3ª de feria en Jerez. Reaparece Cayetano y se dispara con un faenón de trascendencia incalculable
12.05.07 @ 09:58:45. Archivado en Toros, Crónicas
La por todos los conceptos excepcional faena, que aconteció con un sensacional sexto toro de Juan Pedro Domecq, eclipsó lo acontecido anteriormente en una corrida que podría haber sido dudosamente apoteósica para los otros dos espadas. Lo impidió el rigor presidencial contra los ruidosos y hasta violentos deseos de un público dispuesto a premiar todo con máximos trofeos sin entrar en ningún matiz. Juan José Padilla volvió a protagonizar una de sus celebradas actuaciones melodramáticas con aparatosa cogida incluida y cortó la oreja del cuarto. Francisco Rivera Ordóñez, que también fue cogido intentando banderillear cuando alternó con Padilla, cortó la oreja del quinto tras una superficial aunque muy templada faena. Y Cayetano otra oreja más del anovillado tercero al que toreó magníficamente de capa y de muleta anunciando lo que podría venir después.
Plaza de toros de Jerez de la Frontera (Cádiz). 11 de mayo de 2007. Tercera de feria. Tarde calurosa con casi lleno. Seis toros de Juan Pedro Domecq, desigualmente presentados con cuatro cuajados aunque de cómodas cabezas y dos anovillados, el descaradito tercero y el quinto, sin apenas trapío. Todos nobles en distintos grados de fuerza y de raza, muy escasa en la mayor parte del envío, salvo el tercero y sobre todo el sexto que dieron excelente jugo por su noble fijeza e indudable clase. Juan José Padilla (añil y oro): Media estocada algo tendida, silencio. Pinchazo y estocada, oreja que devuelve a un alguacil en protesta por no haber recibido un segundo apéndice y gran bronca al palco por no concederlo. Francisco Rivera Ordóñez (turquesa y oro): Estocada baja, dos vueltas al ruedo apoteósicas tras negarse el palco a conceder una reglamentaria oreja que pidió la mayoría del público pese a no merecerla seguidas de enorme bronca al palco. Pinchazo hondo y descabello, oreja. Cayetano Rivera Ordóñez (violeta y azabache con estrafalario y resbaladizo capote de paseo imposible de liar): Estocada corta, oreja. Estocada arriba algo atravesada y descabello, dos orejas y apoteósica salida a hombros en medio del general delirio del público apiñado finalmente delante de la Puerta Grande donde todo el mundo se hizo eco de la memorable actuación de Cayetano.
Confieso humildemente que hoy no encuentro suficientes ni adecuados adjetivos para describir como merece el entusiasmo que ayer nos produjo la gran, la extraordinaria, la inconmensurable faena que Cayetano le hizo al estupendo toro sexto de Juan Pedro Domecq. En mi caso e inevitablemente, como creo que en el de algunos otros aficionados entre los profesionales y los ganaderos que había en la plaza, tengo que recurrir al recuerdo de las mejores faenas del gran e inolvidable maestro de Ronda, Antonio Ordóñez, y utilizarla como aproximada aunque sublimada referencia por la absoluta perfección, el infinito temple, la inenarrable inspiración y el majestuoso trazo de cuanto creó Cayetano con este toro que inmortalizó tras brindárselo a la Duquesa de Alba que se encontraba en una barrera. No conozco personalmente a la Duquesa pero imagino su temblor de gran aficionada como también su inevitable recordar al abuelo Ordóñez a quien ella tanto quiso y admiró. Al tal señora, tal honor. ¡Qué pedazo de faenón¡.
Y qué satisfacción siente uno al escribir esta crónica en la que tengo el placer de desdecirme y de tragarme todo lo que he venido diciendo y escribiendo últimamente en referencia a lo que, sinceramente, yo creía muy perjudicial por la excesiva administración profesional con que llevan a Cayetano, ciertamente desbordada por su también desbordante imagen y singular fama. Incluso cuando cuajó las magnificas verónicas en el recibo del tercer toro y después la gran faena que también cuajó para iniciar su esperada tarde de reaparición, plena de ritmo, de temple y envuelta por el empaque dulcemente imperial que portan sus genes, afirmé a mis vecinos de localidad: “Me ha encantado, me ha cautivado Cayetano, pero con este torillo creo que no es suficiente. Sigue sin tomar la alternativa definitivamente”. Y así lo hubiera escrito de no haber llegado lo que vino después.
