Corrida de la Beneficenia en Madrid. Inimaginable tarde de Morante: De la desesperante y pertinaz desgracia al más sublime final
07.06.07 @ 01:26:22. Archivado en Toros, Crónicas
Memorable corrida de las de ver para creer en la que el gran artista José Antonio Morante de la Puebla tuvo que afrontar la peor de las suertes con cinco toros de otras tantas ganaderías en mayor o menor grado inservibles por su flojera que terminó en cogida por el quinto que tuvo que matar uno de los sobresalientes. Hasta que, cuando nadie creyó que Morante podría regresar al ruedo para matar el sexto, lo hizo en gesto que no solo le honra por el esfuerzo que representó torear tan mermado de facultades físicas, sino para cuajar una de las actuaciones más entregadas, completas, inspiradas y definitivamente geniales de su vida, tan solo paliada al entrar malamente a matar, lo que no fue óbice para que cortara una oreja pedida con clamor y salir de la plaza, no a hombros como mereció tan asombrosa obra, pero sí canonizado para la eternidad.
Madrid. Plaza de Las Ventas. Corrida Extraordinaria de la Beneficencia y primera de la Feria de la Comunidad, fuera de abono. Tarde calurosa sin una brizna de viento y más de tres cuartos de entrada, sólo con huecos en las gradas y andanadas de sol. Seis toros de otras tantas ganaderías. Cortito aunque muy descarado de cuerna el primero, de Gavira, muy noble aunque echando siempre la cara arriba en sus cortos viajes. Muy gordo el castaño segundo, de Román Sorando, manso, sin fuerza ni resuello tras la suerte de varas. Bien presentado el tercero, de Ana María Bohórquez, también sin fuerza ni apenas recorrido. Muy bien presentado el cuarto, de Rosario Osborne, manso en varas y noble aunque enseguida parado en la muleta. Bien presentado el colorao quinto, de Román Sorando, asimismo noble aunque muy a menos y algo avisado al final. Y bien presentado el sexto, de Núñez del Cuvillo, bravo, muy noble y a menos por su escasa energía aunque duró mucho pese a la intensa lidia y larga faena que recibió. Fue el único aplaudido en el arrastre. Único espada, José Antonio Morante de la Puebla (grana preciosamente bordado en oro y cabos esmeralda): Pinchazo hondo perpendicular que se hundió hasta más de su mitad y descabello, silencio tras algunas palmas. Seis pinchazos y estocada, silencio. Pinchazo hondo, murmullos y ligeros pitos. Pinchazo y estocada caída, silencio. No pudo matar el quinto por resultar cogido y herido, pasando a la enfermería en brazos de las asistencias, siendo curado de herida el la región superciliar izquierda (plena frente) y de puntazo corrido en la espina iliaca derecha de pronóstico leve que no le impidió continuar la lidia. Mató el toro el primer sobresaliente, Alejandro Castro, de pinchazo y estocada. Lidiado finalmente y tras larga espera el sexto toro por Morante, lo mató de metisaca en el brazuelo y estocada trasera caída, oreja pedida con clamor y vuelta apoteósica. Morante subió luego al palco regio para saludar al Rey Don Juan Carlos que presidió desde allí el festejo acompañado por la Presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, ambos muy aplaudidos tanto al aparecer en el palco como cuando lo abandonaron. En ambas ocasiones la banda interpretó la Marcha Real. Como es de obligada cortesía y rigor, Morante brindó al Rey su primer toro. Ninguno a nadie más.
De lo humano a lo divino y de lo divino a lo humano para que los pocos defectos que a Morante se le pudieron señalar en su genial actuación frente al sexto y último toro le devolvieran a la mortalidad, pasó sucesivamente Morante su muy esperada tarde en solitario frente a seis toros en Madrid. Sublime y completa obra que pasará por sí misma a los anales y, por supuesto, a la memoria de cuantos la pudimos ver y gozar, tanto los que estuvimos en la plaza como los que lo vieron por televisión. Gozar, además, porque las desgraciadas circunstancias que precedieron al portento dramatizaron tanto el inimaginable acontecimiento, que lo convirtieron en irrepetible e inconmensurable. Los grados de emoción compartida por el público con el intérprete en tan sin igual comunión de sentimientos, depararon momentos en los que, tanto el torero como los espectadores, nos sentimos en el mismísimo cielo.
