17ª y última de feria en Sevilla. Oreja para El Fundi en una corrida de Miura melodramática
29.04.07 @ 22:26:18. Archivado en Toros, Crónicas
El sobrado oficio, la eficacia y la sobriedad del veterano torero de Fuenlabrada, contrastó con el pintoresco y en muchas cosas desmesurado romanticismo de Juan José Padilla quien, con el quinto toro y tras sufrir una espectacular cogida al recibirlo a porta gayola, protagonizó una más de sus habituales escenificaciones de su propio drama, a la par trágico y cómico. El jerezano dio una aclamada y celebrada vuelta ruedo a tono con lo anterior tras negarse la presidencia a concederle una oreja que pidió gran parte del público. Con el peor lote de la tremebunda corrida, Javier Valverde se jugó la vida sin cuentos en cada pase que intentó dar y que a veces dio, fiel a su clásico y seco estilo, pero le fue materialmente imposible triunfar. Los toros de Miura, mucho mejor presentados que otras veces en Sevilla, dieron el juego variado y más característico de esta legendaria divisa con algunos simplemente manejables y otros muy peligrosos pero ninguno bueno de verdad por lo que pareció desmedido e improcedente la vuelta al ruedo que la presidencia concedió al segundo.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 29 de abril de 2007. Decimoséptima y última de feria. Tarde primaveral, progesivamente fresca con algo de viento y lleno total. Siete toros de Miura, muy bien presentados en variedad de hechuras y pelaje, incluido el sobrero que reemplazó al más terciado tercero, devuelto por su flojera. Dieron vario juego en distintos grados de manejabilidad y dificultades. Por más nobles, destacaron los dos primeros. Muy parado el tercero. Apenas manejable el quinto. Y terribles cuarto y sexto. El Fundi (amapola y oro): Buena estocada, oreja. Estocada, gran ovación. Juan José Padilla (salmón y oro estilo goyesco con corbata, capote de paseo y montera dieciochescos): Estocada casi entera tardando el toro en doblar, ovación tras improcedente vuelta al ruedo del animal en su arrastre. Estocada, petición de oreja, vuelta clamorosa y bronca a la presidencia por no dar el trofeo. Javier Valverde (blanco y oro): Pinchazo, sablazo atravesado que hizo guardia, otra estocada y dos descabellos, aviso y ovación. Tres pinchazos y estocada, ovación.
Es lógico que en las corridas de Miura se tome por bueno cualquier lance o muletazo aunque no sea completamente digno de tal nombre como sucede en otros festejos digamos normales. Lo que al cabo de los años ha llegado a alcanzar la perfección en la interpretación del toreo y que ahora parece cosa normal – el temple sin máculas, la idónea colocación en cada cite, cruzarse o no cruzarse, la altura baja o alta de la presentación del engaño en cada suerte, los más mínimos detalles técnicos en definitiva – desaparece como por encanto en la mayoría de las corridas de esta divisa legendaria en las que sucede un increíble regreso a la lidia decimonónica cuando no dieciochesca en la que ni se podián imaginar todas las cuitas actuales, primando la simple emoción de cada trance.
Dentro de estos parámetros y aunque algunos toros de Miura de ayer se dejaron torear muy lejanamente de como ahora se hace con los buenos, otros casi nada o en absoluto nada. Dominó el peligro sordo o evidente. Y la bravura tal como la entendemos actualmente, sólo apareció en el caso del segundo toro al que la presidencia otorgó el premio de la vuelta al ruedo en su arrastre a petición de algunos espectadores de los que se sientan en los palquillos llamados de ganaderos que hay en los aledaños de la Puerta del Príncipe. Aficionados que, en otras corridas y con otros toros mucho más bravos, se la cogen con papel de fumar y tuercen el gesto como diciendo “no es esto, no es esto” mientras que ayer exigieron con gestos determinantes que se premiara al mencionado animal. Una desmesura improcedente que espero no llegue a mayores en los jurados que hoy mismo decidirán distinguir lo mejor del ciclo.
Y dicho esto, pasemos a lo que hicieron los tres matadores actuantes, reconociendo por delante el incuestionable respeto que tanto ellos como sus cuadrillas merecen por ponerse delante de estos toros. Todo el del mundo merece El Fundi, con el tiempo convertido en un consumado especialista – y maestro – ante esta clase de lidia a la defensiva. Su sobrado oficio, la habilidad en sortear tarascadas y tornillazos, su torería en los ademanes que le son propios, su eficacia en resolver los problemas y la sobriedad de su estilo quedaron patentes tanto en con el toro más relativamente fácil que abrió plaza del que cortó una merecida oreja tras matarlo como un león de estoconazo en lo alto – ¡un milagro¡ - como frente el barrabas cuarto al que también mató como mandan los cánones. Pedazo de matador, sí señor, este señorial gladiador de Fuenlabrada.
