14ª de feria en Sevilla. Oreja para Castella en corrida de menos a más con toros de más a menos
26.04.07 @ 22:34:32. Archivado en Toros, Crónicas
El diestro francés cuajó una excelente faena muy de su corte y singular personalidad que clausuró con efectiva estocada frente al quinto toro de Juan Pedro Domecq, uno de los pocos que duró aunque, como casi todos, se vino abajo al final. José María Manzanares estuvo cerca de conseguir otro cartílago del sexto, un basto castaño que perdió su inicial fuelle mediada la faena de muleta y lo que empezó por todo lo alto terminó a medio gas. En sus respectivas primeras actuaciones, ambos toreros tuvieron que apechugar con la desesperante sosería de sus febles enemigos, mientras que a Finito de Córdoba le faltó mayor determinación para sacar más y mejor partido de su lote, el de más clase en conjunto, aunque a su cargo quedaron los lances y muletazos más bellos de la jornada pero aislados.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 26 de abril de 2007. Décimo cuarta de feria. Tarde excelente y lleno total. Seis toros de Juan Pedro Domecq de justa presencia y nobles en general aunque en distintos grados de fuerza, bravura y raza, escasas en su mayoría. En mayor o menor grado, todos se vinieron abajo al final. Por su mejor clase, destacaron primero y cuarto. Y por más completo el quinto. Segundo y tercero, sin brío y muy sosos. El sexto cambió de apocado en su salida a bravo y fuerte en la suerte de varas pero, mediada la faena, perdió brío y empezó a defenderse. Finito de Córdoba (grana en terciopelo y azabache): Dos pinchazos y estocada, ovación. Estocada trasera de hábil y descomprometida ejecución, palmas. Sebastián Castella (añil y oro): Estocada casi entera, silencio. Buena estocada desprendida, oreja y petición menor de otra. José María Manzanares (grana y oro): Gran estocada, palmas. Pinchazo y buena estocada, ovación. Entre las cuadrillas destacaron, tanto en la brega como en palos Juan José Trujillo, Curro Molina y Curro Javier.
Acudimos muy animados para ver la corrida de Juan Pedro Domecq en la creencia que sus toros darían juego parecido a los dos sustitutos de anteayer, sobre todo el sexto que El Cid lidió bajo el diluvio. Pero El Cid no toreó esta vez y como su toro no salió ninguno. Cada vez que torea El Cid, los ganaderos deberían pagarle lo que ellos cobran por los toros que le caigan en su infalible suerte que así es la potra que disfruta el diestro de Salteras.
Buen fondo sí que tuvieron los seis toros de Juan Pedro de ayer. Y hasta clase los dos que le correspondieron a Finito de Córdoba, pero bravura duradera no, salvo el quinto que fue el que más lució gracias al valor y a la magistral competencia profesional de Sebastián Castella que le entendió a las mil maravillas. Era el último toro de Sebastián es esta feria, su primer toro se había perdido en un mar de distracciones y de sosería irredenta y la nueva ocasión se presentó para que rematara su hacer en Sevilla con una actuación pletórica.
Muy buenos lances en el recibo - ¡qué facilidad en templar¡ -, atinada lidia sin dejar que le pegaran nada al toro en el caballo pese a que acudió alegre y pronto a las llamadas del picador. Y tras un par sensacional de Curro Molina, brindis al público en los medios para, allí mismo y según suele ser costumbre de Castella, citar al toro y empezar a darle fiesta. Tardó el toro en acudir pero, cuando al fin lo hizo, le llegó al torero como una centella. Con trincheras y trincherillas ligadas muy por bajo, uno de pecho y el pase del desdén, Castella puso la plaza del revés y la banda a tocarde inmediato. Sensacionales los redondos que siguieron en dos tandas, soberbios los cambiados ya no tan seguidos ni tan largos los naturales cuando se echó de nuevo la muleta a la izquierda. ¡Vaya por Dios, otro toro que se nos viene abajo!.