Fue tanto el arte, el ARTE con mayúsculas, escrito con letras de oro y diamantes el que expresó por Morante en tan enorme y apasionada cantidad de inspiración e inaudita entrega después de haber sido cogido y herido por el quinto toro, que hasta se nos olvidó totalmente cuanto de malo había sucedido antes durante la breve lidia de los anteriores, tanto por lo que cupo achacar al mal juego por falta de fuerza de las reses como por el cierto y progresivo desfondamiento moral del torero, explicable y crecientemente contrariado a medida que le fueron saliendo, uno tras otra, todas y cada una de las cinco reses que apenas se prestaron a los esporádicos detalles y fogonazos cuando no simples chispazos del singular artista de la Puebla del Río en irredenta lucha con su mala suerte y la que mantuvo consigo mismo, al verse incapaz de arreglar lo que, en sus manos, no tuvo arreglo o conclusión posibles.
Y eso que la corrida había empezado por todo lo alto con el clamoroso recibimiento que el público tributó al Rey y a la especialmente aclamada Esperanza Aguirre por su aplastante triunfo electoral, otra vez gloriosa Presidenta de la Comunidad de Madrid; por el paseíllo que Morante encabezó muy adelantado de los sobresalientes de espada y de sus cuadrillas en medio de otra atronadora ovación que se reprodujo cuando, una vez deshecho el desfile, fue obligado a saludar, por cierto divinamente vestido con un terno grana y oro con cabos esmeralda y un precioso capote de paseo de seda negra bordada en azabache bajo los compases del pasodoble “Gallito”.
Todo hacía prever, pues, que íbamos a ser testigos de algo grande. Pero lo grande que, a la postre, resultó grandioso tardó mucho en llegar, si bien con el primer toro, al menos pudo estirarse Morante señorial en algunos lances del recibo y en los del quite, como también aunque a medias y en grado decreciente en su faena de muleta de apertura que no llegó a mayores porque el toro de Gavira casi siempre le enganchó el engaño al final de cada pase por defenderse punteando por arriba en cada viaje. Pero luego, nada más que breves e infructuosos intentos, expeditivos macheteos, pinchazos, más pinchazos y disgusto general que, esta vez, no fue manifestado por la mayor parte del silente y respetuoso público de cuyo comportamiento y, a pesar de todo, Morante no se podrá quejar.Impresionante el silencio de Las Ventas, ahora insólito por infrecuente mientras callaba la música torera morantista que aconteció al final.
La debacle llegó cuando Morante hacía ímprobo aunque no acertados esfuerzos con la muleta en su faena al quinto tras haber lucido magistral en su recibo por preciosas verónicas, larga superior y luego en un quintaesenciado quite por chicuelinas que embalaron al gentío, antes desesperado y en ese instante de nuevo ilusionado por ver si, por fin, fuera a llegar esa faena que todavía no había tenido lugar. También la inició muy bien Morante con majestuosos ayudados por alto seguidos de un largo y hondo natural cosido a uno de pecho aunque, enseguida, el toro empezó a fallar. Y a gazapear. Y hasta ponerse imposible por el lado izquierdo que fue, tras ser avisado por el toro, por donde se adelantó sorpresivamente al torero cuando, sin estar bien ni debidamente colocado, le tiró un gañafón certero, le derribó y luego le alcanzó varias veces, arrebuñado Morante y, ya inerte, en apariencia mal herido. Sensación fatal que todos sentimos y más cuando le vimos desmadejado en brazos de los que le llevaron rápidamente hasta la enfermería.
Todo así tan definitiva y desgraciadamente acontecido y a la espera de lo poco que los sobresalientes pudieran lograr – el primero de ellos, Alejandro Castro, mató al quinto toro, y disponiéndose el segundo, Miguel Ángel Sánchez, para lidiar y matar el último – mientras muchos espectadores emprendían la huída cariacontecidos, los altavoces anunciaron que Morante iba a salir haciéndoles volver precipitadamente a sus localidades. Y, el caso fue, que Morante salió entre la ovación del agradecido público, atónito al ver al torero de nuevo recompuesto de la paliza y, sobre todo, por su evidente disposición para volver a intentarlo sin perder un solo gramo de la ya tan castigada moral.
En ese sobreponerse infinitamente de Morante y, no solo sobreponerse, también en crecerse arrancado como nunca, y en dejarse, sentirse y en poder pensar para llegar a torear como toreó, primero de capote, luego al banderillear como nadie le había visto jamás, y después con la muleta abandonado, transido hasta reventar una vez cerciorado de la nobleza del toro de Cuvillo – otra vez uno más de Núñez del Cuvillo y van… - radicó el fondo de una de las creaciones más completas, inspiradas y definitivamente geniales que el gran artista de la Puebla haya podido regalarnos en su ya larga vida profesional.
