12ª de San Isidro en Madrid. Oreja de oro para Juan Bautista y otra de diamante para Castella tras superar el record de su increíble valor
22.05.07 @ 23:21:57. Archivado en Toros, Crónicas
En tarde incomodísima con tormenta, aguacero y vendaval intermitentes, el diestro galo de Arles pudo y supo aprovechar el cuarto toro - el más bravo y claro de los cuatro que se lidiaron de Puerto de San Lorenzo - con una solvente y templada faena, mientras su compatriota más distinguido y esperado de Beziers le respondió con un trasteo dramático de inusitada entrega y carácter épico frente al dificilísimo quinto de la ganadería titular. La presidencia se precipitó devolviendo un primer toro que, pese a resultar muy blando, tenía tanta clase como los preciosos y muy sentidos lances a la verónica con que le saludó Santiago Ambel Posada para confirmar su alternativa, luego sin suerte con el también flojo sobrero de La Palmosilla y tampoco con el muy crudo, encastadísimo y progresivamente peligroso que cerró un largo festejo que empezó de mala manera con tres sobreros consecutivos de otras tantas ganaderías tras ser devueltos los más flojos de la divisa salmantina.
Madrid. Plaza de Las Ventas. 22 de mayo de 2007. Decimosegunda de feria y Corrida de la Prensa fuera de abono con asistencia de S. M El Juan Carlos I y de la Infanta Elena que ocuparon localidad en barrera de sombra. Tarde nublada e, inmediatamente de iniciada, tormentosa en forma de torrencial e intermitentes aguacero y vendaval. Lleno completo. Cuatro toros de Puerto de San Lorenzo, muy bien aunque desigualmente presentados y de juego francamente desigual. Débil y a menos el que hizo de tercero, bravo y muy noble el cuarto, gazapón y peligroso el quinto aunque finalmente pareció dejarse por el lado izquierdo, y temperamental además de probón el sexto que desarrolló peligro. Por devolución del flojo aunque muy noble primero, se lidió un sobrero de La Palmosilla, agresivo, engallado y manejable por el lado derecho aunque, tal virtud, apenas duró. Por devolución del también muy flojo segundo de los titulares y del segundo sobrero de Juan Valenzuela que le reemplazó, se lidió un tercer sobrero de Martelilla, asimismo blando por lo que embistió rebrincado y brevemente manejable por el lado derecho. Juan Bautista Jalabert (burdeos y oro): estocada trasera, silencio. Pinchazo, buena estocada y descabello, oreja. Sebastián Castella (berenjena y oro): dos pinchazos y estocada, ovación que correspondió saludando desde el callejón. Estocada caída y cuatro descabellos, aviso y oreja protestada por el sector contestatario que el diestro cedió a uno de sus peones antes de consumar una apoteósica vuelta al ruedo. Confirmó su alternativa Santiago Ambél Posada (añil y oro): Pinchazo y estocada arriba, palmas. Estoconazo caído, silencio.
Una primera parte de corrida tan esperanzada como desconsoladora y una segunda accidentada, heroica, colosal, hasta diría que irrepetible e histórica porque muy pocas veces hemos podido ver un duelo torero a la par difícil, apasionado y emocionante entre dos toreros franceses ocasionalmente enfrentados en la plaza más determinante del mundo, ayer convertida en escenario de atención máxima para los aficionados del país vecino a la vez que para los de todo el mundo interesado en el devenir de la Fiesta.
Confirmaba su alternativa Santiago Ambél Posada y a él le correspondió en primer lugar un toro que, de haber tenido fuerza, seguro que le habría servido para triunfar como aconteció en la pasada feria de Fallas. Sus lances de recibo a la verónica fueron en verdad lo más artístico y con más clase de la que iba para difícil y en algunos aspectos casi imposible jornada. Pero un insensible presidente decidió devolver este primer toro a los corrales y Ambel tuvo que afrontar el doctorado con un sobrero bastante peor que el anterior de La Palmosilla. Imponentísimo, muy montado, también flojo y brevemente noble por el pitón derecho, el nuevo doctor solo pudo dejar su sello de gran artista en la segunda tanda por redondos que pegó.
La posterior y sucesiva devolución del segundo toro de Puerto de San Lorenzo y de los dos sobreros que le siguieron, pareció convertir la corrida en desastrosa por irremediable dada la flojera de las reses anunciadas y el deficiente juego del ejemplar definitivo que le correspondió a Juan Bautista Jalabert, fácil y serenamente templado en el recibo de tres toros seguidos y luego bien plantado y asimismo fácil con el cinqueño y muy mirón con el que solo pudo medio hilvanar algunos naturales antes de matarlo de estocada trasera. Sin embargo, éste Juan Bautista, pensamos, ya parece un torero hecho y derecho que podrá ir a muy más si continúa sin desmayar en su propósito.
