4ª y última del Aniversario en Madrid. Una gran corrida de Juan Pedro con demasiada clase para tres toreros sin ella
11.06.07 @ 08:52:01. Archivado en Toros, Crónicas
Les indigestó tanta bondad, especialmente al muy admirado y esperado Cid que, como casi siempre, se llevó el mejor lote con un quinto toro excepcional al que debió formar un lío de los grandes y ni sus partidarios le dejaron dar la vuelta al ruedo tras pinchar una simplemente buena faena que, ni de lejos, anduvo a la altura de la extrema calidad del precioso y fantástico animal. Casi otro tanto cabe decir de Miguel Abellán quien, en estas dos ferias, ha mostrado su inapelable decadencia aunque hace tiempo que había dado su bajo techo profesional. Quizá el menos favorecido por la mayor debilidad de los toros de su también muy noble lote, fue Miguel Ángel Perera que ayer reapareció en Las Ventas tras la inoportuna cornada que recibió hace días en esta misma plaza. Evidentemente nervioso por el grave y para él determinante compromiso, tampoco dio la talla esperada y volvió a perder otra oportunidad.
Madrid. Plaza de Las Ventas. 10 de junio de 2007. Cuarta y última de la feria del Aniversario. Tarde calurosa con viento y el lleno acostumbrado. Seis toros de Juan Pedro Domecq, magníficamente presentados y muy nobles en distintos grados de bravura y de fuerza, limitada las de los toros tercero y sexto. Por mejores, destacaron los dos primeros y, sobre todo, el quinto que embistió de principio a fin con clase excepcional. Manso ante el caballo el muy suelto de salida cuarto, también rompió a bueno en la muleta, especialmente por el lado izquierdo que, por cierto, quedó prácticamente inédito. Miguel Abellán (blanco y plata): Pinchazo, casi entera perdiendo la muleta y descabello, silencio tras ovación para el toro en su arrastre. Dos pinchazos y estocada trasera caída y algo atravesada, aviso y silencio. El Cid (perla y oro): Dos pinchazos y estocada desprendida, palmas. Pinchazo, estocada desprendida y tres descabellos, aviso y gran ovación con intento frustrado de dar la vuelta al ruedo tras ovación para el toro en su arrastre. Miguel Ángel Perera (añil y oro): metisaca en el cuello con abundante derrame y efectos fulminantes, pitos. Estocada caída, silencio. Bien en palos, Montoliú y El Chano quien, asimismo, lució en la brega como también El Boni.
Muchos en la plaza de Las Ventas, acudieron a la última corrida de estas dos ferias consecutivas - dejémonos de historias y de distintos nombres para cada una, San Isidro, vamos – con la escopeta cargada contra los toros de Juan Pedro Domecq, en la seguridad de que el gran ganadero iba a pegar un descomunal petardo en la tarde de su tardía reaparición en Madrid. Se la tuvieron que envainar. Así, como suena. Y no solo envainar, sino reconocer aunque a trancas y a barrancas, que la mayoría de las reses que trajo tuvieron irreprochable a más de bella y hermosa presencia, incluidas sus buidas y abundantes cabezas, sino que dieron juego sobrado para triunfar a los tres espadas. ¡Qué digo triunfar¡ Para cortarles al menos 9 o 10 orejas a poco que las espadas hubieran funcionado con prontitud, decencia y eficacia ¿Ustedes se imaginan qué les hubieran cortado a estos mismos toros Ponce, El Juli y Castella o Manzanares? Pues sigan imaginándolo porque van a pasar años hasta que se olviden del despilfarro que ayer cometieron Miguel Abellán, El Cid y Miguel Ángel Perera. Muy justo hubiera sido que a Juan Pedro o a su mayoral les hubieran obligado a saludar tras la lidia de los seis toros, ya que por tan mala suerte por los toreros que les cupieron en desgracia, fue absolutamente imposible salir a hombros junto a los triunfadores como alguna vez ha sucedido aquí mismo en Madrid con menores motivos.
