7ª de San isidro en Madrid. Emotiva aunque discutida y discutible salida a hombros de Matías Tejela
17.05.07 @ 07:39:31. Archivado en Toros, Crónicas
El de Alcalá de Henares salvó la tarde al cortar una oreja de cada uno de sus toros. La primera, al tercero de Salvador Domecq, único realmente bueno de los cinco que se lidiaron de esta divisa, con el que anduvo bien aunque sin redondear la faena por tropezar a veces y mostrarse un tanto acelerado. Al diestro le faltó sosiego y, en cualquier caso, el toro pareció de dos. La segunda, la arrancó materialmente del muy agresivo y complicado aunque posible sustituto de José Luís Pereda, con el que luchó en un muy largo duelo muletero tan impreciso en los planteamientos e intermitente en cuanto a firmeza como emocionante por forzosamente arriesgado, ganando finalmente la partida gracias a un espadazo de efectos fulminantes que provocó la inmediata aunque no mayoritaria petición del polémico trofeo. Sin la misma suerte con sus lotes sino todo lo contrario, César Jiménez y Serafín Marín anduvieron muy dispuestos y quisieron mucho aunque con resultados infructuosos. Sin embargo, ambos dieron la impresión de no estar en buen momento.
Madrid. Plaza de Las Ventas. 16 de mayo de 2007. Tarde agradable aunque con rachas de viento y casi lleno. Cinco toros de Salvador Domecq de imponente y algo excesiva presentación en desigualdad de pesos salvo el mejor hecho y más bonito tercero que, con mucha diferencia, resultó el mejor. Los otros, muy deslucidos en distintos grados de fuerza y raza, muy escasas en líneas generales. El peor con diferencia fue el segundo por su imposible embestir pegando continuos cabezazos y no pocos hachazos. César Jiménez (amapola y oro): Pinchazo y media trasera ladeada, silencio. Estocada baja muy ladeada y otra tendida con descabello, silencio. Serafín Marín (blanco y oro): Estocada atravesada que hizo guardia y dos descabellos, silencio. Metisaca, estocada trasera ladedada y dos descabellos, aviso y silencio. Matías Tejela (verde botella y oro): Buena estocada, oreja. Estoconazo de efectos fulminantes, oreja y salida a hombros, muy discutidas. Entre las cuadrillas, destacaron en palos Fernando Téllez y Carlos Ávila. Tras el paseíllo, se guardó un minuto de silencio en memoria de la muerte de Joselito.
La desesperación y el aburrimiento cundieron tanto durante la lidia de los dos primeros toros de Salvador Domecq con los que naufragaron irremisiblemente César Jiménez y Serafín Marín – la cortedad de viaje de ambas e imponentes reses cuando no el peligro más o menos sordo que tuvieron, sobre todo el segundo – que tanto los toreros como los espectadores tuvimos la impresión de estar padeciendo un largo y muy mal sueño. De ahí el enorme contraste y hasta la sorpresiva alegría con que despertamos cuando Matías Tejela se dispuso a meter en su muleta al tercero y pudimos comprobar que este toro no tenía nada que ver con sus hermanos anteriores.
Al contrario y no solo por sus más bellas hechuras – fue protestado por ello como de costumbre en esta plaza – sino por su excelente e inesperado comportamiento tan solo descubierto en el último tercio porque, en los dos primeros, lo cierto y verdad fue que el animal apenas interesó salvo en el largo segundo puyazo que tomó tan encelado con el caballo que perdió las manos al salir del encuentro. Hasta se dolió después y mucho en banderillas. Y como hasta ese instante, la corrida no podía ir peor, la mayoría no creyó en lo que estaba viendo cuando Tejela empezó su faena de muleta, luminosamente resuelta en varias tandas sobre la mano derecha que ligó a sendos y largos pases de pecho.
No todas de la misma y buena traza que la primera, como tampoco terminaría de centrarse del todo después cuando toreó al natural, regresando por ello y de nuevo a la más feliz derecha para cerrar el jaleado trasteo con inspirados ayudados por bajo y bonitas trincheras, antes de agarrar una buena estocada. Fue esta faena la primera verdaderamente lucida de un matador de toros en esta feria y de ahí su festiva celebración, pues pareció caída sobre la plaza como maná del cielo aunque la mayoría de los que pidieron la oreja guardaron sus pañuelos nada más ser concedida por el palco. ¿Había sido un toro para cortarle las dos?
En tal apreciación cundió la división de opiniones entre los presentes aunque, en cualquier caso, esta oreja que acababa de cortar Matías de este buen toro le reconcilió con la afición y salvó su honor perdido en la Feria de Sevilla cuando dejó escapar un toro de revolución que él mismo nos descubrió en la preciosa parte central de aquella faena. De ahí, pienso, la total determinación de Tejela con la espada que esta vez no falló como en La Maestranza, razón máxima del éxito madrileño de ayer.
Y también, como digo, el principal motivo del triunfo que logró después con el toro que cerró la jornada. Lo expeditivo y fulminante del espadazo con que Matías Tejela liquidó a este toro sustituto de José Luís Pereda, un muy agresivo y engatillado animal de imponente estampa y comportamiento enrevesado y temperamental, fue el resorte que desató la pasión de la mayoría de los espectadores que demandaron otro apéndice, atentos y emocionados con el largo duelo muletero que mantuvo Tejela con el toro en una faena forzosamente desigual, tanto en sus imprecisos planteamientos como en su intermitente entrega. Fue toro de caer herido en la guerra o de triunfar por todo lo alto. Y no de tonos medios ni tibios sino de fuerte impacto porque, cuanto se le hizo para bien tuvo positiva trascendencia y lo que se le hizo para mal pudo costar muy cara factura. Ni una cosa ni otra sucedió y de ahí la desazón de los que creímos al toro de cortijo.
Este final toma y daca a cara de perro de Matías Tejela, tan aterido y hasta aturdido a veces como otras tantas entregado y acertado, no acabó de convencer a todos y, aunque la estocada dio glorioso fin a la batalla, los más entendidos y, ¡como no¡, los intransigentes no creyeron oportuno que la suma de los dos trofeos logrados por el torero fuera suficiente motivo para que pudiera salir a hombros de la plaza. Su abrir la puerta grande de Las Ventas por primera vez en esta feria, no fue por ello celebrada con la aquiescente unanimidad de las grandes ocasiones y menos con la apoteosis que la acompaña cuando todo el mundo se muestra de acuerdo.
Por lo demás y aunque los toros cuarto y quinto parecieron algo mejores que los dos primeros, lo soso de embestir de ambos – noblón sin ningún celo y muy a menos el de César Jiménez, y sin fuerza, rebrincado y definitivamente deslucido el de Serafín Marín – y el infructuoso empeño de los espadas, también terminó por aburrir al personal.
Comentarios:
personalmente matias es un torero q me gusta mucho pero por eso mismo se le tiene q exigir una actuacion completa para poder salir camino de la calle Alcala.
Si se siguen concediedo orejas a este percio en madrid, las ventas perdera todo el peso q posee en el mundo del toroy ya no tendra tnato de gloria crizar el artesonado del hall principal, lo de ayer fue un insulto para buena aficion de madridy casi otro inuslto al toreo en general
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José Antonio del Moral
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