25 y última (aplazada) de San Isidro. Urge tomar medidas drásticas
04.06.07 @ 22:57:40. Archivado en Toros, Crónicas
Sorprendente primer final de feria con la corrida aplazada de Guardiola Fantoni, desigual en todo con predominio de toros enormes aunque algunos resultaron francamente manejables como el primero,el segundo, el quinto y, sobre todo, el más bonito, encastado y muy noble cuarto que se lidió como sobrero de Herederas de Bohórquez tras ser devuelto inexplicablemente en pleno tercio de banderillas y una vez masacrado en varas el gigantesco de la ganadería titular. Le correspondió a un como casi siempre teatral Luís Francisco Esplá quien, con muchas tablas y de no haberle matado de infamante sartenazo, hasta podría haber triunfado entre el regocijo de un público en su mayor parte compuesto de espectadores ocasionales invitados por los muchos abonados que desertaron. Grata impresión causó aunque solo por su buen estilo, Torres Jerez. Y muy mala Álvaro Justo por muy verde y aturdido.
La aplazada y última corrida de esta feria no merece por mi parte más comentario que el reflejado sintéticamente en los titulares de esta crónica. Y no lo merece tras quedar perplejo por no decir estupefacto ante la decisión que tomó la presidencia al devolver un toro por flojo mientras le banderilleaban tras haber sido destrozado en un descomunal puyazo y con la mayoría del público, conforme y hasta encantado con tan antirreglamentaria sustitución, incluidos los sectores ayer colaboracionistas y otras veces injustamente intransigentes. Algo que ya intentó El Cid que se produjera en la primera corrida que toreó aunque, en tal ocasión, la presidencia no lo acepó como correspondía al más estricto rigor que debe presidir en la primera plaza del mundo.
Una vez concluida la Feria de San Isidro aunque falten por ver las corridas del llamado ciclo del Aniversario – mera prolongación del anterior aunque con festejos mucho más cerrados y atractivos –, parece necesario advertir una vez más por lo que a mi opinión respecta, que la Comunidad de Madrid, propietaria de la plaza de Las Ventas, debería decidir un cambio drástico en cuanto a la concesión de la plaza por cuanto, por simple sentido común, parece más conveniente llevarla mediante gestión directa con encargo a profesionales acreditados – los mismos que ahora la dirigen, sin ir más lejos, como ocurre por ejemplo en Santander y también nada menos que en Bilbao – debidamente remunerados y, desde luego, advertidos además de vigilados para que la mayoría de los festejos se programen con inequívoca calidad en vez de seguir adelante con el consurso-subasta que todavía impera en busca de un negocio que este año debe de haber sido más mucho rentable para los empresarios que los dos anteriores, pero también bastante peor artísticamente hablando. Un abono que, indudablemente, se diseñó este año para que las cuentas finales no fueran tan deficitarias para los organizadores.
Los beneficios millonarios que para la Comunidad apenas representan nada en comparación con el descomunal presupuesto que maneja, deberían revertir no solo en la conservación, la mejora y la ampliación de instalaciones en el coso, sino en lograr de una vez por todas que el recinto de espectáculos taurinos más importante del mundo y en consecuencia a su gran categoría, ofrezca cada año garantías para que los festejos que se programen – sobre todo los de las ferias de San isidro y de Otoño – resulten lo más brillantes que se pueda. Para ello, bastará que quienes los organicen prescindan de contratar toreros que, sobradamente demostrado está y además desde hace tiempo, vienen desperdiciando las muchas reses que, como las de este año, han dado sobrado juego para poder triunfar y, en su lugar, sus puestos los ocupen cuantos también llevan tiempo acreditando su competencia profesional, incluso con toros poco propicios al éxito. Y es que hay que hacer repetir y hasta tripitir a los mejores y a los que pueden serlo.
Hagamos memoria de los muchos buenos toros y novillos, dejando aparte los que sí fueron aprovechados que, en esta última feria, han dejado escapar - en parte o en todo - los matadores que nombro a continuación y ya verán lo larga que es la lista: El 10 de mayo, uno de Martelilla a Luís Miguel Encabo. El 11, uno de Lagunajanda a López Chaves. El 12, uno de Araúz de Robles a Juan Bautista. El 14, dos novillos de Guadaira a Pérez Mota. El 15, un toro extraordinario de Núñez del Cuvillo a El Capea y otro a Curro Díaz. El 16, dos de Salvador Domecq a Matías Tejela aunque cortó oreja en ambos por cierto muy discutida la segunda. El 18, dos de Valdefresno a Miguel Abellán. El 23, uno de Victoriano del Río a Uceda Leal. El 24, uno de Alcurrucén a Matías Tejela. El 26, un sensacional sobrero de Martelilla a Eduardo Gallo. El 26, uno novillo de La Quinta a Benjamín Gómez y otro de no peor juego a José María Lázaro. El 31, uno, realmente bravo y noble, de Palha, a Sánchez Vara. El 1 de junio, uno de Adolfo Martín a López Chaves. El 2, uno y a caso otro más de Victorino Martín a Luís Bolívar. Y el 4, el sobrero de H.Bohórquez que correspondió a Luís Francisco Esplá. En total, más de 20 reses de claro triunfo que no se logró por exclusiva culpa de quienes les cayeron en suerte, o en desgracia.
¿Qué habría pasado de caer en manos más dispuestas y competentes? Que la feria habría resultado mucho mejor a pesar de que en algunas corridas se alcanzó el alto nivel que las figuras más destacadas vienen acreditando a pesar, incluso, de haber sido ninguneados por los “entendidos” del tendido 7 e imitadores contagiados, por cierto éste año no tan feroces como venían siendo porque, para fortuna de todos, andan notoriamente en declive y ya en franca minoría. Circunstancia que también se debería aprovechar para dar un vuelco definitivo a la plaza y hacerla más llevadera en sus tantas tardes de inaguantable ambiente.
Por supuesto que con esta desagradable lista no quiero decir que algunos de los mencionados no deban volver a Madrid - más de uno se ofuscó repentinamente o anda en mal momento, desde luego superable - y se les debería dar más oportunidades, aunque sin pasarse. Pero a la mayoría, ninguna más. Sobre todo a los que tantas llevan desperdiciadas. Del ganado y de las figuras triunfadoras que, salvo engorrosas y puntuales excepciones, han estado a la altura de la categoría de la plaza - Sebastián Castella como indiscutible vencedor, El Juli como autor de la faena más grande, José María Manzanares por valentísimo además de gran artista y Enrique Ponce, protagonista de la obra más importante y meritoria - escribiremos una vez finalizada la inminente y más breve Feria del Aniversario. Pues eso y manos a la obra.
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José Antonio del Moral
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