Hasta siete verónicas de inigualable traza, hondura y temple ligó Morante a la inmensa media con que saludó al toro. Tres y otra media aún mejores las del primer quite. Sensacionales los delantales del segundo. Perfectos los dos pares de banderillas en corto y formidable, sorprendente el que puso al quiebro por los adentros. Colosales los ayudados ganado un paso a cada pase con que inició la faena seguidos de un eterno natural que cosió a un kikirikí que todavía canta… Y así todo lo demás, bien al natural o en redondo en la segunda mitad para alcanzar el éxtasis con tres naturales de milimétrica técnica - ¡qué toques más precisos¡-, ajuste absoluto, trazo mecido, rota la cintura y largo remate – todo ello pausado y paseado entre las breces tandas con la natural elegancia e impar apostura en el andar torero, ¡torerazo¡, por todos los costados - hasta, sin parecer cansado nunca, llegar el festín de señeros adornos que abrocharon esta faena, quizá tan genial como benditamente imperfecta para que, tras parecernos divina, aconteciera de las manos de un mortal. Era Morante en persona. Se Le pudo tocar. Y meter los dedos en su llaga. Cerciorarnos de que quien acababa de hacer eso era un hombre de carne y hueso aunque, artística y definitivamente, inmortal.
Que luego de aquello se le fuera la mano hasta el sótano más bajo y que volviera a tener que agredir defectuosamente para matar al toro, fue lo de menos. Lo que había quedado esculpido sobre a arena de Las Ventas, quedará para siempre. Como la penosa suerte y el drama que prologaron el evento que tanto influyó en el postrero arranque del torero. Como su lento paseo con la oreja por el ruedo mientras la gente le tiraba de todo: palmas, sombreros, puros y flores, besos y abrazos, corazones abiertos, lágrimas, y hasta el llanto gozoso que surge de lo más hondo de alma cuando se ve torear como ayer vimos a Morante.
¡Viva Morante¡. ¡Viva el toreo¡. ¡Viva la Fiesta Nacional¡.
Comentarios:
solo para FELICITARTE por tan maravillosa crónica escrita por la tarde de Morante en Madrid... dije en la radio que faenas así ponen en aprietos a los cronistas... y como un buen toro descubre a los malos toreros.... en esto también. Y la verdad es que la leí de cabo a rabo enla radio y -como no pude ver la corrida por internet- disfrutamos todos y era como si hubieramos estado ahí.... MIL GRACIAS! por sentir tanto y luego ser capaz de expresarlo así de BIEN! TORERAZO! de los de antes, del pellizco y del arte, de los que con la pluma también destapan aquel famoso tarro de las esencias!.
Gran Maestro de la Crónica Taurina
un fuerte abrazo y todo mi cariño.... el final fue apoteósico: Marca de la casa... "muy en Del Moral" dije en la radio.
sigue así...
Viva la Fiesta Nacional Española, raigambre y sentimiento de lo que somos, hombría, rectitud y catolicismo.
Y una en las cuales triunfa la grandeza de la Fiesta!
Y que desde ayer, cuando un Torero volvio' tan milagrosamente a la vida y dibujo' en el ruedo una obra de Arte que ahora es eterna, considero tambien una fiesta magica y divina!
Viva la Fiesta y el Arte del los toros!
Y viva los Joseantonios!!
Ese quinto toro dejo una cicatriz en la frente de Morante, pero a nosotros esa cicatriz la llevamos en el corazon...Viva el Toreo!!
Muy buena esta crónica.
Y muy buen toreo el de Morante para quienes como yo ya estamos hartos del pase con la derecha,el natural,el de pecho y a matar.
El toreo es un arte y el toreo de Morante es puro arte. De acuerdo con que Castella y Talavante son muy valientes,que Ponce y El Juli tienen buena técnica y que El Cid torea muy bien al natural. PERO EL ARTE SE LLAMA MORANTE como antiguamente se llamaba ORDOÑEZ,PACO CAMINO y ANTONIO BIENVENIDA. Y más tarde,con reparos, Curro y Paula. En minúsculas,claro.
ETERNO
No tengo palabras para expresar la emoción, la belleza, el arte, el toreo eterno.
Impresionante ese silencio de las Ventas cada vez que el de la puebla citaba al toro del Cubillo.
Emoción, éxtasis, felicidad...
Gracias Morante, torero.
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José Antonio del Moral
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