17ª de San Isidro en Madrid. Catastrófica debacle de los toros del Conde de la Corte
28.05.07 @ 07:50:10. Archivado en Toros
De la imponente aunque muy blanda mansada, tan solo el segundo toro se dejó torear. Valiente, inteligente y muy torero Iván Vicente fue quien lo mató y bien por cierto, dando una aclamada vuelta al ruedo tras una insuficiente petición de oreja con las inevitables discrepancias de los que solo silencian y aplauden lo malo y lo mediocre. Mejor para él. Ni un solo reproche recibió de los reventadores ninguna res pese a lo mucho que se cayeron y al pésimo juego que dieron en su mayor parte, culminando la catástrofe un sexto parado y con mucho peligro. Antonio Barrera se estrelló por completo con su lote e Iván García solo pudo lucirse al banderillear al tercero.
Madrid. Plaza de Las Ventas. 27 de mayo de 2007. Decimoséptima de feria. Tarde medio nublada, muy fresca y ventosa con el lleno habitual. Seis toros del Conde de la Corte, descomunales y muy encornados salvo el primero que, pese a ser el que más pesó (605 kilos) fue el que menos trapío tuvo. Todos mansos declarados en distintos grados con similar falta de fuerza y nobles aunque sin ninguna raza ni casta, salvo el sexto que desarrolló peligro. Por su mayor nobleza destacó el segundo, único aprovechable del pésimo envío. Antonio Barrera (lila y oro): Pinchazo, casi entera y dos descabellos, silencio. Dos pinchazos y media estocada, aviso y silencio. Iván Vicente (amapola y oro: Buena estocada, petición insuficiente y vuelta al ruedo. Pinchazo, otro hondo y seis descabellos, silencio. Iván García (celeste oro): Pinchazo y media atravesada tendida con dos descabellos, silencio. Dos pinchazos hondos y descabello, silencio.
Ni por donde cogerla para bien resultó la todavía increíblemente esperada corrida de la histórica ganadería del Conde de la Corte. Tan lamentable juego dio en su mayoría, que ni el noble aunque desrazadísimo segundo toro nos valió para poder medio salvar tan inapelable catástrofe. En los últimos años, al menos nos valían como agarradero a clavo ardiendo un par de toros o dos. Pero ayer fue imposible pese al silente perdón de los reventadores de otras corridas infinitamente mejores. Tan diferente tratamiento por parte de los que cada tarde se erigen como modélica afición de Las Ventas, les desacreditó una vez más y para siempre. No son más que una corta pandilla de indeseables que no saben de toros como creen saber porque de toreo ya sabíamos que nunca supieron nada como también quedó demostrado en esta misma feria cuando intentaron menospreciar cuando no arruinar las mejores faenas que se han visto en esta feria. Nunca las peores que, como siempre, son la mayoría y a ellos, por lo visto, les encanta.
No hay más remedio, pues, que cantar la palinodia y acudir al recuerdo de tardes memorables con toros del Conde de la Corte como aquella de los años 50 en la que triunfó Bienvenida, la del 68 que mataron Antonio Ordóñez, Chicuelo y Miguel Márquez en su confirmación de alternativa, y la de 1971 que lidiaron Paco Camino, El Viti y Curro Rivera en sustitución de Ordóñez, ausente tras sufrir un tremendo revolcón de un toro del Duque de Pinohermoso en la que iba a ser última tarde del rondeño en Madrid. Y eso por solo mencionar las mejores que se lidiaron del Conde en Las Ventas. Porque si nos refiriéramos a las muchísimas de provincias, la lista sería interminable. Que una ganadería que ha sido la madre de tantas excelentes vacadas que hoy en día son la base de otras muchísimas buenas haya llegado a esta situación nos debería preocupar a todos e incluso al Estado. No digamos a la Junta de Extremadura que se debería ofrecer para intentar salvarla.
De la corrida de ayer en Madrid, apenas sirvió un toro, el segundo, que dio escasa aunque suficiente oportunidad a Iván Vicente para que nos mostrara sus excelentes condiciones de torero con valor, inteligencia y hasta con clase. Desde la manera de sujetar con el capote, siempre en los medios, la tendencia del toro a tablas o a huir en su salida, hasta como se puso, como toreó con la muleta en su faena y como mató de estocada contundente, cuanto hizo Vicente tuvo el marchamo del mejor nivel y no solo en cuanto a su estilo sino también por valor e inteligencia. Merecería, pues, este torero más y mejores oportunidades.
Nada o casi nada se dejaron hacer el resto de los toros salvo la muy buena intervención de Iván García con las banderillas en el espectacular tercio que protagonizó con el tercer toro, muy en el estilo del ausente Fandi, a quien por cierto echamos de menos porque en estas ferias tan largas donde caben tantos toreros sin interés ni futuro alguno, que a El Fandi le pusieran los cantitos tan difíciles de aceptar para que no viniera, ha sido un dislate. Sobre todo a la vista de cómo han estado los toreros que la empresa favoreció en demérito de lo que merecía el granadino.
Me dio mucha pena ver luchar infructuosamente a Antonio Barrera y a Iván García ante animales tan imposibles. Como me sigue dando aún más pena comprobar una tarde más la sinrazón de esta plaza capaz de llenarse todas las tardes en San Isidro y en parecida o igual medida tanto con mierdas - la mayoría - como con flores, la minoría. Este singular fenómeno que en su día califiqué como éxito del fracaso no debería servir como pretexto a la Comunidad de Madrid – por cierto, mi más emocionada y cariñosa enhorabuena doña Esperanza - para seguir cual andamos respecto a la concesión de la plaza de Las Ventas mediante concursos mal convertidos en subastas. La impresionante victoria del Partido Popular ayer en Madrid también debería ser aprovechada en lo taurino. ¿O no, queridísima Esperanza? Convirtamos, pues, la llamada primera plaza del mundo en el recinto con mejores y más brillantes espectáculos del mundo y abandonemos de una vez este catedralicio despropósito en el que en la mayoría de las tardes nos aburrimos como ostras por mucho que intenten maquillarlo los de la tele que trasmite a diario los ¿festejos?
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José Antonio del Moral
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