Volvió a emocionar después Sebastián Castella con un muy bien hecho tercero en el tipo más benéfico del encaste Atanasio que, a la postre, tampoco sirvió aunque al principio pareció lo contrario. Solventísimo al sujetarle en los medios con el capote e impertérrito en su ya clásico arranque de faena con pases cambiados sin mover un músculo en los medios, el toro no quiso coles por naturales que resultaron inconvenientemente sucios y sí por la derecha aunque en una sola tanda porque, enseguida, se le acabó el carbón, que no a Castella finalmente metido entre los pitones como acostumbra en ese increíble derroche de valor, para otros imposible, y para este Napoleón torero algo absolutamente normal.
Y en estas que la tarde toma aspecto tormentoso y se desata en aguacero racheado acompañado de truenos y relámpagos wagnerianos que obligan a gran parte del público situado en los tendidos a buscar refugio en los pasillos interiores. No El Rey ni quienes le acompañaban que así pudieron vivir en primera fila lo que inmediatamente aconteció. Que lejos de desistir ni un segundo, Juan Bautista afrontó la lidia y la faena de muleta que contra viento y marea enjaretó al cuarto toro – bravo y menos mal que noble – con la honda sencillez y la gustosa naturalidad de los elegidos. Muy buena la faena y desde luego meritísima dado el vendaval que soplaba y el agua que empapó todo y a todos salvo el indeclinable ánimo del diestro francés hasta matar de pinchazo, buena estocada y descabello. La mayoritaria petición de oreja y su legítima concesión satisficieron mucho al respetable y más al rubio matador que paseó el trofeo tan encantado y feliz bajo la lluvia como en una tarde de sol.
Sebastián Castella – !claro estuvo¡ – no podía quedarse atrás y salió más a por todas que nunca a costa de lo que fuera. Y para el caso, un toro realmente endemoniado, absolutamente a contra estilo del gran torero de Beziers porque lo que nunca aceptó fue la cercanía y menos la quietud de pies, hasta el punto de sufrir Castella de entrada una cogida espeluznante que provocó el pavor de los presentes en la gereral creencia de que había resultado muy gravemente herido por tan tremebundo e horripilante revolcón. Pavor que siguió provocando el torero por inasequible al desaliento en los sucesivos e incesantes hachazos que el toro le lanzó sin que le fallara una sola vez la cabeza ni el control sobre sí mismo ni de la tremenda situación pese a su apariencia de divino cristo ensangrentado.
Ver a Castella como si tal cosa, sereno el rostro, despierta su inteligencia, inacabada y más que sobrada su decisión en resolver la terrible papeleta por el algo más posible pitón izquierdo hasta convertir aquella fiera en medio sumisa y aparentemente colaboradora, fue algo digno de pasar a los anales de la Tauromaquia porque allí no pudo haber quietud ni temple ni eclosión serena, sino pura y dura lucha abierta en medio de una incontenible pasión.
Inenarrable fue ver cómo Castella pulverizaba su propio record de valor, al tiempo suicida y consciente como jamás vimos el de nadie, hasta el grado de desbordarse el entusiasmo de la mayoría del público puesto en pie y gritando torero-torero mientras el glorioso y heroico gladiador se disponía a cambiar de espada para entrar a matar a su asesino oponente. Cosa que no logró en el primer envite ni hasta el cuarto intento con el descabello. Y máculas a las que se agarraron los contestatarios para protestar la oreja que se le concedió. Una de las orejas, por cierto y a pesar de los pinchazos, mejor ganadas que uno haya visto en su vida. ¡Sí señor¡
La tarde terminó con un torazo encastadísimo que se quedó muy crudo en varas y que se fue tan arriba en banderillas que habrían hecho falta el valor y el coraje de varios toreros a la vez unidos para domeñar aquel ciclón. Dado su verdor profesional, más que digno anduvo con él Posada quien merece otras corridas menos duras y dramáticas para que todos podamos disfrutar de las inmejorables maneras y del arte que atesora. Sería un despropósito perderlo porque los toreros de su corte también son necesarios. No solo los del valor aunque a éstos les quepa siempre el honor del mando supremo de la Fiesta porque el valor siempre lo tapó todo y más cuando los toros no se prestan a ninguna floritura ni relajo. ¡Señores, qué difícil, qué admirable, qué maravillosa profesión!
Comentarios:
Yo he visto muchos toreros en mi vida, pero jamás he visto un torero con el valor suicida de este francés que se ha hecho ya un sitio MUY GRANDE en el mundo del toro. Además de valor, tiene QUIETUD, TEMPLE Y ARTE. Como siga como en estos dos últimos años (sobre todo el último) y como en lo que va de este, salvo que lo mate un toro (que no es descartable, aunque Dios no lo quiera) no hay quien lo pare.
Se vio claramente como salio Castella a por todo, sin importarle nada, despues de la meritoria faena de Bautista, y dijo "yo corto la oreja si o si" me dio la impresion de que le podia haber cogido 10 veces que le daba igual, hasta que no se quedase agusto no iba a parar. OLE.
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José Antonio del Moral
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