9ª de San Fermín en Pamplona. Catastrófico debut de la ganadería de Bañuelos
13.07.07 @ 22:15:41. Archivado en Toros, Crónicas
Muy bien presentados los toros aunque inválidos cuando no increíblemente quebradizos de patas, dos fueron sustituidos por sendos y vulgares sobreros de Peralta. Tan solo el quinto se mantuvo entero tras simularse la suerte de varas para luego resultar muy peligroso. El pavoroso sexto quedó inservible por lastimarse de una mano nada más iniciar el trasteo de muleta Sebastián Castella a cuyo cargo corrió la única faena importante de la tarde con el segundo sobrero aunque volvió a estropear todo con la espada. El Juli pasó prácticamente desapercibido. Y El Cid pasó uno de los tragos más amargos de su vida, librándose de ser corneado por puro milagro.
Plaza Monumental de Pamplona. 13 de julio de 2007. Novena de feria. Tarde muy calurosa con el llenazo habitual. Cuatro toros de Antonio Bañuelos, muy bien aunque desigualmente presentados y sobradamente armados, algunos espectacularmente veletos, como el sexto, de aspecto pavoroso y a la postre inútil tras romperse una mano nada más iniciada la faena de muleta por su matador. Muy débiles de remos cuando no quebradizos de patas o de manos, como el segundo y el tercero que fueron devueltos, siendo sustituidos por sendos sobreros sin buenas hechuras ni clase aunque en las manos de los dos toreros que cayeron resultaron manejables. Los de Bañuelos apenas resultaron lucidos salvo el quinto que desarrolló mucho peligro hasta ponerse imposible. El Juli (corinto y oro): Bajonazo, silencio. Pinchazo, casi entera trasera y descabello, palmas con saludos. El Cid (amapola y oro): Cuatro pinchazos y tres descabellos, aviso y silencio tras algunos pitos. Pinchazo corrido que abrió un largo ojal y estocada trasera caída, ovación mientras pasaba a la enfermería donde fue atendido de contusiones múltiples y de posible luxación en el hombro pendiente de estudio. Sebastián Castella (turquesa y oro): Tres pinchazos y cinco descabellos, silencio. Pinchazo muy hondo en los bajos, palmas seguidas de protestas a la presidencia por no haber devuelto el toro.
Una corrida desgraciada, se mire por donde se mire, y para colmo aciaga para uno de los actuantes, El Cid, que vino para sustituir al todavía convaleciente de su grave cornada en Alicante, José María Manzanares, y por poco la termina en el quirófano por la tremebunda cogida que sufrió en plena faena del quinto de Bañuelos, el único que se mantuvo entero por apenas picado – ni le hicieron sangre –, llegando a la muleta con un pitón derecho peligroso por el que ya había avisado durante la brega en el primer tercio. Más adelante hablaremos de este inoportuno percance de El Cid y de por qué sucedió, lo que en todo caso dejó en evidencia lo equívoco del planteamiento de la faena del torero de Salteras. Pero siguiendo con las desagracias, señalar como mayor de todas el catastrófico juego que dieron los toros de Antonio Bañuelos que ayer debutó como ganadero en Pamplona y no pudo tener peor suerte ni sufrir más daño con las repercusiones que tal desastre le causará de ahora en adelante, sobre todo en las corridas que podría lidiar en plazas de gran categoría.
Porque una cosa es lidiar y triunfar tal y como viene logrando en la plaza de Burgos, en cuya provincia pastan los toros quizá demasiado afectados por el frío, las heladas y las lluvias invernales, y otra muy distinta en ruedos donde se exigen tamaños y pesos enormes sin contar la intensa lidia que, por lo visto ayer, les resultó muy difícil de soportar. La corrida empezó con un animal que no cesó de caerse aunque, por muy noble, El Juli pudo pasarlo de muleta con buen son sin que la bondad de algunos pases repercutiera lo más mínimo en el aprecio del público. Y es que este toro debió ser devuelto. Tal como ocurrió con los dos que siguieron.