También la banda dejó repentinamente de tocar en versión protagonista del jubilado Tristán – primer petardo del nuevo director –, pero ambos contratiempos los resolvió Castella apurando terrenos y dando un recital de cercanía y de temple en un par de ramilletes angustiosos como lo hiciera Ojeda en sus mejores tiempos. Sin moverse un milímetro y llevando al toro a su alrededor para obligarle hacer el ocho sin solución de continuidad. O sea, toreando en el arrimón que es lo difícil en tal trance y yo diría que hasta para otros toreros imposible. Y el público estalló. Y aún más tras la estocada de Castella que cortó una oreja a toda ley con petición de otra que el presidente no quiso conceder aunque en esta ocasión creo que quienes la birlaron fueron la música y, sobre todo, la inesperada decadencia en bravura de su oponente. Pero no importa. Ahí quedó la faena de Sebastián para nuevo disgusto, imagino, de los críticos franceses que tanto le niegan y hasta pretenden ignorarle en increíble apoteosis de estulticia porque tirar tierra contra el tejado propio no es cosa de listos. Digo esto no porque importe aquí, sino por lo insólito que nos resulta al ser Castella francés. O sea, que tienen un compatriota figurón por vez primera en la historia del toreo galo y quieren cargárselo. ¿Ustedes lo entienden? Nosotros tampoco.
Lo más bonito y enjundioso, sin embargo, corrió a cargo de Finito de Córdoba. Y en sus dos toros, que fueron los más fáciles del encierro por su clase. Sobremanera el pimero pese a resultar demasiado blando Pero no bastó que Juan Serrano bordara estéticamente hablando algunos lances ni muchos de sus muletazos en las dos faenas que realizó. Y es que Finito está ya tan sujeto y acostumbrado a su famosa técnica defensiva, a torear descruzado, a llevar los toros para fuera, a conducirlos tan a lo largo mientras él permanece detrás de la mata, que ya no hay manera de verle ligar relajado y como Dios manda en una faena completamente redonda salvo en las plazas de tercera y, de año en año, en la Córdoba de su alma. Está además tan cómodo y tan seguro Finito en su papel de telonero de superlujo, que casi nunca considera oportuno darnos más.
Algo en lo que nunca debería caer el joven José María Manzanares gracias a la gran clase de su estilo, ayer no todo lo oportuno que debió andar con su primer toro – hubiera sido mejor acortar el trasteo ante lo imposible por puro aburrimiento –, otro de los más sosos de la tarde, aunque luego, con el sexto, sí que quiso, pudo y mucho, quizá demasiado el de Alicante. Hasta podría haber triunfado si lo llega a matar como al anterior – grandiosa estocada quizá el mejor volapié de la feria junto a la de Rincón en la suerte de recibir – y, por supuesto, si el toro no hubiese cambiado a remiso ni a defenderse por arriba después de sus primeras arrancadas realmente fuertes, bravas y profundas. De ahí que, al pasar José María de su toreo hondo e imperial al menos largo ni tan limpio como el que acababa de hacer –también la banda cortó otra vez con premeditación y alevosía, por cierto – lo que iba para otro faenón como el de su primera tarde, quedó en un simple “hasta la próxima ocasión”. Manzanares, no obstante, deja para el recuerdo de esta feria impar, la mejor y más completa de las muchas grandes faenas que aquí se han hecho a no ser que alguien lo supere en las corridas que faltan. Harto difícil va a ser que así suceda.
Comentarios:
Porlo visto ayer en Sevilla y desgraciadamente en otras plazas más,
Finito está en sus últimas bocanadas como torero.Más tramposo imposible,debería irse con dignidad y no engañar más al aficionado que pasa por las taquillas . Donde fue a parar aquel inmenso torero de la década de los 90?
Un fuerte abrazo Emilio
Me duele, pero no me queda otra que darte la razón.
Aunque las trincheras y remates de la primera faena...
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José Antonio del Moral
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