8ª de San Juan en Alicante. Apasionante mano a mano entre El Juli y Manzanares que terminó gravemente herido
25.06.07 @ 07:12:48. Archivado en Toros, Crónicas
Y más que orgulloso tras lograr el triunfo más legítimo de su carrera. Cortó las dos orejas del toro que le hirió tras cuajarle una portentosa faena y matarlo de perfecto volapié sin permitir que le llevaran a la enfermería para lo que le hicieron un torniquete. Fue lo más emocionante de un correoso festejo en el que los toreros estuvieron muy por encima de los toros y el público inexplicablemente frío con el diestro local hasta llegar el momento culminante. Antes, El Juli había andado tan sobrado como magistral cortando tres orejas, mientras Manzanares llevaba su tarde injustamente de vacío con el peor lote de un por todo desigual encierro compuesto con reses de tres hierros.
Plaza de toros de Alicante. 24 de junio de 2007. Séptima de feria. Se lidiaron reses de tres hierros. Dos de García Jiménez (sin rematar, chico y avacado el muy flojo aunque con clase el primero y más serio, fuerte y encastadísimo el sexto); un segundo de Peña de Francia de la misma procedencia y dueños, con cuajo, pobre de cabeza y con poca fuerza. Y tres de El Ventorrillo. Bien presentado, distraído y manejable aunque con genio y finalmente rajado el que hizo de tercero. Cuajado, altón y francote aunque sin humillar nunca el corrido en cuarto lugar. Y bravucón, informal y sin ninguna clase el lidiado como quinto. El Juli (corinto y oro): Pinchazo hondo y descabello, aviso y ovación. Estocada baja, oreja. Estoconazo a capón trasero desprendido, dos orejas, excesiva la segunda. José María Manzanares (marino y oro): Gran estocada, ovación. Buena estocada y dos descabellos, dos avisos y escasísima petición seguida de ovación. Gran estocada aún estando gravemente herido, dos orejas. Pasó por su pie a la enfermería donde fue intervenido de grave cornada con dos trayectorias en el muslo derecho al nivel del triángulo de escarpa.
Orgullo y pasión, sangre, sudor y lágrimas apenas contenidas por la emoción a raudales que la mayoría de los presentes sentimos en lo más hondo del alma cuando José María Manzanares se fue por su propio pié a la enfermería en un derroche de hombría tras haber vivido los diez minutos más intensos de su vida frente al toro que acaba de herirle gravemente. Hasta tuvo el gesto de matarlo como mandan los cánones - ¡qué hermoso debe ser poder hacerlo en tan inusitada circunstancia! -, verlo rodar, esperar a que le concedieran esas dos orejas que tanto se le habían negado a lo largo de la muy tensa tarde, que se lo llevaran las mulillas, agradecer luego y señorialmente a la presidencia la concesión los trofeos, y abrazar a su padre que hasta la arena había saltado para ayudarle más que preocupado porque había sido el primer percance serio del queridísimo hijo, ambos más juntos sus cuerpos que nunca porque solo ellos sabían perfectamente por qué había ocurrido todo.
Y es que a José Mari le habían fallado los reflejos y no pudo quitarse del inesperado amago de cogida en la última décima de segundo, como otras tantas veces había reaccionado a tiempo, debido al bajón de glucosa que el joven torero había padecido por la mañana. Claro que, también habían contribuido sus ilimitadas ansias de triunfo y la inexplicable e injusta frialdad de la mayoría del público – ¡precisamente su público, sus paisanos¡ - tras la meritísima faena que había conseguido enjaretar ante el muy complicado toro anterior que se quedó amorcillado tras la estocada durante eternos segundos por lo que sonaron dos avisos antes de que muriera de un segundo golpe con el descabello. Y ni un pañuelo. Como si la plaza de Alicante se hubiera convertido en Las Ventas de sus tardes más amargas. ¡Qué extraño, qué cambiante es a veces el público de toros¡. Anteayer locos y entregados con los más guapos de las revistas rosas. Ayer circunspectos y exigentes con el gran torero de casa. Hoy, ya veremos…Porque, ¿Quién sabe?