Pero !alto ahí¡. Detengámonos muy especialmente en El Cid como corresponde a su mayor rango y categoría de figura del toreo, sobre todo en Madrid, plaza donde goza de más prestigio que todo el escalafón. Bueno, pues ayer dejó en ridículo a cuantos así le consideran. Y mucho que siento decirlo así de claro. Porque su primer toro se le escapó casi por completo y el que hizo de quinto, a medias. De nuevo me veo obligado a hacer comparaciones odiosas. Ese magnífico, ese sensacional quinto toro – uno de los mejores de los que estos pasados días han barajado los jurados para ser premiados como ejemplar más distinguido por su bravura, nobleza y éste, además, con clase para dar y tomar - ese torero tan odiado y permanentemente denostado por el sectorcito de reventadores, a Enrique Ponce me refiero, posiblemente se hubiera complacido en indultarlo.
El Cid, como ya he dicho, lo aprovechó a medias en parte por plantear su faena donde más molestaba el viento pese a que ya había incurrido en el mismo fallo con su anterior oponente; y porque, de haberlo matado bien, le habrían dado una sola oreja. Y es que si le hubiera aprovechado para cortarle dos, seguro que nadie hubiese osado impedir la vuelta al ruedo que el torero de Salteras intentó dar - ¡y en qué inoportuno y fatal instante que quien se precie jamás debe hacer¡ - pese a los pinchazos que precedieron a la estocada definitiva y aprovechando la simple ovación que recibió en estricta justicia a lo que llevó a cabo. Una buena faena sin más aditamentos en la que, como le ocurrió con el segundo toro, aunque en éste con muy pocos muletazos, descubrió o dejó ver nítidamente que ambos embistieron con largura, hondura, temple y sobrada franquía. Y con el quinto para formar un lío de campeonato porque fue de revolución. ¿O no? Pues eso.
Del tal modo, Manuel Jesús Cid, quedó ayer en el sitio que verdaderamente le corresponde. Por detrás de la primerísima y ahora mismito más nutrida fila para gloria de la Fiesta. Aunque ya instalado por los innegables y anteriores méritos alcanzados con no poco esfuerzo, que eso nadie puede ponerlo en duda, lo de ayer fue un baldón en su carrera. Quizá disimulado como el propio torero intentó remediarlo a última hora, pero un baldón que le pesará mientras dure su ya no tan persistente y brillante estrella. Yo ya lo sabía. Pero ayer, lo supieron todos los que quisieron verlo.
Y Miguel Abellán otro tanto aunque éste ya estaba calificado de antemano y más en esta misma feria. También se le escapó el primer toro y con el hermosísimo manso cuarto, en vez de torearlo con la mano izquierda que fue por donde metió mejor la cara, se empeñó una y otra vez con la derecha, dejando libre de culpas al “engañabobos” que tuvo enfrente. Una pena.
¿Y Perera? Pues que ayer tampoco fue su día. Con peor suerte que sus colegas ante dos toros menos agradecidos por lo que se defendieron debido a su menor fuerza y aunque no la más negra, anduvo nervioso e impreciso, atenazado por su mayor y para él más determinante compromiso – era el que tenía más que ganar o perder –, tampoco estuvo a la altura de lo que todos esperábamos y deseábamos. Que de una vez por todas, rompiera al menos con una solitaria oreja, la del tecer toro. Aunque en determinados momentos, Miguel Ángel mostró el valor y la firmeza que nadie duda es capaz de poner de manifiesto, la cabeza no acabó de funcionarle, y el carbón que echó a la lumbre a paletadas en el inicio de su primer trasteo, no prendió después hasta quemar a la parroquia, ya por cierto cansada de ver como, uno a uno, al menos cinco toros se habían ido al desolladero sin la gloria que merecieron.
Comentarios:
Por esto creo usa una forma mas "suave" en criticar al joven talavante (como en la cronica de toledo) y otra a quien ya abriò 7 veces las puertas grandes de madrid y sevilla y se enfrenta a un gran toro (por cierto ovacionado en el arrastre) sin aprovecharlo!
No entiendo porque molesta tanto hablar tan claramente y siempre explicando las opiniones (que por cierto son personales y discutibles, como se puede hacer en este espacio abierto, unico en la critica por cierto)
Pero lo absurdo es ver la web de OyT donde se dice lo mismo pero de manera mas dulce ("El Cid pudo estar mejor") y no obstante abundan los piropos a la independencia!....sin palabras!
Cuanta envidia hay en el mundo del toro y cuantos pocos saben gozar de su pura esencia!
...
La solución pudiera ser que EL Cid invitase asiduamente a Don José Antonio a su finca,ya que afortunadamente parece s...
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José Antonio del Moral
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