7ª de Santander. El Fundi triunfó con difíciles Cebadas, pero quien mejor toreó fue López Chaves
28.07.07 @ 09:29:52. Archivado en Toros, Crónicas
Si no nos atuviésemos a los resultados, las orejas que le dieron al de Fuenlabrada tras muletear a base de regates y, eso sí, matar muy bien a sus dos toros, solo debió ser motivo de vanagloria. Sin embargo, Domingo López Cháves fue el autor de la mejor y más templada faena de la tarde con el tercer toro sin que la banda de música la amenizara ni el público solicitara ningún trofeo por el solo hecho de descabellar dos veces. Salvo el sexto toro, que se paró en la muleta, la corrida de Cebada sacó tanta movilidad como falta de clase y la mayoría de los toros desarrollaron peligro. Ello explica el academicista conservadurismo de Luís Miguel Encabo con el peor lote en conjunto.
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 27 de julio de 2007. Séptima de feria. Tarde calurosa con casi lleno. Seis toros de Cebada Gago, bien aunque desigualmente presentados, los primeros más cuajados y ofensivos que los terciados de la segunda mitad. Dieron juego irregular con el predominio de los difíciles, resultando más manejables primero y tercero. Los demás, desparramaron demasiado la vista y desarrollaron genio en mayor o menor grado de fuerza. El Fundi (celeste y oro con remates negros): Estoconazo desprendido, oreja. Estocada trasera de gran ejecución, oreja. Salió a hombros. Luís Miguel Encabo (azul prusia y oro): Estocada trasera tendida y descabello, aviso y silencio. Pinchazo y estocada trasera, palmas. Domingo López Cháves (marino y oro: Media estocada y dos descabellos, ovación. Pinchazo, atravesada y descabello, silencio.
Si no hubiese tomado notas, en el momento de empezar a escribir esta crónica solo aparecería nítida en mi memoria la faena de López Chaves frente al tercer toro. Desde luego, la única de la tarde en el mejor sentido de la palabra. Porque las otras se compusieron de telonazos, mantazos, trapazos y regates pero no de pases. Sí, ya sé que si los toros no pasan no se les pueden dar pases, que de ahí tal nombre, pero torear, lo que se dice torear… Es decir, pasarse al toro por delante prendido en la tersa muleta, ayer solo se lo vimos hacer al espada salmantino.
Pero la banda de música permaneció callada durante esta faena de Chaves y como tras la media estocada con que mató al toro tuvo que descabellar dos veces, nadie sacó su pañuelo para que le concedieran la oreja que había merecido. Desde luego tan merecida o más que las que le dieron a El Fundi, sin que con esto queramos restar méritos al veterano torero de Fuenlabrada.
Fueron distintos conceptos ante una corrida realmente difícil como se esperaba de la de Cebada. Con mucha movilidad. Y también con muy malas intenciones de las que hubo que zafarse con la mayor gracia posible. El Fundi lo hizo vendiendo gestualmente sentimientos de riesgo para asustar al personal más de lo que estaba. Y Chaves con ademanes heroicos y de poderío chulesco. Que en el toreo siempre suman puntos los efectismos y las dotes de actor aunque como alguien dijo un día, la diferencia entre el teatro y los toros es que en las corridas se puede uno morir de verdad y no disimuladamente.
Los dos toros que le correspondieron a Luís Miguel Encabo como el sexto que mató López Chaves, fueron horribles. El segundo pasó de mansear en el caballo a mejorar alegre en banderillas y, de tan breve esperanza, a desarrollar peligro. Para nada se dejó. El quinto fue el que sacó más genio de la corrida y Encabo no le dio ni un pase aunque intentó más de treinta. Y el último se paró en la muleta, lo que obligó a López Chaves a cortar por lo sano su apenas iniciado trasteo. Tres petardos de toros, pues. Y que no me vengan los toristas con zarandajas.
Se me había olvidado decir que El Fundi y Encabo alternaron en banderillas en sus primeros toros y parearon en solitario en sus segundos. Nada de particular. Bien a secas. Cubrieron el expediente en este segundo tercio sin destacar especialmente en ningún par aunque algunos de poder a poder fueron aceptables. El Fundi intentó imitar a El Fandi en un par yendo para tras y no pudo teniendo que tirarse de cabeza al callejón perseguido por el cuarto toro que fue el peor de los dos que mató. A este cuarto muy bien. También, por cierto, que al que abrió plaza, razón de la primera oreja que sñadida a la segunda, le permitieron salir a hombros.
Yo salí de la plaza muy cansado y con amargor de boca. Tras la deplorable corrida de Mont de Marsan, y ésta también, a sabiendas mala, con diestros modestos y en tono trágico, me provocó una depresión de caballo derribado. Tuve que remediarla en el restaurante del hotel con un gin-tonic gigantesco.
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José Antonio del Moral
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