El Cid anduvo correcto con el primer sobrero de Peralta aunque tan vulgar como el toro y, encima, se eternizó con los aceros lo que enfadó al público. Este mismo fallo a espadas privó a Sebastián Castella de triunfar como hubiera merecido con el tercero, segundo sobrero de Peralta. Un toro más en Contreras que el anterior pero de complicado juego porque en corto se metía por dentro y en la media distancia reponía de inmediato, razón por la que Castella tuvo siempre que perderle un par de pasos para, en cada pase, citar a unos tres metros que fue por lo que, poco a poco, logró corregir al animal, mejorando el trazo de la faena a medida que fue avanzando. Trasteo importante y de maestro consumado el del francés que supo y pudo tapar todos los defectos que tenía el toro hasta hacerle embestir, para la mayoría de los espectadores, como si fuera bueno. Otra nota muy alta más para Castella aunque con la espada pegara luego un verdadero y lamentable sainete.
El cuarto fue el más corriente de los de Bañuelos aunque a la postre se dejó gracias a la lidia que le dio El Juli quien, además, lo toreó por lo clásico sin que tampoco el público le hiciera caso hasta que Julián se tiró por peteneras de cara a la galería del sol, logrando que al menos las peñas le aplaudieran. Pero como sus colegas falló con la espada y todo se fue al garete.
Y llegó el quinto. Un mal toro que, supongo, El Cid cuidó en varas pensando que se iba a caer como los hermanos, equivocándose de medio a medio porque el animal se fue arriba en palos y en la muleta con las pésimas intenciones que ya había cantado en el capote. Sobre todo por el lado derecho. Garrafal fue empezar la faena por ese pitón con la mano retasada en los cites y sin confianza por lo que el toro se adueñó de la situación mientras el torero naufragaba una y otra vez. También en sus intentos al natural. Y terriblemente cuando volvió a citar por las afueras con la mano derecha. Le vio el toro, se fue para el torero como una exhalación y surgió el volteretón que debió dejar grogui al matador, zafado finalmente de los que corrieron a auxiliarle para matar, menos mal que pronto, de pinchazo y estocada, gesto que agradeció el público a El Cid mientras pasó maltrecho aunque por su pie a la enfermería.
Así de mal las cosas, saltó el muy cornalón sexto al ruedo y Castella se hizo presente con la calma, el temple y la seguridad que acostumbra dando esperanzas a todos de triunfar y hasta de armar un alboroto. Lo que sucedió al empezar su faena en los medios con un emocionatísimo pase cambiado con la derecha por la espalda, instante en que el toro se rompió la mano y entre la protestas del público que pidió se devolviera el toro a los corrales, acrecentadas cuando el palco se negó – reglamentariamente con razón pero estratégicamente sin ella -, a Castella no le cupo otro remedio que matar al toro mientras la gente abandonó la plaza más que disgustada.
Comentarios:
Por supuesto, la crónica de del Moral realista, analítica y taurina.
Saludos a todos los buenos aficionados que intervienen en esta página.
M.MOLÉS a)"Mangón"
.....Y para mayor verguenza la de Carmen Calvo la ex-ministra de la incultura al concederle la Medalla de Oro a las Bellas Artes en el Toreo a este profesional inmoral y degenerado. Claro como ella misma, la Pasionaria de Cabra como la conocen desde chica en su pueblo.
Mis felicitaciones a José A. del Moral por contar la corida como fué. a)"Mangón"
Mas o menos estaba previsto el desenlance de ésta corrida que por algo es conocido el hierro por el nombre de "Buñuelos". No dudo de la ilusión y esfuerzo del ganadero pero hay que ser mas comedido y no fanfarronear tanto de sus toros por los únicos triunfos de carácter localista en su plaza de Burgos. Nos han bombardeado continuamente con las llamados "toros del frío" (se ve que con el calor se derriten) de sus carácteristicas singulares y multitud de cualidades, difusión que se presume es consecuencia de las buenas artes del ganaderos en relaciones públicas e interesadas. Valga como ejemplo la repugnante intervención de los locutores de Digital Plus con comentarios de justificación del juego de los toros y hasta su glosa. Qué poca verguenza la del fenicio M. Molés. ¿Qué motivos tendrá para defender lo indefendible? Los que le han acusado de cronista corrupto (vulgo: mangón)lo habrán pensado por sus comentarios de ésta tarde. Y para mayor verguenza la de Car...
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José Antonio del Moral
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