23ª de San Isidro en Madrid. Tampoco con los victorinos se arregló la feria ni se acabó el enfado
02.06.07 @ 22:33:18. Archivado en Toros, Crónicas
Muy bien presentada la corrida aunque de juego muy dispar y sin ningún toro de premio, ni siquiera el muy favorecido y magnificado Cid consiguió cortar la oreja que tenía sobradamente ganada de su primer toro, muy noble por el lado derecho, al pinchar una faena que, por ese pitón, sobresalió en su lentísimo templar aunque con la zurda le costó muchísimo redondear la obra por lo molesto que gazapeó el toro y le miró. Luego, con el pésimo cuarto que brindó al público como el anterior y tras ser muy mal lidiado, apostó durante tanto tiempo el de Salteras como se equivocó garrafal y persistentemente en la colocación más idónea al citar aunque a éste toro sí que le mató a la perfección. Sin ninguna suerte con su lote, con mucho el peor, Luís Francisco Esplá tuvo quizá la tarde más negra y desabrida de su vida en Las Ventas. Y fatal Luís Bolívar por su poca determinación frente al lote más propicio y fácil aunque en el recibo del tercero bordó los mejores lances de la jornada.
Madrid. Plaza de Las Ventas. 2 de junio de 2007. Vigésimo tercera de feria. Tarde medio calurosa con viento y lleno total. Seis toros de Victorino Martín, muy bien presentados y en el mejor tipo de la casa salvo que basto cuarto que ni pareció ser de la famosa divisa. Por más nobles, destacaron el segundo, aunque solo por el pitón derecho, el tercero y el sexto. Y pésimos además de mansos los corridos en primero, cuarto y quinto lugares. Luís Francisco Esplá (grana y oro): Media estocada caída y tendida tirando la muleta, silencio. Casi entera habilidosa, pinchazo trasero tendido y descabello, pitos. El Cid (encarnado y oro): Tres pinchazos y estocada, aviso y gran ovación. Buena estocada, aviso y muchas más palmas que pitos al saludar. Luís Bolívar (marfil y oro con remates negros): Pinchazo hondo sin soltar, otro pinchazo, tercer pinchazo hondo tendido y estocada caída, pitos tras palmas para el toro en su arrastre. Pinchazo y estocada caída, silencio tras palmas para el toro en su arrastre. De entre las cuadrillas destacó Alberto Martínez por su magnífica y muy eficaz brega en la lidia del cuarto.
Para qué nos vamos a engañar. Ayer había verdadera ilusión con la corrida de Victorino. Quizá más que nunca por cómo ha ido de mal esta feria tras los indiscutibles aunque tempranos éxitos de Sebastián Castella y El Juli sin que después nadie haya levantado cabeza, salvo Ponce con su importante aunque pinchada faena. Por cierto que, de Castella y de El Juli se habló mucho ayer antes de que comenzara el festejo por el escándalo que ha supuesto la elección de Julián López como triunfador del ciclo por los ilustres jurados del Premio Biarritz. Aunque volveremos más detenidamente sobre este turbio asunto, extraña que no haya sido Castella el premiado en vez de EL Juli, indudable autor de la mejor faena pero de ninguna manera el triunfador. No creo que tan discutible elección guste en Francia. Sobre todo al nuevo embajador en Madrid, Bruno Delaye, ni a los alcaldes de Bayona y de Biarritz, ni al Presidente de la República, ni a su Primer Ministro, todos ellos grandes aficionados y admiradores de su gran torero y compatriota. Y es que algunos parecen estar locos. ¡Vive la France!.
Pero vayamos al grano de la ilusión que concitó la tarde con los victorinos, cumplida solo a medias por la mala suerte que tuvieron algunos de los buenos toros que echó el ganadero de Galapagar. Ninguno para tirar cohetes aunque tres de triunfo cantado como fueron el segundo, el tercero y el sexto. El primero de ellos tuvo clase y temple para dar y tomar por el pitón derecho y los otros dos no tanta aunque sí mucha nobleza y por los dos pitones. Vamos, que ambos compusieron el mejor lote de la corrida para suerte y desgracia de Luís Bolívar, apoderado por Victorino hijo. Aunque Bolívar recibió al tercero con excelentes verónicas que hicieron concebir muchas esperanzas, en la faena de muleta el colombiano no fue capaz de torear bien colocado – casi siempre muleteó por las afueras - y se le escapó el triunfo que tanto necesita para romper. Como después igual y por lo mismo o peor con el sexto. O sea, que a Bolívar se le escapó ayer una carísima puerta grande con dos toros de sus propios apoderados. Para matarle. Y bien que lo siento. Como ellos mismos, supongo.
