El Día a día de la temporada. La vitalidad de la Fiesta
12.04.07 @ 07:43:56. Archivado en Toros, Artículos
En estas jornadas previas a la Feria de Abril, en Sevilla se amontonan toda clase de eventos taurinos. Anteayer se celebró la comida que todos los años organiza el doctor Ramón Vila para entregar los premios que cada año conceden al mejor quite artístico y al más oportuno que libre a un compañero de ser cogido en las corridas de la feria. A la cita acudieron nada menos que Enrique Ponce, que recibió el primero, y la esposa del gran peón Alberto Martínez para tomar el otorgado a su marido, ausente por estar toreando en Arles. Dos valencianos homenajeados junto a la hermosura del Guadalquivir y al maravilloso paisaje urbano que se contempla desde las terrazas del restaurante Río Grande.Un día después, antier nohe, Antonio Gala se comió a Morante en un mano a mano sobre toros y literatura.
En una de las mesas del premio a los quites de los médicos de La Maestranza, varios compañeros de la crítica discutimos sobre la premiada actuación de El Cid en la corrida del Domingo de Resurrección. Uno de ellos me recriminó con vehemencia sobre mí por él supuesto afán persecutorio contra el torero de Salteras y yo le dije que si en vez de haber nacido en Salteras lo hubiera hecho en Colmenar de Oreja, quien no dejaría ni respirar a El Cid sería el enfadado interlocutor. Que era, por cierto, lo que hasta hace muy pocos años venía haciendo pertinazmente contra Ponce – años luz mejor torero que El Cid, ¿o no? - durante más de doce temporadas consecutivas mientras ahora le abraza efusivamente cada vez que le encuentra. ¡Viva la polémica¡.
Ayer mismo escribía Andrés Amorós que la Fiesta siempre vivió entre polémicas y que eso es precisamente lo que certifica su vitalidad. Y, mira por donde, yo mismo voy a dar esta mañana una charla en el Club Antares a un grupo de damas sobre “La vitalidad de la Fiesta”. Esperemos que no salga escaldado del encuentro porque la cosa está que arde.
Tan ardiente como el mano a mano entre Antonio Gala y Morante de la Puebla que ayer noche celebraron moderados por el gran periodista sevillano, José Enrique Moreno, ahora inmerso en varias tareas en pos de promocionar La Fiesta desde todos sus ángulos. Un bolazo lo de anoche pese a que muchos nos quedamos in albis de al menos la mitad de lo que los dos artistas dijeron por culpa de la infame megafonía que dispuso la organización. Sin embargo, disfrutamos con el maravilloso e inspirado hablar de Gala – en mi opinión lo hace bastante mejor que como escribe – y los sentidos balbuceos locuaces de Morante que llegó vestido de chulapo madrileño postmodernista y poco le faltó para arrancarse a torear de salón cuando le dijo a Gala: “es que yo, Antonio, no sé explicar como tu lo que hago”. También me encantó escuchar de labios de Morante que a él no le gusta indultar a los toros porque, sin la estocada, la faena queda incompleta, inacabada, desmotivada por la desaparición de lo que le da sentido y la culmina. Curiosa afirmación del gran artista que entronca con su tierna sinceridad como profesional.
Muy atinado anduvo Gala en cuanto afirmó desde el fondo de su alma salvo cuando, inoportunamente, se refirió a que la unidad de España no peligra, cuando despreció a Isabel La Católica, aún más cuando restó protagonismo al en principio aturdido aunque sonriente Morante y, sobre todo, cuando afirmó seguro que el primer torero condecorado con la Medalla de Oro de las Bellas Artes había sido Curro Romero. Pues, no señor Gala. El primero fue Antonio Ordóñez Araujo y se le concedió porque antes había sido condecorado por el Gobierno de Francia con la Legión de Honor y era una vergüenza que en España no se hubiera condecorado nunca a un torero. Creo que he escrito más de una vez sobre esta concesión y sus desiguales repercusiones. Porque no todos los toreros premiados después con la medalla de las Bellas artes fueron lo que se dice “artistas”.
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José Antonio del Moral
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