1ª de feria en Sevilla. Daniel Luque da la talla sin triunfar y a Oliva Soto se le va un novillo de gloria
13.04.07 @ 22:44:12. Archivado en Toros, Crónicas
Salvo en resultados por los fallos con la espada, la novillada inaugural de la feria se desarrolló como estaba previsto: Muy cuajado Daniel Luque que debió cortar un par de orejas (la que le negó la presidencia del primer novillo y la que perdió por pinchar al encastado cuarto), verdísimo y sin dar pie con bola Agustín de Espartinas, y corto de valor aunque con pellizquito Oliva Soto que anduvo por bajo del extraordinario ejemplar que se lidió el sexto lugar.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 13 de abril de 2007. Primera de feria. Tarde progresivamente fresca con tres cuartos de entrada. Seis novillos de Torrehandilla, desigualmente presentados en tres y tres, mucho más cuajados los de la segunda mitad. Dos de estos muy nobles, el encastado cuarto y sobre todo el sexto que resultó excelente. Los demás, aunque manejables en distintos grados de fuerza, presentaron dificultades de escasa cuantía, destacando en lo negativo por su peor genio el tercero y por enseguida rajado el quinto. Daniel Luque (turquesa y oro): Estocadón, fuerte petición y vuelta al ruedo precedida y seguida de bronca a la presidencia por no dar el trofeo. Dos medios espadazos perpendiculares y delanteros y dos descabellos, gran ovación. Agustín de Espartinas (azul pavo y oro): Pinchazo y estocada, palmas. Dos pinchazos y estocada al hilo de las tablas, silencio. Oliva Soto (rosa y oro): Más de media ladeada y siete descabellos, aviso y silencio. Pinchazo, estocada corta ladeada y tres descabellos, ovación. Muy bien en la brega, Juan Sierra, que también destacó el palos junto a su compañero Juan Carlos de Alba.
Ambientazo temeroso por la manifestación de antitaurinos locales y llegados desde otros sitios que no vimos aparecer ante la Puerta del Príncipe ni siquiera cerca de la plaza por el paseo Colón, imagino que por prudente cautela de la autoridad gubernativa. Los manifestantes no pudieron, por ello, entrar con su griterío pancartero ni en el combate que pretendían, como tampoco los muchos aficionados dispuestos a correrles a gorrazos que llegamos bien pertrechados de paraguas por si a caso y no precisamente para refugiarnos de la lluvia porque la tarde rompió a primaveral y soleada aunque enseguida se enfrió. Los antis se quedaron, pues, con las ganas. Mejor. Porque así quedó absolutamente frustrado el intento de amargar la fiesta que ayer se inició con el esplendor que suele ser normal en ese maravilloso Palacio Real del Toreo que es la plaza de la Maestranza de Sevilla. Solo por estar sentados en sus escaños, merece la pena venir a la capital bética. Y que vivan por siempre España, nuestra Fiesta Nacional y esta Sevilla, madre y maestra de la Tauromaquia, aunque les pese a tanto progre de mierda que ensucia la hermosura de tan histórica ciudad.
Luego nos aburrimos en gran parte de la corrida de novillos aunque, en esta plaza, los momentos de tedio también son dulces. Con solo mirar cómo se recorta la Giralda en el cielo velazqueño que remata el arquerío barroco de las gradas y de los palcos, sobra lo demás. Y eso aparte las susurradas tertulias que nos montamos para comentar los avatares de la lidia cuando lo merece. Pura delicia compartir pareceres, por ejemplo y en mi caso, con Carlos Urquijo que le tengo delante cada tarde. ¡Señores, qué lujo¡.
Pero vayamos el grano que sólo fue notable en el caso de Daniel Luque a quien todo el mundo ya respeta porque está cuajado como torero d muy buen corte tal y como ya lo dijo en la pasada temporada. Lástima que un estúpido presidente le privara del trofeo que se le pidió tras matar como un león al novillo que abrió plaza. Un animal incompleto que sólo colaboró por el lado derecho y que se vino muy a menos cuando el torero lo sometió. Esta primera faena de Luque fue excelente por redondos y por los pases de pecho zurdos, que no en su intento al natural. Pero como tuvo sabor, frescura y gran remate con la espada, nadie creyó que el presidente se iba a negar a dar a Luque una oreja bastante más merecida que la que el mismo señor le regaló a El Cid el domingo pasado. Merecida entonces la bronca que se llevó el usía.
No hubiera podido negarse a dar otra oreja a Luque por su sabrosa, enjundiosa, enfibrada, inspirada y muy toreramente vendida faena al encastado, aunque no rompió nunca, cuarto que recibió por estupendas verónicas rematadas con tres medias de fantasía, revolera multicolor y larga a una mano mientras las palmas echaban humo. Pero, se precipitó de fea manera en las dos agresiones finales con la espada y la ratificación triunfal quedó en simple aunque unánime y fuerte ovación.
Nada que decir por verde y por la escasa colaboración de sus dos novillos podemos decir de Agustín de Espartinas. Pero sí comentar más detenidamente la actuación del aquí ya muy querido Oliva Soto, muy agitanado él y con muchos de su misma raza en los tendidos a ver dispuestos a jalearle y hasta a rasgarse sus camisas. Y la verdad es que el chico parece que es lo que pretende por la marchosería que se gasta en los andares y en ese irse o venirse como cantando por soleares antes y después de cada suerte, tanto con el capote que maneja demasiado retorcido y casi siempre echando el paso atrás, como con la muleta pese a citar sin cruzarse y, por tanto, toreando por las afueras en versión periférica e itinerante.
Total que, escaso de valor y de fondo aunque con mucho pellizco, Oliva Soto las pasó moradas y hasta resultó revolcado dos veces por el tercero novillo que sacó genio y descubrió donde estaba el torero por su poca firmeza de pies; y luego desaprovechó la magnífica oportunidad de triunfar por todo lo alto que le brindó el sexto y último de la tarde. Claro que, si le mata a la primera, podría haber sido el triunfador del festejo aunque no para quienes solemos exigir en correspondencia al juego de los toros y no de gustos personales. Se le fue, se le escapó el sexto a Oliva aunque, eso sí, dejó el aroma de su arte agitanado entre los dedos doloridos de aplaudirle y entre las gargantas rasgadas por los olés que le dedicaron sus muchos paisanos llegados desde la vecina Camas. Otro día será.
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José Antonio del Moral
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