Vestido – o más bien, disfrazado – como suele últimamente, el llamado “ciclón” de Jerez, Juan José Padilla, volvió a soplar ayer con la furia y el entusiasmo que le han hecho famoso. Y más por el estrafalario sentido escénico que suele primar en sus más celebradas actuaciones que por lo que logró como diestro frente al sus dos toros. Todo un caso este Padilla. Torero en el que se conjuntan el valor, la destreza, lo trágico y lo cómico hasta grados inimaginables por desbordantes. Un romántico incontrolado. Increíble en saber escenificar su propio drama. Y capaz de pasar en décimas de segundo del más puro de los sentidos toreros al más despreciable de los detalles de mal gusto. Artífice de la astracanada taurina sin el más mínimo sentido del ridículo y no por ello admirable en su apostura por facultades físicas e incuestionables recursos, tanto como torero como por actor consumado, que en ambas facetas se distingue.
Tras una más que digna actuación con el capote, con las banderillas – en las que alternó con El Fundi - y con la muleta frente al mejor segundo toro, a Padilla le contrarió mucho que una vez matarlo con pronta eficacia y amorillarse el toro durante largo rato, el tragarse su propia sangre sin doblar del toro fuera tomada como pretexto para premiarlo con una vuelta al ruedo y a él relegarle con simple ovación. De ahí que antes de que saliera el quinto, se fuera a recibirlo a porta gayola donde, por cierto, comenzó la función.
Lidia y función. Valor y tablas. Tragedia y comedia. Tardíamente situado con recomendaciones varias del torilero y ya definitivamente colocado Padilla, arrodillado frente a la puerta de Chiqueros, le arrolló el toro de lleno y le zarandeó como para matarle, cosa que pareció haber sucedido por la momentánea perdida de consciencia que padeció Juan José, inmediatamente seguida de su despertar en torero legionario con tres lances y medio, nuevo achuchón y persecuciones varias que Padilla manejó perfectamente para dramatizar más si cabía la escena en plena lidia del por cierto manso animal y que continuó dando tanta o más importancia a la lidia en sí misma como a los alardes cómicos más deleznables.
Y así, entre toreo, banderillas y carreras, entre pases y caricaturas de su propio ser y estar, entre amagos de cogida y adrede provocados atropellos, transcurrió el inenarrable trasteo hasta la estocada – certera - que dio muerte al enrevesado y peligroso animal, momento en que la pasión se desató en los tendidos de sol mientras en los de sombra abundaban la circunspección y hasta el desagrado por el poco respeto de Padilla al toreo más formal e incluso a sí mismo. De ahí que la presidencia se negara a conceder la muy solicitada oreja y que Padilla emprendiera una vuelta al ruedo asimismo inenarrable tras saludar ostensiblemente despectivo y a la vez provocador al palco. Flores, puros y hasta un mantón de Manila que Padilla se colgó del hombro recogió el torero que, al final, llenó con albero su propia y original montera quedando la plaza conmocionada y al tiempo divertida.
Y en contraste radical, el salmantino Javier Valverde que ya se había jugado el pellejo sin cuento de ninguna especie con el cambiante tercer toro – noble de salida ante los muy buenos lances del matador y peligroso en la muleta –, volvió a jugárselo con el imposible sexto en un derroche de valor y de hombría como pocas veces hayamos visto. Merece Valverde otras corridas por su admirable esfuerzo y por el extraordinario concepto del toreo que posee. Y lo merece más que otros salmantinos tan injustamente favorecidos sin los mismos merecimientos. ¡Qué injusto es el toreo con los humildes¡.
Comentarios:
Para mí es el mejor crítico taurino actual...Porque en el se reunen el estilo moderno de la crítica, y el sabor añejo de una forma de entender la fiesta clásica, tradicional.
Indudablemente, su educación y formación critico-taurina, estuvo plagada de grandes profesores, entre los que destaco: a don Alvaro (que utilizaba en seudónimo de don Justo en la crítica)y a otros aficionados de menor relieve, pero de reconocida calidad.
Cuanto añoro las conferencias al concluir la corrida en el Círculo de la Unión Mercantil, y las charlas precorrida en el Bar del "10"
Que sigas en tu línea crítica José Antonio, y ¡suerte maestro!<...
Una pregunta dificil para Del Moral, ¿ Existen hoy en día los sobres a los periodistas ?¿ Todos los toreros ?.Un saludo.
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José Antonio del Moral
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