El centro de mayor atención recayó en El Cid, recibido y en todo momento arropado por la plaza como, sin duda, merece el de Salteras, al fin y al cabo gran triunfador en las Ventas tantas veces en los últimos años y, por ello, muy favorecido y hasta magnificado por el público madrileño que le adora. Pero como una cosa es la adoración y otra la realidad, desgranemos su actuación de ayer como corresponde a cualquier figura del toreo en acción de tal.
Ni por lo que el segundo toro hizo en su salida – echó las manos por delante en los lances de recibo y apenas cumplió en varas por salir suelto de los dos puyazos que recibió - ni por lo que cortó en banderillas aunque en la brega de este segundo tercio cantó su nobleza por el lado derecho, pudimos adivinar que, para la muleta, este toro pudiera dar de sí ni llevar dentro tanta clase. Quien sí lo vio y muy pronto fue el Cid, lo que le honra, y por eso empezó su faena sin dudar una sola vez que por redondos su obra podría resultar superior, incluso perfecta como así aconteció en varias tandas que el torero recetó con inusitada y aterciopelada despaciosidad y donosura.
Chapeau, don Manuel Jesús aunque, lamentablemente, cuando se echó la muleta a la zurda empezó a gazapear el toro y encima mirando sin pestañear al torero y lo que iba para grandioso se torció. Mucho debió sufrir El Cid y mucho miedo tuvo que tragarse para aguantar tan incómodo embestir. Pero el caso fue que tuvo que volver a la mano diestra y, ya con el toro empezando a venirse abajo, no humilló. Razón, creo, que influyó para que El Cid pinchara tres veces antes de agarrar la estocada definitiva aunque él tampoco se esmeró en echar la muleta a las pezuñas del toro para que descubriera en el embroque. Cosa que sí se logró y por segundos en la cuarta agresión. ¡Lástima¡. Porque, a pesar de todo y de no haber pinchado tanto, El Cid habría cortado una valiosa oreja y quizá hasta dos.
Inconsecuente e inexplicable, sin embargo, la actuación de El Cid con el quinto y muy complicado toro en cuyas posibilidades solamente creyó el torero – nadie más y menos aún sus peones que, para colmo, se lo lidiaron fatal y se lo banderillearon peor -, imagino que llevado por la incuestionable fe en sí mismo que debe tener Manuel, acostumbrado como está a resolver difíciles papeletas con reses de esta misma ganadería y que, además, le salgan bien. Pero esta vez, no.
Esta vez, ni el toro se dejó, ni el torero se colocó debidamente cruzado sino que, al hacerlo en casi todos los cites al hilo del pitón o con la muleta retrasada cada vez que se cruzó, el toro vio la ventana abierta varias, demasiadas veces, cuando no al torero a su entera merced, y poco faltó para que en otras tantas ocasiones resultara alcanzado, revolcado y quizá herido. Expuso mucho, muchísimo El Cid con este toro. Expuso incluso hasta hacerse pesado en su larguísimo e imposible empeño. Yo diría incluso que hasta en cabezonería se pasó. Sobre todo con la mano izquierda. Y en tal emperramiento, perdió toda la razón. Menos mal que, con la espada, su empecinamiento funcionó y dejó una soberbia estocada hasta las cintas. La que tendría que haberle pegado a su mejor toro anterior.
De Esplá, solo el respeto que mereció verle tan inevitablemente comprometido con tan mala suerte en sus dos imposibles toros y ya sin suficientes facultades para afrontar la tremenda situación. Prefiero quedar con el recuerdo imperecedero aunque ya lejano de sus muchas tardes de gloria en esta plaza que tantas veces pisó y, sobre todo, de sus memorables tercios con las banderillas con las que fue un dios.
Comentarios:
Dudo que un gran torero como el Cid, alguien a quien no le hasido fácil llegar a donde está, desee crónicas aduladoras, que le doren la píldora... no lo necesita; seguro que agradecerá una crónica objetiva. Ánimo, José Antonio, sólo espero poder seguir leyéndole.
Respecto al individuo ese que se esconde tras el alias de "Fernado", nada que decir.
Yo vi la corrida por televisión desde muy lejos de Madrid y del Moral lleva razón. Ya me gustaría a mi que los demás críticos se atrevieran a escribir en un blog como este y dejar, como permite del Moral, que le critiquen sus lectores.
O le pasó como a Esplá, que no apareció.
O como a la afición que tampoco fue y envió a una banda de tipos que encarnaron la más injusta de las formas de ser, la incomprensión, la falta de sensibilidad y la estupidez en el trato que dieron a Luis Bolívar.
Esplá, la afición y al parecer usted debieron estar jugando al mus o a lo que sea en algún local de Madrid y por eso no estuvieron en la plaza.
Claro que desde hace tiempo Esplá, la afición y usted ni están ni se les espera.
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José Antonio del Moral
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