La Madrugá
06.04.07 @ 17:20:47. Archivado en Crónicas, Política
Muchos de los que ya no podemos aguantar toda la noche ni la madrugada entre el jueves y el viernes de la Semana Santa sevillana, nos conformamos con acompañar a una de nuestras dos Vírgenes de la Esperanza, Macarena o de Triana, durante los encierros en sus respectivos templos para poder seguir disfrutando de inigualables momentos que este año han revestido más emoción que nunca dada la tremenda situación por la que atraviesa o, mejor dicho, más pronto que tarde puede atravesar España.
La Macarena es la Virgen más emblemática y con más lujo y fama de cuantas procesionan en la Semana Santa de Sevilla. Pero la Esperanza de Triana es la que concita mayores y más desbordados sentimientos. Me he pasado más de cuarenta años presenciado activamente cada madrugá, pero desde hace cuatro me reservo para meterme de lleno en una de mis cofradías predilectas a primeras horas de la mañana del viernes santo. Hoy amaneció por fin un soleado y luminoso día y, otra vez más, he tenido la inmensa satisfacción de seguir, junto a la magnífica banda de música de Santa Ana, el paso de palio de la maravillosa Virgen Trianera desde la confluencia de la calle Pagés del Corro con la de San Jacinto hasta la mismísima puerta de la Capilla de los Marineros en la mítica y muy torera calle Pureza. El abono abrileño de la Real Maestranza está a la vuelta de la esquina y no viene mal empezar a ambientarnos con las horas finales de esta Madrugá inimitable y este año memorable por todo.
La confluencia de sentimientos que se produce en estas procesiones sevillanas no tiene posible término de comparación con ningún acontecimiento religioso y/o cultural en todo el mundo. La extensa fe en Nuestro Señor Jesucristo y en su Sacrosanta Madre, la gran pasión de ambos y las menores nuestras, compartidas o no, la general devoción y el gusto por el arte manifestado por medio de la escultura, de la pintura, de la música que les rememoran con todo ello envuelto en colores y olores inimaginables y de imposible repetición tal o como suelen renacer cada año por estas fechas en esas horas mañaneras, nos ponen la carne de gallina y hasta nos hacen llorar de alegría y de pena al mismo tiempo.
Esta mañana vivimos dos instantes clamorosos. Cuando el palio de la Virgen de Triana llegó y giró lentamente y a compás desde San Jacinto para tomar Pagés del Corro en eterna y giratoria “chicotá” mientras la banda atacaba la marcha “Encarnación Coronada”; y el momento en que el paso fue introducido a pulso y emotivamente en su templo hasta que, instantes después, sonaron limpísimos y señoriales los compases de la Marcha Real que es, por si alguien no o sabe, el Himno Nacional del Reino de España.
Y un ramalazo de emoción se extendió entre los miles de personas que contemplábamos la escena. Y alguien gritó Viva España. Y nadie protestó sino que todos asentimos. Y algunos nos acordamos entonces de lo que está sucediendo ahora en nuestra patria e imploramos a la Virgen un pronto remedio. Hasta imploramos su milagro.
Imagino que entre todos los que tanto nos emocionamos habrían gentes de todos los credos políticos. Y más que de ninguno de los dos mayoritarios ahora, como siempre, en el Gobierno o en la Oposición. Pues bien, con todos los respetos para los militantes y votantes de buena fe – que los hay y muchos e innumerables - de uno de ellos, el socialista en todas sus acepciones regionales, y dados los turbios e inexplicados acontecimientos que desde el actual gobierno nos están imponiendo a diestra y a sinistra, no hay más remedio que decir que, lo quieran o no, cada voto que se dé al PSOE el próximo 27 de mayo será un voto en blanco para ETA. Así de claro. Así de duro. Así de simple y así de terrible. Y si ganan otra vez, que Dios y la Esperanza de Triana nos cojan confesados.
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José Antonio del Moral
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