En el momento de escribir esta crónica me entero por teléfono de que Manzanares ya descansa en el hospital, y de que en León también han caído El Fandi con rotura de escafoides de la mano derecha que le va a tener más de un mes y medio fuera de combate, y Cayetano de su segunda cornada en menos de diez días. El tiempo pasa en el toreo a velocidad de vértigo y pronto se verán los tres de nuevo ante el peligro. Así es esta fiesta, su grandeza y sus miserias más temidas.
Al llegar rápido al hotel para dar cuenta de lo sucedido, me encuentro con El Juli en la puerta del ascensor y, tras abrazarnos, repasamos la corrida en la que acaba de competir mano a mano con Manzanares.
- Te creía todavía en la enfermería, le digo. Te he visto entrar porque yo estaba esperando noticias en la puerta y no te visto salir.
- ¡Qué pena lo de José María, ¿verdad?, me contesta. Con lo bonito que habría terminado todo. Los dos a hombros por la Puerta Grande. Yo no he querido salir.
Noto a Julián seriamente consternado y contrariado. Nadie como él sabe lo que es esto. Y me adhiero coincidente en todo. Lo mismo que a su triple triunfo tan buscado. Porque El Juli había entrado en el cartel sustituyendo a Morante de la Puebla. Todo un detalle y luego… un honor compartir la tarde mano a mano con el hijo del maestro.
El Juli, en efecto, había logrado, tal y como suele y ayer más, fabricar cual prodigioso bordador las aparentemente imposibles por débiles embestidas del primer toro en una faena de creciente donaire y sedosa largura con redondos y naturales redondísimos que ligó a sucesivos e improvisados molinetes, a pases de las flores, a trincheras y a eternos de pecho, compuestos como un ramo de rosas de varios colores. Una preciosidad de faena que no fue bien cerrada con la espada por lo que no tuvo premio.
Pero sí la segunda frente al bravucón tercer toro al que pulió todas y cada una de las aristas del genio que sacó hasta cortarle la oreja pese a lo bajo que le cayó la espada. Y dos al mejor matado quinto que no dulcemente toreado porque con éste no hubo más que hacer que pasarlo de muleta con recursos y experimentadas tablas sin atender a remilgos ni a florituras por lo malo que fue.
Tres orejas contra ninguna de Manzanares, pusieron a cien al más joven de cara al último y definitivo toro de la tarde. Y a cien, a mil, a millón por dentro aunque por fuera tranquilo y sosegado lo toreó José Mari como nunca en cuanto a ilimitada y apasionada entrega. Y a total, a absoluta pureza en la interpretación del toreo fundamental y eterno. El más netamente aristocrático que se pueda imaginar. Naturales, redondos y cambiados profusamente ligados en series intensísimas, inacabables. Seis, siete, ocho seguidos, cosidos como perlas hiladas en platino…
¿Más? Más. Y el toro cada vez más cerrado hacia el torero. Y el torero más y más entregado y roto en cada muletazo. Y la plaza, por fin rota también. Y todos deseando que entrara a matar ya mismo porque la faena se alargaba más de lo debido cuando el triunfo lo tenía más que asegurado. Llegó entonces la cogida. Y las lágrimas. Pena y alegría, enojo y satisfacción, rabia y contento. Oro, seda, sangre y sol. ¡Así es el toreo¡ ¡Así de grande y de tremenda es esta Fiesta¡. ¡Que te cures pronto mi joven maestro¡.
Comentarios:
Solo dos cosas.
1.Como Canario decir que en aqui hay muchos mas aficionados a la fiesta de lo que se piensa.Nuestros politicos se sacaron una ley populachera para prohibir las corridas mientras permiten las peleas de gallos por arraigadas en nuestro territorio.No tengo ningun problema con las peleas de gallos pero es como minimo una hipocresia permitir unas y prohibir otras especialmente si una se basa en las apuesta.
2.La faena que hizo Manzanares al sexto fue de tal belleza plastica y tal dominio que resulto extenuante para el buen aficionado.Simultaneamente habia una corrida en Canal sur que aqui se paso en diferido porque antes hubo futbol.Tras la de Alicante podia haber visto los 4 ultimos toros de esta corrida.Bueno,pues a este aficionado,no le quedaron ganas de ver mas toros despues de lo visto en Alicante.Manzanares,joven MAESTRO.
Esta temporada merece un libro tuyo.
Supongo que ya te lo habrás planteado.
Recuerdos para Melones, Tasio y Chiquetete...
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José Antonio del Moral
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