Festejos del Aniversario en Bilbao. Oreja para Ponce, incólume en su magisterio, como pertinaz Castella en su conquista del poder
16.06.07 @ 21:56:14. Archivado en Toros, Crónicas
El gran torero valenciano la cortó del cuarto toro de una hermosa corrida de Torrestrella, en su mayoría deslucida, por la perfecta lidia que le dio, gracias a la cual logró sacar el escondido partido que presentó el animal, mejor para el público que para el toreo. También anduvo muy por encima del flojo primero con el que se inventó una faena aunque la malogró con un espadazo muy caído. El Juli no terminó de andar a gusto con su muy mediocre lote, mientras Sebastián Castella se la jugó como siempre con el más incómodo tercero por el genio que sacó y cuajó la faena más completa y jaleada de la tarde con el sexto, el único verdaderamente bravo y noble del envió aunque, por pinchar, perdió un trofeo y hasta que le pidieran dos.
Bilbao. Plaza de Vista Alegre. 16 de junio de 2007. Corrida conmemorativa del 707 aniversario de la fundación de Bilbao. Tarde nublada y cálida con más de dos tercios de entrada. Seis toros muy bien presentados de Torrestrella. Salvo el sexto que resultó bravo y muy noble, presentaron diversas dificultades. El cuarto terminó siendo posible en las manos que cayó. Y los corridos en segundo, tercero y quinto lugares, apenas dieron opción de lucimiento. Enrique Ponce (marfil y oro): Estocada muy caída, aviso y gran ovación. Estocada trasera, aviso y oreja de muho peso. El Juli (azul prusia y oro): Estocada habilidosa, palmas. Pinchazo, otro hondo y ocho descabellos, aviso y silencio tras leve división. Sebastián Castella (añil y oro): Pinchazo y buena estocada, saludos desde el callejón. Pinchazo, otro muy hondo y cuatro descabellos, aviso y gran ovación. Muy bien a caballo Antonio Saavedra.
Antes de entrar de lleno en la corrida que ocupa esta crónica, solo unas líneas para ahorrar a los lectores en berrinche de otra crónica sobre el festejo del día anterior en el que se lidió una preciosa y excelente novillada de El Torreón sin apenas público en la plaza, algo que a la postre resultó triste premonición. Tan poco público, en efecto, presagió la preocupante actuación de los hijos de Ángel Teruel y de Palomo Linares quienes desaprovecharon una magnífica y para ellos muy cara oportunidad de triunfar en una plaza tan importante. Menos el segundo y quizá el sexto novillos, lo demás y sobre todo el primero y el tercero dieron juego para haberles formado un lío y la verdad es que ninguno de los dos jóvenes espadas lo consiguió, si bien Teruel – más preparado, fino y templado - pudo haber cortado la oreja del tercero que, desgraciadamente, le cogió con el resultado de una cornada envainada que le fue descubierta en la enfermería a donde pasó tras matar a su magnífico oponte tras pincharlo. Y mal sin paliativos Palomo que, por el percance de su compañero, tuvo que matar cuatro novillos y con ninguno se acomodó ni acertó.
Otra cara bien distinta e ilusionante presentaba la tarde que siguió y a fe que, de no haber sido por el pobre juego que dieron la mayoría de los toros de Torrestrella, por lo que respecta a los grandes toreros que actuaron, dos de ellos no pudieron andar mejor. Incólume Ponce en su indiscutible magisterio tantas veces demostrado y muy particularmente aquí, en Bilbao, donde le adoran como también el valenciano a su público más agradecido. Anduvo sensacional Enrique tanto en la perfecta lidia que dio a sus dos toros como por cómo luego los toreó. Al primero de la corrida, muy flojo, en su versión inventiva a base de temple exquisito y de infinita paciencia hasta meterlo en la muleta como si hubiera tenido fuerza. Y al más encastado, imponente y difícil cuarto, por la exactitud con que planteó su obra que, finalmente, desembocó en una faena de poder a poder marca de la casa que empezó con traza de domador y terminó en dibujo, relajo y mucho mejor estéticamente de cómo la inició.
No es cosa de volver a decir, como tantas veces, lo incombustible de este Ponce ya consagrado y más que maduro, tan ilusionado e inasequible al desaliento como desde que empezó su lanzamiento a la cumbre en 1991, precisamente en esta misma plaza y también con un toro de Torrestrella, gran triunfo que le abrió las plazas de toda España. Ayer, además, Ponce hizo honor a quien brindó su importante faena, Agustín Martínez Bueno, gran promotor hotelero, sobre todo persona de excepción y alma máter del ambiente taurino de Bilbao desde su celebérrimo hotel Ercilla. Y a tal señor, tal honor. Enhorabuena a los dos.
El Juli no tuvo suerte y como ahora anda buscando en todas partes toros que le sirvan para reeditar su enorme faena de San isidro, no luchó como cuando era un niño prodigio y, la verdad, se aburrió. Al contrario que Sebastián Castella que se la jugó como siempre con el toro más enrevesado, el tercero, y cuajó al bravo y noble sexto una faena que fue grande en varios pasajes con la mano derecha, sobre todo al final por circulares sin moverse del sitio que pusieron a la gente en pie aunque, por fallar con los aceros, lo que iba para otro triunfo más del matador francés quedó ovacionada celebración.
Y hoy en Barcelona. Para qué les voy a poner más nerviosos con las incalculables expectativas que ha despertado la reaparición de José Tomás. Esperemos a ver lo que pasa y tendrán puntual información y opinión.
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José Antonio del Moral
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