5ª de feria en Sevilla. Preocupante corrida de Cebada, en su mayoría mansa y peligrosa.
17.04.07 @ 22:43:21. Archivado en Toros, Crónicas
Sólo el cuarto toro y algo más el sexto aunque se rajó, se dejaron torear formalmente y, con ellos, Curro Díaz y Fernando Cruz pudieron presentar sus respectivas credenciales, tanto por capaces y artistas como por buenos matadores. Díaz fue muy ovacionado en sus dos toros y Cruz dio una vuelta al ruedo, la única de la tarde. Con los restantes y terribles marrajos, los dos espadas mencionados y Fernando Robleño, que pechó con el peor lote, resolvieron la dificilísima papeleta muy dispuestos, sobrados de oficio y más que dignos. Ojala hubieran matado estos tres toreros la corrida de Cuadri. Ya lo sabe la empresa para el año que viene.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 17 de abril de 2007. Quinta de feria. Tarde muy templada con esporádicas aunque breves rachas de viento y dos tercios de entrada. Seis toros de Cebada Gago, muy desigualmente presentada aunque bien armada y de vario pelaje con tres bonitos, uno muy anovillado (el tercero), y dos más serios y cuajados, quinto y sexto. Salvo los nobles cuarto y sexto aunque se rajó, un muestrario de mansos con peligro y alguno sin fuerza alguna como el tercero que debió ser devuelto y no solo por flojo, también por demasiado chico. Curro Díaz (corinto y oro): Buena estocada, ovación. Buena estocada, gran ovación. Fernando Robleño (rosa y oro): Pinchazo hondo en los bajos, otro arriba y estocada caída atravesada, silencio. Pinchazo, otro en lo bajos y descabello, silencio. Fernando Cruz (grana y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Estocada, vuelta al ruedo. Muy bien en la brega del cuarto Paco Peña y un buen par de Domingo Navarro al segundo toro.
El pésimo juego de la siempre esperada corrida de Cebada – esperada sobre todo por la afición mal llamada “torista” - dio en gran parte al traste con un cartel de toreros modestos aunque interesantes. La tarde, en principio atractiva para los aficionados que seguimos de cerca el devenir de la Fiesta en todas partes (a Curro Díaz le acabo de ver muy bien en México y es de los que merecen muchos más contratos porque hay otros que suman bastantes más sin tantos méritos ni de lejos; y Fernando Cruz, que reaparecía en Sevilla tras su muy grave percance de Fallas, es uno de los últimos nuevos valores a tener más en cuenta), transcurrió en medio de sustos y decepciones varias hasta la salida del cuarto toro y, luego de lidiado el quinto, la aparición del muy cuajado sexto que fue el que medio salvó del desastre a los ganaderos, imagino que muy preocupados por cómo estaban resultando sus pupilos.
Mal presentada por muy desigual – señal de que los Cebada están comprometidos con varias corridas en plazas de primera y no disponen de tanto toro en la camada como para formar lotes parejos con suficiente y parecido trapío – los toros primero, segundo, tercero y quinto no hubo por donde cogerlos. Mansos en distintos grados, desde los pregonaos a los equívocos, no solo no se dejaron torear sino que tuvieron peligro desde que salieron hasta que murieron, momentos finales tras la muerte más o menos rápida de cada animal en los que todos respiramos. Primero los que se pusieron delante a sabiendas de que se habían librado de ser gravemente corneados; y luego los espectadores que también pasamos mucho miedo viendo a los toreros tantas veces a merced de sus complicados y endemoniados enemigos.
Siento mucho tener que escribir esto después de llevar casi dos años celebrando la recuperación de la ganadería de Cebada tras pasar por las varias y muy distintas etapas de su todavía corta historia. Gran inicio fieles a su mejor estirpe Torrestrella; posterior decadencia equívoca porque mientras muchos “listos” cantaban interesada o equivocadamente la peligrosa fiereza que empezaron a sacar estos toros, otros temíamos por el desastre al que más tarde llegaron inapelablemente; después y, menos mal, la notoria y progresiva recuperación hacia lo más positivo de la casta y de la nobleza perdidas hasta ofrecernos muchas corridas francamente estupendas en los últimos dos años; y ayer este preocupante encierro, nada menos que en La Maestranza, en su Feria de Abril y, además, televisada en directo para toda España. Ya nos enteraremos de lo que dijeron los comentaristas de esta corrida y en su momento lo comentaremos nosotros porque me llegan noticias de que se está hablando muy a la ligera y hasta salvando o tapando cosas insalvables porque, ya se sabe, las imágenes – siempre fascinantes y muy bien realizadas por los especialistas de Canal Plus - valen más que mil palabras y no todos los teleespectadores son idiotas de remate.
Más que dignos, sobrados de valor y de no pocos recursos anduvieron los tres matadores aunque con alguno como Fernando Cruz se pasaron no pocos espectadores desmereciendo con injustos pitos sus apurados y quizá excesivos intentos tratando de torear formalmente al tercer toro, en lucha consigo mismo, contra el viento que soplaba en esos precisos instantes, contra la tempestad genuflexa del muy blando animal y no por ello más que peligroso, y hasta soportando franciscanamente los improperios que le lanzó un impresentable guasa desde una localidad de sombra, muy cerca de donde estaba intentándolo. ¡Señores, un poco más de respeto, por favor, que estamos en Sevilla!
Me encantó la disposición y la indudable firmeza de Curro Díaz frente al prime toro. Como luego con el más dócil cuarto al que muchos incautos tomaron por bravo en varas porque fue al caballo desde lejos para irse de naja al sentir el hierro, cuando le permitió estirarse con la muleta. Sentido Curro, entregado e inspirado. Hondo y templado, sobremanera en los redondos, trincheras y forzados de pecho. Hasta que el bicho se negó a colaborar y pegó dos tremendos avisos de cornada por el lado izquierdo, momento en que, a Dios gracias, Díaz se fue tras la espada como un cañón. Escuchó una gran ovación. Pero hace años le hubieran obligado a dar una vuelta al ruedo.
Quien sí la dio tras matar al sexto fue Fernando Cruz. Pero la dio por su cuenta y nolo digo en demérito del torero madrileño sino porque él mismo creyó, y creyó bien, que se la había ganado ante un público que casi no le conocía y que se había comportado un tanto despectivamente por pura ignorancia. Así le reconocerán mejor cuando vuelva a Sevilla porque, si fuera de aquí, otro gallo le hubiera cantado. Bien, muy dispuesto con el capote en el recibo Fernando y mejor aún aunque algo desigual con la muleta por redondos, muchos hondísimos, sabrosos; y algunos naturales de largo trayecto hasta que el toro se rajó y empezó a protestar estropeando la buena traza del trasteo. Y una estocada certera. Este caramelo de Cruz, no obstante, supo a poco después de pasar tantísimos apuros y amargas fatigas. Al menos, todos se fueron de la plaza milagrosamente ilesos.
Comentarios:
Se queja Alamar de que las corridas toristas en Sevilla son ya insoportables. Y añado yo que unas veces porque los toreros no pueden con ellos y otras porque salen mansos de solemnidad, el torismo está en franca decadencia aquí y en todas partes. Y si no, iros en Mayo a Madrid y ya veréies lo que vale un peine.
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José Antonio del Moral
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