Santander-Mont de Marsan. Castella frente a los dos más grandes (I)
26.07.07 @ 09:24:45. Archivado en Toros, Crónicas
Pierde el primer duelo con un intratable Juli en Santander y deja la puerta abierta para Ponce en Mont de Marsan. El madrileño acreditó estar más sobrado y con más sitio e ilusión que nunca. Y el francés que ya le pesa demasiado el prolongado mal momento que atraviesa con la espada.
Como creo que merecía la pena ser testigo directo de los dos mano a mano que Sebastián Castella iba a mantener con El Juli en Santander y, al día siguiente, con Enrique Ponce en Mont de Marsan, empiezo a vuela por la primera cita durante el viaje entre una ciudad y otra. En Santander ganó de calle El Juli frente a una corrida grande que no buena salvo un toro, ampliada por los dos sobreros toros que salieron al ruedo tras no pocos avatares con las reses en principio anunciadas de Zalduendo – cuatro rechazadas por su sigamos “pobreza” de pitones – cambiadas por otra corrida bastante más aparente – e imagino peor - de Montalvo que finalmente tuvo que ser remendada con dos sobreros tras ser rechazado por manso el sexto. Uno de la misma ganadería que resultó inválido y también fue devuelto, y otro de La Palmosilla que fue con el que Sebastián Castella podría haber empatado a orejas con El Juli y haber salido a hombros junto al madrileño.
Muy bien anduvo Sebastián con este muy alto animal que, pese a mansear y a no tener demasiada fuerza, terminó obedeciendo a la sutil y templadísima muleta del torero francés que toreó divinamente al natural y se arrebujó con la derecha desde ese sitio que domina como pocos. Tan bien, que de haber matado pronto y bien, seguro que habría cortado dos orejas. Otra había perdido Castella del cuarto de Montalvo también por culpa de su perdida espada tras haber restaurado su embestir inoportunamente limitado por un picador vengativo después de que el animal le derribara y de que el matador pidiera muy oportunamente el cambio de tercio. Pero, señores, El Juli está en un momento tan impresionante que no hay ahora mismo quien se le ponga por delante.
Pletórico de sitio, de ilusión, de ganas, de forma y de fondo, viendo como afrontó el compromiso de vencer en el duelo con quien venía acosando su primacía desde el año pasado, me explico la barrida que protagonizó con José Tomás en Ávila. Claro que, si aquello debió ser como un tentadero, lo de ayer en Santander con los muy cuajados “montalvos, tuvo toda la seriedad del mundo.
Sencillamente magistral anduvo Julián con el primero que husmeó, olisqueó, gazapeó y embistió tan sosamente como sin querer humillar y El Juli fue corrigiendo, uno a uno, todos los defectos hasta llegar a pasarlo de muleta como si no hubiera tenido ninguno. Pinchó antes de agarrar la estocada definitiva y, como era el primer toro, los espectadores – todavía fríos – no estimaron pedir la oreja que yo sí le hubiera dado. Dicho esto como dato ambiental del principio de un festejo al que asistieron muchísimos aficionados de todas partes sin mezcla de fan alguno.
Pero sigamos con la corrida y con el duelo. Y es que es con el tercero – el único bravo de la tarde – El Juli dio un verdadero recital. ¿Qué digo un recital? Un concierto sinfónico a toda orquesta. Sabia, eficaz, preciosa, variada, contundente, aplastante la faena que, desde luego, marcó el cenit de una tarde en la que se palpó la angustia que padeció Castella, víctima de su ya demasiado duradera mala racha con la espada y ayer, víctima también de este Juli imperial que parece no estar dispuesto a que nadie le tosa de cerca ni de lejos.
Ambos matadores apenas pudieron lucirse con los toros segundo y quinto por absolutamente rajados. Momentos ambos en los que no pocos vecinos comentaron que mejor hubiera sido verles enfrentarse a las rechazadas reses de Zalduendo.
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José Antonio del Moral
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