2ª de feria en Jerez. Zarpazo por triunfales bulerías de El Fandi en las barbas de Ponce y de El Juli
11.05.07 @ 09:21:41. Archivado en Toros, Crónicas
En la tarde completísima y avasalladora del granadino (tres orejas que debieron ser cuatro y salida a hombros por la puerta grande) pesó mucho la suerte de varas que ordenó minimizar dejando prácticamente crudos a sus dos toros, incluso al muy bravo que le correspondió en último lugar, el único realmente importante y lucido del encierro de Torrestrella. Muy al contrario, Enrique Ponce dejó que les pegaran demasiado a los suyos, lo que les dejó aún más inservibles de lo que fueron por su mediocre condición. A medias El Juli por su responsabilidad en la administración del castigo en el primer tercio, logró sacar meritorio partido del segundo al que cortó una oreja y se eternizó en vulgar intento con el pésimo quinto que esta vez fue muy malo.
Plaza de toros de Jaén. 10 de mayo de 2007. Segunda de feria. Tarde calurosa con más tres cuartos de entrada. Seis toros de Torrestrella, justa aunque desigualmente presentados y de vario juego con el predominio de los deslucidos por su creciente falta de energía a medida que transcurrió su lidia, excesiva en el castigo en varas dada su mediocre por faltos de raza y blanda condición. Por menos picado y por su mucha movilidad aunque sin clase, destacó el tercero. Y por su hermosa estampa, indudable bravura y clara nobleza el sardo que cerró plaza, un gran toro que salvó el honor de la divisa. Enrique Ponce (celeste y oro): Pinchazo y estocada caída tendida, cariñosa ovación. Pinchazo y estocada trasera desprendida, aviso y silencio. El Juli (azul prusia y oro): Estocada caída, oreja y petición injustificada de otra. Estocada trasera caída, silencio tras leve petición. El Fandi (lirio y oro): Estocada en la suerte de recibir, oreja y fuerte petición de otra. Estoconazo trasero, dos orejas. Salió a hombros. Destacaron en palos Antonio Tejero y José Antonio Carretero. Y en la brega, El Mangui.
El importante e indiscutible triunfo de El Fandi, ayer en Jerez, en competencia con las dos máximas figuras vino a ratificar la legitimidad real del puesto que ocupa en el toreo actual por encima de los que suelen negar su valía e incluso para explicar su voluntaria ausencia en la feria de San Isidro de Madrid donde no le dieron el sitio que le corresponde. Feria que ayer arrancó con anunciado fracaso mientras el granadino pegaba uno de los aldabonazos más trascendentales de su carrera.
Porque no solo se trataba de vencer en número de trofeos obtenidos, sino de convencer a una afición que sabe, como es la de Jerez, que entiende de toros y que siente el arte en la mayor acepción de la palabra. Ya hemos dicho más de una vez que todos los que tienen capacidad de trasmitir sus propias emociones a los demás por medio de algo son artistas. Y también que en cuanto a esta capacidad, El Fandi es uno de los actuales toreros más capaces de conectar y de emocionar, de enardecer y entusiasmar al público por ser quien logra el clímax torero más arrebatador cuando toma pos palos y banderillea, tanto en su versión más original y espectacular como en la más clásica y ortodoxa. Pero es que ayer no solo fue en el segundo tercio con el que se produjo su victoria, sino en todo lo demás.
Principiando por la lidia misma al no permitir que sus picadores castigaran a sus toros – al contrario que sus ilustrísimos colegas, sobre todo Ponce -, razón que explica que duraran tanto y propiciaran el espectáculo de indeclinable ritmo y sucesiva e imparable emoción que aconteció, sin que nadie entrara en mayores minucias que en el espectáculo de un hombre entregado por entero a su propia obra sin la menor solución de continuidad. Y es que desde sus recibos por largas de rodillas, los muy variados lances que siguieron, los galleos con que llevó a los toros al caballo, los quites posteriores, los inenarrables pares de banderillas que colocó – sobre todo al bravísimo y todavía entero sexto – las abundantes faenas de muleta – mejor y más templada la del también mejor y más templado sexto toro – y las magníficas estocadas con que mató, en la suerte de recibir al tercero y a volapié al último, el público no dispuso ni de un segundo para distraerse con otra cosa que no fuera El Fandi en plena acción.
Y ahora que vengan sus detractores a decir todo lo que quieran. No les servirá de nada como nunca sirvió ir contra corriente de nadie cuando el torero que actúa lo hace todas las tardes con tan incondicional valor y entrega. Lo he dicho muchas veces y lo vuelvo a repetir. Mientras El Fandi mantenga sus excepcionales facultades, su amor propio y su sentido de la responsabilidad, no habrá quien pueda pararle. Muy al contrario, será él quien pueda parar a más de uno, incluyendo a los más grandes.
Que eso fue lo que ayer consiguió en su franca competencia nada menos que con Enrique Ponce y El Juli. Quizá hicieron mal los dos en intentar “pasar” del ciclón fandista y, en vez de afrontar el reto con todas sus consecuencias – ambos son capaces de ello –, refugiarse en su peor suerte con los toros y en lidiar a la contra. Sobremanera Ponce permitiendo a sus picadores que se excedieran en el castigo, lo que arruinó las pocas posibilidades que tuvieron sus toros. Ponce intentó luego remediar con su técnica lo que vitalmente no tenía remedio y se aburrió en tan prolijo proceso pese a que nunca descompusiera la figura. Que Ponce no se descompone ni en los peores momentos aunque lo que no logra disimular a estas alturas de su larga carrera es la sensación de cansancio que le acecha porque los años no pasan en balde para nadie. Sin embargo, me preocupa más que permita que castiguen demasiado a sus toros que no cese en toda la tarde de atusarse los pelos que le quedan en la cabeza.
En cuanto a El Juli, que anduvo firme y bien – sin más – con el capote, que en su primer toro anduvo meritísimo en hacerlo pasar finalmente por el lado izquierdo y que se empeñó mucho tiempo – demasiado – con el irremediable quinto. Pero también decir que cuando el transfigurado Juli de ahora no encuentra material idóneo, si no fuera él quien está ahí delante, si le quitáramos su cara y no supiéramos su nombre ni sus apellidos, más nos parecería un cualquiera que aquél Juli brillante, incansable y alegre batallador que se hizo máxima figura siendo niño le salieran los toros como le saliesen. ¿O no? Pues eso. Otro que envejece y éste prematuramente.
Comentarios:
Pero si ademàs ayer fandi toreò con màs temple y arte de sus "companeros" de cartel quizàs es otra senal que a ellos se le està pasando el arroz (y de manera preocupante para el "cocinero" màs joven)
un saludo
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José Antonio del Moral
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