14ª de San Isidro en Madrid. Venían mal dadas y se torció la feria
25.05.07 @ 00:18:31. Archivado en Toros, Crónicas
Sin embargo y aunque ni tirios ni troyanos se salieron con la suya empezando por la desigualísima corrida de Alcurrucén que solo echó un tercer toro aprovechable - Matías Tejela lo dejó escapar, sobre todo por por su garrafal uso de los aceros -, Enrique Ponce demostró una vez más que para él casi nunca hay reses imposibles. Su pulquérrima, pausada y elegante faena con el muy soso y apagadísimo primer toro fue admirable aunque supo a poco. Y cómo logró meter en la muleta al cuarto que no paró de mirarle y nunca quiso pasar, resultó tan inesperado y modélico como ferozmente incomprendido por los reventadores del 7 que hicieron el ridículo. Hasta podría haber cortado una oreja que perdió con la espada y que muchos solicitaron pese al bajonazo. El peor librado fue El Cid, cogido de muy mala manera aunque sin consecuencias por el incierto segundo cuando intentó estirarse a la verónica con el que luego anduvo mermado, estrellado después con el quinto que devolvieron por inválido, y peor con el sobrero de Hermanos Lozano que tampoco tuvo fuerza alguna y el presidente lo mantuvo pese a desfallecer totalmente tras la lidia a la contra que dio para que se lo cambiaran por un segundo sobrero más proclive al éxito.
Madrid. Plaza de Las Ventas. 24 de mayo de 2007. Decimocuarta de feria. Tarde nublada tras calmarse el diluvio que cayó sobre Madrid durante todo el día y lleno total. Cinco toros de Alcurrucén muy desigualmente presentados y en su mayoría deslucidos por faltos de fuerza y de raza aunque algunos tuvieron nobleza y el sexto más movilidad y entereza que la mayoría de sus hermanos aunque resultó muy desabrido. Por más completo, destacó el tercero que fue el único verdaderamente lucido del envío aunque no para tirar cohetes. Por devolución del inválido quinto, se corrió un sobrero de la misma casa aunque con el hierro de Hermanos Lozano, bien presentado pero tan inválido o más que el devuelto. Enrique Ponce (davidoff y oro): Media estocada baja, aviso y palmas con saludos sin que faltaran las protestas de los inaguantables reventadores. Metisaca en el chaleco y estocada desprendida, aviso e insuficiente petición de oreja seguida de prolongada ovación y de las consabidas protestas de sus pertinaces perseguidores del tendido 7. El Cid (burdeos y oro): Estoconazo trasero y descabello, palmas. Casi entera y descabello, silencio. Matías Tejela (tabaco claro y oro): Bajonazo y ocho descabellos, silencio. Pinchazo hondo y tres descabellos. A caballo destacaron Antonio Saavedra y Manuel Quinta. En la brega, Alberto Martínez. Y en palos, los hermanos Tejero.
Vinieron, en efecto, muy mal dadas las circunstancias y avatares acaecidos sobre este también muy esperado festejo en el que, tras la anunciada falta de César Rincón, no se llegó al acuerdo que en principio se logró para que se celebrara un mano a mano entre Enrique y El Cid, finalmente abortado por las exageradas pretensiones económicas de quien ahora manda en la carrera del valenciano. Sinrazón por la que entró Matías Tejela como sustituto del colombiano. Otros resultados a los acontecidos hubiera deparado la tarde de no haber actuado Tejela porque el primero de sus toros, el único bueno del dispar y en general pésimo encierro, habría caído en las manos de Ponce o en las de El Cid y al menos podríamos haber disfrutado con una gran faena del torero de Chiva o de otra del sevillano de Salteras. Y como en el definitivo montaje pesaron tanto y para mal los cambios impuestos por los veterinarios en el reconocimiento del ganado, lo que fue saliendo al para colmo resbaladizo ruedo fue una escalera tan impropia de la categoría de la plaza como irreparable.
Claro que, en cuanto a lo de irreparable, apenas contó para Enrique Ponce, ayer ante dos ejemplares que, en otras manos, solo hubieran deparado hastío y desesperación. Y así, desde la fácil autoridad que nadie podrá quitarle jamás al valenciano, con el toro que abrió plaza -un descarado y astifino aunque bien hecho animal que embistió como cansado por soso y sin brío, compuso una faena tan templada, pausada y elegante como falta de emoción. Algo que en esta plaza nunca le valió a Ponce más que para la silente aunque admirada complacencia de la mayoría y la inevitable murga de la minoría de reventadores que, desde hace ya varios años, le vienen amargando cada una de sus actuaciones en Las Ventas haga lo que haga.
Pero es que con el cuarto, un pésimo animal por el que nadie daba un duro, la verdad es que Ponce sorprendió una vez más al verle tan maestro como valiente con esa maestría y ese valor que nunca notan ni notarán los que se tienen por buenos aficionados y no son más que una pandilla de indocumentados. Y si con el primer toro, lo que había hecho Ponce fue como echar margaritas a los cerdos, los del retrete venteño hicieron un ridículo histórico porque negar lo que casi milagrosamente consiguió con el cuarto fue de libro para que todos lo aprendan de memoria.
Un toro que no paró de mirar al torero y que no quería pasar por ninguna parte, terminó pasando y hasta obedeciendo al engaño hasta parecer bastante mejor de lo que fue pese a su más dura e imposible realidad. La en Ponce ya clásica faena “inventada” en la, además, expuso una enormidad, fue conseguida gracias a su sereno coraje, a su impar ciencia y a su mágico sentido del temple. Pero con la plaza ya incendiada por el entusiasmo y con los reventadores entregando la cuchara, derrotados, como a Ponce se le fue la mano en un accidental aunque infamante metisaca, todo lo anterior quedó desmerecido, incluido el eficaz y mejor espadazo con que mató definitivamente a su en nada colaborador oponente.
Total, que por el momento y como Ponce no había logrado triunfar, lo que tanto temían sus contrarios, ni tampoco Matías Tejela aunque anduvo al borde de conseguirlo frente al buen tercer toro por matarlo garrafalmente, la tarde quedó a la espera de que la remediara El Cid, por cierto favorito de los energúmenos del 7, ya enojados y hasta emberrenchinados porque su torero no había resuelto la papeleta con el segundo toro que, para más inri, le cogió de muy mala manera cuando intentó estirarse a la verónica. Y es que éste Cid al que últimamente parece haberle abandonado la suerte que solía tener en todas sus actuaciones, no se parece ni por el forro al gran Cid de cuando tantas veces se encuentra con los mejores toros en cada corrida.
De ahí la tormenta de protestas que levantó el impracticable inválido sexto y más sonora aún la que se desató con el también inválido sobrero que, encima, fue lidiado a la contra y picado alevosamente, en la intención de que también fuera devuelto en busca de un segundo sobrero más proclive al éxito. Pero como el presidente no transigió, tanto El Cid como sus partidarios del 7 tuvieron que tragarse el toro y el desastre se consumó mientras muchos huían de sus localidades hartos de tanta desgracia y desafuero.
Coda.- Hoy viernes 25 y mañana 26 estaré y les contaré lo que pase en la feria de Córdoba para desengrasar, y el domingo 27 volveré a Las Ventas después de votar como es general obligación, intentando con mi granito de arena electoral que ese otro y más terrible desafuero que ahora padece España sea reparado. Ojala que los que así opinamos lo consigamos por el bien de todos. Y si no, a seguir tragando quina. Como ayer El Cid y sus adoradores. Aunque no desesperen, que todavía le quedan oportunidades para complacerles.
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José Antonio del Moral
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