Lo que vino después nos dejó atónitos, perplejos, asombrados, alucinados, totalmente convencidos. Porque fue ya y por fin con un toro de hecho y de derecho. Muy bueno, con tanta fijeza y con tanta clase - quizá le faltó un tranco para ser de vacas – que me pareció uno de esos toros de Juan Pedro como otros tantos suyos objeto de faenas memorables y paradigmáticas acontecidas a lo largo de los años. Pero dejemos aparte al toro y centrémonos en las hondas y emocionantísimas impresiones que nos produjo el torear de Cayetano.
Una faena grande te puede entrar por la cabeza, o por el corazón, o incluso – las mejores – por ambas cosas a la vez. Pero la que ayer hizo Cayetano al sexto toro de Juan Pedro, al menos a mí me entró por todos y cada uno de los poros y neuronas de mi ya viejo cuerpo, ciertamente acostumbrado a ver cientos de faenas de muchos otros toreros que he sentido en lo más hondo de mi ser hasta hacerme llorar y perder el sentido de la realidad. Pero la de Cayetano de ayer fue como un revivir a la vez lo mucho que le habíamos visto al abuelo y lo que estábamos viendo en esos instantes del nieto, inevitablemente perfeccionado todo su quehacer al punto de sublimar hasta el infinito de la quintaesencia todos los recuerdos pasados. Al salir de la plaza e intercambiar con unos amigos estos sentimientos, uno de ellos me dijo que Cayetano solo se parecía a sí mismo. “Por supuesto, llevas razón”, le contesté. “Pero permíteme – permítenos – que al menos esta tarde que nunca olvidaremos, hagamos memoria de quien al fin y al cabo fue – todavía lo es – quien así concibió el toreo: El más glorioso e incontrovertible que vieron los siglos”.
Y, ¿qué decir después de todo lo demás? Lo hago por justicia que no por ganas de escribir más sobre esta corrida después de lo que acabo de decir de Cayetano. Solo unas pinceladas y un comentario final. Que a Padilla le rebosa tanto el entusiasmo que no encuentra modo ni manera de reprimirlo, como tampoco su exagerar gestualmente todo lo que la lidia y el toreo tienen de legítima representación teatral. Porque aún siendo cierto que en los ruedos se puede morir de verdad y en las tablas no, vender a la galería lo primero con tato exceso, puede acarrear esa sensación que, lindando con el ridículo, termina por no creerse como debiera. Ayer, por lo demás, Padilla anduvo mejor en su papel de actor que en sus intentos de torear bien como no suele. Se le vio, por ello, como interpretando un papel que no le va.
Respecto a Francisco, al que imagino entusiasmado - y celoso - de su hermano, que ayer como últimamente, irradió y transmitió felicidad, alegría y una simpatía incuestionables con lo que se llevó de calle a los tendidos haga hiciera lo que hiciese. Pero que eso es una cosa y otra valerse de su ya muy bien aprendida técnica para torear tan templada como periféricamente - por las afueras y sin cruzarse una sola vez – cuando sabe perfectamente qué es torear comprometido como le enseñó su abuelo y él lo practicó y aún lo practica en sus mejores momentos. En medio de todo esto, Francisco se empeñó en banderillear sin razón a toros no propicios para su corta capacidad en este tercio – hasta fue cogido en una de sus intervenciones con los palos – y, eso sí, dejó muestras asiladas de su mejor concepto torero tanto con el capote como con la muleta que a los entendidos les sirvieron para diferenciar lo abundante de lo poco bueno.
Y finalmente, el comentario o conclusión con aviso a las empresas. Señores, a la vista de cómo se está definiendo esta temporada, por fin advenido un nutrido grupo de jóvenes figuras del toreo como hacia años no sucedía – lo de ayer de Cayetano engrosa la lista y de qué modo - ¿no les parece a ustedes que ha llegado la hora de jubilar a muchos veteranos y de que se olviden de engrosar tantos carteles de las ferias con toreros de tercera, de cuarta y hasta de quinta que solo les sirven para mal ganar dinero a plaza medio llena o llena del todo en los abonos y a los aficionados, desesperados por el aburrimiento, para pensar en la huida?. Hay que empezar a contratar únicamente a los que quieren ser toreros de verdad porque los hay y todos diferentes, y dejar las recomendaciones y los cambios de estampitas realmente inservibles y, por ende, fraudulentos. Ahí están los resultados de las dos primeras corridas de San Isidro para demostrarlo.
Comentarios:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
José Antonio del Moral
autor
Contacto


