4ª de Santander. Ponce, de incomprensible a incomprendido en la feliz alternativa de Pérez Mota
24.07.07 @ 07:41:28. Archivado en Toros, Crónicas
Con el lote más propicio de una muy seria e imponente aunque desigual corrida de Valdefresno, el nuevo matador sevillano anduvo tan suelto como resuelto y salió a hombros al cortar una oreja de cada uno de sus toros, mientras su padrino se equivocó al castigar excesivamente en varas a su más posible primero y se jugó la vida hasta meter en la muleta al peligrosísimo cuarto sin que el público se diera cuenta de la lección magistral que había dado el valenciano. Jesulín de Ubrique, testigo del doctorado, dio una de insuficiente cal con el mejor de su lote y cortó en seco su faena con el más complicado.
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 23 de julio de 2007. Cuarta de feria. Tarde de nubles y sol con mucho viento. Llenazo. Seis toros de Valdefresno, muy bien aunque desigualmente presentados. De buenas hechuras los tres primeros y enormes los de la segunda mitad. Los más posibles fueron el que abrió plaza, que resultó el más noble del envío, y el manejable sexto de entre los peores últimos aunque se rajó. Noblote aunque sin fuerza que perdió por completo tras el segundo puyazo el segundo. Asimismo noble y justo de fuerza el tercero. Manso pregonao y ostensiblemente peligroso el tremebundo y violento cuarto. Y también muy manso aunque manejable por el lado derecho hasta pararse el quinto. Enrique Ponce (gris plomo y oro): Dos pinchazos, amago de agresión perdiendo el equilibrio hasta caerse, otro pinchazo y estocada trasera, aviso y silencio tras algunos pitos. Estocada corta caída atravesada y tres descabellos, aviso y silencio tras ovación de la sombra. Jesulín de Ubrique (grana y oro): Pinchazo hondo y descabello, aviso y ovación. Tres pinchazos, estocada trasera caída y descabello, aviso y silencio. Tomó la alternativa Pérez Mota (blanco y oro): Pinchazo, estocada caída y descabello, oreja generosa. Buena estocada, oreja. Salió a hombros.
La corrida de Valdefresno que echaron ayer en Santander con tres toros más propios de Bilbao que de una plaza de segunda, fue de las que sorprenden. En esta ocasión, pienso que inesperada para muchos de los que llegaron desde Ávila con la intención de no perderse los festejos más atractivos de esta feria cada año más seria y con más categoría. A medida que fue saliendo cada toro, quedó claro por qué el “dios” del toreo no ha querido venir aquí y con esto está dicho todo. Por ello hay que elogiar el sentido de la responsabilidad de Enrique Ponce y que el joven diestro que se iba a doctorar, lo aceptara – supongo – que a sabiendas de cómo eran las reses elegidas para dar un paso tan definitivo en su carrera. Bien puede presumir Pérez Mora de haber alcanzado el grado de matador de toros con toros de verdad y no esas que se toman con animalitos sin ningún respeto.
Dato este último que debió tomarse muy en cuenta para valorar el gesto del toricantano, ayer todavía verde aunque, desde luego, suelto y dispuesto a entrar en el escalafón superior con todas las consecuencias. Dios se lo premió dándole el mejor lote de la corrida. El mejor de los buenos y el más fácil de los peores. Con el primero, que fue de ensueño para la muleta, anduvo Mota queriendo enjaretarle la faena que había soñado hacer durante su vela de armas. El gran concepto torero de Pérez Mota quedó de manifiesto pese a cierta desigualdad en las muchas tandas que dio sobre ambas manos. Junto a pases realmente enjundiosos y limpios, otros enganchados e imprecisos. Buenos los adornos y bonitos los remates, se metió en el bolsillo a los santanderinos y, como mató decentemente aunque en tres agresiones, le pidieron una oreja que fue concedida con generosidad.
