6ª de feria en Sevilla. Bien sin redondear López Chaves en tarde por lo demás mediocre y aburrida
18.04.07 @ 23:27:55. Archivado en Toros, Crónicas
La corrida de Palha no resultó ni de lejos como la del año pasado. Ningún toro rompió de verdad desde su bravuconería indefinida y cambiante pese a que alguno anunció buenas cosas que, por unas razones o por otras, no cumplieron. Tan solo el salmantino Domingo López Chaves, que dio la vuelta al ruedo tras matar al segundo y pudo cortar una oreja de no haber fallado con la espada en el quinto, anduvo valiente, firme y templado a carta cabal aunque sin lograr redondear dos labores magníficamente iniciadas, mientras que Luís Miguel Encabo pecó de prudente e Iván García de indeciso y de algo torpe.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 18 de abril de 2007. Sexta de feria. Tarde medio nublada y algo calurosa con dos tercios largos de entrada. Seis toros de Palha, desigual aunque correctamente presentados con algunos, sobre todo el cuarto, demasiado terciados. Dieron similar juego en la línea de bravucones e indefinidos pues a veces se comportaron como bravos y otras mansearon más o menos repentinamente. Sus sorprendentes cambios de comportamiento durante la lidia pesaron mucho hasta convertirlos en mayor o menor grado en inciertos o en colaboradores según lo que, para bien o para mal, se hizo con ellos. De ahí que los mejor lidiados, segundo y quinto, parecieran los mejores aunque en justicia y de haber caído en mejores manos, los más proclives al lucimiento fueron el tercero y el sexto. Luís Miguel Encabo (amaranto y oro): Media tendida, silencio. Dos pinchazos y descabello, silencio. Domingo López Chaves (grana y oro): Estocada, petición insuficiente y vuelta al ruedo. Dos pinchazos y estocada, gran ovación. Iván García (marfil y oro): Media atravesada trasera y estocada casi entera, aviso y silencio. Pinchazo y estocada, silencio.
La feria no termina de romper y ayer tampoco aunque, en dos momentos, pareció que íbamos a lograrlo. Y más, por descontado, el torero que por poco toca pelo con sus dos toros. Fue el salmantino Domingo López Chaves que volvía a Sevilla tras su valentísimo aldabonazo del año pasado con otra corrida de la ganadería portuguesa de Palha que, asimismo, repitió ayer aunque sin el indiscutible éxito que todos celebramos y cantamos. Por desgracia se repitió el aserto de segundas partes nunca fueron buenas, nos quedamos con las ganas y abandonamos la plaza con una sensación de hastío y hasta cansados. La tarde había sido en su mayor parte aburrida y ya llevamos varias. Ojala que esta tarde se rompa la mala racha.
Pero centrémonos en los dos toros de Domingo López Chaves, segundo y quinto que, en sus manos, al menos para quien suscribe, parecieron bastante mejores de lo que en realidad fueron. El primero de ellos fue tomado por muy bravo y se picó como tal creo que equivocadamente porque le pusieron ante el caballo demasiado lejos. Imprudencia que suele costar cara después, cuando el toro no responde igual en la muleta. El toro equivocó a muchos porque, ya desde el principio, acusó una marcada querencia hacia las tablas y así lo cantó en palos persiguiendo a los banderilleros tras clavar los palitroques. Chaves, no obstante, lo brindó al público porque quien estaba seguro de lo que había que hacerle al toro fue él. Y así aconteció pese a que el animal, de pronto remiso, probó lo suyo. Muy certeramente lo abrió Domingo hasta más allá de las rayas y en ese sitio empezó formalmente su faena con una determinación y una firmeza incuestionables sobre la mano derecha. Uno a uno, paso a paso, fue sacándole pases admirables y enormemente meritorios. También, aunque con peores resultados, al natural. Y de nuevo con la derecha, resultando zarandeado en uno de los extraños del toro, ya completamente venido abajo mientras el valor del torero permanecía incólume. Una estocada efectiva dio pasó a una petición no mayoritaria de oreja y, tras negarla el presidente, Chaves dio una merecida vuelta al ruedo, obligado por los que estábamos en sombra haciéndole señas de que la diera.
Lo del quinto fue aún mejor y desde luego más lucido porque a este toro en principio brusco y bruto en su embestir, lo dominó y ahormó Chaves sereno, muy templado y a placer sobre la mano derecha hasta que el toro dijo “basta ya de que me acaricies” y empezó a protestar violenta e inoportunamente, sorprendiendo las buenas intenciones del torero, reventando su disfrute y el de los espectadores que ya estábamos relamiéndonos con en triunfo del salmantino. Tras dos o tres malos pasos con la derecha, se empeñó Chaves de nuevo al natural y hasta sacó tres que parecían imposibles de sacar, lo que le devolvió el crédito parcialmente perdido a la espera de que entrara a matar bien y dejara una estocada en lo alto. Desgraciadamente y no sé por qué se arrugó el matador en el primer y en el segundo envite, acertó a la tercera y se esfumó la oreja que casi todos estábamos dispuestos a pedir para premiar su labor de conjunto.
Y lo demás?. Pues un rollo Macabeo. Salvo algún par de banderillas sueltos de Encabo y de Iván García, tanto cuando alternaron como cuando actuaron en solitario en los segundos tercios de sus toros respectivos, ni con el capote ni con la muleta ni con la espada lograron salvarnos de la mediocridad y de la vulgaridad más aplastante. Conservador dentro de su avanzada veteranía y acreditado oficio que esta vez le sirvió de muy poco Encabo, y extrañamente indeciso y hasta torpón el más joven Iván García que, además, fue quien tuvo el lote más potable y que por falta de determinación no entendió, la tarde se nos fue de rositas y a la espera de los victorinos. Paciencia y barajar.
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José Antonio del Moral
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