19ª de San Isidro en Madrid. Rafaelillo, valiente, solvente y el único capaz en una desgraciada mansada de Dolores Aguirre
30.05.07 @ 08:23:04. Archivado en Toros, Crónicas
Tanto con su difícil primer toro como en el más noble quinto, encantó a los aficionados por su oficio e inasequible disposición. Hasta pudo cortar una oreja del más noble quinto toro de haber matado a la primera. No obstante, dio una aclamada vuelta al ruedo y su actuación compensó del resto, un desastre infumable. Aunque El Califa y Gómez Escorial quisieron mucho, se les vio sin valor, impotentes y, en algunos momentos, a la deriva ante el mal ganado que les cupo lidiar aunque el primer toro de Escorial se dejó algo más que sus hermanos entre los que, por manso absoluto, sobresalió el torazo que abrió plaza.
Madrid. Plaza de Las Ventas. 29 de mayo de 2007. Decimonovena de feria. Tarde medio calurosa con rachas de viento y el lleno habitual. Seis toros de Dolores Aguirre, imponentes aunque en desigualdad de tipos y pesos porque el menos voluminoso tercero difirió en más de cien kilos de los más pesados. Todos mansos en distintos grados de fuerza y manejabilidad. Absolutamente imposible el que abrió plaza. Posible aunque muy difícil el segundo. Mejor el tercero. Frenándose y echando la cara arriba el cuarto. Muy noble por el lado derecho aunque rajado el quinto y con mucha movilidad y progresivamente complicado el sexto. El Califa (verde botella y oro): Estocada trasera atravesada y descabello, silencio. Dos pinchazos echándose el toro don veces por lo que tuvo que morir apuntillado, silencio. Rafael Rubio “Rafaelillo” (grana y oro): Dos pinchazos y estocada trasera, gran ovación. Pinchazo y estocada, petición insuficiente y vuelta al ruedo. Ángel Gómez Escorial (verde parra y oro): Pinchazo hondo y estocada, silencio. Media atravesada, silencio.
La crónica de esta corrida debe ser lo más breve posible para aliviar al lector de otro festejo que en la plaza resultó infumable. Uno más de los muchos que se están sufriendo en esta feria. Esta vez, la siempre esperada corrida de Dolores Aguirre apenas dio oportunidad de lucirse y menos triunfar a los toreros salvo el quinto toro y como lo que dos de ellos – El Califa y Gómez Escorial – solo pudieron intentar un lamentable quiero y no puedo, repetir en palabras lo que ambos pasaron mientras duraron sus desesperantes intentos, sería más ingrato aún que aguantar el tormento. Lo que pasó El Califa con el primer toro, uno de los más mansos que uno haya visto en su ya muy larga vida de aficionado, fue un eterno sin vivir y menos mal que lo mató con solo dos agresiones porque una animal tan complicado de picar, de banderillear y, no digamos, de torear – ni un solo pase pudo darle – al menos se dejó matar antes de lo que muchos creímos.
Únicamente Rafael Rubio “Rafaelillo” mereció la atención del sufrido respetable por su muy valiente actuación frente a dos toros distintos aunque ambos mansos como toda la corrida. El segundo, apenas manejable si lo comparamos con el imposible anterior; y el quinto que, pese a no cesar de huir, resultó muy noble por el lado derecho. Rafaelillo ya se había mostrado oportuno y eficaz cuando los peones de El Califa pasaban las de Caín en el largísimo y en principio imposible tercio de banderillas del primer toro. Fue Rafaelillo el único capaz de abrir al toro y despegarlo de su querencia a tablas para que se le pudiera parear por los adentros.
Pero cuando tuvo que echar toda la carne en el asador sin que le importara resultar cogido fue con el segundo con el que, primero doblándose por bajo y luego con la mano derecha, se la jugó sin cuento. Imposible de torear por el pitón izquierdo y tras sufrir un serio achuchón, volvió a la mano diestra y se hizo el amo. Lamentablemente no lo mató al primer intento. Como tampoco al más noble quinto del que podría haber cortado una oreja que habría sido de las más merecidas en esta feria.
Pronto se dio cuenta Rafael de que este quinto metía la cara y hasta humillaba por el lado derecho, razón por la que pudo hacer honor al brindis que dedicó a todos los espectadores porque brindar a sabiendas de que no habrá nada que rascar no es de recibo tal y como había ocurrido antes con los brindis de El Califa y Escorial. Rafeadillo sabía que el toro tenía posibilidades y acertó con una faena que si en otra corrida digamos normal y con figuras no hubiera pasado del nivel medio, en esta supo a gloria compensatoria de todo lo demás. Ya se sabe que ahora mismo basta que un solo toro se mueva con suficiente nobleza y sea medianamente aprovechado para que la gente no pierda la ilusión del todo y vuelva al día siguiente. Por si a caso no ocurriera esto hoy mismo en Las Ventas, nosotros nos vamos a la plaza de Aranjuez. Mañana les cuento.
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José Antonio del Moral
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