13ª de feria en Sevilla. "El Juli" y "El Cid" pinchan dos meritísimas faenas bajo un diluvio
25.04.07 @ 21:35:57. Archivado en Toros, Crónicas
De gran técnica, excelente traza e incondicional entrega la del madrileño y más artística aunque forzosamente discontinua la del sevillano. Ambos perdieron una oreja por fallar con los aceros. La mayoría los aficionados que habían ocupado localidades de tendido las abandonaron antes de salir el sexto toro, un sustituto de Juan Pedro Domecq que fue el mejor de los lidiados y, como no podía ser menos, le correspondió al diestro de Salteras. En menor medida, también se dejaron los otros dos de la segunda parte del festejo, el cuarto de Juan Pedro con el que apenas se entendió Miguel Abellán y uno de los anunciados de Victoriano del Río, el único lucido de titulares porque los tres primeros, sin raza ni fuerza, decepcionaron grandemente. El Cid sobresalió con el capote con magníficas verónicas, tanto en los recibos como en quites.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 25 de abril de 2007. Decimotercera de feria. Tarde nublada con lluvia torrencial durante la lidia de los dos últimos toros que convirtió el ruedo en un cenagal y obligó a abandonar la plaza a la mayoría de los espectadores de tendido. Lleno total. Se lidiaron cuatro toros de Victoriano del Río, justos de presencia los tres primeros y más serio el lidiado en quinto lugar que fue el único que sirvió de los anunciados. Dos sustitutos de Juan Pedro Domecq, también de justa presencia y nobles, sobre todo el sexto que fue el mejor de la tarde. Miguel Abellán (blanco y azabache): Estocada de la que tardó en doblar, silencio. Tres pinchazos y estocada atravesada que hizo guardia, silencio. El Juli (grana y oro): Dos pinchazos, media y descabello, silencio. Dos pinchazos y estocada, ovación. El Cid (tabaco y oro): Pinchazo, estocada y do descabello, silencio, aviso y silencio. Tres pinchazos y dos descabellos, ovación. Bien en la brega y en palos El Chano. También destacaron en banderillas Alcalareño y con la elegante personalidad que le caracteriza José Manuel Montoliú.
La imposibilidad de triunfar con los tres primeros toros, sumió la tarde en franca aunque resignada depresión. Las ilusiones sólo brillaron cuando Miguel Abellán se fue a porta gayola para recibir al toro que abrió plaza y, sobre todo, cuando El Cid saludó por espléndidas verónicas al tercero, lances que reeditó en un quite al que replicó luego Abellán con valientes gaoneras. ¿Puede que El Cid sea quien, hasta el momento, mejor haya toreado de capa por verónicas en esta feria que ha visto y disfrutado con tantas y tan importantes cosas? Puede. De ahí nuestro conformismo ante tan repentina adversidad porque mientras Abellán se eternizaba muleta en mano intentando acoplarse sin lograrlo del todo por su evidente torpeza, mientras que El Juli torcía el gesto una y otra vez frente al inválido segundo con el que no pudo hacer nada, y El Cid comprobaba después cómo las prometedoras arrancadas del tercero en su capote se trocaban en constantes huidas que deslucieron totalmente su trasteo con la muleta, no pocos pensamos en lo reconfortante y prometedor que estaba resultando este ciclo abrileño, intentando compensar mentalmente el inicial fiasco de la tarde.
Hasta tal punto ha sido importante esta feria, que tanto la oreja que ya había cortado El Juli en su primera comparecencia como las tres sumadas por El Cid en su tarde “principesca” habían quedado eclipsadas por las faenas de José María Manzanares, de Sebastián Castella, de Alejandro Talavante y de Morante de la Puebla quienes, nadie lo dude, van a ser los cuatro toreros que saldrán más favorecidos y relanzados de este ya histórico ciclo porque desde los años sesenta, una feria de Sevilla no había resultado tan definitivamente triunfal.
Por ello, entendimos perfectamente lo que sucedió en los dos últimos toros que El Juli y El Cid lidiaron y torearon bajo un diluvio universal una vez que Abellán desperdiciara la ocasión de triunfar con el primer sustituto de Juan Pedro Domecq, un buen toro de pelo jabonero con el que no llegó a entenderse y al que mató fatal.
Bajo los paraguas admiramos como El Juli hacía acopio de toda la raza que le es propia y de su más atinada ciencia infusa para cuajar una importante faena frente al quinto toro de Victoriano del Río, el único con movilidad y casta de lo enviado por el ganadero madrileño. No importó a Julián el piso encharcado, ni sufrir un arriesgado resbalón ante la misma cara del toro, ni lo que debió pesarle la muleta cuando, a cara de lobo feroz, se metió finalmente entre los pitones del toro en su intento de demostrar quien seguía siendo en el toreo: un ciclón inasequible a cualquier desaliento. Pero tras este descomunal esfuerzo del gran torero, su fallo a espadas le privó de triunfar como ansiaba y El Juli se llevó las manos a la cabeza tan disgustado o más que Ponce en la corrida anterior hasta el punto de no haberse quedado un par de días más en Sevilla para disfrutar de la feria como venía haciendo. Multimillonarios como ya están los dos y con todo hecho y más que hecho, siguen disgustándose como niños cada vez que no les salen las cosas como quieren. ¡Qué amor propio más grande y qué pedazos de toreros!
Otro tanto le debió suceder a El Cid quien, frente al último toro de su feria,también luchó contra los elementos intentando por todos los medios dar fiesta al magnífico toro de Juan Pedro que cerró la aguada tarde. Aunque decir aguada es decir poco porque en ese momento el ruedo de la Maestranza ya era una gigantesca piscina. Con los tendidos casi vacíos y las gradas cubiertas abarrotadas, los que se refugiaron del inmenso e incesante chaparrón en los pasillos de la plaza debieron escuchar perfectamente los olés que celebraban la hazaña de El Cid. Una pena tanta agua porque no de haber caído como lo hizo mientras toreó, su faena no hubiera sido tan entrecortada y discontinua. No obstante y aunque, forzado por las circunstancias, anduvo por bajo de las excelentes condiciones del toro, de haber matado pronto y bien, también El Cid podría haber cortado oreja. Pero pinchó y tan costoso esfuerzo se fue al garete.
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José Antonio del Moral
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