2ª de la feria de Sevilla. Valiente, vibrante, certero y espectacular Antonio Ferrera. Calamitosos Uceda y Antonio Barrera
14.04.07 @ 21:56:42. Archivado en Toros, Crónicas, Política
El extremeño cortó la oreja al cuarto toro de José Luís Pereda, el mejor de su lote, y podría haber cortado otra del segundo de no haber fallado estrepitosamente con la espada. Al contrario por irresolutos, miedosos y definitivamente incapaces, tanto el madrileño Uceda Leal como el sevillano Antonio Barrera dejaron escapar los segundos toros de sus respectivos lotes y anduvieron a la deriva con los más complicados que les correspondieron en primer y tercer lugares. Bien presentada, de muy desigual juego y en parte enrevesada aunque interesante la corrida del ganadero onubense.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 14 de abril de 2007. Segunda de feria. Tarde agradable aunque progresivamente fresca con dos tercios largos de entrada. Siete toros de los hierros de José Luis Pereda, bien aunque desigualmente presentados y de vario juego. Por más nobles, destacaron el tercero aunque solo por el lado derecho, el cuarto, el importante quinto por muy enrazado y el más dócil y completo sexto. José Ignacio Uceda Leal (marfil y cuantioso azabache con hombreras sobrecargadas): Pinchazo hondo, dos descabellos, nuevo pinchazo y estocada, aviso y silencio. Pinchazo yéndose y estocada baja, silencio. Antonio Ferrera (amaranto y oro): Pinchazo en el sótano, media muy caída atravesada, dos pinchazos más y aviso, silencio. Estocada corta trasera desprendida aunque suficiente, oreja. Antonio Barrera (rosa y oro): Tres pinchazos y estocada trasera, silencio. Pinchazo hondo y descabello, aviso y silencio. De las cuadrillas destacó Pepín Monje al parear al sexto.
Antonio Ferrera arregló una tarde que, de no haber sido por su entrega y por su ardor torero hubiera resultado desastrosa y aburridísima que es lo que quienes actúan siempre deben evitar. Porque una corrida de toros puede resultar decepcionante por el siempre imprevisible juego del ganado pero lo que no debe ser es desesperante cuando los toreros se muestran aturdidos e incapaces por mucho esfuerzo que hagan, que eso es lo que les ocurrió ayer a Uceda Leal y a Antonio Barrera.
Yo no sé qué pensarían los empresarios de la plaza de Sevilla cuando, como todo el mundo, comprobaron una vez más que estos dos señores ya no pintan nada en un cartel de la Feria de Abril a la que no deberían volver más. Y los apoderados de ambos, ¿en qué pensarían? Supongo que ni se les pasó por la imaginación pensar en lo mal que lo pasó el público que les paga a todos viéndoles como eran absolutamente incapaces de resolver mínimamente los problemas que plantearon sus primeros toros y, después, con dos reses de clara franquía como fueron el cuarto y, sobre todo, el sexto de Pereda, viendo cómo Uceda y Barrera querían pero no podían sacarles partido lucido ni por activa ni por pasiva.
Descruzados siempre en lo cites, incluso cuando hacían gestos de querer cruzarse. Con la muleta siempre retrasada incluso cuando mimetizaban hacerlo. Destemplados en tantas y tantas ocasiones. Bailones, saltarines, correcaminos, progresivamente cariacontecidos y hasta definitiva y ostensiblemente contrariados cuando no crispados porque por dentro sabían mejor que nadie que se les estaba yendo otra oportunidad más de triunfar y van…
Tampoco sé lo que en tales momentos pensarían los que llevan años tratando de engañar al público en sus crónicas archielogiosas, pura falacia para incautos que tanto daño han hecho. Mentiras podridas que a estas alturas nadie traga porque ya no se pueden tener en pie por mucho que persistan o disimulen culpando del desastre al mal juego del ganado. Y dolorosas sensaciones, lamentables escenas que en el caso de Uceda Leal resultaron patéticas viéndole enfundado en un terno estrafalario y pretencioso más propio de estreno de opereta que de un matador normalmente capaz y responsable de sus actos que en el escenario de La Real Maestranza enmarcó aún más si cabía la pertinaz ridiculez del que se cree un artista genial y en el fondo no lo es ni por asomo. Y en el de Barrera, penoso, lastimoso, porque el pobre – no tan pobre, por cierto – no encontró modo alguno de hallarse a gusto ni de relajarse durante un solo segundo sabiéndose otra vez más a merced de sus toros y varias veces a poco de caer otra vez malamente herido. ¿A qué seguir entonces empeñados en el imposible? ¿Por qué no nos dejáis en paz a los aficionados y de paso encontráis vuestra propia paz en otros oficios de menor riesgo?
Menos mal que, en diametral contraste, Antonio Ferrera tuvo ayer quizá y sin quizá una de las actuaciones más importantes y espero que trascendentales de su vida. ¡Qué diferencia entre él y los otros dos! Y qué diferente también este Ferrera más auténtico que nunca, valentísimo y entregado sin perder casi nunca la cabeza ni recurrir como otras muchas veces hizo a subterfugios para la galería, además de certero y oportuno en la lidia de sus toros.
Y, sobremanera torero - torero por los cuatro costados, sí – tanto con el capote que utilizó en sus toros como en los quites que hizo a los de sus compañeros, no digamos en banderillas – excepcional en el tercio del sexto – y templado además de reunido cuando sus dos toros se dejaron. A medias el segundo toro, solo bueno por el lado derecho y pronto rajado hasta ponerse casi imposible para entrarlo a matar, cosa en la que Ferrera falló estrepitosa aunque explicablemente perdiendo una posible primera oreja porque había entusiasmado en su ligar redondos sin enmienda ni apenas pausas.
Y sencillamente inmenso en su tres pares de banderillas con el quinto, adrede sin picar suficientemente por voluntad del matador, lo que ameritó un tercio realmente memorable, como el mejor de sus mejores tiempos con los palos. Improvisando en el primero una pirueta en falso y luego clavar a la media vuelta porque el toro le vino como un disparo inesperado, repitiendo exacto el trance aunque ya por deseo del propio matador, y sensacional al quebrar por dentro en el tercero mientras los espectadores se levantaban de sus asientos mientras sus palmas sonaban como truenos.
Y asimismo indiscutiblemente importante con la muleta porque este también importante sexto toro de Pereda vendió muy caras sus buenas embestidas por la mucha raza que sacó – a la par remiso, escarbador y ferozmente encastado en todas las arrancadas que tuvo por el lado derecho porque por el izquierdo quiso herir varias veces a Ferrera y éste no se dejó – hasta poner a muy dura prueba el valor y la cabeza del torero extremeño que ayer rozó y a veces consiguió la mayor grandeza de este arte: aunar el valor a la ciencia y saber trasmitirlo emocionado hasta conseguir que los espectadores se emocionaran con el interprete. Torear con mayúsculas y jugársela en todo momento porque el toro tuvo mucha miga y Ferrera lo resolvió felizmente con templada belleza y armonía.
Me complace decirlo así sobre Antonio Ferrera a quien tantas otras veces he censurado por excesivamente demagogo en sus no siempre felices intentos de vender la mercancía que procura. Y es que ayer también supo vender lo que hizo. Solo que lo que nos vendió no fue hojalata sino oro de pura ley. ¡Enhorabuena y, de aquí en adelante, a seguir en este mismo plan¡.
Comentarios:
Ferrera tiene los huevos que muchos toreros perdieron hace muchos años.
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José Antonio del Moral
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