no siempre resultaron positivas. Vivimos y gozamos así el momento culminante de una corrida que, como no podía ser de otra manera, empezó y medió triunfalmente gracias a la infalibilidad de Pablo Hermoso de Mendoza que cuajó sendas obras marca de la casa aunque de distinto nivel en función del diferente aunque más que posible juego que dieron sus dos toros de Bohórquez. La espectacular maestría del jinete navarro ya no hay quien la ponga en duda y solo cabe matizar que su primera faena solo debió premiarse con una oreja porque el toro quedó bastante mermado en su brío inicial por lo que no pudo profundizar ni extenderla y, además, pinchó antes de recetar el rejonazo definitivo. Tal y como al cuarto que toreó y banderilleó aún con mayor excelencia pero también lo pinchó, cortando exactamente lo que mereció, un solo trofeo.
Pero claro, la formidable y superior actuación de El Juli en su turno de la primera parte del festejo pesó tanto que, forzosamente, fue aplicado el término de la comparación. Y ello a pesar de lo demasiado "bonito" que fue este toro de Zalduendo, imagino que elegido para que, con suerte, cayera en las manos del también caído Cayetano. Inevitable fue pensar en tal elección cuando el toro saltó al ruedo, como también lo fue ver a un Juli dispuesto a demostrar quien es en el toreo actual, revuelto con el triunfalismo que acompaña a José Tomás y con las barbaridades que se están escribiendo de él a propósito de las cogidas que suele sufrir en todas sus actuaciones.
Y es que El juli hasta se dejó coger en pleno faenón cuando, inesperadamente, se le paró el toro, le miró, y en vez de “tocarle” para que volviera a mirar a la muleta, se quedó inmóvil y resultó alcanzado y volteado, afortunadamente sin consecuencias. Y como todo lo que había llevado a cabo antes había sido pluscuanperfecto, hondísimo e intensísimo, la emoción que produjo la cogida sumada a cuando hizo después con aún mayor perfección y ajuste, añadido a la gran estocada con que mató, desataron el entusiasmo del público que hasta pidió el rabo. Trofeo que debería haber sido concedido si la presidencia hubiera querido distinguir lo normal de lo excepcional.
Luego no anduvo listo Eduardo Gallo por demasiado ansioso con pases de rodillas en su arranque de faena frente al tercero, forzando el embestir de un toro no sobrado de fuerza, por lo que su trasteo se vino abajo tras una tanda simplemente estimable con la mano derecha. Como tampoco El Juli debió brindar la faena al quinto a sabiendas de lo manso que era y del genio que evidenció desde que lo recibió con el capote. El empeño de El Juli resultó baldío.
Pero faltaba el sexto y como tanto Eduardo Gallo como el público quisieron que la corrida terminara con los tres toreros a hombros, el salmantino se arrimó una barbaridad en la segunda parte de su antes templada aunque distante faena, y se entregó en la estocada, la gente correspondió entusiasmada y volcada para que la tarde culminara con todos felices y contentos.
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José Antonio del Moral
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