Llegada la hora de matar al imponente sexto y una vez lidiados los dos galafates que le precedieron, esperamos ansiosos por ver cómo resolvería el trance Pérez Mota de haberse comportado su segundo toro tan mal o peor que los anteriores. Dura prueba que daba miedo solo de pensar en ella. Pero, por fortuna, este sexto fue algo mejor y más fácil que sus terribles hermanos mayores y, aunque tampoco ofreció demasiada confianza, el nuevo doctor se aplicó a tope. Salirse hasta los medios con el capote en el recibo, fue realmente meritorio por el viento que tanto molestó durante toda la tarde. Manejar el percal con temple y con buen gusto, más. Y resistir sin desfallecer durante la muy larga porfía que el muchacho llevó a cabo ante un animal que se rajó hacia tablas a poco de iniciar su brindado trasteo en el que, aunque hubo de todo, sobresalió la indeclinable raza del torero hasta matar por arriba como mandan los cánones, merecedor de otra oreja con bastante más peso que la anterior.
Se esperaba a Enrique Ponce por ver si, por fin, lograba esa tarde cumbre que jamás tuvo en Santander y enseguida de salir el segundo toro, ya vimos que tampoco esta vez iba a ser la cosa como deseábamos. Primero porque el toro salió haciendo cosas propias de la debilidad que padecía. Echar las manos por delante quedándose corto y apretando para los adentros. No obstante, como en algunos capotazos el animal metió bien la cara, mantuvimos la esperanza aunque, no sé por qué, Ponce ordenó a su picador que le dieran un segundo puyazo. Garrafal equivocación, en mi opinión, que dio al traste con las pocas fuerzas del burel. Así las cosas, la faena de Enrique no pasó de un largo e infructuoso intento de torear como lo hubiera podido hacer si el toro hubiera llegado a la muleta más entero o quizá si el animal hubiera ilusionado al valenciano. Y es que no le había gustado desde que salió y apenas puso atención en mejorarlo. Solo en una tanda ligada por redondos lo logró y, para colmo, pegó un corto sainete con la espada, lo que enfadó al respetable.
El desquite llegó después aunque, desgraciadamente, resultó incomprendido por la mayoría de los espectadores. Sobrepuesto Ponce de su incipiente e incomprensible depresión, no le importaron un comino al valenciano ni la tremenda envergadura del animal, ni sus criminales intenciones, ni siquiera que el viendo siguiera soplando y que, por ello, tuviera que plantear su faena en tablas y no en los medios donde quizá le hubiera sido más fácil someter a su enrevesado y peligroso enemigo. De ahí que enseguida se hiciera el silencio de las grandes ocasiones y que los profesionales que había entrebarreras no perdieran ni un solo detalle de lo que tuvo que hacer y tragar el gran torero para sacar lo que a todos nos pareció imposible.
La lección, seca y en casi nada brillante, tuvo el aroma de las gestas antiguas y, en su caso, nos recordó las mayores hazañas que lleva coleccionadas Ponce en casi todas las plazas que suelen echar esta clase de torazos imposibles. Con la muleta siempre puesta por delante en cada cite y ganando un paso a cada pase, fue metiendo en la muleta poco a poco al terrorífico animal sin que en apariencia le estorbaran los incesantes arreones y cabezazos que pegó. Ponce se puso incluso por el lado izquierdo por donde tuvo que tragar aún más quina, y terminó de nuevo por redondos inverosímiles que hasta ligó sin enmendarse. Y tanto exponer, ¿para qué?, si la mayoría pareció no entender nada… Pues por propia aunque amarga e incomprendida satisfacción. Que al menos sepa Ponce que algunos sí disfrutamos o, más bien, sufrimos con su heroica y magistral lección pese a lo imposible que le resultó matar pronto ni bien.
Jesulín de Ubrique vino para sustituir a El Fandi - ¡vaya parón que está padeciendo el granadino¡ - y con su primer toro anduvo a gorrazos. Templando como sabe aunque sin apreturas y sabiendo vender la mercancía a la solanera que en esto no tiene rival. Cayó bien la faena de Jesús aunque apenas entusiasmó. Echo cargo del galafate quinto con el que, en principio, lo intentó por el único lado posible que tuvo, el derecho, aprovechó que el animal se viniera pronto abajo para quitárselo de encima sin más contemplaciones y santas pascuas a la espera de otra sustitución.
Comentarios:
Jesulín no sustituyó a El Fandi sino a El Cid (aunque parecido, no es lo mismo ni muchísimo menos). Agradecería leer su opinión respecto a este cambio de cartel, a mi juicio disparatado.
Otro comentario que me gustaria leer es el relativo al horroroso caos de organización de la lidia visto en el tercio de banderillas del quinto de la tarde (correspondiente al ínclito de Ubrique).
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José Antonio del Moral
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